Glup 2.0

21.2.20

Parker y Bromwyn




Parker ha descubierto que hay algo que le redime, ahora que duerme al lado de Bromwyn sabe que su anterior búsqueda era estéril, que puede estar donde está, sólo ahí, que puede cerrar las puertas a nostalgias pasadas de moda, que ni siquiera hay moda. ¿Y nostalgias? Lo piensa unos minutos, revisa nombres y llega a la conclusión que está tan lejos de todo que no es práctica. La nostalgia.




20.2.20

Parker está muy lejos



Hay que comprender que Parker está muy lejos de todo, de tanto, en el extremo superior izquierdo del mapa, justo bajo la raya de las isobaras, del conglomerado de nubes negras. Detrás de  la ventana entra el reflejo intermitente de un coche parado en mitad de la calle,  olor a gasolina  y graznidos de gaviotas de ciudad, alborotadoras. Lejos o cerca apenas son conceptos y cada día es único, ya vendrá el verano. O no sé si ya estamos.

19.2.20

Parker y los superhéroes




Parker camina sobre las baldosas de los días, unas en sombra, otras en luz, ha llegado a la conclusión que apenas le queda tiempo para saber las respuestas a tantas preguntas como se le agolpan en la nuca, entre los omóplatos, bajo el ombligo, por ahí. Para colmo febrero se alarga un día y al mirarse al espejo advierte que se le ha quedado cara de cómic, no de superhéroe, no, de chiste, de no entender nada, de no esperar demasiado del resto, si es que puede llegar hasta el final sin partirse de risa de sí mismo.


18.2.20

Marinero de madera


Olivier Bonhomme


Pues nada, entre ducha y ducha otro día te contaré lo de aquel fin de semana que fui a Burgos para estar con una antigua novia. Hubo un momento en que ella fue el amor de mi vida (no sé cuántos amores de mi vida he tenido).  Después de me invitó a fumar un canuto (nunca fumo, nada), después otro, total que por no quedarme atrás me puse ciego a canutos. Por la falta de costumbre me quedé dormido, desperté, allí, tumbado, desnudo sobre la cama, como una piltrafa humana, sin poder moverme, (no podía mover ni las pestañas, qué cosas). Ella (qué cabrona) me echó en cara todas las porquerías de nuestra relación, así, una tras otra, como puñales, los desacuerdos, los porqués, los desencuentros, el día qué, el día que no. Mi lengua era más grande que mi boca y no podía responder. La muy malvada incluso me dijo que la figura de madera de un marinero que me regaló (entonces yo vivía en verano en el puerto de Elantxobe) fue a comprarla con su madre y escogieron lo más feo de la tienda, que ya hay que tener mala baba, que la tenía como una reliquia  sobre la cama a pesar de, pero estaba tan p`alla que ni hablar podía. A eso de las seis de la mañana cuando se me pasó un poco la alucinación (la verdad es que bichos no veía), sin despedirme me fui, busqué mi coche aparcado en un barrio raro con gente dormida en los portales, miedo me daba y volví echando hostias a Bilbao, confundido, con resaca, tanto que me equivoqué de carretera y acabé en un monte (Orduña, creo), en ninguna parte, con niebla  y hacía un frío del copón bendito…

Oye, oye, esto que me cuentas ¿es verdad?

Yo qué sé, no me puedo acordar de todo. Tú has empezado. Sí recuerdo que cuando volví a casa tiré a un contenedor el puto marinero.

Sylvia Plath


Soy sarcástica, escéptica y a veces dura, porque me da miedo que me hieran. Y tengo en mi interior esa alma sumamente vulnerable de todo egoísta.


17.2.20

Suicidios ejemplares



... yo no soy de las que salen por gusto fuera de casa. Pero siempre andan preguntándome a qué se debe esto. Me lo preguntan como también me preguntan por qué aún no tengo novio o por qué fumo tanto. Porque a mí me preguntan de todo, no sé por qué. De todo. Y yo para todo tengo respuesta.

16.2.20

Ivy Queen



"Porque soy yo la que mando/ soy la que te dice cuándo vamos al mambo", que canta Ivy Queen y eso es cierto en este país con la música del viento entre las calles de piedra  y gatos altaneros, caballeros  que plantan higueras en sus sombreros de copa, mujeres enredadas en discusiones teosóficas y niños bien vestidos con ajustados pantalones de tergal, que aquí tenemos botica, sacristía, campanario, calabozo, varias tabernas, confiterías, un espía y, lo mejor, alguien que recuerda a Taxi Girl cantando aquello de “Sur un écran géant/ Une tache de sang.”

