Txalaparta (1965) Remigio Mendiburu


jueves, 22 de febrero de 2024

María (sí, tú)

 


 

Esto ya estaba. Antes. Hace años. Llegó la zahorí, María, y mandó a parar. Callaron las ranas en el eclipse, los tranvías rojos comenzaron su trayecto al revés, de izquierda a derecha. No había demasiada luz. Bajo su oreja se adivinaba un perfume de cristales rosas y sortilegios. Varios la apuntaban con su dedo índice como en aquella fotografía, un Peter Lorre asustado, apoyado en una pared de miedo y culpa, Dusseldorf.   Detrás de cada dedo había un lector compulsivo, unos de Quignard, otros de Corín, algunos de Pizarnik, muchos de Cortázar, una religión, John leía a  Jo Nesbø con avidez y  en todos ellos había un anhelo, un tinte curioso y morado, aunque algunos habían muerto, como las estrellas que se ven en agosto desde O Cebreriro. María calma las pesadillas del personal con humo de Chesterfield y lentejuelas, con brebajes burbujeando en un caldero, con la dulzura de los ansiolíticos, el recuerdo de Annabelle Lee siempre en sus corazones. Time is on my side, yes it is.

A todo esto, perdonen la interrupción, las salamandras descienden optimistas y veloces desde los montes cercanos pretendiendo alcanzar el mar, para algunas especies el mar siempre está lejos, tanto que nunca llegan. Vuelvo a pedir disculpas pero era necesario aclararlo, que luego se me olvida. En cualquier caso María sigue su camino, sigilosa, descalza, extasiada con Brahms endulzando sus oídos de febrero. Todavía no ha amanecido pero estamos en ello, en la lucha, amanecer para todos, incluidos los profetas, los ujieres y los guardabosques, estos sobre todo, por su labor social, por el compromiso. Cuidemos los árboles y el hemisferio.

I´m your puppet.   

María día sí, día no, guarda silencio.

Pero vuelve.

Aparece entre la niebla, como sumergida, un racimo de uvas en la mano, un catálogo de laberintos elementales en la otra, con suspiros y sornas.

Este es un territorio despoblado, de ancianos que olvidaron el sentido de las palabras, reconquista, alubia rubia, circunspecto, rencor, elogio, kalashnikov, colisión, tú. María las envuelve en papel de estaño y las protege en el microondas que recibió de Abanca por un ingreso extra.  

No he olvidado que apenas había luz.

Ni los extraños animales que pastaban junto al arroyo.

Ni a María, meditabunda y excéntrica aun en este corto mes.

Lo del Guggenheim

Soñar, en un mural de Olabeaga.

Bésame -dijo- y justo entonces se quemó la película y volvimos al lujo y al antimonio, al correccional y el alboroto. En términos estructurales, una buena manera de terminar, lindando con Portugal.

María.

¿Cómo lo haría Lubitsch?

8 comments :

María dijo...

No lo sé, pero ni en sus comedias más geniales y refinadas sería capaz de tomar un primer plano con unos ojos tan en modo plato sopero como los míos, ahora mismo ; ) Me has recordado -sin que tenga nada que ver- pero como el surrealismo impera por estos contornos …eso tan precioso de ..
” Las tardecitas de Buenos Aires tiene ese qué sé yo, ¿viste?
Salís de tu casa por Arenales, lo de siempre, en la calle y en vos
cuando, de repente, de atrás de un árbol…¡te apareces tú! ; ) y… los extraños animales que pastaban junto al arroyo… se giraron en redondo, callaron las ranas en el eclipse, los tranvías rojos comenzaron su trayecto al revés, de izquierda a derecha y en lugar de circular por los railes de siempre tomaron rumbo a la la Puerta de Tannhäuser y todos estos momentos se recordarán entre la lluvia, sin lágrimas, con la misma sonrisa que ahora mismo me has dibujado. Eres como un druida, sólo que en vez de sortilegios, haces revoltijos de palabras mágicos, que hacen a la gente muy feliz. Mil gracias, un beso! tb por la música...me voy a dormir con cara de boba ; )

Gracias otra vez ah! y si esto no era un regalo sorpresa, ni se te ocurra decírmelo.. Miente como un bellaco ; )


Pedro M. Martínez dijo...

