Agosto 31. Agur
Las sonrisas se hielan, Parker se espolvorea belladona en el bigote y esto es así, hoy, lunes.
Pedro M Martínez
Yun llena mi cabeza de triángulos escalenos, mi memoria está sentada en el centro de su corazón, cosida con alboroto de caléndulas, carretera sin atajos a su piel sin distancia, con zozobra, su cuerpo es un desorden prendido en el marco de mi deseo, una luz al fondo, mi sedienta mirada en los intersticios, un viento azul moviendo los árboles de la alameda, Yun en todos mis sueños.
Inna Shirokova, 1937-2019
Con una máscara de adolescente ensimismado Parker gira y ríe en un baile de disfraces en el que nadie es quién dice ser. Entre los muchos invitados, alrededor, confundidas, la primera mujer que amó, la primera mujer que besó, la primera mujer que le enloqueció. Y su mujer.
Miré por la ventana, los coches amarillos corrían por la avenida, se escuchaban sirenas, los peatones iban y venían bajo el calor de junio, no advertí nada sospechoso, quizás era una confusión.
No encuentro mis bragas –dijo ella, y desde la cama vi las blancas nalgas que contrastaban con el resto de su bronceado cuerpo, de rodillas, palpando la alfombra bajo la mesa del salón, a oscuras.
No tienen prisa las palabras en decir. La urgencia tiene voz atragantada. La prisa alborota los sonidos y se acaba por decir todo lo contrario. La rapidez siempre es extranjera. El barullo es un jeroglífico que no descifraremos nunca. Escribir, entonces, mirándote a los ojos. Deseando tu dictado.
***Toda memoria es respiración agitada. Cada olvido es un modo desordenado de decir adiós.
***
Se besan sin saber dónde empieza el cielo, dónde acaba el infierno. Se besan de pie, con los ojos cerrados, con las manos cerradas. Se besan y a lo lejos se escuchan las murallas centenarias, derrumbándose, poblando el aire con un estruendo de argamasa y ciclones. Se tocan la piel y de los poros les brotan pequeñísimos animales dulces que miman cada rincón de brazos, caderas, muslos, un lento deambular de almíbar. Se tocan el alma y se mecen en pétalos de flores nuevas, gigantescas corolas, pistilos con embriagadores zumbidos de abejas. Se hacen uno y justamente entonces, a pesar de los coros de querubines que cantan con los ojos cerrados, del ritmo de cien palmeros presentidos al otro lado de la puerta, del calor de tres infiernos, del murmullo de un arroyo del Paraíso Terrenal, del Vesubio y del Etna, de Manhatan, ignoran que traquetean en el pescante de un tren sin regreso, viajeros a ninguna parte, refugiados en el trayecto de la soledad, habitantes de un mundo prohibido.
Me regalo el disco la mujer que entonces amaba. No sé si todavía la amo, no sé siquiera si es la misma mujer. La canción sí, me sigue gustando. Menudo plantel de músicos lleva.
Ahora que estoy con lo de Eve Babitz (ya os contaré), me entero que Michael Frank, con esa voz de chico bueno pero sosito, compuso esta canción después de acostarse con ella
«Estábamos en la cama —dijo Eve— Se me enfriaron los pies. Le dije que tenía los dedos helados. De eso proviene el título de la canción.
[«Popsicle Toes», apareció en el disco de Franks de 1976, The Art of Tea ]).
Hay historias curiosas detrás de algunas canciones, de algunos poemas, novelas, peliculas, obras de teatro, cuadros, suspiros a deshoras, etc.
Eso sí, lo juro, si en aquel tiempo me hubiese acostado con Eve mi canción, con o sin estos músicos sonaría de otra manera.
Produced by Tommy LiPuma Keyboards: Joe Sample Guitars: Larry Carlton Bass: Wilton Felder Drums & Percussion: John Guer Vibes: Larry Bunker Congas: Jerry Steinholtz String Arrangements: Nick De Caro Mixing Engineer: Al Schmitt Recording Engineers: Lee Herschberg & Bruce Botnick