Pedro M. Martínez.



5.3.21

- Andrea Gibson

 


PREGUNTAR DEMASIADO

.

Quiero que me hables sobre todas las personas de las que te has enamorado.

Dime por qué las amaste, y por qué ellas te amaron.

Cuéntame sobre un día en tu vida que pensaste que no superarías.

Dime qué significa para ti la palabra “hogar”.

Y descríbeme tu habitación de cuando tenías 8 años de una manera en la que pueda adivinar el nombre de tu madre.

Verás, quiero saber la primera vez que sentiste el peso del odio, y si ese día aún retumba a través de tus huesos

¿Prefieres chapotear en la lluvia o hacer bolas de nieve?

Y si fueras a fabricar un muñeco de nieve, ¿romperías dos ramas del árbol para fabricar brazos a tu muñeco?

¿O dejarías a tu muñeco de nieve manco por no ver al árbol sin brazos?

Y si lo hicieras, ¿te percatarías de que el árbol llora por ti desde que sabe que tu muñeco de nieve no tiene brazos para abrazarte cada vez que lo beses en la mejilla?

¿Besas a tus amigos en la mejilla?

¿Duermes a su lado cuando están tristes, aunque eso enfade a tu amada?

¿Piensas que el enfado es una emoción sincera, o solo la respuesta tímida de un corazón frágil en un intento de alejar el dolor?

Quiero saber qué piensas sobre tu nombre.

Y si alguna vez te despiertas en la noche e imaginas la alegría de tu madre al pronunciarlo por primera vez.

Quiero que me cuentes todas las maneras en las que has sido desagradable.

Todas las formas en las que has sido cruel.

Cuéntamelo – sabiendo que a menudo me imagino a Gandhi con diez años, maltratando a sus compañeros de escuela.

Si caminaras por una planta química, donde el humo se filtra hacia el exterior y llena el cielo con oscuras, negras nubes, ¿gritarías “¡veneno” realmente fuerte, o susurrarías, “esa nube parece un pez, aquella un hada”?

¿Crees que María era realmente virgen?

¿Y que Moisés realmente dividió el mar?

Y si no crees en los milagros, ¿cómo me explicarías el milagro de mi vida?

Quiero saber si crees en algún dios, o en diversos dioses. O mejor aún, qué dioses creen en ti.

Y todas las veces que te has arrodillado sobre el templo de tu persona, ¿tus plegarias se han vuelto realidad?

Y por el contrario, ¿no te sentiste rechazado? Y… ¿rechazado por quién[es]?

Quiero saber qué ves en el espejo un día que te sientas bien.

Quiero saber qué ves en el espejo un día que te sientas mal.

Quiero conocer a la primera persona que te enseñó que tu belleza nunca podría quedar reflejada en una sucia copa de cristal.

Y si alguna vez alcanzaras una gran cultura,

¿recordarías cómo sonreír?

¿Alguna vez has sido una canción?

¿Pensarías peor de mí si te dijera que he vivido toda mi vida fuera de tono, y no soy tan inteligente como mi poesía? Acabo plagiando los pensamientos de la gente a mi alrededor que ha aprendido la sabiduría del silencio.

¿Crees que el hormigón perpetúa la violencia?

Y si no, quiero que me digas de un prado donde mi monopatín se elevaría.

Quiero saber más que lo que haces para ganarte la vida.

Quiero saber qué parte de tu vida gastas sólo en dar.

Y si te quieres lo suficiente para permitirte recibir, también, algunas veces.

Quiero saber si alguna vez sangras a través de las heridas de otra gente.

Y si sueñas, a veces, que la vida es sólo un globo que puedes hacer explotar cada vez que lo desees – pero es algo que nunca harías porque no quieres que nunca deje de seguir.

Si un árbol cayera en el bosque, y fueras el único en oírlo, si su caída en el suelo no hiciera sonido alguno, ¿dudarías de la certeza de tu propia existencia, o tomarías el sol en la dicha de tu nada?

Y por último, déjame preguntarte esto:

Si tú y yo diésemos un paseo, y no hablásemos en todo el camino, ¿crees que nos besaríamos eventualmente?

No, espera. Eso es preguntar demasiado – después de todo, es sólo nuestra primera cita.

.

- ANDREA GIBSON


4.3.21

Conquistando el mundo


Cómo disfruté

Lo real

 Dichoso aquel que alejado de los negocios,

como la primitiva raza del los mortales,
trabaja el campo paterno con sus bueyes,
libre de toda usura.

