.-Pedro M. Martínez-.



miércoles, 18 de mayo de 2022

Christer Strömholm,

Hotel Central, Paris, Photo by Christer Strömholm, 1951


Vivo en un cinco por dos, con una pequeña ventana que da a ninguna parte. Tengo contados los pasos de esquina a esquina. Pocos. También llevo la cuenta de los días que llevo aquí. Muchos. He aprendido a soñar. En blanco y negro. No me relaciono con mis vecinos, ni en el patio. Tengo miedo. No es nuevo, siempre lo he tenido. Quizás por eso estoy aquí, quizás no solo por eso. Vivo en un cinco por dos.

martes, 17 de mayo de 2022

Eugenio Montale.

 


Vacilamos un momento

y poco después reconocemos

que tenemos la misma enfermedad.

No existe una definición

para esta admirable tortura,

hay quién la llama spleen

y quién melancolía.

Pero si aceptamos el juego

en los márgenes encontramos

una señal inteligible

que puede dar sentido a todo.

.

Eugenio Montale.

(Versión de Jorge Aulicino)


lunes, 16 de mayo de 2022

Alecos Fassianos

Alecos Fassianos 

 ¿Qué te da ella que no te doy yo? Grité, unos minutos antes de dejar su maleta justo sobre el ongi etorri del felpudo. 

Cesé los gritos durante unos minutos, ya estaba todo dicho. Las vecinas esperaban tensas, expectantes detrás de sus puertas blindadas, nunca se había oído tal alboroto en aquella comunidad.
Al rato volví a abrir la puerta y dejé una gabardina marrón sobre aquella maleta. Por si llueve, cabrón- dije, volviendo la cabeza. 
Paco bajó las escaleras, silbando. Llevaba la maleta en una mano, la gabardina doblada sobre el hombro derecho. La verdad que el tío era más chulo que un ocho.
-Buenos días doña Julia- dijo frente la puerta del segundo derecha.
-Con Dios, Karmele- dijo acercándose a la mirilla del primero izquierda. 

Frente al portal le esperaba un taxi blanco, entró, se acomodó junto al conductor y el coche se perdió enseguida en el denso tráfico donostiarra.

Charo, ¿le has vuelto a ver?-me pregunta Anita. 
Nunca más. Y de aquello han pasado cuatro años.
Pues vaya historia- concluye mi amiga del alma.


…Durante un tiempo escribí de amor.
Luego escribí sobre el dolor.
Ahora el hastío llena mis horas.
Pasan los días como grandes pájaros…

domingo, 15 de mayo de 2022

Parker y las manzanas

 

JP Jones (Welsh, b. 1978)

Hubo un tiempo, recuerda, en el que Parker daba vueltas al árbol de los días. Todo era fácil, alegre, relucían las mañanas, corría por ellas como un Mercurio ciego. Se comía la vida a bocados, como si fuese una manzana roja, olorosa, dulce. Luego la manzana se endureció y hubo de quitarle la piel, cortarla en pequeños pedazos, morderlos con cuidado, masticarlos repetidamente y soportar las malas digestiones.


Un día cambiaron los papeles, Parker se volvió manzana, colgado de una rama, expuesto a los vientos, al frío, a la lluvia, soportando los picos de los pájaros.
Aun así la vida iba de otoño a primavera y todo era como debía ser, llovía de arriba abajo, la nieve era negra y los tigres se comían a los fotógrafos audaces.
Hoy se ha despertado en medio de nada, un mundo sin eco donde todo es blanco o negro, no importa, todo no es, no hay manzanas.

 Habla, grita, da vueltas sin sentido, no hay nadie, tampoco está Parker.

sábado, 14 de mayo de 2022

Giorgio Gaber

 


Monólogo de “Il Teatro Canzone”, compuesto junto a Sandro Luporini. La primera presentación se realizó el 5 de noviembre de 1991 en Pesaro. 

No, no es verdad, no tengo nada que reprocharme, quiero decir, no me parece que haya hecho nada grave. ¿Mi vida? Una vida normal, no he robado, ni siquiera de pequeño en casa. No he matado a nadie, por supuesto, uno que otro acto impuro, pero es normal ¿no? Trabajo, tengo una familia, pago mis impuestos, no me parece que tenga algún defecto. Tampoco voy de caza, por decir algo.

