Delator
No tuvieron miramientos. Intentamos escapar por la puerta de la cocina, la que daba al patio, pero habían acordonado la casa. A empujones nos juntaron en el comedor. La niña lloraba, su madre intentaba calmarla. Nosotros disimulábamos nuestro miedo. No sabíamos quién podía habernos delatado.
Me despertó John. Se habían ido, ni rastro de ellos. No hicimos preguntas. Organizamos el repliegue y en grupos de tres nos internamos en el bosque. Nadie hablaba. Todos sabíamos que alguno de nosotros había confesado. Quizás íbamos hacia una trampa. No teníamos otra opción, seguimos.