(Quinto Horacio Flavio (65-6 A. C.)


 
Lo real es lo que veo, lo que toco, lo de alrededor.

Es mi cuota de negocio, la cifra, los días a jornada completa, compleja, de trabajo, los empleados a mi cargo, los plazos del Audi, la reserva del campo de golf, la cena de los martes, los fines de semana tumbado en el sofá, los pagos mensuales a Carlota.

Lo real es el proyecto para los franceses que debemos entregar antes de febrero, las horas que no serán suficientes, la entrevista con el director de recursos humanos, mi cita con el abogado, la visita quincenal de Mercedes, mi hija que se hace tan mayor.

Ahora son las nueve de la noche y el despacho se ha quedado a oscuras, la pantalla del ordenador, negra. Maldito apagón.

Ahora lo real es esta sensación de vacío, esta opresión en el pecho, el silencio en toda la oficina, en mi corazón.

Ahora no sé bien quién soy, ni qué hago aquí, si debo volver a casa en metro, en autobús o caminando. No quiero recordar donde está mi casa, no quiero volver, ¿para qué? 

Puta vida.



3.3.21

Andrea Gibson

 




Cada mes,

cuando me viene la regla

suspiro de alivio

y doy gracias a Dios

por no estar embarazada

porque nunca sabes

cuando Jesús va a volver

y no sabes

a quién va a elegir Dios

para ser la próxima Virgen María

y

¿te puedes imaginar

algo que dé más miedo

que mirar hacia abajo

entre tus piernas

y ver la pequeña

y brillante cabeza

del niño Jesús?

 

Joder, no, gracias.

 

Es decir, ¿qué tipo de pegatina

para el coche te comprarías?

¿tu hijo es un estudiante de matrícula?

Sí, bueno,

mi hijo anda sobre el agua

y cura a los leprosos, gilipollas.

 

Piensa en la presión.

Personalmente

yo preferiría dar a luz a Lucifer,

un chollo.

El tipo de crío

que se sentaría en la Última Cena

y se quejaría

porque a Judas

le ha tocado más puré de patatas.

 

Porque Dios sabe

que lo sagrado

ha hecho más daño

en este mundo

de lo que el Diablo

podría llegar nunca a hacer.

 

Andrea Gibson

Quiero viajar

 




