Glup 2.0

Pedro M Martínez

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domingo, 28 de junio de 2026

Canciones portuguesas

Lana 1 by James Wigger

Han pasado los días de junio como gorriones con azúcar en las alas. Bajo el balcón los fotógrafos ansiosos entonan canciones en portugués y esperan. Las nubes corren por el cielo, los escarabajos por la arena de la playa cercana, no sé su nombre. La vida se ha llenado de armonía, de mermeladas de ciruela y frambuesas que extiendo sobre el pan con mantequilla del desayuno, después escucho el  cuco  bajo el cartel de los tres monos, no oír, no ver,  no hablar, prohibidas las noticias sobre política, que enflaquezcan los cerdos de la piara,  que se agosten las cosechas de los banqueros, que ardan los telediarios, ya vendrá julio pero hoy no, hoy el azul domina las horas  el rojo del arroz con bogavante, los lagartos de dos colas persiguen gusanos de luz, orugas de mariposa. Busco  huellas sobre la harina de centeno, disfruto con las cosas bellas, subir a Artxanda como cuando era niño, caminar hasta el horizonte, respirar, leer a Joan Didion, escuchar el roce de las estrellas mientras miro la noche. Así día tras día. Hasta mañana. ¿Vas a venir?

sábado, 27 de junio de 2026

Roland Barthes

 


Si fuera escritor, y muerto, cómo me gustaría que mi vida se redujese, gracias a un biógrafo amistoso y sin prejuicios, a unos detalles, a unos gustos, a algunas inflexiones: podríamos decir «biografemas», cuya distinción y movilidad podrían viajar libres de cualquier destino y llegar, como los átomos epicúreos, a cualquier cuerpo futuro, condenado a la misma dispersión; una vida horadada en suma…

Roland Barthes
Sade, Fourier, Loyola
Ediciones Cátedra



viernes, 26 de junio de 2026

Elefantes.

 


Me he bebido ni sé cuantos elefantes, enteros, con trompa, colmillos y todo, me he comido con labios de cuchara toda la amargura de los días en declive, las emociones que perdieron la apacibilidad, la falsa ternura de los símbolos escondidos en insomnios de sábanas de papel, los intentos para mantener el equilibrio aún cuando los cazadores de poetas, los depredadores de filósofos, los pregoneros del juicio final empujaban sin respeto, mucho menos piedad, los límites entre lo soportable y este espacio baldío que es no ver… (te/la/me/nos/os).

Ver.

jueves, 25 de junio de 2026

Sueños que duelen.

 


Busqué refugio, me acurruqué sobre la paja seca, cantaban las lechuzas, palpitaba la tierra. Cuando se acercó aquel animal imaginario, sentí sus jadeos, toqué su lomo tibio, me miró con ojos de niebla, se perdían en el lodo sus pisadas. Traté de seguir sus huellas transparentes, desapareció entre los abetos. Supe que era una premonición. Desperté y sólo estaba el dolor.

miércoles, 24 de junio de 2026

Cuentos

 Según Perrault, "La bella durmiente" fue el primer cuento que recogió de la oralidad popular: 

"(...)-¿Sois vos, Príncipe mío? -le dijo ella-. Os habéis hecho esperar mucho tiempo. 

El príncipe, atraído por estas palabras y, más aún, por la forma en que habían sido dichas, le aseguró que la amaba más que a sí mismo. Sus razones resultaron desordenadas, pero por eso gustaron más a la princesa. Poca elocuencia y mucho amor. Estaba más confundido que ella, y no era para menos; la princesa había tenido tiempo de soñar en lo que tendría que decirle, pues parece (la historia, sin embargo, no dice nada de esto) que el hada buena, durante tan largo sueño, le había procurado el placer de tener sueños agradables. 

En fin, hacía cuatro horas que hablaban y no se habían dicho ni de la mitad de las cosas que tenían que decirse (...)."



