martes, 30 de noviembre de 2021

No llores

  



El niño, sentado sobre las piernas de su madre, pasa las páginas de un álbum de fotografías.
Dos ancianos sentados bajo una parra, la mano de ella sobre la rodilla de él.

-Mamá, qué feos son-

En blanco y negro, un grupo de familiares sonrientes delante de una iglesia, están vestidos de fiesta, miran a la cámara con el desafío del grupo, unidos frente al viento que alborota las faldas y amenaza con hacer volar las boinas de los hombres. Al fondo el mar.

-Mamá, ¿por qué no conozco a nadie?

La humedad forma sábanas y banderas que nadie ve, se mece en el objetivo del fotógrafo, alborota el humor de los adolescentes en primer plano.
Un hombre hace un gesto burlón, sus brazos rodean a una mujer de cara triste.

-Mamá ¿quién es ese que te mira?

Un perro ladra a la cámara.
Una casa entre la niebla, por una ventana asoman una cabeza y una mano.
Un grupo de jóvenes posando entre las hortensias ocultan su cara con las manos, a un lado, seria, una muchacha morena regala una mirada más allá de la mirada.

-Mamá ¿esa eras tú? 

La madre acaricia la cabeza del niño mientras en la garganta sujeta un nudo de congoja. Quiere terminar y se mueve, nerviosa.

-No hay ninguna foto de papá. 

La madre cierra el álbum, toma al niño de la mano y se lleva las preguntas.

-Mamá, no llores. 

Fotos: Alexander Sterzel

lunes, 29 de noviembre de 2021

The Garden to the West of Wannsee.

 


The Garden to the West of Wannsee.  Max Liebermann 1920

Aún no amanece. Las calles están oscuras. No lo comentes, esta ciudad está llena de mentira y suciedad. El resto, la luz, es propaganda del gobierno. No hay pobres –nos dicen-, claro, no los hay, se mueren de falta de vino, de ausencia de arco iris, de incendios en los restos de rebajas en los grandes almacenes del viento.

Vamos a Cádiz, mi niña, que aquí no hay playa, que aquí nos miran desde detrás de las cortinas, que dicen que el año próximo se nos quemará hasta la boina de prosperidad, aunque todavía están colgadas, polvorientas, las bombillas de las últimas fiestas de agosto.

Quería ser torero, que toreo muy bien a la furgoneta del Paco cuando trae el pescado por las mañanas, al Isocarro del panadero, al perro gris de la señora Carmen. Quería ser boxeador, que hago la sombra como nadie, salto a la cuerda, busco el mentón con ahínco, lanzo ganchos de izquierda y derecha, doy golpes bajos como ninguno, me fajo en las esquinas con vocación de Legrá. Pero solo soy paseante y escribo en las paredes d´este blog, en muros desorientados.

El día nace por fin y miro y callo, colecciono música en una oreja –Radamisto, Haendel, ópera-, música en la otra – Dennis Wilson, el batería de los Beach Boys)- fotos para mi página, historias para contaros, hace demasiado frío, el cielo está negro, llueve y llueve, sin parar, añoro el cielo de Conil, único, espectacular, un atardecer casi me desmayo de tanta belleza, me bebo el martes, el viernes, quién coño me entiende, hoy escribo así, de lejos, intento sacar lo mejor de las horas, intento comprender qué diablos pasa, no, no entiendo (casi) nada, el mundo se está volviendo loco, poco a poco, no sé qué he intentado contar, stop, mi texto para hoy.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Impoluta (4)

 


