Glup 2.0

26.2.20

Dick




…como una gilipollas,
antes de marcharse le preparaba la cena,
una tortilla de jamón y una mandarina,
quizás a esas horas, de vuelta a casa, 
su mujer estaba ya dormida. 

Y ahora me hace esto.

Será hijo de puta…

25.2.20

But but i do not understand





Nuestros muros pueden ser  tan diferentes,  sin embargo hay que ver, qué cosas. Porque puede parecer que así (es decir así, esto) no hay quién se entienda, aunque hablemos de lo mismo o de nada, de música, poemas, silencios,  imágenes hermosas. ¿De qué estábamos hablando?  No lo sé, entiendo que tener cinco mil amigos o acumular "me gusta" puede ser gratificante (bueno…). También hacer propaganda de lo tuyo, aunque ¿qué hay de lo mío?, que no vendo nada, o si, caminos de aire,  anzuelos, orzuelos, revuelos, desvelos, consuelos, esas cosas. Que bien lo pasamos, servidor (de usté) al menos, aquí, tan lejos (depende de dónde, claro), que tecleas ideas, emociones, informaciones, sentimientos, temblores, bostezos y te salen geranios, golondrinas, viento y esto es febrero, señoras/es, que el verano está a la vuelta de la esquina y los agoreros van a tener razón con esto del coronavirus y voy a pintar las paredes con tu nombre, mi amor, que saldrá el sol por Antequera o no saldrá y que nosotros lo pasemos bien, que esto es lo que hay y a lo que iba/mos que nuestros muros son tan diferentes y sin embargo.  ¿Te puedo tutear?

24.2.20

Halston


Halston fue un diseñador de moda.

Ya ¿y qué?

Pues que Movistar tiene un documental sobre (parte de) su vida que me ha parecido muy interesante. No solo por la moda, que también, sino por una época, una forma de vida, unas personas (y algunos personajes), unas prácticas de trabajo, de negocio, unos hábitos, el recuerdo, la nostalgia, los 60, los 70, los 80, la vida como era (allí), la vida como no era (aquí, ¿o sí?), los vicios, los desfiles, la música, Nueva York.


Nofolk


Nofolk, Tree, 1992, Tai-Shan Schierenberg. English, born in 1962


A partir del horizonte termina el mar, se precipitan las aguas a un abismo de nada y dragones, de eternidad y planetas. Yo no lo he visto pero me lo han contado marineros del barco del infierno. Quizás salga esta noche a comprobarlo.

23.2.20

Domingo



La cuestión es que uno viene aquí (también) " para hablar de su libro" y después de chocar contra la pared ("se traspasa", no es cierto) debe dedicarse al viejo truco de esparcir música y poesía (ajena) por los campos como un san Isidro sin bueyes ni arado ni mucho menos vocación ni ángeles que le sustituyan en sus fines de no es lo mismo predicar que sembrar trigo o algo así que en estas mañanas en calma te entran ganas de salir a quemar conventos o perderte en un bosque a fisgar pájaros o, que se yo, llamar a las antiguas amantes y decirles que estás vivo, que respiras, que el sol ha salido y las riberas están llenas de cangrejos (ahora no puedo llamar porque en la residencia de ancianas están aún sirviendo los desayunos) y está llegando el momento de soltar la jauría, restregar el  hocico de los mastines con el olor del fracaso, con el hedor del miedo, gritar en los caminos y correr sin descanso hasta llegar a ningún sitio, ¿dónde estoy?, que los árboles me hablan y la música es esta nota repetida en fa, puro jazz, improvisación de domingo sin iglesias ni mantos morados, comunión de cuerpos desnudos en las dunas, ahí al lado, las alondras cantan con el leve movimiento de los juncos y hay resaca de alcohol nocturno y bandas con himnos de revolución mientras todos beben y ríen y la realidad está lejos, las tragedias, Siria  está tan  lejos, es domingo y puedo escribir versos, dar besos, olvidarme o recordar, levantar la esquina del misterio o enterrar las voces que por las noches me susurran que la vida es ahora y pasar de puntillas por los hospitales y el miedo, no se vayan a despertar los agoreros y tengamos la fiesta en paz, febrero va, vamos con mi abrazo y mi sonrisa, que tengáis un buen día. 

22.2.20

El muerto

Daniel Labrosse


El muerto. Nadie sabía quién era,  por supuesto a nadie se le ocurrió llevar flores a su tumba. Era joven, en el infierno no hay sitio para los viejos, sus pasillos están decorados con retratos de dioses enfermos, con lirios que crecen en las riberas del estanque de fuego, donde se tortura a los poetas, las calderas donde gritan los escritores con libros que hierven en sus cabezas de laberintos. Hay una habitación con artilugios para hacer confesar a los sacristanes equilibristas, al párroco que se dormía en el confesionario, al implacable perseguidor de herejes, al azote de la adultera presa de sí misma. Parker escucha el eco de los salmos, el plash del salto de los salmones, el trueno de motocicletas en la carretera de vuelta, el silbido de un diablo de cuernos rojos parado en la señal de limitación de velocidad, prohibido aparcar, los actores italianos se mueren en el escenario, ya no quedan plazas en el infierno. 

