Glup 2.0

29.5.20

Boxeador noqueado

George Wesley Bellows
 


Hablar por hablar sin espacio para la reflexión, para la idea, solo imágenes circunvalando el yo como único eje, más rápido, más alto, más fuerte, la mano borrando los dibujos amarillos de la pared, los anteriores,  caminando por las mañanas, Artxanda como obligación y aquí estamos, a veces gin-tonic por las tardes, la habitación iluminada con pequeñas bombillas de árbol de navidad enredadas en gatos que se mueven de un lado a otro, que arañan a los invitados pánfilos que intentan acariciarlos, la lluvia arrastrando hojas secas y rastros de domingos aburridos con huellas de discusiones frente a la ventana de no ser o sí o esto es lo que hay, hoy, lunes con palabras diminutas formando nada y monsergas, Bilbao, mi ciudad como límite de lo que sé, de todo lo que ignoro, un collage de recuerdos, desamores y música de los 60, diálogos de chats erróneos, amigos detrás de un cristal de distancia y mentira y creer lo que no vemos, eso debe ser la fe, poemas sobre la belleza de no entender pero sentirlos tan hondo que se ve el hueso del euro, narraciones para comer, agua, gas en esta era digital con faltas de ortografía hasta en el pensamiento, somos tan honrados como todos, la misma mierda, una marea de mierda, de mentiras, de falta de arrestos para colgar a esta jauría por las patas, cabeza abajo, como escarmiento, no sabe usted con quién está hablando, les voy a meter un puro que se van a enterar, amenazas cuarteleras, de cabo chusquero, resabios de vencedores de guerras aún no olvidadas, ensayo de la pobreza, no pueden aguantar que seamos iguales, ellos son más, tiene más, merecen más, saben más, hablan diferente, roban con bendiciones de los benditos, solo hay ahora, Paul McCarney tiene setenta y siete años, Julio Cortázar nació en 1914, no sé qué edad tienen los artistas novísimos, no conozco los nombres de nadie, he olvidado hasta el mío, Olga volvió a mi cabeza después de quince o veinte minutos de ejercicios mentales, eso debe ser la decrepitud del cerebro, el olvido, la cara de Javier esperando la limosna de un regreso, mi cara aterida de frío en una esquina del mundo y ella no venía, no vino, sigo en otra esquina y la verdad está disfrazada de rutina y miedo, lo cotidiano vestido de rojo y soledad y quién me mandará a mí esta columna diaria que soporta una voz que no dice nada, zzzzh, crunnk, grrrr, lo gutural, plamm, onomatopeyas para llenar el modernismo, la divergencia, un juego cruel en el que siempre pierdo y nadie entiende aunque nadie sea ese perro diminuto tumbado a mi lado en una cama de sábanas húmedas en el cuarto con una ventana abierta al mar y a las dudas de intentar paisajes y gentes nuevas, ¿estará el amor escondido en el camino?, à bout de soufflé, esto no da para más, todo va demasiado rápido, lo moderno no existe, todo es viejo en el mismo momento de nacer, violencia en la imposición de los políticos, mentiras en el altar, obscenidad de la moralidad, desengaño en los escaparates,  no sé nada, debo mantenerle los más lejos posible con el brazo izquierdo, intentar cazarle la mandíbula con el puño derecho, moverme a su alrededor, girar, evitar el cuerpo a cuerpo, ya, pero cómo,  ha vuelto a darme, otra vez, me pesan las piernas, el alma, es demasiado para mí, girar, girar, moverme rápido, la izquierda, agacharme, cómo gritan, ay, ya amanece.    

28.5.20

Ladrona


Fred Stonehouse-yes.no.maybe-


Soy una ladrona y estoy atenta.

En invierno desvalijo los chalets vacíos de las urbanizaciones de la costa. Microondas, televisores, pequeños electrodomésticos que puedo transportar sola y vender después. Casi nunca hay dinero, ni joyas, solo silencio y casas amuebladas con mal gusto. Y frío, hace mucho frío en esas casas.

Soy una ladrona y soy culta.

También robo libros, es difícil encontrar bibliotecas en estas segundas viviendas, como mucho hay algún best seller, novelitas de amor o del oeste, revistas del corazón, cosas así. Cuando encuentro algo interesante lo leo antes de venderlo en el mercado de la Ronda.

Soy una ladrona y estoy sorprendida.

En un adosado de los de ventanas azules, los últimos que construyeron junto a la playa del faro, entre otras cosas ayer encontré un ordenador portátil, un bello objeto tecnológico Estos aparatos se venden bien. Por curiosidad lo encendí y jugué con su teclado negro - una ha hecho cursillos de Word y Excel en el módulo y sabe- , rebusqué entre los programas, escogí fotografías. El dueño debía ser trabajador, el trasto estaba lleno de fotos de casas, de perros, de niños, de la costa al amanecer, por la tarde, las luces de la noche y un archivo: Ella. Lo abrí. Una foto. Era yo forzando una ventana, se me distinguía perfectamente. En otra rompiendo un cristal, tan cerca que se me veía el color de los ojos. Otra escalando un balcón, de espaldas. No entendía nada, había muchas más, ese cabrón me conocía, me había seguido muchos días. Me fui de allí, rápida, de vuelta a Barcelona tiré el ordenador al agua en el puerto.