¿Eh? Ah, hablan de antes… ah, no antes, antes de que me comportara como todos. ¿Cómo me vestía? Me vestía, me vestía… me vestía como ahora. Bueno, no del mismo modo que ahora, un poco más… sí, jeans, suéter…chaqueta. ¿Por qué? ¿No está bien? Pero era cómodo. ¿Qué cantaba? Entonces quieren saber lo que cantaba, pero sí, por supuesto, también canciones populares, Ciao bella ciao, ¿debo hablar más fuerte? Sí, Ciao bella ciao la cantaba acompañado, y también La Internacional, pero en coro eh. Sí, eso lo admito, estuve ahí. También vi a los Inti Illimani, pero no lloré. ¿Cómo? ¿Si tengo fotografías en la habitación? Qué dicen, por supuesto, las fotografías de mis padres, de mi esposa, mis her… ¿carteles? No lo creo… quizás uno, pequeño, pequeñito, sí, del Che Guevara, ¿pero cuál es el juicio aquí? No no no no, no lo hice, el puño no lo he levantado, el puño no. Bueno, en realidad sí, una vez, pero fue un puño así, chiquito, en serio. ¿Cómo? ¿Si era comunista? Ah, mejor, me gustan las preguntas directas eh. ¿Quieren saber si era comunista? No, no, porque finalmente de esto ahora nadie habla, todos hacen fintas, pero a veces es correcto aclarar estas cosas, de una vez por todas. Oh, ¿si era comunista? ¡¿En qué sentido?! No, quiero decir…

Alguno era comunista porque nació en Emilia
Alguno era comunista por el abuelo, el tío, el papá… la mamá no
Alguno era comunista porque veía Rusia como una promesa
China como un poema, el comunismo como el paraíso terrestre
Alguno era comunista por se sentía solo
Alguno era comunista porque había tenido una educación demasiado católica
Alguno era comunista por el cine lo exigía, el teatro lo exigía, la pintura lo exigía, y la literatura también: lo exigían todos
Alguno era comunista porque se lo habían dicho
Alguno era comunista porque no se lo habían dicho todo
Alguno era comunista porque antes, antes, antes era fascista
Alguno era comunista porque entendía que Rusia avanzaba lento, pero lejos
Alguno era comunista porque Berlinguer era una buena persona
Alguno era comunista porque Andreotti no era una buena persona
Alguno era comunista porque era rico pero amaba al pueblo
Alguno era comunista por bebía vino y se conmovía con las fiestas populares
Alguno era comunista porque era tan ateo que necesitaba otro Dios
Alguno era comunista porque estaba tan fascinado con los obreros que quería ser uno de ellos
Alguno era comunista porque ya no soportaba ser obrero
Alguno era comunista porque quería un aumento de salario
Alguno era comunista por la revolución, hoy no, quizás mañana, aunque seguro pasado mañana
Alguno era comunista, viva Marx viva Lenin viva Mao Zedong
Alguno era comunista para hacer enojar a su padre
Alguno era comunista porque solo veía la Rai 3
Alguno era comunista por moda, alguno por principio, alguno por frustración
Alguno era comunista porque quería estatizarlo todo
Alguno era comunista porque no conocía a los empleados estatales, paraestatales y afines
Alguno era comunista porque había cambiado el materialismo dialéctico por el Evangelio según Lenin
Alguno era comunista porque estaba seguro que detrás suyo estaba la clase obrera
Alguno era comunista porque era más comunista que los otros
Alguno era comunista porque estaba el Gran Partido Comunista
Alguno era comunista porque no había nada mejor
Alguno era comunista porque habíamos tenido el peor Partido Socialista de Europa
Alguno era comunista porque el único estado peor que el nuestro era el de Uganda
Alguno era comunista porque no aguantaba más de cuarenta años de gobiernos democratacristianos incapaces y mafiosos
Alguno era comunista por la Piazza Fontana, Brescia, la estación de Boloña, el Italicus, Ustica, etcétera, etcétera, etcétera
Alguno era comunista porque quien estaba en contra, era comunista
Alguno era comunista porque no soportaba más esa cosa sucia que nos obstinábamos en llamar democracia
Alguno era comunista porque creía ser comunista y quizás era cualquier otra cosa
Alguno era comunista porque deseaba una libertad diferente de la americana
Alguno era comunista porque creía poder estar vivo y feliz solo si también lo estaban los otros
Alguno era comunista porque necesitaba un empujón hacia algo nuevo porque sentía la necesidad de una moral distinta
Porque quizás era solo una fuerza, un vuelo, un sueño. Era solo un impulso, un deseo de cambiar las cosas, de cambiar la vida
Sí, alguno era comunista porque con este impulso cada uno era… más de sí mismo: era como dos personas en una. De una parte la persona fáctica cotidiana, y de otra el sentido de pertenencia a una raza, que quería alzar el vuelo para cambiar realmente la vida
No, ningún arrepentimiento. Quizás porque ahora muchos hemos abierto las alas sin ser capaces de volar, como gaviotas impotentes
¿Y ahora? Ahora también nos sentimos como partidos en dos. De una parte el hombre insertado, que atraviesa obsequiosamente la escualidez de la propia supervivencia cotidiana, y de otra, la gaviota ahora sin siquiera intención de volar, porque el sueño ya se ha contraído
Dos miserias en un mismo cuerpo

