Glup 2.0

Pedro M Martínez

lunes, 31 de agosto de 2026

Agosto 31. Agur



Parker  esperaba el 31 con grosellas, bacalao y esperanza, ilusión, preocupada vigilia desde el anuncio, días contados con ábacos de jade y dedos mojados en mermelada y jengibre, una música de Beatles armónicos, los recuerdos en una caja negra que un día tuvo luces de navidad y luciérnagas. Ahora ha pasado y el horizonte está tapiado de nubes amarillas.

El otoño se abraza ya a sí mismo con árboles desnudos y playas vacías, con el recuerdo que se seca sin rocío en acuarelas de buhardilla, en sábanas que describen profundidades, majestuosos caballos de nubes o imaginación para suplir suspiros descarnados. 

Las sonrisas se hielan, Parker se  espolvorea belladona en el bigote y esto es así, hoy, lunes.

Sē terminó el verano.

¿Sabes?

domingo, 30 de agosto de 2026

Dando vueltas a la noria.

 


Seguro que es algo común y no tiene sentido contarlo.

Pero me pasa.

Escribir tiene algo de terapéutico, algo de misterio, necesidad de compartir imaginación y sentimientos, también algo de técnica y mucho trabajo.  La inspiración no existe.

Me ocurre ahora que he empezado a escribir sobre una emoción que me transita desde que terminado de leer un libro, contarlo para mañana (este blog no tiene otra pretensión que eso, escribir lo de mañana) y se me ha insubordinado el texto, me puede, me increpa, ¿qué dices? –me dice -.

Y lo miro, lo remiro, intento cambiarlo, llevarlo para un lado y él, obstinado, me lleva para otro, me puede, me vence, me obsesiono, dejo una frase, la cambio, no avanza, estoy empantanado.

Lo peor es que estoy colgado de algo concreto que me inquieta, me preocupa, quiero decirlo y no sé cómo hacerlo para que no (me) parezca que lo digo.

Aquí estoy, mirando esas escasas cinco líneas. 

Seguiré intentando para que sean seis.

Y seguir,

sábado, 29 de agosto de 2026

Yun



Yun llena mi cabeza de triángulos escalenos, mi memoria está sentada en el centro de su corazón, cosida con alboroto de caléndulas, carretera sin atajos a su piel sin distancia, con zozobra, su cuerpo es un desorden prendido en el marco de mi deseo, una luz al fondo, mi sedienta mirada en los intersticios, un viento azul moviendo los árboles de la alameda, Yun en todos mis sueños.

jueves, 27 de agosto de 2026

Parker està en un lío.

Inna Shirokova, 1937-2019

Con una máscara de adolescente ensimismado Parker gira y ríe en un baile de disfraces en el que nadie es quién dice ser. Entre los muchos invitados, alrededor, confundidas, la primera mujer que amó, la primera mujer que besó, la primera mujer que le enloqueció. Y su mujer.


Intenta aparentar una calma que no tiene. Baila y sonríe. Se para y bebe pequeños sorbos de una copa de vino. Se está mareando y debe estar sobrio para no delatarse.  Ajeno al viento en las ventanas, a la lluvia, torpe, habla con unos y otros.

No sabe quién sabe.

Y qué.

La música cambia desde Beatles a baladas tan lentas y tan antiguas que parece que el tiempo se ha detenido. Pero no, han pasado tantas cosas. La primera mujer que amó va de acá para allá como una bailarina entre ballet y contorsionista. La primera mujer que besó ha olvidado todo y sonríe al lado de su nueva pareja. La primera mujer que le enloqueció está nerviosa, intranquila, su marido está sentado a su lado y los dos fuman sin cesar. Su mujer está feliz y habla con todos, encantadora, ajena a la trastienda.

Están las miradas.

Y los silencios.

Fuera están las calles donde todos ellos se perdieron en tiempos amarillos de versos y palomas, de melancolía en las esquinas, de risas de niños y una esperanza, o tres, o nada. Los que bailan, como pueden, sofocan los gritos del mercader de la nostalgia, de los fabricantes de relojes, de los hechiceros de una época sin plazos, de las tenues palabras de enamorados escondidas bajo los bancos de la plaza.

Ahí está Parker, riendo y bebiendo, simulando una tranquilidad que no tiene, caminando sobre la débil línea que separa el sí del no, esperando la inoportuna palabra que desbarate la fragilidad de su paz, confundido entre las tres mujeres que dieron sentido a su vida, que la llenaron, que aún le duelen. 

Y su mujer.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Pànico en NY (2)



Miré por la ventana, los coches amarillos corrían por la avenida, se escuchaban sirenas, los peatones iban y venían bajo el calor de junio, no advertí nada sospechoso, quizás era una confusión.

Lo mejor era aparentar seguridad y salir.

Aquellos dos hombres hablando en la esquina no me gustaban, me miraban. La señora del abrigo verde sonreía, ¿qué sabía ella? El portero del Grand Hotel inclinó la cabeza cuando pasé a su lado.

No pude soportarlo más, comencé a correr, calles y calles, de un barrio a otro.