Un coche se ha estacionado frente a mi casa y ahí está, lleva tres horas parado con las luces apagadas. Seguro que él sabe que estoy aquí. ¿Quién será?

Soy una ladrona y estoy asustada.

27.5.20

Creo que se llamaba Ana



Querida mía en la distancia y en la cercanía, uno nunca sabe, pero imagina, uno camina sin miedo pero con prevención razonable en las esquinas, mira a izquierda y derecha en los cruces no se lo vaya a llevar por delante un conductor levantisco, a veces levanta la cabeza y mira más allá de lo que ve, y ve, un día uno mira en esta esquina y te ve, una mezcla de retrato y radiografía, una pintura al oleo y un diario con páginas amarillas, doradas, con letras brillantes, una voz que se cuela por los laberintos de entender y sentir y dar vueltas por lo que siempre ha sido, por lo que es y de pronto se apaga el ruido y solo hay dos seres humanos, tú y yo en un universo brillante, azul, entre nubes, algo así como pintaban el paraíso, un cielo de almas puras, yo no lo soy pero sí me rindo y te abrazo y me alegro infinito y te toco para saber que eres real y te acaricio asustado, aliviado y como esto es un tema de almas es complicado besarte sin que se alteren tus cicatrices, se salten los puntos o cualquier complicación ahora que sabes que estás bien y, escucha, aplauden, tantos, aplaudimos sinceramente alegres, partícipes, a tu lado, ocupando tu cama y el razonable espacio que nos dejes mientras te recuperas de los tajos , pones flores en cada uno de los catorce puntos, recompones el espejo y te peinas para seguir con tu prosa poética y tu energía, bella, lejos pero cerca, no solo te abrazo, soy tú y me alegro tanto, tanto, que vas a tener que consolarme porque me emociono y me quedo ahí, a tu lado, a los pies de la cama, pendiente de llevarte un vaso de agua, una rosa, o contarte, o cantarte bajito Alfonsina y el mar o bajar rápido a comprar los diarios, caramelos, aquello que te apetezca mientras seco tu frente y me pierdo en tu mirada y te regalo mi ombligo, tuyo es y mío no, lo compartimos y como un eco solo puedo añadir, te añoro.

26.5.20

Listos



En este país hay tantos listos por metro cuadrado que por mi parte me salgo del espacio que me toca y libero ese hueco para el espabilado de turno, para ese que todo lo sabe, el que pone pegas, el que ya lo sabía desde diciembre, para el que antepone su interés político al más mínimo sentido común, para los sinvergüenzas que están lucrándose con la miseria de tantos, para los desalmados a los que las vidas ajenas les son indiferentes, para los políticos que utilizan los muertos y el cuanto peor mejor para quedarse en el sillón o para buscar otro más grande. Dejo mi hueco porque digo que no sé nada, pero con las actitudes inconscientes que veo por la calle y en televisión como si no hubiese pasado nada, me reafirmo  en la certeza de que esto no ha terminado. No tengo miedo pero  sí preocupación porque el final va para largo. Todavía, por desgracia, quedan muchas víctimas. Debemos estar atentos.   


25.5.20

Viajeros errantes


Carnival, Cologne, Germany, Photo by Leonard Freed, 1954


Una guía de mis viajes de los últimos años, mapamundi, planos, mapa con alfileres de cabeza roja clavados en los destinos. Aquí he estado. Y aquí. Ahora New York. Ahí se puede dormir. Allí cené bien. En ese lugar compré discos de jazz con trompetistas barbudos e impronunciables nombres. Horario de la llegada de los trenes, teatros cerrados, la ferocidad de las bestias que acechan en los caminos, el don de la risa. Jerarquía de los viajeros, profetas delante, peregrinos con sandalias, los descalzos detrás. Diario de aeropuertos, campos de girasoles desde la ventanilla del tren, caballos saltando en la nieve, niños llorando en la estación, el mar en el cuenco de sus manos, leyendas en Cuzco junto a las nubes, voces floreciendo en los castillos franceses apenas vistos en la penumbra desde la litera, París, gatos maullando bajo las barcas varadas en un puerto cualquiera, monumentos a los héroes de una guerra, siempre hay una guerra que recordar, siempre un agravio, una frontera, el soldado desconocido, himnos, qué cándidos eran unos, qué crueles otros y al final siempre ganan los mismos, no somos nosotros, la historia la escriben los de siempre, nos quedan diez revoluciones pendientes, con esta huelga de relojes jamás las empezaremos, monumentos a los niños abandonados en los quicios, señoras limpiando los servicios públicos bajo la plaza, un vigilante con una linterna que abre las puertas hacia quién sabe qué maravillas subterráneas previo pago de seis euros, recuerdos borrosos de casas de comidas con camareros altivos, patos atrapados en los estanques helados, bandas de música de bomberos jubilados, asientos reservados a caballeros mutilados portadores del carné oficial, me quedan por recorrer demasiados países, muchísimos museos por visitar, conversaciones al azar, parques con corredores a punto del infarto, ciclistas vestidos de amarillo, la vida viajando dentro de mi maleta, voy. 

