Txalaparta (1965) Remigio Mendiburu


miércoles, 30 de noviembre de 2022

Reality ruins everything, Mark Bryan

 

Reality ruins everything, Mark Bryan

No se vayan que aún hay más. Enseguida, mañana mismo, vendrá otra historia, con otros protagonistas, otro argumento, pero entre tú y yo es difícil inventar romances zíngaros teniendo en cuenta lo que ha llovido, lo que está lloviendo y lo crecido que baja el arroyo de la vida. La riada se ha llevado el puente.  

Hasta aquí, que otra cosa es por qué dejo estas incoherencias siguiendo un hilo imaginativo, imaginario entre ahí y aquí, que vaya usted a saber dónde es, o sea dónde estás ahora tú que lees y si te interesan estas historias. 

Pues eso.


martes, 29 de noviembre de 2022

Ay que risas

 


Reírme, nena, quiero reírme a carcajadas, que ya está bien de contar tragedias, parezco un artista griego con la máscara del llanto cosida a la cara, con ropajes negros hasta los talones, con los espectadores moviendo la cabeza a derecha e izquierda, con pelícanos volando, estrellándose contra la superficie del agua, peces por debajo, un pulpo gigante de ganas que tengo de absorberte con mis tentáculos rojos, con mis susurros verdes, con saltar a la comba de un arco iris, un tesoro en el extremo, una playa en el otro, tú enterrada entre almohadas, sonriendo. Un momento, que tengo que bajar corriendo a devolver el vídeo, aunque el aire es gélido y los gatos sonríen inclinados sobre un papel con raspas de pescado. Luego sigo, ahora solo quiero reírme.

lunes, 28 de noviembre de 2022

La muerte siguiendo al autobús

 


Oye, no es fácil asumir que te mueres, estás tan bien, cantando, asomado al balcón, fumándote la mañana y esa señora de negro de la casa de enfrente es la muerte. Como en las películas te mira, te mira y no es interés, no, es que estás en la lista, tienes el número doce y van a dar las once en el carillón del ayuntamiento.

Vaya días, esa señora que dije, digo, Diego, en un aeropuerto y yo en otro, vuelos equivocados, aviones volando bajo, miedo a volar, niebla en Newark, lluvia en Roma, no hay aeropuerto en Bilbao, anoche lo borró ese mujer que nos mira, tan seria. Miro y remiro en las esquinas por si nos sigue.

Bella, te cuento también que llevo colgado tu peso en mi sexo. Duele, sé lo que me digo, dije, pero estoy disfrazado y ese del espejo convexo no soy yo o ya no me reconozco.

Por cierto, hermosura, empiezo a tener miedo ¿estás segura que no nos ha visto subir al autobús?

Corre, corre.




  

domingo, 27 de noviembre de 2022

Pirámide azul



En esta parte del olvido, en una parcela sin preguntas, en un reino sin fronteras, estamos sin estar, somos sin ser. Las viejas vírgenes elogian a partes iguales la castidad y la importancia de la ignorancia. Dejan simientes de alegría y estudian farragosos tratados sobre su naufragio. Sin saberlo siguen la senda de Knut Hamsun, su resignación melancólica relacionada con la pérdida de la juventud. Las miro sintiéndome al otro lado del mundo. No me identifico como de la misma especie. Soy un vegetal, ese brote verde a los pies del volcán, tú lees con paciencia de penitente esta mezcla de vaya usted a saber y mi pecho de cristal. Pues eso, digamos que esta es la urdimbre, el resto se va incrustando solo. Algo así.

sábado, 26 de noviembre de 2022

Al viento

 

Shopping at a British meat market during rationing

(Cornell Capa. 1951)


Antes de las manos enlazadas sobre el mantel no éramos, quedaron inmóviles los pájaros en un cielo gris, llenas las iglesias de hombres enlutados, equilibristas entre las riberas del resplandor y nada. 

