Glup 2.0

Pedro M Martínez

Alfred Jensen

lunes, 2 de noviembre de 2026

Parker juega al 16.444

Portrait of George Dyer Staring into a Mirror, 1967

Francis Bacon

Parker olvidó la poesía y tiene el número 16.444 guardado dentro de una caja de zinc. 16.444, lo repite  como mantra, como liberación, lo invoca, entra en él, es y no es el número, no quiere serlo, es un orgullo y una condena, una cadena, nubes rojas, caminar al amanecer, jazz y leer bajo la parra un libro de Quignard.

Al compás de ese número glorioso, 16.444, deja bajo la piedra una secreta corriente de estrellas del sur, de almanaques rotos, de probetas y amianto, de odios y luchas, descubrimientos que se le incrustaron en una esquina del alma, que encendieron la perversa lámpara del desconsuelo. Parker sabe que es demasiado pronto y deja de jugar con la alquimia  y el azafrán, se asoma al balcón y mira el cielo, en el monte arden los bosques y en la ciudad hay un crimen cada quince minutos. Llueven manzanas y jilgueros pero no es suficiente para apaciguar su espíritu, quizás sea mejor esperar.

Espera.

domingo, 1 de noviembre de 2026

El molino y la cruz

 

T. S. Eliot

T. S. Eliot, by Boris Artzybasheff, from the March 6, 1950, cover of Time magazine. Courtesy Yale University Art Gallery, New Haven, Connecticut. Bequest of the artist
 


La Canción de Amor de J. Alfred Prufrock

Vamos pues tú y yo,

cuando la tarde se estira contra el cielo

como un paciente anestesiado sobre una mesa;

vamos pues, a través de ciertas calles semidesiertas,

los susurrantes asilos

de noches inquietas en baratos hoteles de una noche

y restaurantes de aserrín con conchas de ostras:

Calles que siguen como un argumento tedioso

de intención engañosa

para conducirte a una pregunta agobiante…

Oh, no preguntes, “¿Qué es?”

Vamos pues y hagamos nuestra visita.

En el cuarto las mujeres van y vienen

hablando de Miguel Ángel.

La neblina amarilla que frota su espalda contra el cristal de la ventana,

el humo amarillo que frota su hocico contra el cristal de la ventana,

lamió su lengua en los rincones de la tarde,

se demoró sobre los pozos que permanecen en los desagües,

dejó caer sobre su espalda el hollín que cae de las chimeneas,

se deslizó por la terraza, dio un salto repentino,

y viendo que era una suave tarde de octubre,

se enredó alrededor de la casa y se quedó dormida.

Y en verdad habrá tiempo

para el humo amarillo que se desliza a lo largo de la calle

frotando su espalda sobre los cristales de la ventana;

habrá tiempo, habrá tiempo

de preparar un rostro para encontrar los rostros que encuentres;

habrá tiempo para asesinar y crear,

y tiempo para todas las obras y los días de manos

que levantan y dejan caer una pregunta en tu plato;

tiempo para ti y tiempo para mí,

y un tiempo aun para un ciento de indecisiones,

y para un ciento de visiones y revisiones,

antes de tornar la tostada y el té.

En el cuarto las mujeres van y vienen

hablando de Miguel Ángel.

Y en verdad habrá tiempo

para preguntarse, “¿Me atrevo?”, y, “¿Me atrevo?”

Tiempo para voltearse y descender la escalera,

con una mancha en el medio de mi pelo

(Ellos dirán: “i Cuán delgados están sus piernas y sus brazos!”)

Mi abrigo mañanero, mi cuello que sube firmemente al mentón,

mi rica y modesta corbata, pero sostenida por un simple alfiler

(Ellos dirán: “i Pero que delgados están sus piernas y sus brazos!”)

¿Me atrevo

a perturbar el universo?

En un minuto hay tiempo

para decisiones y revisiones que un minuto anulará.

Porque las he conocido todas, todas las he conocido

He conocido las noches las mañanas, y las tardes,

he medido mi vida con cucharitas de café;

conozco las voces muriendo con una caída mortal

bajo la música de un cuarto más lejano.

¿Entonces cómo podría yo presumir?

Y he conocido los ojos ya, todos los he conocido

los ojos que te fijan en una frase formulada,

y cuando estoy formulado, tendido sobre un alfiler,

cuando estoy clavado y estrujado sobre un muro,

¿entonces cómo debería empezar

a escupir todas las colillas de mis maneras y mis días?

¿Y cómo podría entonces presumir?

y he conocido todos los brazos, todos los he conocido

brazos con brazaletes y blancos y desnudos

(Pero a la luz de la lámpara, derribados con claro pelo marrón!)

Es el perfume de un vestido

que me hace tanto divagar?’

