Los Walker y Parker
Pedro M Martínez
Cuando piensas o crees o sabes, eres un montón de otra gente; cuando
sientes, no eres nadie que no seas tú".
E.E. Cummings
Anders Petersen. Hamburg 1968
Aviso:_en
septiembre sigo aquí, así, sin impulso, desnortado, con las brújulas en el
armario, con las ruedas del coche torcidas, sin coche, se me han dormido las
danaus plexippus del estómago, mi musa de la fantasía se ha marchado con un
viajante de electrodos rusos, mis bolígrafos han perdido la tinta (en realidad
no todos), los pájaros las plumas, los caminos tienen las señales borradas y no
sé si voy al Sur. He tirado las maquinas de escribir por la ventana
(¿comprenden el juego de palabras?). Enredado en un zarzal de culpabilidad no
me muevo, que yo no fui.
Dejo este
informe desnudo.
Se me ha
vestido la intimidad.
Decidido, me
quedo en la cama y que inventen ellos.
Como mucho voy
a bordarme las vísceras por si alguien me mira dentro.
Si encuentra
alguna metáfora es mía.
Vuelva usted
mañana, por si estoy.
Me llaman si
eso.
Parmesan, Luzzara, Italy, 1953 - by Paul Strand (1890 - 1976), American
Sin temblar en
la quietud de los planetas que sin duda Parker verá girar en las mañanas de
caminar junto al río/ría, como una obsesión de la juventud que en cada paso se
le escapa y se refugia en catedrales y otros desiertos, lámpara de aceite junto
al lecho donde un día amó sin otra defensa que la respiración entrecortada, la
mirada teñida de albaricoques y niños llorando junto a la parada de autobús,
con madres que esperaban la libertad del café y la cháchara, la mirada de un
desconocido como una mano acariciando el sopor del martes y la línea de los
ojos pintada con furia ante el espejo que acusa y no miente, madres sin dejar
de ser hijas que piden ayuda porque el amor no era eso que no es y los días tan
largos y la espera y la postura entre sábanas que no les satisface y los imanes
en el frigorífico, uno por viaje, hace tanto, seis años, los que tiene el
mayor, otra historia, imaginar otras historias ahora que el tiempo se ha vuelto
interminable y puede mirar de frente a los paseantes del tedio, hombres que
nadan defendiéndose en su propio naufragio, mujeres ahogándose en una isla que
barre el viento de la soledad, saber que nunca sabrá pero pararse en las
esquinas a ver cariátides y cornisas, detalles arquitectónicos y mirlos,
ancianos en los parques, mejor gozar de los días, de la amistad, de la risa, de la simpatía,
del sol o de la lluvia, lo que venga, contra las noticias no por menos ciertas
no destinadas al miedo, a aprisionarnos en el terror, a inmovilizarnos, a
neutralizar el espíritu crítico, a defendernos, ya, Parker se sumerge entre sus
amigos víctimas de la celotipia, oh celo, del favor verdugo eterno, alerta
cuando se para a charlar con los jubilados de boina y cachaba, con las
panaderas, con el ciego del cupón, con el que vende rosas, relojes falsos y
calcetines, con la rubia que le mira y mide y el que hambre tiene con pan sueña
y vamos que nos vamos. Parker, pobre.
Madrid, Ext es un
documental necesario, un archivo casi Instagram
de 93 minutos con magnífico acompañamiento musical, un homenaje a un Madrid casi
oculto detrás del ruido, los grandes edificios, el turismo y el presente
incierto. Hay momentos que duelen y otros que sorprenden e iluminan por la
belleza, lo paradójico y el buen gusto del trabajo de Juan Cavestany. Es
destacable la música de Guille
Galván, así como la fotografía de Javier Bermejo. El cartel, como no, es de la
mejor, Susana Blasco. Madrid, Ext, ahí
vamos, sin memoria, sin piedad, indiferentes. Me ha gustado mucho.
Evgeniy Nodvikov with the art work "Blindfold
No es un caso especial, no, se empieza a recurrir a la imagen y se mata la palabra.
Sin que sirva de precedente, este soy, desnudo bajo el agua verde, defendiéndome con puntiagudos pero escasos medios de lo irremediable, del escualo del mal, del brutal ataque del tiburón enigma, sus dientes de cuchillo y navaja barbera rasgarán mis últimas esperanzas, mi fe, mis carnes morenas. Para colmo –como podéis ver – el pulpo me sujeta la pierna con tentáculos de tentación, las anémonas se mecen, ríen, adorno de flores submarinas en el fondo del mar del pecado. Sin oxígeno, sin tritones que me auxilien, sin sirenas del boca a boca, no tengo remedio.
Jessica Lisse
Erase una vez un hombre que escribía cartas (de amor) a diestro y siniestro, a conocidos y a desconocidas, con pulcra letra de pato, retorcida pero legible, intensa actividad maridada con dibujos, fotografías y nubes, un mosaico de sentimientos e invenciones, un regalo, un error, una carga, un psssst.