La edad se tendía sobre los signos como hormigas y grisú, ardía la voz pero, en lo oscuro, el silencio construía túneles de tu corazón al mío.

Dejabas tus cabellos al viento.

viernes, 25 de noviembre de 2022

Natalia Litvinova.

 


Subí al tren,
tenía diecisiete años
pero parecía adulta
con las ojeras
y el mechón de canas
que intenté esconder.
Los trenes de larga distancia
son hermosos como una manzana,
cuando arrancan, los vagones
parecen cáscara que se extiende.
Miré el bosque que galopaba
al lado de mi ventanilla;
cada tanto, desde los arbustos,
aparecía alguien: una anciana
con el balde lleno de leche,
un potrillo desbocado
que huía
como yo.

Natalia Litvinova. 

jueves, 24 de noviembre de 2022

Abbey of Saint Wandrille, France, 1978 - by Pierre Le Gall (1948), French

 


Sobre las mareas rutinarias de los días no llega el barco de ningún mesías, aún no atraca, no todavía, no traerá esperanzas de un más allá que inventamos para hacer llevadera la espera, para hacerla blanca.

Los fantasmas del inconsciente están sentados en el quicio de la nuca, esperando.

Los mayordomos que sostienen los candelabros de la razón también esperan.

Nunca se abre el portón por donde aparecerán los ángeles portadores del significado de la vida, las claves, la solución, el lleno eres de gracia, no.

Es absurdo, lo sé, pero a pesar de todo seguimos esperando.


miércoles, 23 de noviembre de 2022

Cabo de Hornos

 

Eduardo Arroyo, "Dichosos Quien Como Ulises", 1977

Be happy. Hierba con la que el viento juega, no vuelvo de Ítaca como un héroe hermoso, no, que ni siquiera he vuelto, es más, ni siquiera he ido, viaje (interior) pendiente, orquídeas olvidadas sobe la repisa de mármol.

Tengo una incómoda pereza por empezar a plantearme todo de nuevo. Lo de quién soy, dónde voy, de dónde vengo. Vengo desde tus brazos, no sé hacia dónde voy. Ni siquiera sé si esto es verdad, que siempre he dependido solo de mis brazos, de mi esfuerzo, con los sentimientos domesticados, hoop, saltaba una emoción desmemoriada, brincaban los suspiros por el aro. No me lo creo ni yo,  el amor es una bestia salvaje que te devora, es imposible controlar la marea del corazón, que la corriente te lleva aguas abajo hasta desembocar en el mar alborotado del cabo de Hornos, el fin del mundo, no hay nada más allá, el océano del alma cae al vacío de la existencia. Quién no ha amado hasta romper su cordura no ha vivido. Doctor, me duele aquí, y señala con el índice un lugar indeterminado entre el cerebro y los pulmones. Duele el amor, duele, como los mordiscos de cien nutrias en la ciénaga del crepúsculo que atisbo desde el altar de este silencio de principio de la nada (justo el borde).

Impulso de los días, razón de vivir, pasan las semanas y las fronteras, las aduanas, llegará Navidad (no queda nada), todos se irán, hoy Ítaca no existe, ni los Cíclopes, solo existe la negrura deshojada del hoy, este tantear las paredes de lo que hay, el viento de la rutina que nos azota como a un arbusto entre las piedras, esto. A partir de ahora es lo que tendré  ¡No!

Este es un aviso para navegantes, la vida sigue y trazo una raya de aquí hasta el horizonte, no sé si ir nadando o con un báculo milagroso trazar un sendero por el fondo submarino, caminar por las calles de una ciudad sumergida. Voy, sí, voy y allí os espero, con el dolor de la hierba cuando llueve. Be happy.

martes, 22 de noviembre de 2022

Hipocondríaco.

 


La noche pasada he sentido un fuerte dolor en el pecho, físico, intenso. 

También miedo.