Pasolini


AL PRÍNCIPE

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida...
Para ser poeta, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.

15.2.20

Patti Smith soñando con Rimbaud




Patti Smith soñando con Rimbaud Patti Smith quedó prendada de Rimbaud. Le escribió un poema, un sueño donde habla de Charleville y Abisinia, campos, pozos de agua, una herida en un ojo hecha con un cristal, manos grandes, mejillas rojizas, una habitación, miradas aparentemente indiferentes. Arthur de rodillas, llora apoyando sus manos en las rodillas de Patti. Patti, echada en la cama, coge a Arthur del pelo. Son una llama vello y pelo, ¡oh, Jesús! Alfileres los dedos, ¡oh, Jesús! Soy enteramente tuya.

Hasta ahí el dudoso resumen del poema. 

Y al hilo, mi turno. Soy una mujer reloca. Julio, sábado, primera hora de la tarde, en mi huerto, la puerta entreabierta. Una pareja de mirlos escarba en las escamas de la palmera con sus picos naranjas buscando mosquitos. Yo descanso en un camastro de lona. Rumores de lavanda. He de poner agua a hervir para preparar un té. De mis manos resbala el poemario de Patti. La antología bilingüe de Rimbaud la tengo en Bilbao. Mira, me la regaló en mi cumpleaños ese amigo, el que actuaba como un lobo, y así casi acaba conmigo. Yo era ya entonces una turbia burbuja, deseando hacer pum, era yo una costura mal cosida, muriendo por rasgarse. Digamos que eso es lo que disponía la vida entonces, aunque el asunto no es tan simple, nada simple, en absoluto.

Las mariquitas me hacen cosquillas en las piernas, y pienso en el agua, la boca seca. Hola, guapa, me dice el que ha llegado. Esa voz es un cuchillo en la tarde, ¡oh, Jesús! Has estado enferma, princesa, ya preparo yo el té, voy a darte un masaje en los pies, te ayudo a quitarte las sandalias, tú tranquila, sirena pelirroja. La saliva se convierte en azúcar tibio. No puedo alzar los párpados, exhausta para hundirme en tales ojos.

Un escalofrío al sentir la cuchara en mis pechos. Mete sus largos dedos en la taza, ahoga un gemido. Ahora los posa en mis labios. Sucia. Lame mis rodillas con su lengua de lija. Tus rodillas son helados de pasas al ron, Meibi, maybe, acaso, Meabe, tal vez. Vamos dentro, no tiembles. Con su voz me devora, en las fauces del tiburón yo, perdida.

Telarañas en las vigas, planetas plomizos en los relojes, huesos de pájaro en los muebles.

No soy morena, no soy delgada, no soy joven, no soy lista, no soy poderosa, no soy brava, no soy, no soy, no soy ángel, no soy demonio, no soy sino lo que he vivido, aquello que recuerdo, sólo mi nombre, y lo que ser quiero. Date la vuelta, niña, que voy a curarte con mis grandes manos.

Carnaza para el tiburón las nalgas. Dzast, dzast, dzast, bonita, ahí, así, sigue, sí, plas, plas, plas. Me parto en dos como una mártir. El desgarrón y la espuma. Pedrería del sudor. Soy enteramente tuya, aleluya. Eres enteramente mío, aleluya, ¡oh, Jesús!

 (Bitsa eskuetan, 2010)

Miren Agur Meabe


14.2.20

Nogal




Cuentan de un sabio que un día, etcétera.

Escribir sin pretensiones, sin otra necesidad que el goce propio, para ti (mismo), porque sí, dejar fluir las palabras, a veces lograr historias, poemas, un novelón de mil páginas, disfrutarlo en sí (mismo), que gustan a alguien, bien, que no las lee ni dios, pues también, que vivir de esto (económicamente, emocionalmente, orgullosamente, simplemente) no está en el ranking de (mis) preferencias, optar por el placer, por estrujar los recuerdos, la imaginación, la fantasía, la necesidad de lo que no para convertirlo en lo que sí, en lo que quizás,  mentir, decir, exagerar, inventar, vender ( es un decir) la intimidad de un sueño, de un deseo, de los deseos, escribir porque quieres, también para que te quieran, contar sin engañar, esto es lo que hay, ay (1), inventar mundos, gentes, emociones, abrir el arcón de las frustraciones y dejarlas sueltas por los prados de lo que sucederá a nada que sigamos juntando voces que salen de vaya usted a saber de dónde, que es mágico este oficio no remunerado de escribir a deshoras aprovechando que el mar esta frío que es invierno y no se bañan ni los peces. 