Que cantan hasta los que no cantan. Que sería fácil, o bastante, sorprender a los pacientes seguidores del intento, del cambio, de la mudanza en estos tiempos con fotografías de paisanos que quieren viajar a países a los que antes no se viajaba, antes no se hacían demasiadas cosas-. Por ejemplo Queralt Lahoz, que es una señorita a la que no conoce casi nadie pero que  La prueba” de Gata Cattana  la borda, y otras cosas. O el McFerrin ese, que parece que solo hacía ruiditos con la boca y le ves en You Tube, ahí, en Alemania creo, delante de una orquesta de tres pares, dirigiendo y dando una lección de cómo. Hay fantasmas en las esquinas, ya lo creo, sobre todo en Galicia, que lees a Yolanda Castaño y no te extraña, de Galicia sólo te extraña una cosa, que sea tan bonita. Y no es que uno no viaje, no, uno viaja(ba), ayer mismo estuve al borde de un espejo, casi paso al otro lado pero recordé a Alicia y teniendo en cuenta que era lunes, me dije, alto, no, quieto, que estamos confinados. O cuando estuve en México, con tantos mexicanos, está aquello lleno de mexicanos, que al principio tenía una cierta prevención, cosa, que si las comidas picantes, que si los taxistas, que si el peligro, bah, el peligro está dentro, en el miedo, no se debe tener miedo, aunque  yo a veces me tengo miedo, sobre todo cuando me miro, siento en la cabeza como una red que se inflama, dentro, que me llena eso del cerebro y me duele, es cierto, me duele y no puedo pensar, que se me alteran los circuitos y temo volverme majara. Esto no se lo he contado a nadie pero como empieza marzo pues hala. Está lo del hilo, usted aparta el polen, el vaho, se quita el bozal y ahí está el hilo, brillando a veces, desde un tejado desvencijado hasta otras azoteas, tenso y vibrando, emitiendo, ni un gato podría hacer equilibrios sobre él, es un hilo tensado, conductor, made in China, ahora casi todo se hace en China, que levantas la tapa del y es chino, que la bajas y no, que te compras un jersey de angora y no lo es, es chino, claro. Creo que es posible que yo mismo sea chino, al menos hasta (o desde) hoy, o tengo reminiscencias, lo de los ojos, lo de los remos entrando en el agua de los recuerdos, alterando la superficie, lo superficial, entre los brezos y los sabores de regaliz, sobre el mármol del mercado con peces boqueando, con vacas o lo que quede de ellas, en República Dominicana les gusta el chivo, en una boda en la que estuve hubo cabrito, me dijeron que tengo familiares en el Bierzo, el edredón nos cubre y ya es casi la hora de olvidar, cuando todo esto pase solo los espantapájaros se quedaran aquí en verano o cuando se pueda viajar, creo que serán los únicos, ah, y los chinos, no tengo ni idea qué tiempo hará ahora en China (en inglés se pronuncia chaina, o así), lo mismo están con monzones, o con terremotos, o tsunamis, por esos sitios tan raros pasan cosas raras. Aunque me gustaría saber si para ellos no somos nosotros los raros, como ellos son muchos quizás todo es inverso y comer dragón cocido es lo normal y no esos rollitos de primavera con quién sabe qué, que están ricos sí, pero ¿qué tienen?, col dice ese listo de verde, que es justo debajo de dónde nacían antes los niños, los niños nacíamos en sitios muy raros, nos traía la cigüeña, esas tonterías, y lo de la semillita, qué cosas nos han contado, y dicen que somos especiales, pues claro que lo somos. Mi primer beso lo di con casi cincuenta años, mi primer...como decirlo –polvo me parece grosero-, mi primer eso fue con casi setenta, tanto tiempo esperando y mira, para esto tanto misterio, me dije yo a mí mismo, que ella tenía por ahí, que igual también era eso, que las ves con el ombligo al aire y te entra una cosa que ya, ya, que me lo dice Paquita, la enfermera del turno de mañana, ustedes los hombres solo piensan en dos cosas, que digo yo cual será la otra, que no me lo imagino, que solo tengo tiempo para pensar en que me quiero ir, como tú, como todo quisqui. Mira, te lo digo otra vez por sí, que me quiero ir al fin de la tierra o más allá, un buen sitio para los que entienden, entender no es bueno, ni saber, una vez que sabes una cosa quieres saber otra y así no hay quién viva, que no se puede saber de todo, o todo, por eso hay que quemar libros, uno al menos cada mañana, antes de desayunar, comida energética, nada de tonterías, hay un tabú con lo de la cultura, hay demasiados cultos, en cambio curas hay pocos, están los seminarios vacíos, que uno no sabe ya quién le dará la próxima extremaunción, quién le bautizará, aunque hay temas que no se pueden tratar en los blogs, eso no lo saben muchos, están siempre con cara de enfado, hay mucha peña con cara de enfado, debe ser cosa del estómago, que no van al sitio adecuado, pero en cuanto abran las fronteras del pueblo, temprano se  irán, millones, no te lo había dicho, por pudor, que no me gusta comentarlo, que uno es así, tímido, apocado, de pocas palabras, se asusta con facilidad, que todo esto y más lo había escrito ayer y me lo mandé a mí mismo y me equivoqué de cuenta de correo y resulta que el mensaje estará en el portátil guardado en el cajón de la mesa que no abriré hasta Navidad, ya ves que cosas, que un despiste lo tiene cualquiera pero me ha hecho reescribir lo escrito aunque no se ha perdido nada ya que estoy disperso, con lo de querer viajar, que no me centro en lo esencial, la poesía, quizás no hay que saber, solo hay que sentir, lo siento, por ejemplo digo eso de Uso palabras ciegas, como palomas acurrucadas,/ la súbita fragancia del azahar embriaga al viajero/ desprevenido que llega en busca del destino y me quedo tan ancho, tan bien, o aquello de Me sacaré los ojos si miro/ lo oscuro, cuando termine/ la espera de aguas turbias,/ líquenes, brocados que/ ocultan una daga en los/ labios abiertos del pecho. Esto de los blogs es lo que tiene, que lo soporta todo, obra de arte o esto, farfullar, hablar por no callar, incontinencia verbal trasladada al papel que no lo es, superficie en blanco para gritar al viento, que me quiero ir, queridos/as míos/as, que quiero que termine esta pandemia, de una vez, dejar de escribir desde donde esté, aquí, allí, viajar a ninguna parte. Agradezco su amabilidad y resistencia.   Muchas gracias.

2.3.21

Joseph Beuys,

 



Este es un momento de regreso del más allá. Estaba sentado bajo la zarza cuando, entre liebres en tropel, se me ha aparecido Joseph Beuys, con su sombrero y su gabardina. Me ha hablado en alemán y le he entendido todo menos dos.