Ahora, de día, ya estoy tranquilo, sé que puedo ser frágil.
Además de un hipocondríaco de mucho cuidado.

lunes, 21 de noviembre de 2022

Janette Beckman

 




Sopla con fuerza el otoño en la región del recuerdo.

Angustia de no ser y de haber sido, angustia de ya no y de tanto tiempo, angustia de enfrentarme cada día al qué dirán, dejando lo que soy en un cuenco bajo una lluvia de perfidia, con una vela que apaga el viento, este de hoy que se lleva los balcones, las señoras asomadas a sus vidas, la doncella a la que alborota el vestido, las chimeneas con el humo de mil fuegos, las tejas que defienden el pudor de tantos techos y lechos vacíos, el mudar del tono de la alegría, los bandoleros de la política, un adolescente sentado en la cornisa, lo póstumo, yo.

Y así.

(No lloren que es solo palabrería)

domingo, 20 de noviembre de 2022

Aïda Muluneh

 


Es este un extraño lugar sin sitio en los mapas, sin marcas amarillas en el suelo, sin señales que orienten, un lecho en el jardín, ciruelas sobre un cojín de plumas, una silla abandonada bajo el laurel, una yegua negra junto a la muralla, me he perdido, tanto hablar, no sé qué más puedo añadir ahora.

Por favor, ¿puede indicarme la salida?

sábado, 19 de noviembre de 2022

©Anna Boyiazis,

 


¿Me ves?

Soy ese que hace señales desde el escenario.

A esta película se le ha borrado la banda sonora, los ángeles pasan sin quedarse, las guitarras han enmudecido y solo queda hacer muecas, gestos, arrugar la nariz, subirse a un tren de madrugada y adivinar los puntos cardinales mientras sumamos estrellas y alguna constelación que otra.

¿Me escuchas?

viernes, 18 de noviembre de 2022

Courtesy of Hong Kong Free Press

 


Este es un extraño reino con un rey preparado y otro alejado (del reino), con varios bufones tristes dando volteretas ahora que todos se han ido y el castillo arde ahí en la altura, con los arcos derrotados, con tapices enrollados bajo el portón a ninguna parte, con dioses antiguos vestidos de aire y se ha derramado la leche, madre, los perros hambrientos lo celebran.

Aquí es donde, aburrido, vivo.

Hay lugares peores.


jueves, 17 de noviembre de 2022

Courtesy of and by Emma Myrtle.

 



En la aurora llegan trenes silenciosos a esta ciudad provinciana amenazada por la oscuridad que oculta los jardines, los monumentos negros, los carteles del no, los últimos restos de cordura

Llueve, no se borrarán los laberintos pero llueve, se desgobierna la piel y solo quiero buscar otra piel por los suburbios, allí donde los que perdieron agitan la alquimia como una solución miserable, quiero sofocar el fuego, hacer cuadrículas amarillas en el libro de los ladrones de la alegría. 

Anoto los milagros.

miércoles, 16 de noviembre de 2022

© Brent Stirton

 


Con la mirada tiznada me despierto en un territorio oscuro entre hierbas y gruñidos, piedras y arbustos, huele a cebollas, se escucha el mar, no recuerdo quién ganó la batalla, hay toros en el límite del horizonte, ignoro mis pecados, ya he estado en un lugar así, antes.


Puede que no sea un sueño.

martes, 15 de noviembre de 2022

© Joseph Akel

 


Bajo los soportales, mirando la lluvia, sacando la lengua para atrapar las gotas, las palabras secretas (se me juntan las teclas, se me está olvidando escribir, mi memoria advierte esa desdicha), no contesto los correos, no abro las ventanas, se me está llenando la casa de humo, resbala por mi cerebro, estoy abúlico en la resaca, pego por las paredes carteles con los nombres de los desaparecidos, con las fotografías de sus rostros medio borrados, con ramos de margaritas a los pies de las estatuas, con caballos por las alamedas que llevan al alba, con el aceite derramado.