Giorgio GABER, Alguno era comunista (1991) | Traducción de Angelo A. Narváez León  (Investigador Postdoctoral, U. Católica de Valparaíso) para Buenos Aires Poetry, 2020. 

Tomado de:

https://buenosairespoetry.com/2020/02/03/alguno-era-comunista-giorgio-gaber/


viernes, 13 de mayo de 2022

Nosotros mismos

 


Uno, cualquiera, tú, yo, para pasar el rato, puede sentarse delante de la pantalla y leer, disfrutar del buen gusto de las gentes que dejan aquí, dentro, fuera, quién sabe dónde, sus escritos.

Nunca pensé que una actividad tan aparentemente sencilla fuese motivo de tantas satisfacciones personales, intelectuales, emocionales, una puerta verde abierta al conocimiento de otras expresiones, otras culturas, otras formas de pensar y decir y sobre todo, a la comprensión de otras personas.

Porque llegamos al tema: las personas. Mientras lees puedes imaginar cómo es el otro, pintarle de colores, adornarle con estaturas, ojos azules y lacios cabellos rubios, o rostros morenos, rizos, ojos inmensos, bocas abiertas. La realidad siempre lo mejora en el caso de las mujeres, casi nunca en el caso de los hombres.

Un día, tú, yo, tomamos un mapa y buscamos los lugares desde donde escriben los otros -según el mapa arriba a la izquierda-, deshojamos cebollas, desalojamos a los lagartos, lloramos por las distancias, apartamos las hojas secas sobre el teclado, clavamos banderas, medimos líneas rectas, consultamos horarios de trenes, cercanía con los aeropuertos, calculamos la equidistancia con nuestras posibilidades, riesgos de contagio del virus del amor y otros imprevistos. Hay gente que adora caminar, subir, bajar, moverse empedernidamente, no estar quietos, lanzar hilos entre fronteras, comunicar provincias, países, continentes. Qué cosas. 

Un día, uno, cualquiera, tú, yo, se aburre de esto, cierra el blog, se monta en un coche y se va a buscar quién sabe a quién. Allí -¿dónde?- utiliza el teléfono, la radio, un buscapersonas, GPS, el boca a boca, pregunta a un guardia, pone un telegrama, adivina en el vuelo de las cigüeñas.

Se trata de buscar a los poetas.

Supongamos que les encontramos.

Supongamos que nos sentamos alrededor de una mesa, frente a sendas copas de Martini (o cerveza, café con leche y tostadas, vino de Rioja o agua de la fuente).

Supongamos que hablamos y hablamos y que estos poetas son divertidos, amables, dulces, amigos, unos buenos tipos. Tienen, además, brazos, piernas, dientes, sonríen, o lloran, uno es bajito y feo, otro es alto y con alopecia, aquel tiene unos ojos verdes, este no levanta la mirada, ese es bello como un san Luis. Existen, son estos que me dan la mano y hablan.

Es curioso, hay vida más allá de esta pantalla.

Y en Marte.

