Glup 2.0

Pedro M Martínez

Parker Train, New York, 1962. Melvin Sokolsky

martes, 28 de mayo de 2024

Mis cartas y Dylan.


Cuando lo del laboratorio, en alguno de aquellos quince años,  como contraste con  los Beatles que tanto escuchábamos en el piso del Tívoli, compré un libro sobre Dylan. Componía canciones largas, extrañas, con imágenes como incendios, con una voz que raspaba. Ves un cuadro de Cy Twombly y piensas que puedes pintar así, leía a Bob Dylan y pensaba que  podía escribir así. No era cierto, la pura verdad es que quería acercarme a alguna de las tres secretarias del ingeniero jefe, en realidad a las tres. Por eso empecé a enseñarles mis textos. Ellas no entendían nada, no apreciaban que dejaba el azufre y los carbonos a un lado y escribía sin parar, imaginando y retorciendo las frases para que sonasen como campanillas, como mariposas alrededor de una lámpara. No sé si logré una prosa digna, lo cierto es que de ninguna de las tres obtuve ni siquiera un beso, una mano que acariciase mi inseguridad, mis miedos. Pero de  aquello torpes intentos literarios salió una afición, dos, escribir y utilizarlo para encontrar cierta clase de acercamiento. Ingenuidad o malicia, pero buscar palabras que reflejasen una búsqueda, el desconcierto, los anhelos, retrasaba la frustración del no y mi despiste de entonces. Es curioso, lo compruebo ahora, también dejaba recuerdos en amigos que estaban fuera, más que en amigas, aún hoy, cuando los gin tonic´ o las confidencias desatan la prevención, me comentan que conservan todas mis cartas, todo aquello que les escribí.


lunes, 27 de mayo de 2024

Desapariciones.

 




Volaban las brujas por el cielo de Fisterra, mi lengua chasqueaba, repetía una salmodia «¿qué será de nosotros?», se desbordaban los ríos, el agua estancada en los pozos se volvía negra, las paredes se fracturaban, aparecían cabezas de niños entre las ramas de los árboles (olmos concretamente), el dinero era un factor, el factor, la factoría de las contrariedades, la cornisa de un tejado, la preferida por los suicidas, la bisagra que abría o cerraba una puerta ondulante, una explosión de perdón y nervios, voces, ella escuchaba voces, los tilos de la avenida destilaban un líquido verde, pútrido, morían las hormigas y las gacelas, las traineras surcaban la ría y los remeros miraban obstinados, intranquilos, un horizonte detrás de las olas de la barra del puerto, pegué mi oreja al suelo reseco, a la tierra sembrada de augurios, ecos de ayer, presagios de mañana, toqué su cadera y estaba fría, quise tocar su corazón y nada había, cesaron las imágenes, los ruidos, la habitación se llenó de niebla y desaparecimos, los dos.

domingo, 26 de mayo de 2024

La segunda parte de Parker concupiscente




Parker me ha vuelto a llamar. Dice que ha estado con Marie y que sabe, que ya va entendiendo lo que es la concupiscencia.

Me lo explica, con lentitud, recreándose.

Dice que Marie ha llegado a la cita como la reina de Alejandría, bellísima.

Dice que Marie es muy atractiva, magnética. Algo le molestaba en el hombro. De forma natural me ha enseñado el leve y delicado tirante de su sostén, negro. Dejaba un delicioso surco en su piel tersa y blanca. Es tan espontánea.

Mientras paseaban tomados de la mano por el muelle nuevo relucían los yates en los pantalanes, cabeceaba un viejo pesquero pintado de verde, estaban los mástiles con banderolas de fiesta, Marie reía y entre sus labios brillaba la eternidad.
  
Volvían a puerto las barcas de los que cacean a verdeles, los botes de jubilados que intentan cenar chipirones encebollados. El frío viento del norte que riza la superficie de la bahía llenando el mar de espumas hace que Parker y Marie junten las cabezas susurrándose confidencias al oído mientras pasan al lado de aburridos pescadores de congrios, de las que cosen las redes, de los gatos indiferentes.

