.-Pedro M. Martínez-.


Jorinde Voigt


domingo, 30 de junio de 2019

Naufragios


Me dedico a provocar naufragios. Es una rentable profesión. En las noches de invierno enciendo hogueras en los acantilados del norte y espero agazapado en la escollera con el bichero entre los brazos. Siempre algún capitán incauto encalla su nave entre las rocas. Con aguas tan frías no hay supervivientes. El botín es jugoso: madera, campanas de bronce, negros chaquetones de contramaestre, arcones con botellas de brandy. El viejo Paul no está de acuerdo pero mis golpes le persuaden.
Me dedico a provocar naufragios. Es un modo de vida como otro cualquiera, más cansado quizás. Durante el día duermo y al atardecer como pan y tocino, bebo vino. Cuando no hay luna apilo ramas y troncos secos en la punta del Perro Negro. Al subir la marea el fuego parece arder en mitad del mar, los vigías creen haber llegado a tierra y vocean la cercanía de un puerto. Los afilados bajíos hacen el resto, desgarrando los desprevenidos cascos de madera. Luego hay que ignorar los gritos, remar rápido, sortear las agujas y atrapar todo aquello que sea útil, que pueda venderse, cargar la barca cuantas veces haga falta. El viejo Paul me ayuda, no tiene otra forma de alimentarse.
Me dedico a provocar naufragios. Incluso hoy que llueven pájaros helados, las ballenas mueren en la playa y la mar hierve de espíritus. Una densa niebla me ha dejado perdido entre las olas. Sé de dónde he zarpado, no sé dónde arribaré. El viejo Paul ríe a popa.

sábado, 29 de junio de 2019

El intento


József Fülöp  

Que lo importante es estar aquí, da igual qué escriba, qué cosa deje, si corazón o intestinos, la cosa es abrir la página y escuchar ruido de lluvia o sonetos, pétalos de gladiolos o el caminar de un transeúnte despistado en una esquina de la noche, sin esperanza, transito desde/hasta.

Y el intento.

Valor se le supone y la magia de encontrar personas compensa mis poemas enanos, las historias de miserias, los silencios,  mirar para otro lado, la apatía, la mala costumbre, no importa, lo importante es seguir, continuar despacio pero firme por los azulejos amarillos, sin salirse, siendo consciente de las presencias y añorando algunas las ausencias (sí, la tuya) y un silencio (sí, el tuyo).

viernes, 28 de junio de 2019

DiewildeFreiheitdesFliegensFaber2. Die wilde Freiheit des Fliegens


Julia Faber.  DiewildeFreiheitdesFliegensFaber2. Die wilde Freiheit des Fliegens, 2016, 


No sos vos, soy yo. Que el invento (Facebook) me dice que tengo 423 amigos. No sé si conozco a todos. La verdad es que cuando voy por la calle me saludan mucho/s, no sé si todos son mis amigos pero sé que no conozco nada de ellos (de ellas, menos). Me preocupa (es un decir) que mis preocupaciones no preocupen (en principio) a esos amigos, en consecuencia estoy preocupado. Añado que me gusta la prosa poética que es un género aburrido y pasado de moda, escribo textos que ni yo entiendo. Trabajo baldío. Me gustan músicas que aún no han sonado, a veces no sé por qué, pero me gustan. De política tengo un criterio, la democracia es el menos malo de los sistemas y visto lo visto, cómo serán los otros. Pero me interesa, la política. También la revolución, pero no tengo edad (ni ganas, ni cuerpo). Tengo otros intereses, como usted, imagino, o parecidos, pero tampoco es cosa de desnudarse aquí que hace mucho frío hasta en olas de calor y tengo el ombligo en carne viva (¡viva!) de tanto mirármelo, de adornarlo con tatuajes de oropéndolas y hierbabuena, que inventen otros con los muslos enjalbegados y un sombrero cordobés, que algo hay que hacer para impedir la invisibilidad, para hacerse notar. Se me han atravesado varias palabras en la lengua y ahora resulta que  como no tengo perro ni animal alguno, no  puedo contar a nadie estas historias mínimas. Ya me callo.

miércoles, 26 de junio de 2019

Don Ignacio.