Se besan sin saber dónde empieza el cielo, dónde acaba el infierno. Se besan de pie, con los ojos cerrados, con las manos cerradas. Se besan y a lo lejos se escuchan las murallas centenarias, derrumbándose, poblando el aire con un estruendo de argamasa y ciclones. Se tocan la piel y de los poros les brotan pequeñísimos animales dulces que miman cada rincón de brazos, caderas, muslos, un lento deambular de almíbar. Se tocan el alma y se mecen en pétalos de flores nuevas, gigantescas corolas, pistilos con embriagadores zumbidos de abejas. Se hacen uno y justamente entonces, a pesar de los coros de querubines que cantan con los ojos cerrados, del ritmo de cien palmeros presentidos al otro lado de la puerta, del calor de tres infiernos, del murmullo de un arroyo del Paraíso Terrenal, del Vesubio y del Etna, de Manhatan, ignoran que traquetean en el pescante de un tren sin regreso, viajeros a ninguna parte, refugiados en el trayecto de la soledad, habitantes de un mundo prohibido.

 

No pueden culpar a las serpientes.
Hablan recostados a uno y a otro lado del muro de las lamentaciones.

sábado, 27 de noviembre de 2021

Impoluta (3)


 

Aquí están, los infractores, nadie les mira al pasar pero mantienen la cabeza baja, caminan por el centro de la calle, esquivan los jardines y los jazmines, el sonido de los semáforos y el run run del tráfico, los ciegos recostados en las esquinas y los prejuicios como una roca negra y lisa imposible de escalar. Caminan y el mundo es un paisaje nuevo con personajes mezcla de pájaros y funcionarios con manguitos.

Abrir las ventanas al caliente viento del desierto.
O ahogarse en un remolino del oasis descubierto apenas ayer.

viernes, 26 de noviembre de 2021

Impoluta (2)

 



Por eso, para traducir el olor del viento, para que el recuerdo no se adelgace en los días sin sol de la primavera herida, vida gastada en trabajos de Sísifo, una larga playa, vacía, entiendo cada grano de arena, cada suspiro que sale de la pared de piedra que limita el mar, reino del sí pero no, del no pero sí, lanzo mi pena a la tercera ola, zamarreo el dolor y no es lo mismo, no cierro los ojos, no quiero dormir.

Permanecer insomnes, atentos, en vigilia.
O dejar que muera la zarza florecida.

jueves, 25 de noviembre de 2021

Impoluta (1)



Tan lento que parecía inmóvil, tan rápido que ayer ya era mañana, fue un milagro, esas cosas que no pasan pero, ay, cuando pasan ya no hay remedio, cuando se cruza el río del amor uno se moja, se empapa, sale chorreando al otro lado, mira y no hay regreso, ha entrado a otra tierra, otro clima, otras voces, un acento que antes no se entendía.

Y escoge eso.
O el silencio.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Calles oscuras

 



Calles oscuras, barrios circulares, nadie me saluda, a nadie saludo// ambulancias animando la avenida  con luces amarillas// la orquesta de borrachos silbando un vals, todos les oyen, nadie les ve// ese que baila, Juan, tiene cuarenta años (joder, parece que tiene muchos más)// los picaditos dan vueltas y vueltas, nos piden dinero con los ojos colgados en la nieve; // jefe, aparque aquí, que yo lo vigilo el carro// pasa una señora enjoyada, enlutada, envuelta en visón, -me llamó mala, Carmen, ¿te imaginas? yo mala, yo que solo le he hecho bien, yo-, pero llora, amargamente llora, la señora// me contratan en Mercadona, a media jornada, estoy muy contenta y se baja la falda, tan mínima, tan lejos de las botas negras//en esa esquina hay un grupo que vende lo que no se vende, hay un grupo que compra lo que no se compra// antes no había tantos extranjeros (defíneme extranjeros), antes no había tanta gente rara (defíneme rara), antes todo era mejor (defíneme mejor)// estoy perdiendo la capacidad de ver lo que veía y no son mis ojos, estoy perdiendo la capacidad de ver y viene otra ola gigante, la sexta,  hasta que llegue una tan poderosa que no quedemos  ninguno // es inútil que te compres un flotador con cabeza de pato, que ajustes calabazas al cinturón, esta ola nos llevará hasta más allá de las vías del tren//alto, debo poner en orden lo que escribo. Y lo que no// Hasta mañana. Tengan cuidado con el covid, con la gripe, con todas las gripes, con la lluvia, con el frío, cuídense.  

martes, 23 de noviembre de 2021

Lo que sé.

