Aquellos músicos.
Aufschnaster abrió el concierto y nadie sabía quién era.
Pedro M Martínez
Aufschnaster abrió el concierto y nadie sabía quién era.
No te hagas ilusiones, Parker, esto es una caja vacía con el embalaje roto, no contiene la máquina de los recuerdos ni siquiera un pañuelo con aromas. Está sobre la mesa tentando tu curiosidad, esperando que te preguntes cómo ha podido olvidarlo ahí. Extiende la mano y toca con los dedos temblorosos el cartón. ¿Ves la etiqueta?, ese es el nombre y la dirección, el remitente está borrado pero tú sabes quién la escribió.
Lucia Dovičáková — Dreaming About Death on Pink Sofa ( 2022)
Encontré en un sótano revistas de principios del siglo XX. Una sociedad diferente, otra forma de vivir. Rebusqué entre sus hojas, no había nada interesante, ni siquiera para intentar desarrollar un cuento, una historia, una frase que simule un puente, una escalera, un incendio. No. Solo zaragüelles, apotegma, incredulidad, ponzoña, estrago, venia, destreza, riesgo. Puestos así solo me queda bajar la persiana, esperar a mañana y gritar para que despierte mi imaginación. ¡Ahhhhhhhhhhhh!
Dame una palabra y te daré un poema. Dame un poema y te daré el temblor de una mano detrás de los visillos. Dame una mano y seguiré por el brazo hasta tu corazón. Estarcido, omnisciente, pasmarota, zamarrear, zoncera, alfecería, eglantina, abroquelado, divisas y heredades en selvas, dehesas, prados, pastos, lagunas con sus salidas y entradas, palabras, frases que leí cerca de Reinosa, en Cantabria, hace demasiados días, antes de volver a lo ya dicho, a las vacaciones que sí, que no.
Alchemical and rosicrucian compendium, c. 1760,
Recojo rarezas en textos que leo aquí y allá, frases pintadas en las paredes, retazos de conversaciones al azar del pasar de otros, transeúntes de calles atestadas, conversadores bajo el farol de la calle vieja, pescadores de angulas en las escalerillas de la ría lenta y melancólica. Exprimo mi vocabulario y apenas me quedan palabras, ya las he usado casi todas. Me restan algunas: tarbú, espolique, canecillo, prohombre, fíbula, alquicel.
Es una antigua tradición, el 22 de julio el alcalde de turno de Bermeo con todo su séquito parte en barco desde Mundaka hasta la isla de Izaro, Allí lanza una teja a las olas del Cantábrico mientras dice: Honaino heltzen dira Bermeoko ituginak (1).
Después los barcos van a Elantxobe y allí empieza la fiesta.
Aunque no nos venga bien, hoy mismo podría caer un asteroide
a las 23, 59 y terminar esta vaina de la raza humana. No me puedo quitar de la
cabeza a los dinosaurios, seguro que hace 65 millones de años ellos tampoco se
lo esperaban y mira. Aunque, si sobrevive, Spielberg estaría contento, que lo
mismo le dan un Oscar los seres vivos inteligentes, animales, vegetales, que
queden, si quedan. En mi casa Teresa habla a las plantas pero se marchitan
igual, solo una, con la que está enfadada, casualidad, está lozana y verde,
debe ser la inteligente o la voluntariosa o la sobradamente preparada para
adversidades, como para contarle no sé qué de meteoritos, pensará, bastante
tengo yo con la clorofila y esa raíz rebelde. Viva el optimismo. Una vez estuve
en un curso de esos de autoestima, que no sé qué hacía allí, que costaba una
pasta, que después de la charla se formaba un corro y hablaba quién quería y
todas eran señoras menos un chaval y yo y todas contaban unas tragedias
tremebundas. Quise quitar hierro y dije una frase positiva, solo una. Escuché
de todo. Seguro que las del corro (y el chaval) estaban muy tristes. Tú ¿estás
triste? Yo no porque en la ciudadanía a la que pertenezco somos todos de primera
clase. Me llevan los demonios. En resumen que si el imaginado meteorito ese no
cae hoy tenemos toda la vida por delante, lo que queda detrás no vale para
nada, ¿a quién le importa la historia? (a mí), que es todo mentira, solo sirve
la historia propia y esa nos la inventamos, solo el espejo es veraz y a veces…
Ya. Sigo a lo mío, feliz lo que queda de julio para todas/os.