Hasta hace doce días era don Ignacio.
Ahora soy un hombre sin trabajo, sin casa, sin familia, sin Carmen.
Ni siquiera sé dónde dormiré esta noche, también soy un hombre sin amigos.
Cierto que me equivoqué, que no tuve en cuenta la trascendencia de lo que hacía.

Con un efecto cruel, el descubrimiento de lo de la empresa - como una marea, el primer impago trajo los siguientes-, desencadenó otros descubrimientos. Mi esposa, aún lo es, fue muy dura al contar en una reunión familiar todo lo mío, el cierre del negocio y mi relación de años con Carmen. Entiendo que le pudo doler  ser la última en saberlo, pero no tenía derecho a tratarme así delante de todos, hasta de mi nuera.

Lo que más me duele es no poder ver a mis nietos por la reacción de mis hijos.
Todo esto me parece un mal sueño pero no lo es, hace frío, llueve y llevo cuatro horas en una estación de autobuses sin saber dónde ir.

Carmen no coge el teléfono.
Y falta el juicio, bueno, los juicios.
No puedo creer que esto me esté pasando a mí.

martes, 25 de junio de 2019

Twombly again


Cese la poesía y la mentira de los artistas subvencionados a quince céntimos la letra, a tanto la rima, a cuanto la inspiración en la voz, el seco golpe del martillo, el quejido, el rasguear de una guitarra, los garabatos a real, los lamidos se recompensan con una firma.

Cese el oficio de una mano extendida y un poema retorcido en la otra, nómadas de la conjetura, ventajistas jugadores del verbo, amantes de Dante aborrecidos por políticos ansiolíticos con rostro de pez que lo mismo te ponen el laurel que te birlan la cartera, innoble oficio de ofidios voluntarios.


Con un gorro de piel de orgullo indago entre las muñecas descabezadas sobre los escombros, ruinas en la periferia, aldeas arrasadas bajo las aguas de presas rotas, un campamento de supersticiosos, un crepúsculo pintado entre los árboles, Twombly interpretando a Cómodo desde tan lejos que no hay gladiadores ni espadas que hieran la blanca piel del luchador.

La vanidad me impide pasar de largo, me paro aquí, hoy, ahora, te miro ¿qué?


lunes, 24 de junio de 2019

Twombly



Como Twombly, no sin pesadumbre imagino el silencio y la soledad, me alzo en rebelión, con los dedos cortados mancho de sangre las paredes del templo de la indulgencia, devuelvo el trigo y el vino, voy y vengo, voy.

 

 

domingo, 23 de junio de 2019

Me encanta la música que compartes, ¿de dónde la sacas?


Mike Apichella


Recuerdo que en un tiempo leía a Fernando del Paso y entendía cada línea, cada coma, cada suspiro.

Entonces era capaz de acaparar palabras como fresas,  juntar frases sin tiempo para respirar, plegarias submarinas y  osados poemas de aire. Alguien al final de la calle soleada lo leía y me llegaba un aleteo de golondrinas y vencejos que migraban.

Vino, paso a paso, otro tiempo.

No entendía nada, no era necesario, me subí a la metonimia, cabalgar dragones verdes de silencio en túneles de viento y voces me divertía.

Después llegó la crisis al blog, también a este.

Me gustan la música que subes. Ah, y las fotos”.

Supe que además del lamento cíclico es necesaria una revisión de métodos y maneras, de guiones y expresiones, de dar vuelta a los colchones en los que duerme el susurro.

Lo entiendo, con tanto twiter, facebook, pinterest, tumblr, instagram y otros inventos el blog tradicional, el de toda la vida (¿qué vida?) se  pasó de moda, de rosca, de exceso, de falta.