La noche cae de súbito sobre los amantes que duermen en el mármol.

Y el reloj.

lunes, 14 de noviembre de 2022

Space Signs Number 3 by Robert S. Neuman




Dilato el espacio y el tiempo, siembro aquí poemas, cuentos, me cuento, me invento, desde el pico de los pájaros del Bierzo bordo historias tristes (otras veces alegres), dejo horas y amor que me palpita en los dedos cuando pasan por una espalda desnuda (quién dice espalda dice corazón, quién dice corazón dice un punto indefinido entre el alma y el ombligo), dejo también colores que robo bajo el agua abolida, ladrón sumergido en el Abra pintada de luces.

Así siento los días, llenos de luz, gozosos, radiantes, me estremezco en la alegría y los relámpagos.

¿Puedes oírme ahora?

domingo, 13 de noviembre de 2022

Courtesy of Zahorian & Van Espen

 


No sé qué día es,  todavía no es hora de acostarse, es una tarde cualquiera, por la ventana entra una tibia luz.

Aún no son las seis y media pero anochece tan pronto...

Bajo los soportales de la Plaza Nueva hay una muchacha que huele a claveles fragantes, que come castañas sentada en un banco verde y llena de sueños el caminar de los adolescentes.

Lo sé, nadie me invitó a esta fiesta en una ciudad al otro lado de aquello, lo acepto.

Puede incluso que no haya fiesta y esto sea solo una reunión casual de transeúntes apresurados que dejan su tarjeta de visita en una tienda de ultramarinos y se quedan el tiempo suficiente para soplar las velas, oler las flores y decir eso de qué bueno era y siempre se van los mejores.

Digamos que es así.

Digamos lo contrario.

Digamos lo que digamos siempre alguien estará sentado fuera del círculo, con los gatos, con ángeles que tocan el clavicordio ahora que la vendimia terminó y Celentano canta tan raro.

Hoy es domingo (solo había que mirar el calendario).


sábado, 12 de noviembre de 2022

Subida al Pagasarri (1954)