Sin pretenderlo (o sí), Parker roza el costado de Marie debajo de su chaqueta acolchada y en cada poro de su cuerpo se izan banderas de alerta, un tambor que avisa, un temeroso ejército de esclavos levanta una pirámide, ríe el faraón de Egipto sentado en su trono de marfil, de perfil. Parker siente la celebración de la primavera y todas las músicas, el deseo de amar a Marie de norte a sur, colocar una brújula en su frente y explorarla más allá de sus fronteras, sus pero bueno, la línea Maginot, el día D y cómo es que tiene tanto calor con ese frío.

Parker entiende lo que concupiscencia, tiene un deseo desmedido de satisfacción carnal con Marie y ya no se muerde la lengua.   

Justo en ese momento se producen las interferencias telefónicas típicas de media tarde y la voz de Parker se pierde hasta mañana.


Moral católica

En su sentido más general y etimológico, concupiscencia es el deseo que el alma siente por lo que le produce satisfacción, "Deseo desmedido" no en el sentido del bien moral, sino en el de lo que produce satisfacción carnal; en el uso propio de la teología moral católica, la concupiscencia es un apetito bajo contrario a la razón. Aquí apetito quiere decir inclinación interna, y la referencia a la razón tiene que ver con la oposición entre lo sexual y lo racional, no con el uso común de la palabra razón. El objeto del apetito sensual, concupiscente, es la gratificación de los sentidos, mientras que el del apetito racional es el bien de la naturaleza humana, y consiste en la subordinación de la razón a Dios. En la práctica se llama apetito al apetito sensual, o concupiscente, y razón al apetito racional así entendido.

La Iglesia Católica distingue entre concupiscencia actual, que son los deseos desordenados, y concupiscencia habitual, que es la propensión a sentir esos deseos. La concupiscencia no se identifica en la moral católica con el pecado, sino con la inclinación a cometerlo, pero en la fe cristiana sí se identifica con el mal puesto que la Biblia así lo describe en la Epístola Universal de Santiago, capítulo primero versículos 13 al 15: "Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte". Esto tiene que ver con las distintas interpretaciones del pecado original, que para los teólogos cristianos corrompió la naturaleza humana, hasta entonces inclinada al bien, y para los católicos privó a los hombres del don que hasta entonces compensaba la propensión de la naturaleza humana, desde su mismo origen, hacia el mal.

La inclinación al mal del bautizado es explicada de diferente manera por católicos y por cristianos. Para la Iglesia Católica, por el bautismo le es perdonado al católico el pecado original (aunque ésta tradición no tiene ningún sustento Bíblico), aunque no es eximido de sus consecuencias por él; así que no recupera el don perdido, igual que no recupera la inmortalidad corporal, que si bien no era parte de la naturaleza propiamente humana antes del pecado de los primeros padres, sí se ha considerado como una gracia especial de la que gozaban los primeros padres Adan y Eva. Esta gracia de la inmortalidad se perdió como castigo a su pecado. Los cristianos, basados solamente en el verdadero significado del bautismo como se describe en las Sagradas Escrituras, consideran que el bautismo no perdona ningún pecado, y por eso no desaparece con él la concupiscencia.
Desde sus inicios, en el catolicismo se han definido tres enemigos del alma, que son el origen de la concupiscencia, a saber, el mundo, el demonio, y la carne.
(De Wikipedia)

sábado, 25 de mayo de 2024

Parker concupiscente.

 Concupiscencia.


En la teología cristiana, se llama concupiscencia (del latín concupiscentĭa, de cupere, desear, reforzado con el prefijo con) a la propensión natural de los seres humanos a obrar el mal, como consecuencia del pecado original.