Sin desmayo sigo, desde entonces.

Me encanta la música que compartes, ¿de dónde la sacas?” 
La madre que te parió, ¿a qué te parto la cara?     

sábado, 22 de junio de 2019

Stoner




Quiso encontrar en otros lo que en él ya estaba.
Se perdió.
Y así sigue mientras llueve en junio, una lluvia que le llena de tristeza, de melancolía, quizás este primavera sea rara, los días se le están haciendo demasiado largos, esperanza de agosto, cuando vuelva a ver a Marie. Quizás para entonces ya pueda caminar.

Vamos a ver cómo resuelvo esto del humo, lo de hacer el amor en el trastero, la extravagancia de querer comerme la mañana a bocados, sin semáforos, con música de Respighi por las aceras, es culta la ciudad donde viven mis amigos, la multiplicación de saludos por si algún día alguien inventa carretillas que lleven tiempo dorado, agujas de gramófono para los discos del sótano, monedas de cincuenta céntimos sin agujero, aquellos billetes arrugados con la cara de Cervantes, la mano en el hombro del que nos precedía, reata de caballos pardos montados por ciegos, relojes anoréxicos y estorninos alterando el parque que desde aquí veo, comer cerezas y no me sale escribir tumbado, es incómoda esta postura, me pica la pierna, Marie no ha llamado, no hay pan para comer, me faltan cuarenta y tantas páginas para acabar el Stoner que me recomendaron, me aburro, me aburro miserablemente y lo que me queda. Maldito retrovisor, no le vi llegar, salió de la nada, sigo en la nada, soy un maldito cojo de la nada.

Así eran aquellas mañanas en las que el mal tiempo y su convalecencia obligaban a Parker a quedarse tumbado frente al ventanal, mirando la calle, el  ajetreo de coches y viandantes ahí abajo, lejanos. Fue un accidente fortuito pero se produjo en un momento especial, cuando su carrera había alcanzado un interesante punto de ingresos y reconocimiento. Dos meses de cura y reposo antes de la rehabilitación, una eternidad para su vida nerviosa, ajetreada. Tener calma era el primer ejercicio.

viernes, 21 de junio de 2019

The body



Como quizás se nos haya perdido la música entre sílabas atormentadas, nos sangrarán los tímpanos y los dedos buscarán túneles insalubres como topos reacios, imprudentes, aprendices en la raya del delito, en la belleza de la luz entrando en el bosque de proscritos donde se han reunido los rebaños y algún pastor sin perro, aprendiendo que  del sufrimiento nace la resignación,  que bajo la lápida no hay espacio para las caricias, que la imaginación puede disfrazar a los infames y hacer palidecer a los cínicos, llevamos dos generaciones perdidas y esto no tiene pinta de arreglarse, un pozo de errores, una vivienda de cimientos agónicos, de ingenieros mudos, una turbulencia sin fin, no es un deshonor entrar de puntillas a los océanos hasta que la marea nos lleve y Cristo resucite al tercer día. Amén

jueves, 20 de junio de 2019

No hay que poner la cara



Este mundo del aire es curioso, lleno de vanidad, ansiedad, una mezcla de mentiras, medias mentiras y una verdad, egoísmo, excitación, dependencia, generosidad, inteligencia, competencia, altruismo, inseguridad, silencios, grandes voces, fobias, arte, manías, rutina, amor, sí, amor, es decir la vida.

 

Recuerdo que en un tiempo acostumbraba a entrar al blog de alguien que escribía bien. Sus textos tenían muchos comentarios de lectoras impresionadas por sus metáforas atrevidas, temas románticos, habilidad para recrear situaciones amorosas de fácil identificación. Él contestaba a esos comentarios de manera ágil, divertida, incisiva. Era una buena página.