María, qué sabía yo de Amelita Baltar entonces, sabía que me gustaba esa canción que escuché a una Nati Mistral imposible en un sábado noche ecléctico, aun así busqué el disco por todas las tiendas madrileñas, no lo encontré pero tiempo después encontré a Piazzolla en Libertango y después a Adriana Varela, a la Tana, a tantas, entonces ya coleccionaba discos y escribía y era agradecido y cuando alguien era tan amable y tan de verdad como tú -sin conocerte- pues, no sé, me sentía en deuda, contento, se lo decía, es importante decirlo, que el otro/a sepa, gracias, a menudo, muchas gracias, me llega, te lo agradezco, seguro que tú eres una persona especial, un poco loca también, contestar a tantísima gente es una labor de locos, sin balada, pero tú lo haces y muchas personas te quieren, se me ocurrió que debía decírtelo de un manera especial, natural, salió eso, sin pulir, es para ti, por supuesto, otro día te escribiré una carta menos real, más loca, como la canta Raphael. Muchísimas gracias, María.

Werther dijo...

Creo que alguien mentó aquí a Alejandra... La seguí en silencio por años pero no conseguí sacarla de su angustiosa vivencia al borde del abismo. Mas confieso que de las cincuenta grageas de Seconal yo le procuré, al menos, cuarenta y cinco. Vamos, que le di el empellón definitivo.
Y ahora solo me quedan sus poemas, de los que he grabado con mi propia voz alguno de los más desgarradores (si esta ventana fuera una caja acústica tendriais muestra fehaciente). Y les he puesto, una vez, un fondo musical de sonata de Beethoven ("Claro de luna", creo recordar); de Astor Piazzola en otras, "Adios, nonino" en particular, cuya arremetida de chelos y contrabajos del inicio se endulza después hasta la delicia.
Duerme en el cementerio israelita de La Tablada y yo le pongo flores cada veinticinco de setiembre. Se creía fea y desmañada, un patito maltrecho que no hallaba acomodo ni se ubicaba en algún charquito arrabalero, de esos que anegaban las veredas de Belgrano, no sé si por incuria municipal o por que se vieran reflejados los aromos y las jacarandas. Algunas de mis noches son trasunto de los augurios que entenebrecían las suyas... No me he repuesto de la pérdida. Pizarnik se apellidaba.

Pedro M. Martínez dijo...

Ay, Werther, como decía el cura de mi pueblo “aquí se viene a confesar, no a echar faroles”. Chistes viejos. Cosas de ayer. Alejandra es a María como la tormenta de este mediodía (aquí) frente a la puesta de sol en Finisterre (o en Cádiz, o en ese pueblo de Cáceres por el que espero pasar pronto. No por los cerros de Úbeda). Pero ya puestos. "Una flor / no lejos de la noche / mi cuerpo mudo / se abre / a la delicada urgencia del rocío". Alejandra es un rescate de los editores siguiendo el rastro de Cortázar (de la venta de los libros de Cortázar). No digo que no lo valga. "Yo no sé de pájaros / no conozco la historia del fuego. / Pero creo que mi soledad debería tener alas". Digo que el dinero corre más rápido que el talento, que el trabajo solitario y el dolor. Digo que hay un homenaje a Piazzola de Gidon Kremer que podría ser una perfecta música de fondo para tus grabaciones. Digo que mi humilde texto para María y sus ganas de vivir está en el extremo del deseo de Pizarnik que quería morir "como muere un animal pequeño en los cuentos para niños -eso tan terrible lleno de hermosura-". Es decir que en las fruterías están claras las manzanas y las peras. No te digo ya las calabazas. Otro día hablaré de cuando yo era guapo, una delicada historia. Juro adornarme. Saludos.

Werther dijo...

Creo que me paso a la peña de los míos, de mucho sturm und drang y damas cloróticas y no obstante promiscuas. Un derrame de placer ha sido. Agur.

Pedro M. Martínez dijo...

Werther, esta es tu casa. Saludos.

Werther dijo...


Era broma, camarada. Nos vemos.

Pedro M. Martínez dijo...

Werther, un abrazo. Feliz fin de semana.

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