La especial insistencia de la enseñanza moral cristiana en centrarse en las cuestiones de conducta sexual, ha producido un cierto riesgo en el significado, dotándolo de ese contenido, que se observa en expresiones como «miradas concupiscentes». Sin embargo, el concepto es más general, y atañe a todas las dimensiones de la conducta. Según el Diccionario de la lengua española (de la Real Academia Española) la concupiscencia es, ‘en la moral católica, deseo de los bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos’. (De Wikipedia)




Parker intenta un crucigrama. Sale la palabra concupiscencia. No sabe qué es eso. Lee su definición (en la moral católica, deseo de los bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos). Se sorprende. Él no desea bienes terrenos y no sabe cómo medir su apetito de placeres. Mucho menos sabría limitar lo desordenado o lo deshonesto en esa cuestión. Es más, aun siendo como es un ciudadano respetuoso con ideas y creencias ajenas, como el alma y el cuerpo le piden satisfacción a todas horas, le parece un concepto inquietante.

Sigue con el crucigrama, el tres vertical, el cuatro horizontal, pero esa palabra, tan larga, le sigue bailando ante los ojos, concupiscencia. Parker es más de al pan, pan y al vino, vino y esa propensión natural de los seres humanos a obrar mal le suena a cuento chino, a negocio, a gato por liebre, a desafío. No recuerda en sus comportamientos esa propensión, al contrario, su propensión es hacia el bien de los semejantes, empieza por su propio bien y sigue por ellos, los semejantes. Con los que no son semejantes tiene más problema pero lo soluciona eludiéndolos en la medida de lo posible.

Mientras me cuenta todo esto, por teléfono, se muerde la lengua, para no decir todo lo que piensa –musita. No le entiendo demasiado bien. Entre su idioma y lo de la lengua debo traducir sonidos, palabras entrecortadas, ideas truncadas  y, claro, así no hay forma de escribir. Cuelgo (el teléfono).

viernes, 24 de mayo de 2024

Tirad sobre el pianista

 


Como me han aconsejado tranquilidad me dedico a ver películas, “Tirad sobre el pianista” (1960). La segunda película de Trufaut. Un juego. Un intento de cine negro de serie B. Un Aznavour actor. Paris a veces. La vida como era, o parecida. Gánsters simpáticos. Malos que parecen buenos. Señoras que se enamoran. Señoras que viven la noche. ¿Era así la vida cotidiana? Nouvelle vague que una vez fue lo más. Críticos que hacían cine o al revés. Ver una película de 1960 con ojos de 2024, se necesita un esfuerzo, adaptarse al ritmo que marca el director que dentro de lo trágico hace bromas con la cámara, con los actores con la música, con el guion, juega. No se estrenó “entonces” aquí.  Me ha gustado,   

Ciclo Aki Kaurismäki

 


Ciclo  Aki Kaurismäki  

Comienza “La chica de la fábrica de cerillas” (1990) con una frase de “Angélica” una serie de novelas muy populares en toda Europa. Luego sigue en el más puro estilo Kaurismäki, es decir para cortarse las venas. Eso sí, puro cine, personal, efectivo, reconocible, con sello. Los personajes son desoladores, el ambiente  sombrío, el tema no por más  conocido menos triste, la vida en esa Finlandia me parece como para emigrar a la primera oportunidad. Con todo, la película me ha gustado.



Ya puestos he seguido con “Ariel” (1988), soy incorregible. Casi una road movie, casi una película de aventuras, casi una historia de amor, casi no tan triste. Pero, no, seguimos con el estilo Kaurismäki, no me he cortado las venas pero he estado a punto. Este señor te gusta o no te gusta, aquí, como el protagonista es masculino sale con más decoro dentro de lo trágico, más cosas no le pueden pasar, pobre hombre. También me ha gustado pero de momento dejo el ciclo y busco algo más alegre que me está entrando un agobio…




jueves, 23 de mayo de 2024

Parker vidente



Parker tenía una novia doctorada en descifrar los sueños.

Vivía de lo onírico pero no descuidaba lo erótico.

Todo iba bien entre los dos hasta que a ella le entró la videncia.

Adivinaba no solo lo que había pasado sino lo que iba a pasar.

Por eso dejó su trabajo y a Parker. Se dedicó a pronosticar bodas de famosos, cambios de presidente, bautizos, inundaciones en Filipinas, catástrofes diversas. Colaboraba en varios programas de televisión y en una revista de moda. A veces acertaba, a veces no.

