Glup 2.0

Pedro M Martínez

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miércoles, 1 de julio de 2026

Sal con una chica que no lee.

 



Sal con una chica que no lee.
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo continuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
Por Charles Warnke.

 

martes, 30 de junio de 2026

Disfrute.

Señora airada disparando al ayer (al suyo en concreto). 


Aquí o allí, es igual, siempre habrá otro allí, lo que no queda es el aquí, el ahora, siempre es luego, después, nada permanece, todo cambia, fluye, se mueve, o se muere, fin. 

Ahora, los que puedan, se irán de vacaciones.

A disfrutar.

lunes, 29 de junio de 2026

No es necesario que lo leas, allá tú.

 

Nobuyoshi Araki

Un ojo devora lo que escribo en este junio de días largos  contados como flores en la solapa de un verano descolgándose mientras grita piedras colibrí perlas alrededor del cuello de un mes con magnolios voladores y una araña asomando en el pulmón helado por cigarrillos inconexos y conocidos de las mañanas hola cómo está usted que pasan los meses y no sé de qué le conozco pero hola o adiós cómo le va que hago cálculos para saber cuánto me queda de suplemento si acelgas lechuga y otros regímenes carcelarios no terminan con la felicidad de sabernos y ser el antes como concepto antes éramos antes mentíamos mejor que incluso teníamos la boca más grande para así ampliar las exageraciones que lindaban con el otoño y la magia negra o gris entre las olas del desconsuelo mirando sin ver leyendo sin entender que esto no es más que un pasatiempo de correveidile sin otro valor que la rutina que nos asegura que las manifestaciones frente al ayuntamiento en septiembre no serán como las de  abril y las llaves entrando en nuevas cerraduras y las puertas del cielo cerradas a cal y canto y violetas y animales dulces y caricias torpes que con tanta espalda no sabe uno por dónde empezar el asalto a la ternura a espantar los sueños a las esfinges a los agoreros que nos acuchillan la esperanza a los que se han apeado de la vida marítima y escuchan los ronquidos de la ocasional pareja aburrida por los achaques ajenos a la libido (Libido (del lat. libido: «deseo», «pulsión» y en un sentido estricto: «lascivia») es un término que se usa en medicina y psicoanálisis de manera general para denominar al deseo sexual de una persona. Como comportamiento sexual, la libido ocuparía la fase apetitiva en la cual un individuo trata de acceder a una pareja potencial mediante el desarrollo de ciertas pautas etológicas. No obstante, existen definiciones más técnicas del concepto, como las encontradas en las obras de Sigmund Freud y Carl Gustav Jung que hacen referencia a la fuerza o energía psíquica. Estos autores vinculan la energía libidinal, respectivamente, a las pulsiones y a su carácter eminentemente sexual como meta primaria (Freud) o a una energía mental indeterminada que mueve el desarrollo personal general de un individuo (Jung). Sigmund Freud, a su vez, habría tomado el término de A. Moll, quien lo utilizó en 1898 en la  obra Untersuchungen über die Libido sexualis[«Investigaciones acerca de la Libido sexualis»]) sentada desnuda en un rincón del pasillo desnudo de un hotel desnudo y regiones hinchadas por  no sabe usted con quién está hablando y sujetadores rojos que no se pueden plantar relámpagos como gotas de miel y leche en el aliento o en la lengua del buey del deseo con fiebre en las alas y la noche como una empalizada de ciudadanos con un artefacto de dolor en el pecho y poesías de Idea Vilariño  este es solo un intento para que nadie abandone la chalupa de lecturas y consejos que pueden ser placenteros o no pero en la revisión del arcón si mientras ese ver leer sentir deja el poso de lo ya dicho y todo o casi es un torpe afán que empezó en la preparación para volver al fin de la tierra con el faro que ilumina a los pacíficos navegantes que encuentran el vendaval a solo cuatro millas de la costa un poco más acá de donde el océano se pierde en la nada y una mezcla de dios y monstruos se beben las aguas y la fe y a este paso es apenas la continuación de otros pasos hasta que pian pianito se llega al final. Benditos seáis.

domingo, 28 de junio de 2026

Canciones portuguesas

Lana 1 by James Wigger

Han pasado los días de junio como gorriones con azúcar en las alas. Bajo el balcón los fotógrafos ansiosos entonan canciones en portugués y esperan. Las nubes corren por el cielo, los escarabajos por la arena de la playa cercana, no sé su nombre. La vida se ha llenado de armonía, de mermeladas de ciruela y frambuesas que extiendo sobre el pan con mantequilla del desayuno, después escucho el  cuco  bajo el cartel de los tres monos, no oír, no ver,  no hablar, prohibidas las noticias sobre política, que enflaquezcan los cerdos de la piara,  que se agosten las cosechas de los banqueros, que ardan los telediarios, ya vendrá julio pero hoy no, hoy el azul domina las horas  el rojo del arroz con bogavante, los lagartos de dos colas persiguen gusanos de luz, orugas de mariposa. Busco  huellas sobre la harina de centeno, disfruto con las cosas bellas, subir a Artxanda como cuando era niño, caminar hasta el horizonte, respirar, leer a Joan Didion, escuchar el roce de las estrellas mientras miro la noche. Así día tras día. Hasta mañana. ¿Vas a venir?

sábado, 27 de junio de 2026

Roland Barthes

 


Si fuera escritor, y muerto, cómo me gustaría que mi vida se redujese, gracias a un biógrafo amistoso y sin prejuicios, a unos detalles, a unos gustos, a algunas inflexiones: podríamos decir «biografemas», cuya distinción y movilidad podrían viajar libres de cualquier destino y llegar, como los átomos epicúreos, a cualquier cuerpo futuro, condenado a la misma dispersión; una vida horadada en suma…

Roland Barthes
Sade, Fourier, Loyola
Ediciones Cátedra



viernes, 26 de junio de 2026

Elefantes.