 

Un día escribió sobre una grave enfermedad que casi acaba con su vida. Yo había sufrido la misma enfermedad unos meses antes y esa coincidencia nos dio pie para iniciar una correspondencia que duró varias semanas en la que nos contamos nuestras cuitas hospitalarias, en la que supimos que nuestras ideas políticas eran contrapuestas, nuestras ilusiones y sueños muy parecidos y que estábamos muy aliviados por haber superado aquella crisis de salud.

 

Siguió con su buen hacer literario, textos interesantes y  abundantes y cariñosos comentarios con firmas femeninas.

 

Un día cambió la cabecera de la página y en una esquina colocó su fotografía. La verdad es que no me lo imaginaba así, era un tipo más bien poco atractivo, no sé si feo, vulgar, con una barba descuidada, gafas, una sosa sonrisa.

 

Desde ese día los comentarios disminuyeron.

 

Seguía publicando, escribiendo bien, con imaginación, incluyendo hermosas fotografías y su cara seguía ahí, arriba a la derecha, mirando a quién entraba en el blog.

 

Al de pocos días no tuvo ningún comentario.

 

Al de dos semanas lo cerró.

 

Nunca más nos escribimos, no he vuelto a saber de él.


Escribía bien pero era feo, no se puede tener todo.

miércoles, 19 de junio de 2019

Ofidio


Antes llevaba un riguroso control de las visitas aquí y allí, los números, sí, eso de las entradas.  Curiosa actividad esta de contar. Da igual qué. Compartir. Sueños y traumas, imaginación, necesidad. Quizás. ¿Dónde terminan? Trabajo, ilusión, empeño, constancia. Sí. Un peligro: la rutina. Otro: la trampa del decir por decir. Hay más, seguro, pero comment te dire adieu si non je ne regrette rien y Brel solloza que ne me quitte pasSí. Pasen y vean. Ayer. Hoy. Aquí. Sí. No saben, no lo saben, no, por eso lo cuento, contar no es un oficio, es un ofidio que te muerde, te envenena, te deja pendiente de antídoto, para qué, es una buena forma de morirse, día a día, aquí no se queda nadie, no, mientras estamos…pues eso, que encantado, otro día más, abrazos a la familia, póngame a los pies de su señora. No. O sí. Vale.

martes, 18 de junio de 2019

Señoritas y ciencia



No sé si queda claro, antes de las señoritas de Avignon está ciencia y caridad pero vamos a ver, ¿a quién le importa?, ¿a quién le importa nada?, que tengo las armas de la nostalgia descargadas, desencantadas, con el recuerdo en los ojos de Mari Bel, pero que sin mirarlos dan la muerte / con el puñal azul de su recuerdo, que escribía Federico en su Madrigal triste de ojos azules , es decir, la esencia de las palabras está, debe estar (¿debe?) en lo que no dicen, ocultas en su esencia, en lo oscuro, en el secreto, en el vigilante de la frontera entre lo que sí y lo que nunca, pájaros alborotados, estorninos aguas abajo del río de la vida, Elena inaugurando la esperanza, lámparas oscilando al viento del sur, hablar por no callar, las bestias negras que bajan a abrevar al arroyo que serpentea y brilla al temprano atardecer del invierno, estas son palabras para mañana, son casi las doce, es igual, nadie las leerá al derecho y al revés, pero ahí los poetas, ayudándonos, a los sin voz, a los que hacen gestos para entenderse, este es mi gesto, hoy, un día cualquiera de junio, ¿hará calor mañana?, vuelve, quizás entonces esté más lúcido, entre tú y yo, me estoy alejando, alelando, aleteando como un insecto malhumorado y perdido en el empeño de hoy también estar aquí. 

Estoy, ya ves, ¿lees?, sí, estoy desorientado.



lunes, 17 de junio de 2019

Los desagües del silencio.