Entre 1920 y 1980 el motociclismo adquirió en Bizkaia gran notoriedad. Carreras de velocidad, dirt track, subidas de montaña, motocross, rallyes de regularidad, gimkhanas, trial y, con menor presencia en las carteleras deportivas, pruebas de todo terreno y partidos de motoball. Bilbao vivió un clima de fervor motociclista desde 1926 a 1972, naturalmente con el paréntesis de la guerra civil. Fueron tiempos de gloria compartidos con Aragón – la Federación Española se creó en Zaragoza bien mediada la década de los años 20-, Cataluña y Madrid. Así que el País Vasco fue abanderado del deporte de las dos ruedas. Fue la época dorada de la Peña Motorista Vizcaya –luego conocida por RPMV al serle concedido el título real-, que en 2023 se convertirá en entidad deportiva centenaria. Directivos, jueces, pilotos y empresarios pusieron a esta sociedad del motor a la altura de las grandes organizaciones junto a la Penya Rhin, Real Moto Club de Cataluña, Real Moto Club de España y Moto Club Aragón. Con el afán de ofrecer actividades novedosas y multitudinarias, la RPMV decidió organizar la primera Escalada al Pagasarri en el alejado otoño de 1954. La iniciativa tuvo mucho eco en los periódicos y radios, y los responsables del noticiario cinematográfico NO-DO desplazaron de Madrid a Bilbao todo un equipo para seguir la prueba. Los días anteriores al 14 de noviembre diluvió, y truenos, relámpagos y… centellas se sumaron a la fiesta, por lo que el piso de la ascensión al Pagasarri estaba muy embarrado y resbaladizo; era puro y espeso chocolate. Por si fuera poco, varios desprendimientos de rocas y tierras dejaron una ruta sembrada de obstáculos extra. Pero el día de la prueba lució un sol otoñal y algunos de los espectadores presenciaron la escalada en manga corta. ¡Qué contrastes!. Se inscribieron 12 pilotos - la mayoría vizcaínos- para hacer los 4.700 metros del recorrido, desde la salida a la cima situada a unos 800 metros de altitud. El día de autos, en este caso ‘el día de motos’, miles de personas bien abrigadas y con calzado para la ocasión se situaron en los laterales de la subida. El público comentaba que difícilmente alguno de los motoristas llegaría a lo más alto. Las condiciones del terreno eran pésimas y pronto surgieron caídas y averías. Tal era el lodazal que algunos corredores debieron hacer tramos a pie, llevando las motos de manera sufridora. Alguna motocicleta, descontrolada, cayó y retrocedió hasta 10-12 metros; otras quedaron deshechas. Los pilotos tuvieron que hacer acopio de paciencia y valentía para afrontar las rampas empinadas del ‘Paga’. Seis corredores alcanzaron la cima extenuados, como muñecos rotos. Unos tragos de agua, cuando no unos de café caliente, les hicieron sobreponerse a la cadena de adversidades. Juanjo García, un clásico entre los clásicos de aquella época, fue el primero en la meta al invertir 10 minutos 17 segundos, en tanto Elicesio Sabugo llegó en 15:52 y a Nicanor Blázquez los jueces le cronometraron 17:38. El gran Amán Sabugo terminó por encima de los 23 minutos, Pedro María Martínez en 34:07 y sexto fue Prudencio Urbina (57:54). Así pues, el vencedor invirtió poco más de 10 minutos y el último de los clasificados casi una hora. Al día siguiente de la Escalada al Pagasarri, la RPMV lanzó un comunicado dando las gracias al industrial bilbaíno Pío Peciña, patrocinador de la prueba; a NO-DO que realizaría un reportaje para ser visto y escuchado en todos los cines de España (pudo verse en las pantallas el 22 de noviembre) e igualmente expresó su agradecimiento al público “por su ejemplar comportamiento” y por aguantar mecha, a ratos paraguas en mano y otros guardando la verticalidad ante el acoso del viento. Sin duda, deberíamos aplaudir, aun con el paso del tiempo, a aquellos titanes de las dos ruedas. Coraje de vizcaínos.

(Ernesto Díaz Pérez)

https://www.youtube.com/watch?v=aq1mt1sa5zk


(Mi padre con  la moto número 23)


El caso de las fotografías desaparecidas



Los araucanos dicen que la palabra escrita se pierde, la palabra oída dura para  siempre. Lástima que aquí solo pueda escribir, perderme en  textos largos que al final no dicen nada. Por eso los acompaño con música que escojo y cambio con frecuencia. También con imágenes que me prestan de aquí y de allá.

Aquí viene el problema, en las últimas semanas desaparecen muchas de esas imágenes que acompañan a los textos. De un día para otro se van, se vuelven invisibles. Están ahí, veo su huella, los comentarios que suscitaron, pero aquella foto que colgué con mimo ya no está.

No, no es afán de cambio, desaparecen por sí mismas y debo subir otras nuevas.
¿Será el espíritu vengador de los fotógrafos agraviados? ¿Será la carcoma de la bitácora? ¿Qué será, será?

Estoy vigilante.

Ignoro si también os pasa a vosotros/as.
Ignoro tantas cosas.
Por ignorar, ignoro incluso qué demonios hago aquí hace tanto tiempo.

Me aburro.