 


Cariño, con una pluma de ganso negro quisiera escribirte algo que tenga sentido, una carta plena de encuentros y cumbres, de aciertos,  de palabras que te encojan el estómago, que te llenen de cantos de planetas perdidos, de grillos sonrientes aun en agujeros negros, de rumores de amor, de peces saltando a estribor y, ya ves, solo encuentro  estas incoherencias, esta huida, esta sarta de frases como soplidos al viento, como carreras hacia dónde. Borro todo y diré solo lo que sé: te quiero.

lunes, 22 de noviembre de 2021

Cartas que vuelan

 



Inventar la historia, inventar al otro, reinventarnos, es decir lo nuevo, lo bello, utilidad de lo inútil, ahí está la palabra, asediándonos, cercándonos, la magia del deseo, desear el deseo, atrevimiento progresivo llenándonos de la música erótica de nuestros cuerpos recién descubiertos, construidos desde la imaginación, desde la necesidad, ser otros,  nuevos en cada gesto singular del intercambio de correspondencia, sin sellos ni sobres, sin otro cartero que gmail, cambiando un alfeizar por otro, ventana a un mundo con huertas sembradas de osadía, de espera, de ilusión, nerviosismo ante la tardanza en una respuesta, celos irlandeses, repetir los errores de lo cotidiano, posesivo afán de capturar lo inaprensible, reproches, ¿cómo puedes querer a una desconocida?, distanciamiento, agujero del adiós, peor, el silencio instaurando su reino implacable, totalitario, sabor tan amargo de lo que fue sin ser, otro hueco en el corazón, otro nombre perdido en la libreta de direcciones. Manual del cortejo en el diálogo de cartas aéreas.

domingo, 21 de noviembre de 2021

Diálogo (17)



Rick Bartow.


 Buenos días.

"Buenos días."

Hubo un día, aquel, en el que ya nada fue.
Desde ahí comencé a vivir en soledad.

No podía compartir el hastío, lo diferente, el miedo.

Sir irme, no estaba.

Supe, no sé cómo lo supe, que me habían engañado en los colores, lo verde era azul, lo rojo, amarillo y lo blanco una pura transparencia, se veía un más allá de ángeles daltónicos y dioses despreocupados.

También supe entonces, solo entonces, que nada tenía valor, que los números seguían un orden absurdo, que tres era más que siete, que el doce no existía, que el veinte lo habían inventado, que cero significaba la eternidad.

“Y eso, perdone la simplificación, ¿le ocurrió hace mucho?” 

Es posible que fuera una experiencia repetida, algo anterior, pero aquel día marca un principio, la salida, desde entonces nada de lo que ocurría me ocurría. Era actor y espectador, estaba y vivía pero no era, lo veía desde un estrado imaginario, apuntador sin libreto, director imparcial sin poder participar modificar lo que sucedía, aventurar lo que podía suceder.

“¿Y?” 

Entonces llegó el festín del amor. 

No puedo entrar en esa penumbra sin riesgo a contaminarme de nuevo.

“Siga”

No, por hoy es suficiente. 

Buenas noches.

“Pues vaya, me ha dejado usted con las ganas. Buenas noches.”

sábado, 20 de noviembre de 2021

CAPÍTULO 14

 




CAPÍTULO 14 


En el que ocurre lo que ocurre y los actores se refugian detrás de un biombo.

Prólogo. 

Veamos ¿qué tenemos?
Hay una maleta negra pegada a la pierna de un hombre con un abrigo negro sentado en una terraza gris donde llueven palomas, rutinas y esperanzas a punto de extinguirse. Cómo ha llegado a este lugar lo han contado ya.
Hay una mujer con una gabardina roja que viene recién peinada de amor y que se busca en ese al que busca. Su insistencia en esta actividad tan pesada también la han contado.
Luego están los lectores que conocen la historia, los que no y los que esperan su continuidad. Prescindiré de los de en medio y me centraré en los otros dos grupos.