No puedo reproducir sus palabras exactas, pero en esencia me ha dicho que este blog le parece  un acto experimental, un intento, un cable entre aquí y ahí, un salto para llenar el vacío, un gesto entre lo inmóvil y la mueca, una sonrisa de gato de Ceshire sumergido en la tentación permanente de la incoherencia, un sometimiento al encanto de bajar las escaleras que conducen al foso de la controversia, la exposición, quitarse la ropa del alma prenda a prenda, de la desnudez del sentimiento,   ganas de recorrer paso a paso la línea extranjera del nosotros, el record de Bob Beamon al colgarme de los hígados y salpicarlo todo  de ternuras, experiencias, mentiras y fantasía, recordar que estamos vivos, que estamos en ebullición, en la caldera de la vida, blup, blup, blup.


Joseph Beuys se desvanece en la arcilla con un coyote entre los brazos, con un avión enterrado en la nieve, con un fondo negro en el que destacan fórmulas para no saber que, etc.



1.3.21

No me escribas más.

 


Larry Fink
 

No me escribas más, me dices, no me escribas que no quiero esperarte, que no quiero esa ansiedad de estar en la ventana, esa curiosidad de abrir la puerta del balcón para ver si subes desde el camino de la plaza.

Y no te escribo, no porque no sepa qué decirte o porque se hayan agotado las palabras, no te escribo porque me basta con mirarte para que el aire se encienda y sea nuevo, porque cuando nuestros cuerpos se juntan desaparece una estrella, se fragmenta en minúsculos nosotros que bailan juntos dentro de un círculo de velas que iluminan una noche que espera al día.

Tú dices que no, pero esto que nos ocurre es muy extraño, raro, complejo, rico, fascinante, lleno de enramadas bajo las que nos cobijamos mientras llueve y nos mojamos dos veces y nos abrazamos, atónitos, y nos damos las gracias como educados amantes que se despiden poco antes de que den las diez y los vecinos aplauden nuestros juegos de manos y Barcelona está lejos pero soy un tenaz caminante.

28.2.21

Termina febrero

 


Un día cualquiera antes de marchar, no sé si ya me he marchado. Escribo a ratos, como sé, como me sale, intentándolo en cada página, más allá de la posibilidad de que alguien lo lea o queden las palabras suspendidas en el silencio, cristalizadas, transparentes, sin sentido, humo, nada.

Un día cualquiera preparando guisos, textos llenos de defectos, escuchando en el tejado la lluvia de finales de febrero. Tomando a sorbos un ribeiro que me regalaron en Finisterre. Huelo la hierbabuena que me recuerda a mi abuela Lucía. Doy vueltas en una caminata imaginaria desde Roncesvalles a Pamplona. Me miento como necesidad. Añoro amores imposibles. Miro en el espejo la cicatriz de mi espalda. Acaricio el brazo de la mujer que amo. La calle está llena de corredores imaginarios que esperan el final de la pandemia como una meta que no acaba de llegar.

Un día cualquiera, por sorpresa, las palabras reviven, se llenan de colores, se vuelven perlas que desbordan la cesta de la voz y rebotan en la mesa, caen al suelo en hilos de oro, iluminan y poco importa lo que quise decir, dice lo que lees y eso es tan nuevo, tan milagroso que me callo y dejo seguir este día cualquiera. Termina febrero.

27.2.21

Letanía para la supervivencia

 



LETANÍA PARA LA SUPERVIVENCIA

Para aquellas de nosotras que vivimos en la orilla

de pie al filo constante de la decisión
crucial y solitaria
para aquellas de nosotras que no podemos permitirnos
el sueño pasajero de elegir
que amamos en umbrales yendo y viniendo
a todas horas entre amaneceres
mirando adentro y afuera
a un tiempo antes y después
en busca de un ahora que pueda engendrar
futuros
como pan en la boca de nuestros hijos
de modo que sus sueños no reflejen
la muerte de los nuestros;

para aquellas de nosotras
a las que marcaron con el temor
como una leve línea en el centro de nuestra frente
que aprendimos a tener miedo con la leche materna
pues mediante esa arma
esa ilusión de que se puede alcanzar cierta seguridad
los torpes tenían la esperanza de silenciarnos
Para todas nosotras
este instante y este triunfo
No se suponía que fuéramos a sobrevivir.