Armando Buscarini (Ezcaray 1904-Logroño 1940), escritor (?) maldito, escribió algo así: La vida me ha regalado bellezas, muchos crepúsculos han iluminado la estepa sombría de mi infortunio; pero siempre, como en las páginas Bersognianas, el encaje de la ola una vez diluida en la mano del poeta era una pequeña parte de sal. Mi airón es una túnica desgarrada por lo tortuoso de la vida cruel; un silencio tenaz oculta el drama de mi éxodo; pero sobre todas mis desesperaciones hay una risa de oro, hay esa esperanza que duerme en mí y que como una paloma blanca me traerá un día de luz el salmo de Resurrección: el salmo de los estíos eternos.

En realidad no sé si tiene algo que ver con lo que me ocurre en este caso de las fotografías que desaparecen pero me ha parecido oportuno colar esa frase.

Por si fuera poco añado esta otra de Breton: "Heme aquí, en los corredores del palacio en que todos están dormidos. ¿Acaso el verde de la tristeza y de la herrumbre no es la canción de las sirenas?"


Y me quedo tan ancho, a pasarlo bien.

viernes, 11 de noviembre de 2022

Puntillosa



Una persona, detective, memoriosa, curiosa, puntillosa me ha preguntado si “lo de ayer” no lo había  publicado antes. Me ha emocionado. Agradezco mucho su interés. No pasa nada. Todo está en orden desordenado. Escribir debe ser un goce. O no, yo qué sé. Antes es solo un concepto. Ahora es esto que acaba de pasar para llegar al siguiente ahora y así continuamente hasta que no pero tampoco es cosa de ponerse serios. ¿que si repito escritos antiguos?, posiblemente sí. O no, esto tampoco lo sé. A veces no sé si soy yo, el que era o este señor mayor de ahora. Ya lo dice Rafael Cadenas. Esto es una comunidad de bienes. Si vienes y lees, perfecto. Si te ha gustado, mejor. Si no, te devuelvo el dinero. Lo intento, lo juro, cada día, lo nuevo y lo viejo. Hale, a por uvas.



Repetirse, repetirse, repetirse, y vivir ¿dónde es?
¿Quién sabe ceder el paso al deslumbramiento como el que se siente incumplido?
Ser a lo vivo, amor real.
.

- Rafael Cadenas, premio Cervantes 2022

jueves, 10 de noviembre de 2022

Dibujar flores



Dibujar flores a la soledad, arrancar las malas hierbas de lo cierto para espantar  los fantasmas que se pasean por los oscuros corredores de los días.

Lamer los espejos con lengua bífida, azogarnos.

Musgo en la memoria, sobre los escombros del edificio de lo que nunca fue.

Inventar el pasado entre interrogantes como colmillos, entre bostezos.

En vivir así no hay nada legendario, heroico, solo rutina de insomnios. También angustia, el miedo a morir, la vaga presencia de un dios mezcla de imagen de retablo y respeto atávico, necesidad de que todo no sea esto, solo esto, juventud perdida, dolor de articulaciones (en concreto la rodilla derecha), enfermedad, esa dama de negro lleva una guadaña y nos mira.

 

(Hoy estás optimista ¿eh?)

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Yolanda Pantin



 SÓLO VEÍA UNA CARRETERA POLVORIENTA

como el calor me sofocaba dije basta
y me senté de cara a la ventana
para refrescar mi cabeza que tiritaba
al igual que una onza de gelatina
Con el hilo del sudor
hice un collar
para apretarme el cuello
además
las noches eran tristes
y rojas
tanto
que me dediqué a soñar con lo ojos abiertos
Sólo veía una carretera polvorienta
Eran noches nostálgicas
Te dije ahógame
y como no había cuerda
y el hilo en el cuello era invisible
juraste amor eterno
me hiciste una escena de celos

Luego lloramos en voz baja
para no despertar a los niños

Yolanda Pantin 

martes, 8 de noviembre de 2022

Empieza el frío

 


…Empieza el frío, el camarero me mira con sospecha porque es la tercera ficha que le pido para llamarte. Me prepara otro gin tonic (este con menos ginebra y más hielo, tal y como le dije la primera vez, que no se entera, coño) y lo deja sobre la mesa con su cara de pájaro, sus modales toscos y mi certeza de que en realidad es un perseguidor de esas muchachas rubias que gesticulan delante de escaparates con vestidos imposibles, estampados con flores (de azufre, muy raras, sí). Le vigilo (al camarero) a través del espejo con llamaradas de noche y sonrío (sí, para que se confíe, estoy a punto de darle pegarle cuatro gritos, tú sabes).    