Brazos que yacen a lo largo de una mesa, o envueltos alrededor de un chal.

¿Y debería entonces presumir?

¿Y cómo debería empezar?

¿Diré, que he ido en el crepúsculo a través de estrechas calles

y observado el humo que se alza de las pipas

de hombres solitarios en mangas de camisa, asomándose por las ventanas?…

Yo debí haber sido un par de garras rotas

barrenando el suelo de mares silenciosos.

Y la tarde, la noche, duerme tan apacible!

Suavizada por largos dedos,

dormida… cansada… o finge,

estirada en el suelo, aquí entre tú y yo.

Debería, después del té, los bizcochos y los helados,

tener la fuerza de forzar el momento hasta su crisis?

Pero aunque he llorado y apresurado, llorado y orado,

aunque he visto mi cabeza (haciéndose ligeramente calva)

traída en una bandeja,

no soy profeta, y aquí no hay gran asunto;

he visto el momento de mi grandeza vacilar,

y he visto el eterno Lacayo agarrar mi abrigo, y reír disimuladamente,

y en pocas palabras, tuve miedo.

Y hubiese valido la pena, después de todo,

después de las tasas~ la mermelada, el té,

entre porcelana, entre alguna conversación entre tú y yo,

hubiese valido la pena,

haber penetrado el asunto con una sonrisa,

haber comprimido el universo en una bola

y hacerla rodar hacia alguna pregunta abrumadora,

Decir: “Soy Lázaro, vengo de los muertos,

vengo a decírtelo todo, todo te lo diré”.

Si uno poniéndose una almohada en su cabeza,

Dijese: “Eso no es lo que quise decir del todo.

No es esto de ninguna manera.”

Y hubiese valido la pena, después de todo,

hubiese valido la pena mientras tanto.

después de las puestas de sol y de entrada los patios de y las calles lloviznadas,

después de las novelas, después de las tazas de té, después de las faldas que se arrastran a lo largo

del suelo

y esto y tanto más?

Es imposible decir lo que quiero decir!

Pero como si una linterna mágica lanzara los nervios en figura sobre la pantalla:

Hubiese valido la pena

si uno, colocando una almohada o quitándose una manta,

y volteándose hacia la ventana, dijera:

“No es esto de ningún modo,

No es esto lo que quería decir, de ningún modo.”

No! No soy el príncipe Hamlet ni he pretendido serlo;

soy un señor asistente, alguien a quien bastará

avanzar, comenzar una escena o dos,

aconsejar al príncipe; sin duda, una herramienta fácil,

deferente, alegre de ser usada,

política, cuidadosa y meticulosa;

lleno de alta sentencia, pero un poco obtuso,

a veces, en verdad, algo ridículo

casi, a veces, el Tonto.

Envejezco… Envejezco…

Llevaré arremangados los ruedos de mis pantalones.

¿Me partiré el pelo delante? Me atreveré a comer un durazno?

Me pondré pantalones blancos de franela y caminaré sobre la playa.

He oído las sirenas cantándose recíprocamente.

No pienso que me canten a mí.

Las he visto cabalgando hacia el mar sobre las olas

peinando el pelo blanco de las olas sopladas hacia atrás

cuando el viento sopla el agua blanca y negra.

Nos hemos detenido en las cámaras del mar

por niñas marinas adornadas con algas marinas rojas y marrones

hasta que voces humanas nos despiertan, y nos ahogamos.

T. S. Eliot

sábado, 31 de octubre de 2026

Rosas




Abiertos los ojos de la noche,
en la estéril fuente del recuerdo,
entraba la luna a cuchilladas.

Se torno transparente la memoria,
 mirlos mudos, campos blancos,
árboles quietos -¿eran álamos?-

En la ebriedad incesante, solo,
dije la palabra exacta -vuelve-.
Y la herida se cubrió de rosas

viernes, 30 de octubre de 2026

Sube y baja.

 Eduardo Arroyo 


Es mi deseo  bajar con ella por las escaleras de la vida –tantas hemos bajado- de la mano, sonrientes, unidos, enamorados en la alquimia de arrullarnos con manos que asedian duermevelas y fuego de almanaques, frutas y perejil.

Tropezaremos alguna vez, quizás, pero no importa, hombro con hombro llegaremos por laberintos de cordura y escaparates con “se vende o se alquila” en el cristal, con tiendas de juguetes de madera, con barrenderos poetas, con la boca llena de versos, repartiéndolos por los portales con calderos de estrellas en el quicio.

Seguiremos bajando, juntos.

Además, abajo nos esperan.

No creas, me da bastante miedo.

jueves, 29 de octubre de 2026

Jackson Browne

 



 Jackson Browne publicó en 1976 su mejor trabajo: The Pretender.