Aun aquí continuo el vano empeño de compartir mis escritos
cada día, con esta expresión ágil, si es que alguna vez lo ha sido, airosa,
alegre y no el actual arrastrase por los días simulando, trampeando y aun
así con damas acodadas en la ventana (Cuadro: Mujeres en la ventana, de
Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682)) echando flores a los viandantes o
recriminando el exceso de imágenes pintureras, que agito el magnolio, que para
escribir hay que sufrir (Yo creo que no se debe sufrir en ninguna
profesión y que hay que intentar evitarlo. Lo que sí debe tener un artista es
una mayor sensibilidad para ser capaz de llegar al otro con las cosas que dice,
escribe o pinta.- Luz Casal) y resulta que estoy en un periodo de
alegría que casi me sonroja en medio de este estado de pesimismo generalizado
con predicciones apocalípticas en lo económico y negros nubarrones en lo
político que, mire usted, en una playa de Galicia (qué maravilla Galicia y sus
gentes) con señoras tendidas al sol, niños jugando y gritando, señoritas en
bikini paseando por la orilla, panzudos y pacíficos señores leyendo el
periódico bajo una sombrilla, atléticos jóvenes jugando a pala, al vóley, un
servidor sumido en los pensamientos de quién soy, dónde voy, de dónde vengo, en
esa playa, digo, también pienso si no será eso, esto, la vida, vivir, disfrutar del sol y el agua,
el rumor del viento, la ausencia de obligaciones, cifras de venta, la comida
preparada en la mesa, las hipotecas pagadas, alguien que te rasque la espalda,
que disfrute y se ría contigo en una cama, en el tejado, contra una pared o yo
qué sé, eso, que algo más se ha sumado a mi estado de felicidad, tengo amigos,
tantos, están ahí y me parece normal, pero uno de estos días el sentido de la
amistad ha crecido y he tomado absoluta conciencia, me llaman, nos citamos para
comer, hablamos, nos sentimos, es hermoso, con todo esto no me sale escribir,
me horado una oreja, sufro un poco y enseguida vuelvo a desarrollar textos con
tragedias y desamores, gracias a quién
esté a ese lado. También gracias a las dos damas en la ventana.
Desde que vi por primera vez Mujeres en la ventana, de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682), me sedujo por el juego de miradas cruzadas: el espectador que se asoma al cuadro, las mujeres asomadas a la ventana, y las miradas de uno y otras encontrándose en algún lugar intermedio, que no corresponde al museo ni al espacio que habitan los personajes retratados. Y luego hay otros misterios, como la razón del gesto de las mujeres: qué estarán viendo que les resulta tan divertido, desde su habitáculo en el lienzo. Y el misterio de la técnica: cómo se puede pintar con tal rotundidad la risa de la mujer mayor, oculta tras una tela. Pero este cuadro albergaba aún un misterio más que acabo de desvelar. Me he enterado hoy de que las modelos eran dos mujeres de origen gallego que alcanzaron fama como cortesanas en Sevilla. No una tía y su sobrina, no una criada y la niña de la casa, como llevaba yo años imaginando. Por un momento, me ha parecido que el frescor y la ingenuidad que emanaban del cuadro se esfumaban (perdonadme el chiste fácil) por la ventana. Pero he vuelto a mirarlo y me ha resultado inevitable sonreír. Es el eterno juego de esta pintura: las mujeres que observan y ríen asomándose a la calle, y el espectador que, siglos después, no puede hacer otra cosa que sonreír ante su desparpajo.
(http://beatrizolivenza.blogspot.com.es/2011/08/los-cuadros-de-julio.html )
Rebecca Aldernet
Pieza 3, amarilla con rayas azules.
Rebecca Aldernet