No (te) llamo, llueve y vuelvo a casa mojado hasta los huesos. Este que soy, el que conozco, se asoma a la ventana (la del comedor, la de las cortinas azules). Justo en la esquina de la calle te escucho cantar desde la casa de al lado, tu dulce voz (como de recitadora de pliegos de cordel) interrumpe mi nostalgia ciega. Vuelvo al bar (ese inútil camarero pagará mis frustración, lo juro)…  

lunes, 7 de noviembre de 2022

Teorías sobre la inspiración,

Walter Martin  Cleaning Jesus, 1939


Escribir sobre cómo escribir, o de qué.

Buscar una teoría sobre la inspiración o cómo conseguirla.

Influencia de la letra L.

Seguir el contorno oscuro del recuerdo.

Pretender mirar el mar desde el fondo de un clavicordio.

Buscar un color que sea una suma de colores espirales.

Representar a un personaje que representa a un personaje que solo sabe representar a un personaje que se obstina en trabalenguas.

Dormitar con un frágil poema entre los dedos.

Envidia de un gato soñando ser perro que quiere ser hombre.

Mercadear una premonición mineral con un diablo semidormido en una esquina del imperio.

Avaricia de la letra T.

Pasar páginas hasta llegar al capítulo cinco y saber que ni con el soplo de un ángel clandestino se puede conseguir la inspiración literaria de Cortázar cuando escribió Rayuela.

Por ejemplo.

Seguir, seguir.

Obstinación en la letra I.

Sin embargo la S…

domingo, 6 de noviembre de 2022

El dolor

 

Charles Hewitt. A London Taxi-Driver. 1950


Sin el candil del dolor languidecen los poetas. Sobre todo aquellos que creen que hambre es igual a Knut Hamsun,  los que se conocen al dedillo los recovecos de la falsa melancolía, el rumbo de Samuel Beckett, la Pasión según San Mateo y los silencios de Björk. Saben estas y otras cosas pero solo consiguen transmitir  su tedio. Aún peor, dejan una monótona sucesión de esto era cuando era, su ahora está detrás de una máscara sin ojos. Un aburrimiento.

Los poetas sin candil no conocen el dolor y así sale lo que sale. Exponen su obra en el balcón, detrás de los tiestos con geranios y claveles. El arte no tiene la piedad, aunque se disfrace de porcentajes y cifras, aunque lo adorne con la sinceridad de una mentira. El dolor, ahí está la inspiración.

sábado, 5 de noviembre de 2022

La Plaza Nueva

 

Adrian Ghenie (Romanian, b. 1977), The Descent, 2003.

Parker está sentado en una terraza de la Plaza Nueva.  Mira a una mujer que fuma un cigarrillo tras otro.

Bajo los soportales, desde una región aún no perdida de la infancia, pasean ejércitos de hombres y mujeres heridos por el exceso del pasado, con la congoja perdida en el pecho, habitantes para siempre de otro margen de la vida. Los ve pasar y trata de adivinar, este sí, este no. Aquellos que escriben. Y los que no.

No los distingue bien.  Escribir se ha convertido para él en un ejercicio inútil, una búsqueda ensimismada entre qué decir y cómo, para terminar no diciendo nada. Lo reconoce.

Sentado en una terraza de la Plaza Nueva Parker pide otra cerveza. Imagina, piensa, busca historias. La mujer que fuma  se va. Se levanta y sigue sus pasos, quizás ahí encuentre la de mañana. Quizás.

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