Bien, estáis de suerte ya que estuve allí, lo vi todo, puedo contar cada detalle. Atentos, empiezo.


Parte 1. 

Plano desde arriba. La plaza Mayor casi vacía. Gritos de niños invisibles. Zureo de palomas. Las mesas perfectamente alineadas sobre las baldosas ajedrecísticas. Dos camareras aburridas, sin clientes. Un limpiabotas canturrea, ebrio de cazalla y soledad. El hombre del abrigo negro acerca más la maleta a su pierna, con la otra mano revuelve un café con leche que se enfría sobre la mesa gris. Cruza un ciclista montado sobre dos ruedas en su afán de perseguir su propia juventud. Una florista deja una estela de azucenas y desaparece por una esquina. Los gorriones alborotan las cornisas. Una anciana sacude una alfombra por la ventana, llora, a chorros. Un gato se aburre como un gato. Una mujer, sonámbula, con una gabardina roja, camina con lentitud y se dirige en línea recta hacia el hombre sentado. De los soportales ha salido un joven de pelo engominado y andares chulescos. Desde el ático miro todo esto, abrigado en mi sillón de jubilado, sin dinero ni ganas de pisar la calle, curioso por rutina, por falta de otra actividad mejor.

Parte 2. 


La cámara baja despacio y atrapa la actividad creciente en la plaza Mayor. Un hombre de facciones orientales toca el violín frente a un pañuelo blanco huérfano de euros. La mujer de la gabardina roja aprieta el paso y los labios, mira al hombre del abrigo negro, algo dice entre dientes. El gato arquea el lomo, se despereza y maúlla. Las dos camareras parlotean mientras pasan un trapo por las sillas. El limpiabotas se limpia la nariz. Una anciana riega sus tiestos de geranios y camelias. El hombre del abrigo negro ha visto a la mujer, se levanta, sonríe. Un perro viejo ladra y provoca una desbandada de palomas. La mujer de rojo tiende los brazos hacia el hombre de negro. El joven del pelo engominado lleva una navaja en la mano derecha. Lo veo, me incorporo y grito. Por un instante, el hombre, la mujer y el joven forman un triángulo detenido en el tiempo. La navaja describe un semicírculo de plata en el aire y se clava en el pecho del hombre del abrigo negro; los gorriones vuelan; el del pelo con gomina se lleva la maleta; las camareras chillan; la mujer de la gabardina roja se arrodilla y mira al cielo; llamo a la policía; justo en ese momento entra en la plaza una excursión de jubilados que sigue a un guía enarbolando un paraguas de colores; varias decenas de niños irrumpen con sus juegos, carreras, chillidos y ansiedades en el periodo de descanso del colegio en los bajos de la casa; un cartero colgado de su gran cartera sigue su camino sin mirar la escena; se acercan las sirenas de los coches de policía; cierro la puerta del balcón y enciendo la televisión; esta ciudad cada día es más peligrosa.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Gabriel Celaya / Blas de Otero.

 


Blas de Otero nació aquí al lado, Gabriel Celaya también nació aquí al lado, el mundo es tan pequeño que todos nacemos aquí al lado (aunque luego cada uno nos vamos hacia un costado, hacia otro, nos vamos).

En un tiempo me leí a Celaya de cabo a rabo, me gustaba su poesía clara, -social decían-, su fuerza, le entendía, era humano. También me leí a Blas (aunque para mi gusto hablaba demasiado de Dios). En aquel tiempo no hice la Revolución, estaba demasiado ocupado, buscándome. Sé que ya nunca voy a encontrarme, creo que ahora tampoco la haré. Lo dejo entre tantas cosas como tengo pendientes (si mi madre me escuchara llamar “cosa” a la Revolución ...)