Lo nuclear lo clavó pero nadie le hizo caso.

A través del cristal del refugio Parker ve la soledad del caos, se pregunta si es el único que atendió la predicción.

En la cuarentena tendrá tiempo para contestarse.

miércoles, 22 de mayo de 2024

Un hombre sin pasado


 

Un hombre sin pasado

Finlandia está muy lejos (al menos de mi aquí y ahora). Aki Kaurismäki también está muy lejos del cine que hacen otros, él hace el suyo, personal, escueto, sencillo pero efectivo, del lado de los que no tienen, un colega.

No sé si en Finlandia el sentido del humor es como el de este señor pero cuesta pillarle el truco, saber que ese momento trágico tiene su lado de humor, a veces negro, a veces surrealista, ¿filandés?, pero te ríes. Por precisar, hay momentos que me recuerdan a Buñuel, otros a Almodovar, otros incluso al cine mudo.  La fotografía, la luz, los diálogos, los actores, la música, la esperanza dentro de la pobreza, la dignidad, la supervivencia, el amor.  Aki Kaurismäki en estado puro. Para amantes del Cine (sin prejuicios)




martes, 21 de mayo de 2024

Felizmente casados

 


Felizmente casados” (Filmin, 10 capítulos) es una serie canadiense de 2020 ambientada en 1974 que empecé a ver sin demasiadas esperanzas, una mezcla de experimento raro, cutre, bizarro y sin embargo curiosa, divertida, sorprendente, tocando temas serios dentro de una aparente superficialidad, con actores desconocidos (para mí), unas actuaciones entre histriónicas y ajustadas a un guion alocado, con giros inteligentes, personajes sorprendentes  y golpes efectistas dentro de una comedia negra que no lo parece. La he terminado con una sonrisa. Una serie diferente, abstenerse puristas.



lunes, 20 de mayo de 2024

Anclada al recuerdo



No quiero cambiar ni un solo párrafo al recuerdo.

Me miraste y la lluvia cesó, me encontré y queriéndote me quise, me viste bella y supe que lo era, me deseaste y llenaste mi cuerpo de deseo, una avidez verde, de tempestad, de pañuelos de seda y tanta dulzura.

Entre mis brazos eras tan hombre que pudiste llorar, desperdigar tu infancia de juegos y distancia, ser tú y otros, todos. Aunque detrás de los postigos hubiera oscuridad, caballos dormidos, árboles deshojados, nunca llegaba la noche, cuando yacíamos, siendo uno, era de día, relucían las naranjas y mi alma, alma mía.

Solo anocheció cuando quise, cuando el miedo detuvo la caricia de tus manos en mis muslos, te llenó la boca de palabras huecas. Ya no estabas, lo supe, tenías la cabeza dividida, confundías los nombres, las citas, se te llenó el pecho de relojes retorcidos, huraños, me amabas de prisa, sin besarme, sin esparcir flores de lavanda, sin Mozart, con grillos.

Naufragamos en la oscuridad, nuestros cuerpos se acoplaban como antes y gemía, vaya que sí, extendías aceite en mis heridas pero ya era otra y lo supiste, descubriste las ruinas y las olas, los pájaros en las nubes, la mirada ausente, tampoco tú  eras y la fecha estaba en rojo y hambre, la búsqueda en el baúl, el oblicuo cansancio, las gaviotas.

Sentada en la penumbra te imagino, quizás una sombra en el muro, el viento que agita las sábanas tras la verja, mis caderas ansiosas, las nubes que no cesan, un barranco al sur donde las cabras juegan, mis brazos abiertos frente a un mar amargo, las aves que no vuelven al jardín, la tórtola que ayer nos despertaba, aquella anciana en su sillón de mimbre, los barcos en el puerto, el ruido que zumba en mi cabeza, erraste el rumbo tibio, mi itinerario es añorarte ahora, eres lo perdido, sin mapas, sin regreso, la ausencia.  

No quiero cambiar ni un solo párrafo al recuerdo.

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