Sé que aquí está bastante de lo que sé, el pálpito, las premoniciones, la inquietud saltando como un bicho verde, los recuerdos tamizados sobre el paño del regato manso de saber que no, que sí, que aquí no se queda nadie y mientras tanto ¿qué pasa?, un día no llegan barcos ni grita el cartero, que es subir y subir sin cima, que es bajar y bajar y a veces  parece que esto es ya el infierno con el manual de las aventuras entre los muslos ensimismados y la piel aprendiendo las últimas lecciones de la soledad. Renuncio a los jardines y a las excursiones fuera de la cuadrícula, al aliento maquillado y a los besos como una condena gris. Arrecia el viento y no se van las nubes negras, guarecido en este alpendre en el que me acumulo como otro trasto más, se me está escapando la sensibilidad por el desagüe del silencio.

¿Ya?

Sí, me pongo la túnica y nos vamos, quiero aprender a ser otro.

domingo, 16 de junio de 2019

¿Qué dices?


 Pierrot’s Embrace by Guillaume Seignac

El complicado oficio  de mirar el derecho y el revés de aquello que no se ve ni con el microscopio de los sentimientos invisibles, verter emociones en el cuenco del pecho con palabras quietas como grandes pájaros frente al acantilado de la indiferencia, voces en sinople y oro en el escudo que defienda el aprendizaje de tener paciencia, esperar, soportar el silencio como parte de la madurez en el trabajo de conquistar la acción diaria del decir.

¿Qué dices?

sábado, 15 de junio de 2019

Otro día lo cuento





Para hoy sábado tenía pensado contar una historia de “cuando la guerra” pero incluso este término imagino que no será comprendido.

¿Qué guerra, de qué habla? ( pensarán).

Y es que hay ser muy mayor, tener buena memoria o al menos interés por lo que ha pasado, por lo que pasa, por lo que puede pasar.

No te agobies, tío, disfruta, qué cenizo (dirán).

Era una historia bonita, a pesar de, una historia de niños y madres memoriosas, de cuentos a la luz de una vela en un caserío perdido en las montañas de Vizcaya, una historia de vida y esperanza, de dolor y de amor, de supervivencia, de miedo y tierna mirada infantil, de resignación, de sueños rotos, de recuerdos que duelen en la memoria y que hay que sacar como sea.

Qué pesado (concluirán)

Solo tengo que sentarme y poner en orden las palabras, evocar las voces en una cocina soleada con mujeres hablando de esto y aquello, describiendo con elegancia  situaciones terribles, alegres, animosas, riendo a pesar de contar cosas tremendas, de sugerir ausencias, desaparecidos, destrucción, muerte, tanta muerte, de ser felices con nosotros, niños jugando en el suelo aparentemente absortos en nuestra corta edad. Pero no.

Qué ganas de amargar la mañana, me voy a otra página (decidirán).

Es igual, es sábado y también quería estar aquí. Vale, otro día lo cuento.


jueves, 13 de junio de 2019

Otra vez eso de los monólogos.