Ahora leo a Celaya y, ay, con poemas tan rotundos no sé qué demonios ando leyendo en muros y blogs (con todos mis respetos). Mis excusas, que cada uno lea y haga lo que le venga en gana. Pero debemos saber que el invierno está preparándose, casi nos muerde los tobillos con hielo en las  madrugadas Por cierto, con frío y todo ¿qué hago escribiendo? Salgo, la vida está ahí fuera, que ustedes la/o disfruten.


Amigo Blas de Otero: Porque sé que tú existes,
y porque el mundo existe, y yo también existo,
porque tú y yo y el mundo nos estamos muriendo,
gastando nuestras vueltas como quien no hace nada,
quiero hablarte y hablarme, dejar hablar al mundo
de este dolor que insiste en todo lo que existe.

Vamos a ver, amigo, si esto puede aguantarse:
El semillero hirviente de un corazón podrido,
los mordiscos chiquitos de las larvas hambrientas,
los días cualesquiera que nos comen por dentro,
la carga de miseria, la experiencia —un residuo—,
las penas amasadas con lento polvo y llanto.

Nos estamos muriendo por los cuatro costados,
y también por el quinto de un Dios que no entendemos.
Los metales furiosos, los mohos del cansancio,
los ácidos borrachos de amarguras antiguas,
las corrupciones vivas, las penas materiales...
todo esto —tú sabes—, todo esto y lo otro.

Tú sabes. No perdonas. Estás ardiendo vivo.
La llama que nos duele quería ser un ala.
Tú sabes y tu verso pone el grito en el cielo.
Tú, tan serio, tan hombre, tan de Dios aun si pecas,
sabes también por dentro de una angustia rampante,
de poemas prosaicos, de un amor sublevado.

Nuestra pena es tan vieja que quizá no sea humana:
ese mugido triste del mar abandonado,
ese temblor insomne de un follaje indistinto,
las montañas convulsas, el éter luminoso,
un ave que se ha vuelto invisible en el viento,
viven, dicen y sufren en nuestra propia carne.

Con los cuatro elementos de la sangre, los huesos,
el alma transparente y el yo opaco en su centro,
soy el agua sin forma que cambiando se irisa,
la inercia de la tierra sin memoria que pesa,
el aire estupefacto que en sí mismo se pierde,
el corazón que insiste tartamudo afirmando.

Soy creciente. Me muero. Soy materia. Palpito.
Soy un dolor antiguo como el mundo que aún dura.
He asumido en mi cuerpo la pasión, el misterio,
la esperanza, el pecado, el recuerdo, el cansancio,
Soy la instancia que elevan hacia un Dios excelente
la materia y el fuego, los latidos arcaicos.

Debo salvarlo todo si he de salvarme entero.
Soy coral, soy muchacha, soy sombra y aire nuevo,
soy el tordo en la zarza, soy la luz en el trino,
soy fuego sin sustancia, soy espacio en el canto,
soy estrella, soy tigre, soy niño y soy diamante
que proclaman y exigen que me haga Dios con ellos.

¡Si fuera yo quien sufre! ¡Si fuera Blas de Otero!
¡Si sólo fuera un hombre pequeñito que muere
sabiendo lo que sabe, pesando lo que pesa!
Mas es el mundo entero quien se exalta en nosotros
y es una vieja historia lo que aquí desemboca.
Ser hombre no es ser hombre. Ser hombre es otra cosa.

Invoco a los amantes, los mártires, los locos
que salen de sí mismos buscándose más altos.
Invoco a los valientes, los héroes, los obreros,
los hombres trabajados que duramente aguantan
y día a día ganan su pan, mas piden vino.
Invoco a los dolidos. Invoco a los ardientes.

