Memorias. Albert Speer
éste distinto en su aspecto exterior del precedente, es conociéndole en su
organizativa de nuestro tiempo hace que esta tipología insignificante
Pedro M Martínez
Mi muy querida amante de antes y ahora, de luego, mujer de miel, el laberinto de nuestra historia se confunde entre sueños de fieras y tiempos que se mezclan con una pluma de gallo y miércoles narcóticos que se deslizan por toboganes nocturnos, que te envío al futuro esta carta del pasado porque eso del e-mail todavía no se ha inventado y no quiero esperar porque no sé nada de ti, si estás, dónde, si has ido, si has vuelto, si estás bien, regular, si el trabajo te deja el espacio intercostal justo para la respiración, si algún día te veré, si por tu extremada delgadez necesitaré mirarte dos veces, si sabes que nuestra común amiga María nos ha invitado a una cena en su casa, si vendrás, si estás contenta, morena, sonriente, si sigues fumando, siendo la chica seria de siempre, si los cuadros que aumentan tu colección se han comido ya el pasillo y a la recepcionista, el viento de Huelva y si ya nada importa nada, si ya está todo dicho, si la vida va tan rápido que el gato en tus rodillas es cosa más de mañana que de pasado mañana, si se han quedado amarillas mis cartas de amante, si las has perdido o quemado, si están volando por algún basurero de Albacete, si el amor era aquello tan intenso, tan íntimo, tan bello, tan peligroso que me quemé las pestañas y los alvéolos pulmonares mientras me fumaba las esperas al otro lado de la verja de tu jardín, los perros ladrando, meándome cuando me disfrazaba de farola para mejor espiarte, tu marido volviendo del gimnasio, tu otro amante saliendo por la ventana, las empleadas de hogar cuchicheando, el pan crujiente en la fresquera, el vino de Jumilla en el balcón, la portera en su cubil intentando inventar internet para poder hacer la compra web de forma más cómoda, para poder mirar las necrológicas sin comprar los diarios de izquierdas ni de derechas y, oh sorpresa, tener en favoritos esas páginas de hombres fornidos componiendo posturas que quieren calentar el ambiente del mujerío y solo logran darles risas de apuro con sus músculos inflados por los corticoides, su piel brillando bajo los focos con un taparrabos mínimo y billetes falsos de cincuenta euros asomando en la goma del calzoncillo, que en tus tiempos no eran frecuentes esas cosas, que solo los hombres iban a los burdeles después de una despedida de soltero, desnudarse así, pagando, que la verdad me daba cierta vergüenza desnudarme gratis a tu lado porque se me abultaban los huesos del pecho, los codos y las delgadas piernas de oficinista que gritaban en el deporte, que menos mal que me quitaba las gafas y no (te) veía, que cuantas veces al quitarte las tuyas nos guiábamos por el sonido de la voz, perdidos en la ciénaga del deseo, susurrando nuestros nombres por la pequeña habitación donde tras el encuentro el abrazo era una obra de arte sobre el mosaico o la alfombra persa de Ikea, una filigrana de cabeza, tronco y extremidades acoplándose en ritmos sincopados, suspiros entrecortados, jadeos entusiasmados y orgasmos rosas saliendo por la juntura de la ventana que daba al patio donde sonaban los Antonio (Molina y Machín) al principio, para terminar en Rosalía dentro de cuatro días, cuando se haga famosa y dábamos vueltas como un hámster en su rueda sin saber cómo dejarnos sin rompernos, como suplir el sexo en tinieblas, buscando cura para la herida presentida, con briznas de esperanza, con películas de Cary Grant y flores rojas de Venecia, amor a la que tanto amaba, si el café entra en tu dieta pues me avisas y tomamos uno cuando quieras. ¿Sí
Entender
de qué va la vida es muy sencillo, solo tienes que saber que es muy complicada.
Hagas lo que hagas el margen porcentual de error es elevado. Sobre lo de vivir
solo o en compañía hay disparidad de criterios, a los 82.000 divorcios anuales
hay que sumar los “ahí te quedas” en parejas que no han pasado por juzgados o
iglesias. Es decir que números aparte, carpe diem y a vivir que son dos días
porque lo que está claro es que el riesgo de muerte es del cien por cien.
Recién enviudé de la nostalgia, de mirar hacia atrás, de transportar los archivos con los besos en papel de lonja a lonja, de piso a piso, mirador encristalado que daba al mar, desabrida sensación, imágenes confusas, la vista graduada o la mirada, intensidad de lejos, tan minucioso de cerca, es lo que tiene vivir en provincias, todo pasa en verano, mi gran amor no me quiso nunca y envejecemos sin saber si hay tiempo para el milagro, si miente la memoria y el verde era rojo o el azul gris marengo, ayer oxidado, mohoso, chasquido sobre las hojas secas del parque donde apenas susurraba el sol, el latido de su pecho bajo mi mano trémula cuando abría la puerta del deseo y a su piel entraban mis dedos a tropel, buscando, escarbando, deslizándose, hurgando, tanteando, humedeciéndose hasta quedar dormidos en el borde de las copas de vino que en un tris tras se estrellaban en la chimenea del mercader, gritos de júbilo y en media hora todo había pasado, es decir como ahora, lo mismo, no me cuente usted historias, cuentista.
He atravesado muchas aguas desalmadas sin ver el fondo.
Aufschnaster abrió el concierto y nadie sabía quién era.
No te hagas ilusiones, Parker, esto es una caja vacía con el embalaje roto, no contiene la máquina de los recuerdos ni siquiera un pañuelo con aromas. Está sobre la mesa tentando tu curiosidad, esperando que te preguntes cómo ha podido olvidarlo ahí. Extiende la mano y toca con los dedos temblorosos el cartón. ¿Ves la etiqueta?, ese es el nombre y la dirección, el remitente está borrado pero tú sabes quién la escribió.
Lucia Dovičáková — Dreaming About Death on Pink Sofa ( 2022)
Encontré en un sótano revistas de principios del siglo XX. Una sociedad diferente, otra forma de vivir. Rebusqué entre sus hojas, no había nada interesante, ni siquiera para intentar desarrollar un cuento, una historia, una frase que simule un puente, una escalera, un incendio. No. Solo zaragüelles, apotegma, incredulidad, ponzoña, estrago, venia, destreza, riesgo. Puestos así solo me queda bajar la persiana, esperar a mañana y gritar para que despierte mi imaginación. ¡Ahhhhhhhhhhhh!
Dame una palabra y te daré un poema. Dame un poema y te daré el temblor de una mano detrás de los visillos. Dame una mano y seguiré por el brazo hasta tu corazón. Estarcido, omnisciente, pasmarota, zamarrear, zoncera, alfecería, eglantina, abroquelado, divisas y heredades en selvas, dehesas, prados, pastos, lagunas con sus salidas y entradas, palabras, frases que leí cerca de Reinosa, en Cantabria, hace demasiados días, antes de volver a lo ya dicho, a las vacaciones que sí, que no.
Alchemical and rosicrucian compendium, c. 1760,
Recojo rarezas en textos que leo aquí y allá, frases pintadas en las paredes, retazos de conversaciones al azar del pasar de otros, transeúntes de calles atestadas, conversadores bajo el farol de la calle vieja, pescadores de angulas en las escalerillas de la ría lenta y melancólica. Exprimo mi vocabulario y apenas me quedan palabras, ya las he usado casi todas. Me restan algunas: tarbú, espolique, canecillo, prohombre, fíbula, alquicel.