 


Me he bebido ni sé cuantos elefantes, enteros, con trompa, colmillos y todo, me he comido con labios de cuchara toda la amargura de los días en declive, las emociones que perdieron la apacibilidad, la falsa ternura de los símbolos escondidos en insomnios de sábanas de papel, los intentos para mantener el equilibrio aún cuando los cazadores de poetas, los depredadores de filósofos, los pregoneros del juicio final empujaban sin respeto, mucho menos piedad, los límites entre lo soportable y este espacio baldío que es no ver… (te/la/me/nos/os).

Ver.

jueves, 25 de junio de 2026

Sueños que duelen.

 


Busqué refugio, me acurruqué sobre la paja seca, cantaban las lechuzas, palpitaba la tierra. Cuando se acercó aquel animal imaginario, sentí sus jadeos, toqué su lomo tibio, me miró con ojos de niebla, se perdían en el lodo sus pisadas. Traté de seguir sus huellas transparentes, desapareció entre los abetos. Supe que era una premonición. Desperté y sólo estaba el dolor.

miércoles, 24 de junio de 2026

Cuentos

 Según Perrault, "La bella durmiente" fue el primer cuento que recogió de la oralidad popular: 

"(...)-¿Sois vos, Príncipe mío? -le dijo ella-. Os habéis hecho esperar mucho tiempo. 

El príncipe, atraído por estas palabras y, más aún, por la forma en que habían sido dichas, le aseguró que la amaba más que a sí mismo. Sus razones resultaron desordenadas, pero por eso gustaron más a la princesa. Poca elocuencia y mucho amor. Estaba más confundido que ella, y no era para menos; la princesa había tenido tiempo de soñar en lo que tendría que decirle, pues parece (la historia, sin embargo, no dice nada de esto) que el hada buena, durante tan largo sueño, le había procurado el placer de tener sueños agradables. 

En fin, hacía cuatro horas que hablaban y no se habían dicho ni de la mitad de las cosas que tenían que decirse (...)."



En realidad lo que quiero es contar historias de bellas durmientes o de feos despiertos, historias que distraigan,  que hagan reír, que hagan  olvidar o recordar, que hagan algo. Cuentos sin protagonistas identificados, sin personajes identificables, de países lejanos, de sentimientos que no duelan, de paisajes sin nombre. Creo que para eso hace falta saber escribir, transmitir.

Y mira que escojo las palabras con cuidado, las selecciono con mimo, intento inventar historias, pero es inútil, solo sé escribir de lo que siento, de lo que me baila en el alma, de los fantasmas que no me dejan mirar a otro lado, de esa mirada, mirando (me).

Siempre termino contando el mismo cuento: la Bella Durmiente.

En realidad creo que el que está dormido soy yo, esto es absurdo.

Y no me despierto.

Soy tonto del culo.

martes, 23 de junio de 2026

Cosas que nos dijimos hoy.

 


Things We Said Today.


Cosas que nos dijimos hoy.

No, ella no es Jane Asher, ni estamos en el Caribe, tampoco he compuesto hoy ninguna canción para entenderlo. Pero nos hemos dicho cosas sombrías.

Deep in love/Not a lot to say

Profundamente enamorado/Sin mucho que decir, cantan los Beatles mientras cenamos, sin apenas hablar, nos tocamos los dedos, nos miramos.

Ay de aquel para el cual el otro haya dejado para siempre de ser un misterio, y se transforme en un libro abierto: este hombre ha muerto para el amor." Leopoldo María Panero.

Quizás la placidez de la mañana nos ha incitado a la confesión, lo sé, no debí contárselo. Ya no hay remedio. Acaba junio, llueve, no hay aeropuertos cercanos y ella tiene las llaves del coche, de su coche. Todo es tan, tan triste.

Además no entiendo qué idioma hablan alrededor.

Solo el mío.

lunes, 22 de junio de 2026

Aeropuerto

 

The Meal by Maria Frodl

Amanece en Orly. No sé que hago aquí con la niebla detrás de los ventanales y John Malkovich mirándome con cara de enfado. Leo a Quignard que escribe de amantes que descubren su desnudez o lo imagino. Advierto que solo lo entiendo al otro lado de una frontera, quizás mi propio límite. Lo entiendo desde que estuve en ese límite, con el borde de la túnica prendido en la puerta que divide dos mundos, el lenguaje y el silencio, es decir la despedida, el punto sin retorno, la mano que no puede ya asomarse detrás de la pared invisible. 

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