Invoco a los que asaltan, hiriéndose, gloriosos,
la justicia exclusiva y el orden calculado,
las rutinas mortales, el bienestar virtuoso,
la condición finita del hombre que en sí acaba,
la consecuencia estricta, los daños absolutos.
Invoco a los que sufren rompiéndose y amando.

Tú también, Blas de Otero, chocas con las fronteras,
con la crueldad del tiempo, con límites absurdos,
con tu ciudad, tus días y un caer gota a gota,
con ese mal tremendo que no te explica nadie.
Irónicos zumbidos de aviones que pasan
y muertos boca arriba que no, no perdonamos.

A veces me parece que no comprendo nada,
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro.
Lo real me resulta increíble y remoto.
Hablo aquí y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro.
Sonámbulo transcurro sin memoria ni afecto,
desprendido y sin peso, por lúcido ya loco.

Detrás de cada cosa hay otra cosa que es la misma,
idéntica y distinta, real y a un tiempo extraña.
Detrás de cada hombre un espejo repite
los gestos consabidos, mas lejos ya, muy lejos.
Detrás de Blas de Otero, Blas de Otero me mira,
quizá me da la vuelta y viene por mi espalda.

Hace aún pocos días caminábamos juntos
en el frío, en el miedo, en la noche de enero
rasa con sus estrellas declaradas lucientes,
y era raro sentirnos diferentes, andando.
Si tu codo rozaba por azar mi costado,
un temblor me decía: «Ese es otro, un misterio.»

Hablábamos distantes, inútiles, correctos,
distantes y vacíos porque Dios se ocultaba,
distintos en un tiempo y un lugar personales,
en las pisadas huecas, en un mirar furtivo,
en esto con que afirmo: «Yo, tú, él, hoy, mañana»,
en esto que separa y es dolor sin remedio.

Tuvimos aún que andar, cruzar calles vacías,
desfilar ante casas quizá nunca habitadas,
saber que una escalera por sí misma no acaba,
traspasar una puerta -lo que es siempre asombroso-,
saludar a otro amigo también raro y humano,
esperar que dijeras -era un milagro-: Dios al fin escuchaba.

Todo el dolor del mundo le atraía a nosotros.
Las iras eran santas; el amor, atrevido;
los árboles, los rayos, la materia, las olas,
salían en el hombre de un penar sin conciencia,
de un seguir por milenios, sin historia, perdidos.
Como quien dice «sí», dije Dios sin pensarlo.

Y vi que era posible vivir, seguir cantando.
Y vi que el mismo abismo de miseria medía
como una boca hambrienta, qué grande es la esperanza.
Con los cuatro elementos, más y menos que hombre,
sentí que era posible salvar el mundo entero,
salvarme en él, salvarlo, ser divino hasta en cuerpo.

Por eso, amigo mío, te recuerdo, llorando;
te recuerdo, riendo; te recuerdo, borracho;
pensando que soy bueno, mordiéndome las uñas,
con este yo enconado que no quiero que exista,
con eso que en ti canta, con eso en que me extingo
y digo derramado: amigo Blas de Otero.





jueves, 18 de noviembre de 2021

Perdón



Junto a la puerta del Perdón está el albergue, un laberinto de piedra y madera. Estoy en un habitáculo, junto a catorce inquietos desconocidos, tumbado en un mínimo catre. Detrás de las delgadas paredes llegan voces en italiano, inglés, francés, alemán y otras lenguas que no distingo. Tengo calor, frío, cansancio, hambre, sueño, me duelen las piernas, no puedo dormir. Encogido en el saco en posición fetal me pregunto qué hago aquí. Añoro el Hilton de Berlín y el calor del vientre de quién yo sé.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Que no te quiten la corona

 