Y cuando sale el sol tememos

que no permanezca
cuando el sol se pone tememos
que no salga por la mañana
cuando nuestro estómago está lleno tememos
la indigestión
cuando nuestro estómago está vacío tememos
no volver a comer jamás
cuando nos aman tememos
que el amor se desvanezca
cuando estamos solas tememos
que el amor no regrese jamás
y cuando hablamos tememos
que nuestras palabras no sean escuchadas
ni bien recibidas
pero cuando callamos
seguimos teniendo miedo

  

Así que es mejor hablar

recordando
que no se suponía que fuéramos a sobrevivir

 

“Letanía para la supervivencia”, 1978.
Poemas completos de Audre Lorde, W. W. Norton & Co., 1997.
Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús


Foto: Audre Lorde en Staten Island.

© Robert Giard, 1987. .


Esto te pasa por preguntar.



Pues sí y etcétera.

Esas cosas del sí pero no.

Lo decía Pirandello “Yo soy él que fue Matías Pascal”.

Evidentemente tú no eres la que eras o quizás yo no soy Matías Pascal.

Sé que hay contradicciones entre alegrarme tú a mí y contagiarte yo a ti un vago desasosiego.

Que no, que resistir con red es menos resistente, en las barricadas el sonido de los tambores es más real, incluso se oye.

No solo estoy triste, también aburrido y eso es peor, la desgana, el ya no, el a mí que me cuenta, es decir el pedir un abrazo y que te den una coliflor, cuestión de sensibilidad, posiblemente de falta de tiempo, ya el matiz es lo de menos, lo más es el abismo, la negrura, lo imposible, que no son los años que es el frío, la frialdad de dos figuras mirando cada una para un lado, ensimismadas en su sombra, en atribuir al otro nuestras carencias o nuestros deseos o así lo siento aunque siento tantas cosas que me falta pecho para contenerlas, que no me escribo, que te escribo una y otra vez aunque no me leas como yo quisiera que me leyeras pero ya sabes que llueve donde llueve y a veces a destiempo, las cosas nunca son como eran, seguimos, sigamos, aún como autistas, esas cuatro paredes, Tú, tu vida, lo que eres, yo sin saber quién soy, si aquel Matías o este hombre que duda y se confunde, que resiste tanta emoción ya no sé cómo, que se rompe cada día y disimula, que es tan débil pero no es eso, quién lo diría, que levanto la barbilla y corro, nado, subo al monte o me arrodillo, yo no resisto, yo vivo, estoy vivo y habitado por todos los colores, que te hablo con el alma, ha subido el pan, ayer la leche, hay confusión en los mercados, las lechugas son verdes, el mar azul y el cielo que a veces se ve de tu ventana también, han muerto ya las mariposas y no te creas todo lo que sabes, no dudes, hay un agujero en la duda, hay un nido de golondrina en el alero, hay el eco del ladrido de un perro que desapareció en diciembre, hay la certeza de que hasta aquí no has llegado, linda, cuestión de forma y fondo, ay, señor. Señor. 

26.2.21

Audre Lorde.

 


"Pues las herramientas del amo jamás desmantelarán la casa del amo. Pueden permitirnos, temporalmente, ganarlo a su propio juego, pero nunca nos posibilitarán generar un auténtico cambio."

Audre Lorde. 

“Las herramientas del amo jamás desmantelarán la casa del amo”. Hermana outsider. 1984. 


https://historia.nationalgeographic.com.es/a/audre-lorde-poeta-critica-feminismo-blanco_16361


Kandinsky



(Al salir de una exposición de Kandinsky)


Una obra de arte no necesita del espectador.

Funciona por sí sola.

Una obra de arte perdura aún enterrada, ignorada, ajena a modas y tiempo, independiente a la fecha de su descubrimiento (incluso por un único y eventual espectador).

Es.

Indiferente a imposiciones estéticas, a cual sea la fórmula de expresión.

Está.

Por encima del soporte, pared, lienzo, papel, idioma, instrumento, medio, método, plástico, técnica, pantalla, celuloide, vinilo, hierro, voz, estilo, piedra, viento.

¿Quién define qué es una obra de arte?

Los sabios, los críticos, los poetas, un consejo de ancianos, los vendedores de obras de arte, los directores de periódicos, los intermediarios, los oportunistas, un loco, un niño. (No intenta ser una respuesta)

A falta de otras revoluciones, el uso de internet abusa de artistas, una legión de virtuosos, de creadores, de genios, de poetas,  de autistas pintando en la pared con el dedo, de visionarios de nubes, de fenómenos sin abuela que emborronan cuadernos que ya estaban escritos, palimpsesto sobre palimpsesto y así indefinidamente hasta el aburrimiento, el bostezo, la falsedad, hablar por no callar, lo necio, a veces (hoy se me han terminado las adulaciones).