En realidad lo que quiero es contar historias de bellas durmientes o de feos despiertos, historias que distraigan,  que hagan reír, que hagan  olvidar o recordar, que hagan algo. Cuentos sin protagonistas identificados, sin personajes identificables, de países lejanos, de sentimientos que no duelan, de paisajes sin nombre. Creo que para eso hace falta saber escribir, transmitir.

Y mira que escojo las palabras con cuidado, las selecciono con mimo, intento inventar historias, pero es inútil, solo sé escribir de lo que siento, de lo que me baila en el alma, de los fantasmas que no me dejan mirar a otro lado, de esa mirada, mirando (me).

Siempre termino contando el mismo cuento: la Bella Durmiente.

En realidad creo que el que está dormido soy yo, esto es absurdo.

Y no me despierto.

Soy tonto del culo.

martes, 23 de junio de 2026

Cosas que nos dijimos hoy.

 


Things We Said Today.


Cosas que nos dijimos hoy.

No, ella no es Jane Asher, ni estamos en el Caribe, tampoco he compuesto hoy ninguna canción para entenderlo. Pero nos hemos dicho cosas sombrías.

Deep in love/Not a lot to say

Profundamente enamorado/Sin mucho que decir, cantan los Beatles mientras cenamos, sin apenas hablar, nos tocamos los dedos, nos miramos.

Ay de aquel para el cual el otro haya dejado para siempre de ser un misterio, y se transforme en un libro abierto: este hombre ha muerto para el amor." Leopoldo María Panero.

Quizás la placidez de la mañana nos ha incitado a la confesión, lo sé, no debí contárselo. Ya no hay remedio. Acaba junio, llueve, no hay aeropuertos cercanos y ella tiene las llaves del coche, de su coche. Todo es tan, tan triste.

Además no entiendo qué idioma hablan alrededor.

Solo el mío.

lunes, 22 de junio de 2026

Aeropuerto

 

The Meal by Maria Frodl

Amanece en Orly. No sé que hago aquí con la niebla detrás de los ventanales y John Malkovich mirándome con cara de enfado. Leo a Quignard que escribe de amantes que descubren su desnudez o lo imagino. Advierto que solo lo entiendo al otro lado de una frontera, quizás mi propio límite. Lo entiendo desde que estuve en ese límite, con el borde de la túnica prendido en la puerta que divide dos mundos, el lenguaje y el silencio, es decir la despedida, el punto sin retorno, la mano que no puede ya asomarse detrás de la pared invisible. 

domingo, 21 de junio de 2026

Antes de que todo esto termine.

 



Antes de que todo esto se termine. Antes de que cierren la casa y vendan los muebles y regalen los libros. Antes de que se repartan los cosméticos y los zapatos. Antes de que arrojen las cacerolas a la basura. Antes de que vacíen las alacenas, de que se lleven las especias, los fideos. Antes de que se terminen los días felices y las tardes de domingo. Antes de la última de las madrugadas. Antes del final de la angustia. Antes de que se acaben el sexo sin amor y el amor sin sexo. Antes de que la ropa se pudra en los placares. Antes de que descuelguen los cuadros y cubran los sillones con lienzos y cierren las ventanas para siempre. Antes de que quemen las fotos. Antes de que se resequen los felpudos, de que se oxiden las cortinas en sus rieles. Antes de que se terminen la curiosidad, los huesos, el hígado y las córneas. Antes de que se sequen todas las plantas del balcón. Antes de que no haya más nieve, ni colores, ni trópicos. Antes del final de todas las selvas, de todos los mares, de todos los reflejos en el agua. Antes del último poema. Del final de las veredas y las calles. Del fin de todos los paseos. Antes del adiós a todos los aeropuertos y todos los aviones y todas las ciudades y todos los cafés con vidrios empañados. Antes de la cancelación de todas las discusiones, de todos los argumentos, de todas la furias, de todos los desprecios. De todas las metálicas ansiedades. Antes del fin de los gritos, de la desolación y de la culpa. Antes de la última agenda, del último viernes, del último bar, del último baile. Antes de que se apaguen todas las cúpulas y todas las pantallas. Antes de que las polillas se coman los restos de la lana y de la almohada. Antes del final de las mascotas. Antes, mucho antes: hay que vivir. ¿Pero cómo? ¿Cómo? “Qué admirable / el que no piensa «la vida huye» / cuando ve un relámpago”, escribió Basho. Admirables los que están en el tiempo sin pensar en él.