Ahora estoy sentado en un banco de Central Park, comienza a anochecer, me da miedo volver a casa.    




martes, 25 de agosto de 2026

Pánico en NY (1)



No encuentro mis bragas –dijo ella, y desde la cama vi las blancas nalgas que contrastaban con el resto de su bronceado cuerpo, de rodillas, palpando la alfombra bajo la mesa del salón, a oscuras.

Al cabo de un rato volvió a mi lado. -Qué es esto? – dijo, y entre los dedos sostenía un pequeño objeto brillante, redondo, metálico.

Primero miré sus pechos y después aquel objeto, un micrófono inalámbrico. ¿Cómo lo sabían?

-Vístete y vete, rápido – dije a la chica.

-Qué prisas, vale, voy, deja el dinero en mi bolso – escuché el ruido del agua en la ducha, ella cantando mientras se pintaba, al de un rato me obedeció y se fue.  

No me preocupaba pagarle doscientos dólares, lo del micrófono sí. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí, ¿habría otros? Comencé a buscar por el dormitorio, entre las cortinas, bajo el colchón, en la biblioteca, en la cocina, cada vez más nervioso, en el cuarto de baño, el pasillo, en el techo. Sobre la puerta de entrada al apartamento encontré otro. ¿Quién lo había puesto ahí?, ¿cómo había entrado?, ¿cuándo? Seguro que había más.

(Continuará)

lunes, 24 de agosto de 2026

Frases de “No tienen prisa las palabras.”

 


No tienen prisa las palabras en decir. La urgencia tiene voz atragantada. La prisa alborota los sonidos y se acaba por decir todo lo contrario. La rapidez siempre es extranjera. El barullo es un jeroglífico que no descifraremos nunca. Escribir, entonces, mirándote a los ojos. Deseando tu dictado.

***

Toda memoria es respiración agitada. Cada olvido es un modo desordenado de decir adiós.

***

La mujer con aros inmensos y pelo recogido lee Vivir en el fuego de Marina Tsvietáieva. Con asombro repentino, como si hubiera dado con un mensaje crucial, marca y remarca con su lápiz labial una parte del texto. Sonríe, luego, con un erotismo que sobrecoge a todos. Compro ese libro enseguida. Paso días buscando, sin éxito, esa frase
.
***

Ninguna muerte puede ser contada si las manos que lo narran no sienten algún frío. 

***

La justicia es ciega porque la venganza es sorda porque la belleza es coja porque la  lealtad es muda porque la libertad es manca porque la memoria es demente porque el  hombre es imbécil porque la verdad es tullida porque toda palabra nace siempre,  tartamuda.

Carlos Skliar (Buenos Aires, 1960) es investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de la Argentina, y del Área de Educación de la FLACSO. 

domingo, 23 de agosto de 2026

Agosto 23

 


Se besan sin saber dónde empieza el cielo, dónde acaba el infierno. Se besan de pie, con los ojos cerrados, con las manos cerradas. Se besan y a lo lejos se escuchan las murallas centenarias, derrumbándose, poblando el aire con un estruendo de argamasa y ciclones. Se tocan la piel y de los poros les brotan pequeñísimos animales dulces que miman cada rincón de brazos, caderas, muslos, un lento deambular de almíbar. Se tocan el alma y se mecen en pétalos de flores nuevas, gigantescas corolas, pistilos con embriagadores zumbidos de abejas. Se hacen uno y justamente entonces, a pesar de los coros de querubines que cantan con los ojos cerrados, del ritmo de cien palmeros presentidos al otro lado de la puerta, del calor de tres infiernos, del murmullo de un arroyo del Paraíso Terrenal, del Vesubio y del Etna, de Manhatan, ignoran que traquetean en el pescante de un tren sin regreso, viajeros a ninguna parte, refugiados en el trayecto de la soledad, habitantes de un mundo prohibido.


No pueden culpar a las serpientes.
Hablan recostados a uno y a otro lado del muro de las lamentaciones.
Sabiéndolo.

sábado, 22 de agosto de 2026

Popsicle toes


Me regalo el disco la mujer que entonces amaba.  No sé si todavía la amo, no sé siquiera si es la misma mujer. La canción sí, me sigue gustando. Menudo plantel de músicos lleva. 

Ahora que estoy con lo de Eve Babitz (ya os contaré), me entero que Michael Frank, con esa voz de chico bueno pero sosito, compuso esta canción después de acostarse con ella

«Estábamos en la cama —dijo Eve— Se me enfriaron los pies. Le dije que tenía los dedos helados. De eso proviene el título de la canción.

 [«Popsicle Toes», apareció en el disco de Franks de 1976, The Art of Tea ]).


Hay historias curiosas detrás de algunas canciones, de algunos poemas, novelas, peliculas, obras de teatro, cuadros, suspiros a deshoras, etc. 

Eso sí, lo juro, si en aquel tiempo me hubiese acostado con Eve mi canción, con o sin estos músicos sonaría de otra manera. 


Produced by Tommy LiPuma Keyboards: Joe Sample Guitars: Larry Carlton Bass: Wilton Felder Drums & Percussion: John Guer Vibes: Larry Bunker Congas: Jerry Steinholtz String Arrangements: Nick De Caro Mixing Engineer: Al Schmitt Recording Engineers: Lee Herschberg & Bruce Botnick



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Bilbao, Euskadi
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