Henry Miller, “Primavera negra”




Uno pasa imperceptiblemente de una escena, una edad, una vida a otra. De repente, al caminar por una calle, bien sea real o soñada, uno se da cuenta por primera vez de que los años han volado, de que todo esto ha pasado ya para siempre y que sólo permanecerá en el recuerdo; y entonces el recuerdo se mete más adentro con una extraña y absorta brillantez, y uno repasa esas escenas y esos acontecimientos perpetuamente, en sueños y meditaciones, mientras camina por una calle, mientras se acuesta con una mujer, mientras lee un libro, mientras habla con un desconocido…de repente, pero siempre con una extraordinaria exactitud, estos recuerdos se entremeten, surgen como fantasmas y penetran en cada fibra del propio ser. En lo sucesivo, todo se mueve en niveles cambiantes: nuestros pensamientos, nuestros sueños, nuestras acciones, nuestra vida entera. Un paralelogramo en el que caemos desde una a otra plataforma de nuestro escenario. De aquí en adelante caminamos divididos en millares de fragmentos, como un insecto con cien pies, un ciempiés con movimientos suaves y ondulantes que se embebe en la atmósfera; caminamos con filamentos sensibles que se embeben ávidamente del pasado y del futuro, y todo se derrite en músicas y penas; caminamos contra un mundo unido, afirmando nuestro desacuerdo. Cuando caminamos, todas las cosas se rompen en millones de fragmentos irisdicentes. La fragmentación de la madurez. El gran cambio. En la juventud, éramos íntegros y el terror y el dolor del mundo nos penetraron por completo. No había una clara separación entre la alegría y el pesar: se fundían en una sola cosa, al igual que nuestras horas de lucidez se funden con el sueño y el dormir. Nos levantamos por la mañana siendo unos seres, y por la noche, completamente ahogados, bajamos a un mar empuñando las estrellas y la fiebre del día.



Henry Miller
“Primavera negra”


21.2.20

Parker y Bromwyn




Parker ha descubierto que hay algo que le redime, ahora que duerme al lado de Bromwyn sabe que su anterior búsqueda era estéril, que puede estar donde está, sólo ahí, que puede cerrar las puertas a nostalgias pasadas de moda, que ni siquiera hay moda. ¿Y nostalgias? Lo piensa unos minutos, revisa nombres y llega a la conclusión que está tan lejos de todo que no es práctica. La nostalgia.




20.2.20

Parker está muy lejos



Hay que comprender que Parker está muy lejos de todo, de tanto, en el extremo superior izquierdo del mapa, justo bajo la raya de las isobaras, del conglomerado de nubes negras. Detrás de  la ventana entra el reflejo intermitente de un coche parado en mitad de la calle,  olor a gasolina  y graznidos de gaviotas de ciudad, alborotadoras. Lejos o cerca apenas son conceptos y cada día es único, ya vendrá el verano. O no sé si ya estamos.

19.2.20

Parker y los superhéroes




Parker camina sobre las baldosas de los días, unas en sombra, otras en luz, ha llegado a la conclusión que apenas le queda tiempo para saber las respuestas a tantas preguntas como se le agolpan en la nuca, entre los omóplatos, bajo el ombligo, por ahí. Para colmo febrero se alarga un día y al mirarse al espejo advierte que se le ha quedado cara de cómic, no de superhéroe, no, de chiste, de no entender nada, de no esperar demasiado del resto, si es que puede llegar hasta el final sin partirse de risa de sí mismo.


18.2.20

Marinero de madera


Olivier Bonhomme


Pues nada, entre ducha y ducha otro día te contaré lo de aquel fin de semana que fui a Burgos para estar con una antigua novia. Hubo un momento en que ella fue el amor de mi vida (no sé cuántos amores de mi vida he tenido).  Después de me invitó a fumar un canuto (nunca fumo, nada), después otro, total que por no quedarme atrás me puse ciego a canutos. Por la falta de costumbre me quedé dormido, desperté, allí, tumbado, desnudo sobre la cama, como una piltrafa humana, sin poder moverme, (no podía mover ni las pestañas, qué cosas). Ella (qué cabrona) me echó en cara todas las porquerías de nuestra relación, así, una tras otra, como puñales, los desacuerdos, los porqués, los desencuentros, el día qué, el día que no. Mi lengua era más grande que mi boca y no podía responder. La muy malvada incluso me dijo que la figura de madera de un marinero que me regaló (entonces yo vivía en verano en el puerto de Elantxobe) fue a comprarla con su madre y escogieron lo más feo de la tienda, que ya hay que tener mala baba, que la tenía como una reliquia  sobre la cama a pesar de, pero estaba tan p`alla que ni hablar podía. A eso de las seis de la mañana cuando se me pasó un poco la alucinación (la verdad es que bichos no veía), sin despedirme me fui, busqué mi coche aparcado en un barrio raro con gente dormida en los portales, miedo me daba y volví echando hostias a Bilbao, confundido, con resaca, tanto que me equivoqué de carretera y acabé en un monte (Orduña, creo), en ninguna parte, con niebla  y hacía un frío del copón bendito…

Oye, oye, esto que me cuentas ¿es verdad?

Yo qué sé, no me puedo acordar de todo. Tú has empezado. Sí recuerdo que cuando volví a casa tiré a un contenedor el puto marinero.

Sylvia Plath


Soy sarcástica, escéptica y a veces dura, porque me da miedo que me hieran. Y tengo en mi interior esa alma sumamente vulnerable de todo egoísta.


17.2.20

Suicidios ejemplares



... yo no soy de las que salen por gusto fuera de casa. Pero siempre andan preguntándome a qué se debe esto. Me lo preguntan como también me preguntan por qué aún no tengo novio o por qué fumo tanto. Porque a mí me preguntan de todo, no sé por qué. De todo. Y yo para todo tengo respuesta.

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