Apartment Dwellers on New Year’s Eve (1948) - John Philip Falter Parker pasa de la periferia al núcleo en un tris tras, ni se
lo piensa. En los últimos tiempos cuatro veces (al menos de las que hay
constancia escrita). Y es que en el esto, en eso, se le nubla la vista y
embiste, ciego, primario, elemental (como Watson). Son malos tiempos para el
esto pero Parker lleva la experiencia del entonces, la intuición del ya, ese
saber hacer del chuloputa (pero Pedro ¿Qué dices/escribes?), el oficio del
monosabio, del puntillero, del caballo con peto, del primate que te mira detrás
de los barrotes de la jaula del zoo y sabes que sabe (qué jodido gorila). Aquí
cada uno/una pone sus peros, sus perros, sus músicas, sus cuadros cuadrados,
sus traumas, su soledad, su bajo vientre, los espejos. Hablando de eso, Parker
trae hoy una bola de discoteca, una con espejos (no redundo) una de esas con
cristales (los diminutivos infantilizan lo que digo y no) que reflejan y
emboban, es decir su periferia con volantes. Parker está en ese borde que das
un paso y estás en Cuenca, das otro y te vas barranco abajo con las cabras, los
conejos y el Zorro (tengo las pruebas), por eso se queda quieto, mira p’allá y
a otro perro con ese hueso, que se muevan ellos, es decir vosotros, tú,
qu’estoy hasta aquí (y señalo el punto de mi anatomía que prefieras, el núcleo
mismo ) de reguetón. Es lunes ¿No?, Semana Santa, que poco queda de esto y eso.