Entonces ¿qué hacemos aquí?

jueves, 12 de mayo de 2022

Los otros.

 



Uno, cualquiera, tú, yo, los de aquí, sabemos que la inmensa mayoría transita en fila india por senderos marcados con una línea blanca. Los otros.

Nosotros no, nosotros nos enorgullecemos porque somos la minoría, caminamos por selvas inquietantes, vivimos soltando peces en el estanque de la nada, domesticamos tigres en nuestra sala de estar, coleccionamos hurones, apoyamos la nariz en el cristal tibio de lo obvio, hablamos con los mudos, caemos en el abismo de enamorarnos, realizamos inventarios de rencores, tocamos en puertas que nadie abre, perdemos la ilusión paseando por atajos que nos dejan perdidos en rostros congelados, nos clavan navajas de desamor, tanteamos el claroscuro con moscas disecadas, nos aferramos a las plumas del Ave Fénix, un día nos duele el alma o el duodeno y a pesar de ser el pueblo escogido, sin remedio, con total certidumbre, otro día, el último, nos morimos. 

Amén.

miércoles, 11 de mayo de 2022

Alejandra Pizarnik

 


 Continuidad

No nombrar las cosas por sus nombres. Las cosas tienen bordes dentados, vegetación lujuriosa. Pero quién habla en la habitación llena de ojos. Quién dentella con una boca de papel. Nombres que vienen, sombras con máscaras. Cúrame del vacío -dije. (La luz se amaba en mi oscuridad. Supe que no había cuando me encontré diciendo: soy yo)

Cúrame -dije.

 Alejandra Pizarnik


martes, 10 de mayo de 2022

Nosotros

 


Uno, cualquiera, tú, yo, ocupa el tiempo en diversos ejercicios que nos acercan o nos alejan de los otros, especie qué, como todo el mundo sabe, consiste en todos aquellos que no son nosotros mismos.

Estos ejercicios son complicados y a veces peligrosos. Puedes comenzar hablando en un café y terminar en la urgencia de amarse en un pasillo, en el fragor ardoroso en una cama, en un callejón entre los gatos, en un hospital, en la cima de la soledad de las almas, aburriéndote con los predicadores ciegos esparciendo oraciones al viento. Puedes dedicarte al culto del cuerpo, al cultivo de hortalizas, a culpabilizarte por errores ajenos, a curvarte en insólitas posturas que justifiquen el ocio, a cubrir con tus sombras espacios de luz, a cuestionar la existencia de un dios, de cualquier dios, a justificarla, a culebrear mientras los días pasan y nos dejan regusto a café de ayer y a desayunos de hotel.

Así, sobre las coordenadas del tiempo, cada uno acumula su historia mientras de forma inexorable, más rápida que lenta, llega la común tristeza, el día de la oscuridad.

Rogad por nosotros.

lunes, 9 de mayo de 2022

Sentimos las molestias

 


A Movistar Plus+ hay que agradecer esta etapa de series nacionales que están dando mucho trabajo a actores, técnicos y demás trabajadores. Incluso que muchas de ellas sean buenas y muy buenas en el complejo sector de las plataformas de TV.

Ahora llega este “Sentimos las molestias”.  Antonio Resines y Miguel Rellán haciendo de sí mismos o en un papel en el que es difícil distinguir si son ellos o sus personajes.

Tópicos, uno tras otro, algunos de vergüenza ajena. A los guionistas les han contado como es eso de ser un señor mayor y se lo han creído (o lo han copiado del método Kominsky*). Todo es previsible (sobre todo eso del intento de un viejo intentando ligar con una joven. Qué manía. Puro cine de los 60) A los personajes se les acaba cogiendo cariño, da cierta ternura  verles tan desvalidos emocionalmente, tan frágiles. El resto del reparto está plagado de actores de toda la vida, muchos, cumpliendo. Buena, técnicamente. Un ritmo sostenido. La música (Beethoven, Bach), pues eso.  

No tendrá éxito, pasará sin pena ni gloria.

Me alegra la recuperación de Antonio Resines, que mal lo ha pasado.

 

En “El método Kominsky” (Neflix) Michael Douglas y Alan Arkin formaban una pareja desigual de señores mayores en un guion con bastantes aciertos.

 


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