Jackson  Browne reunió a lo mejor de la música californiana: los músicos de sesión más reputados de la costa oeste (Toto), Don Henley (Eagles), Crosby y Nash,  David Lindley, J.D. Souther,  Fred Tackett y sobre todo Lowell George (líder de Little Feat) .



En la contraportada del disco un niño juega en la arena de una playa, sobreimpresionado un poema de Neruda traducido al inglés. Quizás de ahí se inspiró para componer este “The only child” para su hijo Ethan, una  canción  triste para un disco muy triste ya que unos días después de comenzar a grabarlo fallecía por una sobredosis su mujer, Phyllis.



Niña morena y ágil

NIÑA morena y ágil, el sol que hace las frutas,

el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.

Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras

de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.

Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.

Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.

Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,

y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena dulce y definitiva,
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.

 Pablo Neruda
Cuando sonaba “Your bright blue eyes”, todos los músicos esperaban la entrada de Lowell George (minuto 3). 


Por cierto, Lowell salía (un eufemismo) con Valerie Carter, gran cantante con mala suerte. Los dos compusieron  Love needs a heart que Browne incluyó en otro de sus discos.


Valerie Carter

miércoles, 28 de octubre de 2026

El peor Tarzán

 


Una tarde, cuando los dos viajeros se fueron a Tánger, pasaba cadenas de televisión sin encontrar nada digno de perder tiempo. Apareció en la pantalla un desmejorado Jesús Puente. La película se llama “Tarzán en la gruta del oro” y creo que no he visto una película peor en mi vida. Al de diez minutos la quité pero tú, si eres masoquista, la puedes ver ahí abajo. Ánimo.  

martes, 27 de octubre de 2026

Parker y la barrera del sonido.

Francis Bacon

Parker sabe que  es un ejercicio ingrato eso de reconstruir la soledad a partir de una estricta dieta de currywurst, brotsuppe, bockwurst y esbein mit sauerkrauts, engordar los recuerdos antes del siguiente paso, trocear los versos y rendirse, dejar caer las letras desde 36.001 metros en caída libre hasta romper la barrera del sonido sin más protección que el escudo de la voz. Atentos que las tira, menudo es Parker.

lunes, 26 de octubre de 2026

Crisis.



No sé muy bien para qué sirve cada uno, pero tengo la casa llena de electrodomésticos. Por eso y por muchas cosas más durante muchos años, a las 14,20H llegaba del trabajo a mi casa y tenía un plato de comida humeante sobre la mesa, cada día un menú diferente. El armario era un prodigio de puntualidad, siempre había varias camisas limpias, planchadas, los trajes cepillados, los zapatos relucientes, la casa entera también relucía. No voy a decir siempre, pero algún fin de semana practicaba sexo con mi chica.

De pronto todo ha cambiado. Resulta que la comida no se hace sola, que hay que pensar qué hacer para comer, bajar al mercado a comprarla, acarrearla a casa, prepararla, que lleva su tiempo y rezar para que te salga bien. Llevo varios días comiendo en el chino de la esquina. 

Con la ropa pasa lo mismo, las camisas y calzoncillos se acumulan en una pila que amenaza ya con inundar la cocina, hay que meterla a la lavadora, con jabón, sacarla, tenderla, recogerla, doblarla y plancharla, que tiene su técnica. Me han dicho que hay unos establecimientos que se llaman tintorerías, lavanderías, algo así, que te dejan la ropa como nueva. No sé si cobran por hacerlo, preguntaré.

En el trastero encontré el aparato ese que llaman aspirador. La última vez que quise utilizarlo parece que tenía llena la bolsa o algo así. En la IA he encontrado que hay que cambiarla cuando pasa eso,  seguro que el cortinglés me dicen qué hay que hacer.

Pero de todos estos cambios el más sorprendente es que la chica que dormía a mi lado durante tiempo y tiempo, hace unos días que no está, no sé nada de ella. No recuerdo cómo se llamaba, ¿Conchi?, no esa era otra, no sé, siempre le decía “cariño”, o “vida”, para no confundirme.   El caso es que no tengo con quién tener sexo ni con quién discutir.

Creo que no leí bien el libro de instrucciones de la vida, hay algo que no entendí del todo. 
Estoy en crisis.

domingo, 25 de octubre de 2026

Géza Vastagh.

Géza Vastagh.

 


Mira, mira, la vida va por ese camino, por este y por aquel otro, hasta llegar a la tapia, allí donde da la vuelta el viento. Hay un murmullo de soledades, hay una golondrina que no sabe volver de África, hay un frasco de cristal lleno de miedo verde, hay un nombre que pinto en las esquinas oscuras para que nadie sepa, solo lo verán los mendigos que buscan refugio bajo los cartones. También la mujer de los gatos, esa, ¡Eh, oye, tú!

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