Una obra de arte no necesita del espectador.

Nietzsche decía que los griegos levantaban blancas estatuas sobre el abismo, para ocultarlo.

Soy griego.



25.2.21

Viajando en metro con cabeza de conejo

 


Es un rito soltar mariposas de papel escrito por las dos caras y verlas volar desde los parques.

Sin florituras se encadenan las voces que cuentan los días, fijan el acontecer cotidiano. Absurdo, no ocurre nada. Este espacio acumula textos de aire. También olvido.

Comencé en un extremo del puente, iluso, esperando que alguien lo cruzara. Envié invitaciones invisibles en un incendio de jilgueros. No hubo respuesta, se perdieron en el aire. Seguí de guardia, noche a noche, barquero insomne, con el farol encendido aún en las más frías madrugadas. El zahorí se quedó solo, mirando correr el agua. Nunca volvió la alienista habitante del país Jacques, acumuló mutismo en la frontera hasta hacerla inexpugnable, tan alta que no hubo signo ni método que traspasara la alambrada.

Pobre hombre en la niebla, no sabía entonces que aquel préstamo de goce extremo traería después un tan elevado pago de intereses, usura cobrada en silenciosa distancia, frío fulcro trucado.

Me vacié los bolsillos del alma, quise pagar las deudas, aún en la quiebra, aún en mi pobreza de enamorado sin recursos; imposible, todas las ventanillas estaban cerradas. No vuelva usted mañana.

Después enjuagué las lágrimas con pañuelos prestados y me dediqué a ser otro, insumiso, constante, tejiendo mentiras hasta convertirlas en verdades.

Aquí.

Lawrence Ferlinghetti

 


A medida que envejezco.

 

A medida que envejezco
percibo que la vida
tiene la cola en la boca
y otros poetas y otros pintores
ya no encarnan para mí
ningún tipo de competencia
El cielo es el desafío
el cielo
que aún debe ser descifrado
ese alto cielo
ante el que caen agobiados
los astrónomos
con sus grandes orejas electrónicas
ese cielo
que nos susurra constante
los secretos finales del universo
el mismo que respira
hacia adentro hacia afuera
como si fuera el interior de una boca
del cosmos
el mismo cielo
que es el borde de la tierra
y del mar también
el cielo
de voces múltiples y ningún dios
rodeando un océano de sonido
que devuelve ecos
como las olas
que estallan en el murallón
Poemas enteros
diccionarios completos
enrollándose
en la explosión de un trueno
Cada atardecer un cuadro instantáneo
cada nube un libro de sombras
a través de las que vuelan salvajes
las vocales de los pájaros
que llorarán repentinamente
Ese firmamento para el pescador
está despejado
a pesar de las nubes oscuras
Él lo observa
lo estima por lo que es:
el espejo del mar
a punto de precipitarse sobre él
en su bote de madera
al filo del horizonte oscuro
Nosotros lo imaginamos como un poeta
siempre cara a cara con la vieja realidad
donde los pájaros nunca vuelan
antes de la tormenta
No lo dudes
él sabe lo que caerá desde las alturas
antes de que amanezca
él es su propio vigía
en su embarcación
atento al sonido del universo
dando cuenta de las visiones
de la tierra de lo viviente
con su voz poderosa
 
Lawrence Ferlinghetti


(Combatió en la Segunda Guerra Mundial, se dedicó al periodismo y era el último poeta superviviente de la Generación Beat. Descanse en paz)

https://elpais.com/cultura/2021-02-23/muere-el-poeta-de-la-generacion-beat-lawrence-ferlinghetti.html


24.2.21

Pier Paolo Pasolini

 


AL PRÍNCIPE

 

Si regresa el sol, si cae la tarde,

si la noche tiene un sabor de noches futuras,

si una siesta de lluvia parece regresar

de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,

ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:

ya no siento delante de mí toda la vida...

Para ser poeta, hay que tener mucho tiempo:

horas y horas de soledad son el único modo

para que se forme algo, que es fuerza, abandono,

vicio, libertad, para dar estilo al caos.

Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte

que se viene encima, en el ocaso de la juventud.

Pero por culpa también de este nuestro mundo humano

que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.

 

Pier Paolo Pasolini


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