No pudo ser.
Una vez quise ser una estrella del Rock pero con eso de Plutón no hubo la debida conjunción de astros, me dediqué entonces al capítulo aficionado, escuchante no pasivo, desde aquellos inicios de tenores, zarzuelas, la verbena de la Paloma, repetir lo que cantaba mi madre (porque ha perdido una perla llora una ostra en el mar), mis tías, el señor del tercero centro, antes se cantaba mucho que abrías una ventana y ahí estaba una copla, un fandango, déjame que te cante limeña, Elvis, Chuck, después los Beatles y tampoco es cosa de hacer una lista de lo que no, en tiempos de mudanza templanza que decía un santo, paciencia de santo también se decía, la que tengo, aquí, ahora, rodeado de obras, que retumba la casa, que no me concentro, que no puedo contestar como quisiera, o no, que el tiempo es regular, cuando llegue julio todo será maravilloso, luego otra vez el invierno, muy largo, no sé si tendré jazz, conciertos, añoranza de valses sin Viena, mis amigos desmemoriados, los amigos de mis amigos no siempre son mis amigos, estar tanto tiempo lejos de donde suelo, resistiré, a la vuelta, aunque Neruda sabe que el que vuelve nunca se fue, me dedicaré a la purga, a borrar las pintadas en mis paredes, a suprimir nombres huecos, a plantearme lo que merece la pena, el sentido de la vida, que estoy, no sé, paseando por esos montes, cantando a voz en grito y me muerde el sentido de la vida, como un perro enfadado, en la nuca, joder, tanta tranquilidad no debe ser buena, incapacidad de aceptar que esto es la felicidad, no desear nada más que lo que tengo, disfrutar cada segundo, exprimirlo, comerme los días en un festín de nada y así sea, paz y paisaje, pan, luz, agua, amor en una mirada limpia para ver más allá, dentro, esto es todo lo que hay, todo lo que me voy a llevar para los recuerdos cuando no, cuando ser una estrella del Rock solo sea lo que nunca pude ser, pero sigo cantando, sigo bailando, ¡Eh¡











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