24.5.20

Yo soy importante.



Yo soy importante. Seguramente tú también pero yo no tengo perro. Cada uno tiene sus aficiones, es posible que todas respetables, aunque es posible que no. Cada uno comparte lo que le apetece, perfecto, igualdad per tutti.

YO soy más alto que tú. ¿Cómo lo sabes? Vale, no lo sé, pero YO soy rubio. Pues YO conozco toda la discografía de James Pekinel desde 1972 hasta el 1975, año en el  que murió envenenado con raticida, en octubre. YO estoy al tanto de todas las novedades discográficas. YO lo sé todo de literatura, a ver, pregúntame. YO escribo muy bien con las dos manos. Pues yo…

¡¡¡Alto!!!

Estoy seguro que muchos pensamos que nadie nos hace ni puñetero caso, es igual lo que compartamos.

¡El siguiente!

Decía que muchos pensamos…

¡El siguiente!

Yo soy importante. Seguramente tú también, pero yo no tengo perro.


23.5.20

Planes


Willem de Kooning, Untitled, 1973


Pues vaya, he hablado con Parker. Me dice que tenía una primera comunión en mayo, una boda a mediados de junio, un divorcio en abril, la presentación del segundo libro de su mejor amigo, lo del jazz de los jueves, los partidos del Athletic, la final de Copa, los conciertos del Antzoki, subir al Pagasarri cada lunes, lo nuevo del Guggenheim, las comidas del txoko, las quedadas de los miércoles con los amigos de Encarnación, el poteo de sábados y domingos, volver al Bolintxu, subir al Amboto, comprar antxoas a Sergio en Santoña, una comida con los chavales del Tívoli, una visita a Berria, las exposiciones fantasmas de la Alhóndiga, soñar con las vacaciones, pasar la ITV del coche, renovar el DNI y el carnet de conducir, visitar a su tía, la merienda trimestral con las chicas y chicos de Ciudad Jardín. Se para, se rasca la cabeza y me dice que seguro que se deja algo. Ah, sí –dice- esta frase: “Si quieres hacer reír a dios cuéntale tus planes”.   


22.5.20

Steven Onoja



En sus viajes anteriores, interiores, escribía desde el fondo de mi corazón, sacando todo el amor, contándole lo que ocurría aquí cuando no estaba. Me refiero dentro, me refiero fuera.

En este viaje ruso escribo desde no sé dónde, apenas sé ya a quién, mucho menos sabiendo el porqué de mi obstinación. Siento en esta reiteración que mis palabras se aglomeran desde el borde de un sentimiento sin forma, borroso, algo así como una nube de tormenta, cargada de electricidad. Aunque ya todo es una nube, no hay cielo, solo esa informe masa negra. Está detrás–me dicen algunos. Mienten- les digo yo-.

No tengo ninguna duda del recuerdo constante, de su presencia en mí, ya se haya convertido en ideal, imposible, quimera, nostalgia, sueño, pesadilla, afán o manera de llenar mis vacíos. No tengo ninguna duda sobre mi amor, bien sea por ella, bien por mi necesidad de amar lo imposible.

Tengo otras dudas. Las dejo ahí, tendidas. Llevan tanto tiempo tendidas que parecen melocotones con manchas marrones, peces boqueando sobre las tablas del embarcadero, limones de piel arrugada, un elefante sin trompa del zoo de Jerez. André Gide definía la melancolía como un fervor caído. Escribo esto bajo el olivo, con un fuerte sol de mayo que  está bronceando mis piernas duras, las que se esfuerzan por subir a Artxanda cada día, con los músculos excitados, plenitud, virilitas, zancadas de alguien que no se quiere parar, que no se deja vencer por el bostezo de amaneceres y despedidas, de rutinarios paseos por los mismos caminos, por la edad, senectus.

Desde el mezzo del cammin han apagado la luz.

No sé si volverá.

21.5.20

Aire/viento



…De dónde sale el aire que se vuelve viento, un desolador paisaje de soledades, pobres seres solos, anhelos perdidos en ese viento que era aire, que no era nada, que se espesa a partir del susurro de un bosque donde no entra la luz y…

La verdad, Parker se divertía más releyendo lo que escribió sobre aquellos encuentros eróticos en un cuarto donde la luz del deseo le cegaba.

20.5.20

Ventana/pared



Una ventana frente a una pared de ladrillos rojos. Parker, mira ensimismado la triste longitud del aburrimiento, allí donde el silencio es una parte más del acertijo de encontrar nada, de preguntas colgadas del limonero que ha crecido en el patio, gatos erráticos, vecinas ancianas sentadas en el porche esperando la muerte,  quizás el desayuno que les traerá una sobrina coja, pálidas botellas con agua de lluvia, una lámpara encendida que alguien se olvidó de apagar, por encima el cielo gris, por encima la soledad, sólida, imperativa, por encima el hastío hasta que pasen rápidos los tres días hasta que ella se vaya y Parker se quede aún más solo, más confundido. Si esto es posible.

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