Del fecundo diálogo entre nuestros cuerpos encendidos pasé al monólogo que tendía hacia un silencio monótono, pobre, sin contrastes, olvidado entre sus amantes, yo era el octavo, ni siquiera el último, el amor había caído en desgracia y ya el sexo no alumbraba al fauno al borde del precipicio,  al centauro con una hermosa mujer en la grupa, asaeteada por su celoso esposo herrero, cuentos, mitología, prófugo de mí mismo, sin absolución, lumbre en su mirada de odio femenino, en la mía, en la frontera entre conservar lo bello de aquello que fue o patear con saña los altares, los gladiolos y el arpa, ciego de deseo, enjaulado en el recuerdo de su cuerpo delgado, cáliz de ofertorio en el que vierto las preguntas y la lluvia gris, los pretextos, las tempestades de lágrimas en la cama hueca, sin gemidos, el octavo, vaya, ya no el cazador de instantes eternos que terminaban a las nueve, vuelta al metro, regreso a casa por caminos oscuros y otro esperando en el ventanal, remolino de curiosidad, ¿también esperaría en el lecho?, un péndulo de quizás, una piedra más al muro de desconfianzas levantado con pereza, ¿y qué?, un amuleto que aleje el magnético impulso de preguntar, los ojos del alma viendo más que la mirada atónita al derrumbe de toda dignidad, no te vayas, ruegos, vencido, un hombre roto (no se pierdan entre tanta palabrería, aquí lo que ocurre es que ella le ha dejado por otro amante más joven y él está que no sabe por dónde le da el aire) que afila el cuchillo de la tragedia junto a la laguna del qué más da, médano de esperanza en mitad de la playa de arenas negras, a punto del equívoco, cortarme las venas o cortar el lazo de los espectros, iros, a mi edad, un gallo, de vuelta de mil batallas, un cíclope, un guerrero con un casco emplumado, con un secreto, con la frágil determinación de nunca más, un canto fúnebre, un aliento en la contradicción, una certeza, aún la amo, no puedo callarlo, mis amigos se alejan de mí como de un leproso, enfermo de belleza, ¿qué digo? ni siquiera es bella está mujer a la que un día igualé a una diosa, imprudente, perjuro, idólatra, una visión desde una imagen que no fue, que no era, equivocado, incapaz en mi ceguera, navegante en una frágil barquilla por un océano insaciable, gatos en los intestinos, un tambor tocando fúnebre, un severo portero con el dedo índice señalando la salida, lo único cuerdo, irme, al bosque o a la colina, lejos (lo que les decía, nunca le han dicho no y está desorientado, sigan, sigan leyendo), a una catedral con salmos enroscados en los capiteles floridos, adornos de ángeles soplando pífanos, tocando címbalos, animales mordiendo frutas, proscrito en un lugar impenetrable, calles iluminadas…
¡A comer!
Voy, un momento, dos líneas más y voy.
…la sombra del delito, de todos los delitos de una generación de hombres viejos, el estigma, la severidad, lo irracional, la agonía de la razón, el Apocalipsis…   
¡A comer!, deja ya de escribir, empezamos sin ti.
Voy (luego sigo).

miércoles, 12 de junio de 2019

Georg Baselitz


Como Georg Baselitz voy a dejar cabeza abajo las contradicciones, colgaré mis palabras en un lugar impenetrable. Es decir contaré todo de tal forma que quién lea deba apoyar sus manos en el suelo y efectuar un escorzo gimnástico de pino puente para leer, ver, traducir, entender que ese hombre representado por sus palabras pintadas de proscrita belleza, al revés, sigue siendo un hombre por mucho que cueste entender por qué demonios no escribe como todos (los otros).
Precisamente por eso.
La provocación de un posible estímulo está en ese “eso”.
Al cabo de varias lecturas en esa incómoda, acrobática postura quizás alguien se de cuenta que lo que está al revés es el resto, lo otro, lo normal, es cuestión de tiempo.
Lo malo es que tiempo es lo que no nos sobra.
Dinero tampoco.
Voy a dar un giro a lo que es y nadie entiende para que no entendiendo se entienda, no sé sí…vale, esto es:
˙ínbɐ áʇsǝ ouɹǝıʌuı lǝ ʎ ǝɹqɯǝıɔıp sǝ oƃɹɐqɯǝ uıs ʎ ǝʇsıxǝ ou odɯǝıʇ lǝ
˙ɐɹıɯ ǝnb ǝsǝ soɯos ou 'ǝʇuǝıɯ sou oɾǝdsǝ lǝ 'ǝɔɐɥ sou ɐɹqɐlɐɐl

˙oʇuǝɯoɯ lǝnbɐ ǝp pɐpısuǝʇuı ɐl oǝl (ǝɯʎoɥ ˙ɐʌ ɐǝp opıʇuǝs lǝ óıdɯoɹ (ǝɯǝs opuɐnɔ 'sǝsǝɯ ǝɔɐɥ íqıɹɔsǝ (ǝɯǝnbɐʇɹɐɔ ɐun oǝʎoɥ
˙ɐqɐɯɐ ǝnb ɐǝp opío lɐ éɹɹnsns sɐɹqɐlɐd énb opɹǝnɔǝɹ ou