En eso/esto estamos. 

Subió una mona a un nogal, etcétera.

13.2.20

El Palmar de Troya


Clemente Domínguez "La voltios"

Esta es una historia que la tenía casi olvidada en la memoria. Como hay tantas series y películas para ver no me decidía a empezarla. Anoche me vi el primer capítulo en Movistar. Increíble. Si no fuese tan triste, tan tremendo, tan extremo, parecería una serie de humor, una astracanada, surrealismo puro. Tanta pobreza, ignorancia, miedo, paganismo, una religiosidad absurda, una época tenebrosa, da pavor ver a esas mujeres con mantillas negras rezando abstraídas, fervorosas, a esa pandilla de estafadores, de caraduras convertidos en sacerdotes, obispos, papas, así, como si nada. Como serie de televisión tiene dinamismo, está muy bien contada, tiene ritmo, los personajes son auténticos, los que lo vivieron, viven, si no fuesen hechos reales parecería imposible inventar un guion así. Joder, qué país. Esta noche el segundo capítulo, no me lo pierdo.




George Orwell



Cierta madrugada, uno de mis compañeros y yo habíamos salido a disparar contra los fascistas en las trincheras de las afueras de Huesca. Entre su línea y le nuestra había trescientos metros, una distancia a la que era difícil acertar con nuestros anticuados fusiles; pero si se acercaba uno arrastrándose a un punto situado a unos cien metros de la trinchera fascista, a lo mejor, con un poco de suerte, le daba a alguien por una grieta que había en el parapeto.

Por desgracia, el terreno que nos separaba de allí era un campo de remolachas llano y sin más protección que unas cuantas zanjas, y había que salir cuando todavía estaba oscuro y volver justo después del alba, antes de que hubiera buena luz. Aquella vez no vimos a ningún fascista; nos quedamos demasiado tiempo y nos sorprendió el amanecer. Estábamos en una zanja, pero detrás de nosotros había doscientos metros de terreno llano donde difícilmente se habría podido esconder un conejo. Todavía andábamos infundiéndonos ánimos para echar una carrera cuando oímos mucho alboroto y silbatos en la trinchera fascista: se acercaban aviones nuestros. De pronto, un hombre, al parecer con un mensaje para un oficial, salió de un salto de la trinchera y corrió por encima del parapeto, a plena luz. Iba vestido a medias y mientras corría se sujetaba los pantalones con ambas manos. Contuve el impulso de dispararle. Es cierto que soy mal tirador y que es muy difícil dar a un hombre que corre a cien metros de distancia, y además yo estaba pensando sobre todo en volver a nuestra trinchera aprovechando que los fascistas estaban pendientes de los aviones. Sin embargo, si no le disparé fue por el detalle de los pantalones. Yo había ido allí a pegar tiros contra los «fascistas», pero un hombre al que se le caen los pantalones no es un «fascista»; es, a todas luces, otro animal humano, un semejante, y se le quitan a uno las ganas de dispararle.

George Orwell
Recuerdos de la guerra civil

12.2.20

Love is a beautiful thing


Kleinchen and Rose with Mona, Café Lehmitz, Germany, 1970 -
 by Anders Petersen (1944), Swedish

Klaus, ¿me quieres?
Sí, claro que te quiero.

En serio, ¿me quieres?
Por supuesto.

Nunca me lo dices.
Mi vida, es lo primero que te he dicho cuando te has despertado.

Pero, ¿de verdad que me quieres?
Te lo juro, te quiero.

¿Más que a ninguna otra mujer a la que hayas conocido antes?
Más que a ninguna otra mujer.

Ya, eso quiere decir que has conocido a muchas.
Bueno, todavía no nos conocíamos tú y yo.

Seguro que a alguna le has querido más que a mí.
Que no, corazón, a ti te quiero más que a ninguna.

Ah, pero ¿quieres a otras?
No, solo te quiero a ti.

Estás sonriendo, ¿me quieres?
Si, corazón (vete a la mierda, qué cruz).

Mi foto
Bilbao, Euskadi
pedromg@gmail.com

Creative Commons License Page copy protected against web site content infringement by Copyscape ecoestadistica.com site statistics

Páginas vistas en total

Lo que hay.(Desde 08.02.07)

Se quedaron

Desde 08.02.2007