Dando vueltas a la noria.
Pedro M Martínez
Yun llena mi cabeza de triángulos escalenos, mi memoria está sentada en el centro de su corazón, cosida con alboroto de caléndulas, carretera sin atajos a su piel sin distancia, con zozobra, su cuerpo es un desorden prendido en el marco de mi deseo, una luz al fondo, mi sedienta mirada en los intersticios, un viento azul moviendo los árboles de la alameda, Yun en todos mis sueños.
Inna Shirokova, 1937-2019
Con una máscara de adolescente ensimismado Parker gira y ríe en un baile de disfraces en el que nadie es quién dice ser. Entre los muchos invitados, alrededor, confundidas, la primera mujer que amó, la primera mujer que besó, la primera mujer que le enloqueció. Y su mujer.
Miré por la ventana, los coches amarillos corrían por la avenida, se escuchaban sirenas, los peatones iban y venían bajo el calor de junio, no advertí nada sospechoso, quizás era una confusión.
No encuentro mis bragas –dijo ella, y desde la cama vi las blancas nalgas que contrastaban con el resto de su bronceado cuerpo, de rodillas, palpando la alfombra bajo la mesa del salón, a oscuras.
No tienen prisa las palabras en decir. La urgencia tiene voz atragantada. La prisa alborota los sonidos y se acaba por decir todo lo contrario. La rapidez siempre es extranjera. El barullo es un jeroglífico que no descifraremos nunca. Escribir, entonces, mirándote a los ojos. Deseando tu dictado.
***Toda memoria es respiración agitada. Cada olvido es un modo desordenado de decir adiós.
***
Se besan sin saber dónde empieza el cielo, dónde acaba el infierno. Se besan de pie, con los ojos cerrados, con las manos cerradas. Se besan y a lo lejos se escuchan las murallas centenarias, derrumbándose, poblando el aire con un estruendo de argamasa y ciclones. Se tocan la piel y de los poros les brotan pequeñísimos animales dulces que miman cada rincón de brazos, caderas, muslos, un lento deambular de almíbar. Se tocan el alma y se mecen en pétalos de flores nuevas, gigantescas corolas, pistilos con embriagadores zumbidos de abejas. Se hacen uno y justamente entonces, a pesar de los coros de querubines que cantan con los ojos cerrados, del ritmo de cien palmeros presentidos al otro lado de la puerta, del calor de tres infiernos, del murmullo de un arroyo del Paraíso Terrenal, del Vesubio y del Etna, de Manhatan, ignoran que traquetean en el pescante de un tren sin regreso, viajeros a ninguna parte, refugiados en el trayecto de la soledad, habitantes de un mundo prohibido.
Me regalo el disco la mujer que entonces amaba. No sé si todavía la amo, no sé siquiera si es la misma mujer. La canción sí, me sigue gustando. Menudo plantel de músicos lleva.
Ahora que estoy con lo de Eve Babitz (ya os contaré), me entero que Michael Frank, con esa voz de chico bueno pero sosito, compuso esta canción después de acostarse con ella
«Estábamos en la cama —dijo Eve— Se me enfriaron los pies. Le dije que tenía los dedos helados. De eso proviene el título de la canción.
[«Popsicle Toes», apareció en el disco de Franks de 1976, The Art of Tea ]).
Hay historias curiosas detrás de algunas canciones, de algunos poemas, novelas, peliculas, obras de teatro, cuadros, suspiros a deshoras, etc.
Eso sí, lo juro, si en aquel tiempo me hubiese acostado con Eve mi canción, con o sin estos músicos sonaría de otra manera.
Produced by Tommy LiPuma Keyboards: Joe Sample Guitars: Larry Carlton Bass: Wilton Felder Drums & Percussion: John Guer Vibes: Larry Bunker Congas: Jerry Steinholtz String Arrangements: Nick De Caro Mixing Engineer: Al Schmitt Recording Engineers: Lee Herschberg & Bruce Botnick
La cuestión es que uno viene aquí (también) donde se juntan (convergen) números, letras y soledades, para compartir lo que escribe y después de chocar contra la pared (no se traspasa, no es cierto) debe dedicarse al viejo truco de esparcir poesía y fotografías (de otros) por los campos como un san Isidro sin bueyes ni arado ni mucho menos vocación ni ángeles que le sustituyan en sus fines de semana, que no es lo mismo predicar que sembrar trigo o algo así que estas mañanas en calma (ahí fuera el mar en calma, el cielo en calma, al otro lado la calle en calma, ¡qué aburrimiento!) te dejan con ganas de salir a quemar conventos o meterte en un bosque a fisgar pájaros o, que se yo, llamar a las antiguas amantes y decirles que estas vivo, que respiras, que el sol ha salido y las riberas están llenas de cangrejos (ahora no puedo llamar porque en las residencias de ancianos están aún sirviendo los desayunos) y esta llegando el momento de soltar la jauría, restregar los hocicos de los mastines con el olor del fracaso, con el hedor del miedo, gritar en los caminos y correr sin descanso hasta llegar a ningún sitio, ¿dónde estoy?, que los árboles me hablan y la música es esta nota repetida en fa, puro jazz, improvisación de domingo sin iglesias ni mantos morados, comunión de cuerpos desnudos en esta playa, ahí al lado, hay bajamar, las conchas cantan con el leve movimiento del agua verde/azul, fría, hay resaca de alcohol nocturno y bandas con himnos de revolución mientras todos beben y ríen y Gaza, ay, Crimea, tantos lugares, Ceuta, la realidad está tan lejos, las tragedias están lejos, vacaciones y puedo escribir versos, dar besos al aire, olvidarme o recordar, levantar la esquina del misterio o enterrar las voces que por las noches me susurran que la vida es ahora y pasar de puntillas por los hospitales y el miedo, no se vayan a despertar los agoreros y tengamos la fiesta en paz, agosto va, vamos con él (este trasto no me acentúa, a veces si), "dame la mano y vamos a sentarnos bajo cualquier estatua" (Pablo Guerrero) eso, primero escojamos la estatua, rápido que, sin coche, estoy buscando la forma de volver a casa, ahí va mi abrazo y mi sonrisa, que tengáis un buen día.