˙ɹɐlqɯǝʇ ɐƃɐɥ sou ǝnb ɹǝǝpǝnd ˙sopǝıɯ sol 'souıɯɐɔ soɾǝıʌ sol uoɔ 'soʌǝnu sɐɯoɹɐ uoɔ 'ǝʇuǝɹǝɟıp 'oɹʇɐpɐʌuı sou ǝnbɹǝǝpǝnd ˙soɯǝɹıdsns 'soɯǝɹɐ 'soɯǝpɹoɔǝɹ ǝnb 'oʇuǝıɯıʇuǝs oɯɯ lǝ ɐpɐʌuı sou séndsǝp sǝsǝɯ olɹǝǝl lɐ ʎ lǝʇuɐɯ lǝoɾɐq soɯǝpɹɐnƃ ol 'ɐɯǝod un soɯɐɹɔsǝ ǝnb ɹǝǝpǝnd

˙ɐɔoq ɐɹʇsǝnu ǝɹılɐǝǝʇuǝınƃıs opunƃǝs lɐ ɐnƃɐ lǝ oɾɐɐpɹǝıd ǝʎ soíɹɹɐpuɐ sol sɐɹpǝıd sɐǝɹʇuǝ uǝǝʇoɔıd ɐǝnbunɐ'oʇuǝıʌ lǝ ǝʌǝll ɐǝʎ ɐpıpuǝʇ ǝpǝnb zoʌ ɐǝnbunɐ 'ɐpɐu o 'ɥzzz uǝɥɔnɔsǝ ʎ oınbılǝp soɯɐƃıp ǝnbunɐ

˙soɯos 'ɹɐlqɐɥ lɐ
˙ǝɔɐɥ sou ɐɹqɐlɐɐl
(de aquí. Click)

Georg Baselitz



Biografía:


    Artista alemán, cuyo expresionismo figurativo contribuyó al renacimiento del arte representacional a finales del siglo XX. Baselitz, cuyo verdadero nombre es Georg Kern, nació en Deutschbaselitz, Sajonia, el 23 de enero de 1938. Adoptó el nombre de Baselitz en 1956, cuando se trasladó a lo que entonces era Berlín occidental, después de su expulsión de la Kunstakademie de Berlín oriental. Entre 1957 y 1964 asistió a la Academia de Arte de Berlín occidental, donde estudió con Hann Trier. Su primera exposición se realizó en 1961 en esa ciudad, junto con la obra del pintor Eugen Schönebeck, con el que publicó los manifiestos Pandämonium en 1961 y 1962. Tras alcanzar una considerable fama, recibió numerosos premios y fue catedrático de pintura en las universidades de Karlsruhe y Berlín. Sus primeras obras, con una fuerte influencia del Art Brut, se caracterizaban por la profusión de imágenes sexuales explícitas. En la década de 1960 pintó varias series de figuras monumentales a las que llamó Héroes, Rebeldes o Pastores. Al final de este periodo comenzó a realizar composiciones invertidas con el fin de acentuar sus cualidades formales en oposición a lo figurativo. Continuó realizando figuras invertidas en las décadas siguientes, como puede apreciarse en Nariz roja (1987, Städtisches Kunstmuseum, Bonn), un desnudo femenino pintado con un estilo expresivo característico. También fue célebre por algunos grabados de gran calidad y por sus ambiciosas esculturas en madera. Baselitz fue uno de los artistas alemanes más importantes de su época y tuvo una influencia crucial en la nueva generación de artistas figurativos que surgieron en Alemania y otros países occidentales en los últimos años de la década de 1970 y durante la de 1980.  © M.E. (http://www.epdlp.com/pintor.php?id=2669)

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