 Leila Guerriero

sábado, 20 de junio de 2026

Historia mínima de un gánster.



Cuéntalo.

Jackson era algo así como un gánster.

Sí, que emocionante.

Anda, calla que me distraes.

Vale.

Digo que Jackson era algo así como un gánster. Su radio de acción era Tribeca, que presuntamente es una zona de no demasiado movimiento para actividades delictivas. Rondaba los cincuenta, más hacia arriba que hacia abajo.  Tenía esa apariencia decadente de los que fueron guapos. Le gustaban dos cosas, el dinero y las mujeres, por ese orden.

Camille era algo así como una mujer que quería vivir, a ser posible, bien. Limpiaba unas oficinas en el edifico Chrysler, de madrugada rondaba los bares de Mercer Street y Broome Street. Era bella hasta dolerte la lengua al decirlo, bella, ¿ves?, duele.

Para abreviar, Jackson y Camille se conocieron una noche en Scores y ambos se quedaron prendados, cada uno tenía lo que quería el otro, es decir sexo y dinero, respectivamente. Camille consiguió dinero pero Jackson no consiguió sexo. Por alguna razón fisiológica (o así) que tampoco me pondré  ahora a investigar, Jackson no conseguía, en efecto, no conseguía. Era la primera vez que le ocurría una cosa así y a este dramático problema se le añadía qué, nadie supo cómo fue, se enamoro de Camille.

Un momento, dijiste que Jackson tenía unos cincuenta. ¿Qué edad tenía Camille?

La verdad es que él tenía más de sesenta y ella apenas llegaba los treinta. La cuestión es que pasadas unas semanas Camille empezó a mostrar signos de aburrimiento, ya no se reía cuando Jackson le contaba por décima vez como le partió las piernas a John Smith, ni cuando fanfarroneaba con las mujeres con las que había tenido relación. Seria postal, decía ella, riendo de su salero.

Sigue, sigue.

Una noche, al cuarto gin tónic de Hendrick´s, Jackson observó como Camille miraba con insistencia a un joven guapo y gracioso junto a la barra del bar. ¿Quieres acostarte con ese tío?, pregunto. Uhmm, por supuesto, respondió Camille. El resto fue un rápido acuerdo, cincuenta dólares pero él miraba, los tres estuvieron de acuerdo.

Camille disfrutaba, mucho. El muchacho ponía de su parte. Jackson pagaba, no disfrutaba y pensaba que no había sido una buena idea. Este curioso menage a trois duro exactamente el tiempo que tardo Camille en quedar prendada de las habilidades del mozo en discordia. Dejo de atender a Jackson, no respondía a sus llamadas telefónicas y AT&T se enriqueció aun más con el uso y abuso del celular del mal chico y buen gánster que era Jackson.

¿Cómo termino la historia?

Pues como terminan los cuentos de hadas. Jackson encargo a unos colegas que dieran un escarmiento al chaval. Le propinaron tal paliza que de resultas de la cual le ha quedado una cojera permanente y no contentos  con esto, con unos alicates  le cortaron un dedo de cada mano, unos bestias los tíos.

¿Y Camille?

Sigue limpiando las oficinas del Chrysler, con una oreja menos, Jackson se la cortó personalmente.

Vaya historia aburrida y absurda.

Lo que tú quieras, me la contó Jackson anoche, en el bar de la foto de abajo.


viernes, 19 de junio de 2026

California


Winslow Homer, 1870



La chica del árbol me recuerda lo que decía/escribía en otro tiempo.

Se lo agradezco. 

Fui, hacía, entonces, he sido, recuerdo qué, de nada sirve si el ahora contradice lo anterior. 

Sigo diciendo y siendo, soy mi ahora y nunca llueve al sur de California.

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Bilbao, Euskadi
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