La puerta de la  librería de la plaza Mina en Cádiz da entrada a un mundo que se resiste a desaparecer.   En su escaparate vi hace poco este “Que no te quiten la corona”. Fue un enamoramiento súbito.  En la faja alrededor del libro decía que tenía no sé qué premio, era igual, ya estaba cautivado. Al volver a Bilbao lo busqué sin éxito por varias librerías. Recurrí a la biblioteca municipal, allí estaba, aun no lo había leído nadie. Comencé a leerlo con la ilusión del enamorado. El primer capítulo, el segundo reafirmaron mis expectativas, este Yannick Haenel escribe bien, es culto, tiene una muy aceptable prosa poética. En los siguientes me empecé a desilusionar, Yannick se iba por los cerros de Úbeda, muy culto pero muy errático. Hacia la mitad ya estaba harto, las desventuras del protagonista que deberían ser pretendidamente graciosas o emocionantes o no sé qué, son un coñazo que solo le interesan a él. Lo he terminado por pura disciplina y porque, ya digo, escribe bien, es culto y tiene una aceptable prosa poética (a veces) pero lo que cuenta no atrapa, no seduce, no te importa nada, qué pesado, que le den (al protagonista). En definitiva, una desilusión.

martes, 16 de noviembre de 2021

Breda

 


Haz conmigo lo que quieras. Que es una frase que encierra toda una rendición de Breda, una entrega infinita, un tú empieza y ya veremos dónde terminamos. Que viniendo de la pasividad absoluta es como una bandera verde dando la salida del maratón a un tropel de corredores lujuriosos, impacientes, un salto sin paracaídas desde un avión a mil pies de altura, un quemar las carabelas  porque el regreso ya no está asegurado. Haz conmigo lo que quieras. Con los brazos en cruz sobre las sábanas, una redención, un sacrificio, los ojos abiertos, una presa rota y el agua inundando el valle, una res entrando a un matadero gozoso, o no, el riesgo, la confianza en el otro, otra, soy tuyo, soy tuya, fusilar a los desertores, dinamitar los puentes, tapiar las puertas y ventanas, dejar el cuchillo sobre la mesa. Haz conmigo lo que quieras. Esa frase inaugura una fiesta o un funeral, un derroche mutuo de goce y roce, un despeñarse por la decepción o un madre mía, ¿esto era? Y ya todo es acostumbrarse, un ¿a qué estaba yo esperando? Hace tiempo que no me lo dicen pero, perdona la curiosidad, ¿a ti te lo han dicho o has dicho esta frase alguna vez?


lunes, 15 de noviembre de 2021

Furia

 


He leído “Furia” de Clyo Mendoza

¿Te ha gustado?

Sí señor, o señora, es original, duro, a veces poco comprensible, poético, caótico, reúne historias que vienen de la tradición oral, que hay contar para que no se pierdan. Me ha gustado. Tiene una portada horrorosa.

¿Hay que leerlo?

A mí que me pregunta. Lo he leído porque Clyo es bella, de Oaxaca, porque me llegaron buenas críticas, porque me lo creo todo, porque me da la gana. Simplemente digo que he leído este libro. A partir de ahí usted decide. Es duro, aviso.

Lo decía Joan Didion:  “En muchos sentidos, escribir es el acto de decir yo, de imponerse a otras personas, de decir, escúchame, míralo a mi manera, cambia de opinión. Es un acto agresivo, incluso hostil. Puede disfrazar sus calificativos y subjuntivos tentativos, con puntos suspensivos y evasivas, con toda la forma de intimidar en lugar de reclamar, de aludir en lugar de afirmar, pero no hay forma de evitar el hecho de que poner palabras en el papel es la táctica de un matón secreto, un invasión, imposición de la sensibilidad del escritor en el espacio más privado del lector ”.

Es posible que Clyo Mendoza haya leído a Joan Didion, o no, es posible que nadie lea esto nunca con lo que mi papel de matón secreto se quede en nada, es posible que leer sea un placer destinado ya a unos pocos nostálgicos, todo es posible menos esta necesidad insaciable de saber, de aprovechar el poco tiempo que va quedando, de mantener este quid pro quo en el que todos aprendemos. 

Vale, si lees “Furia” hablamos.    



https://www.milenio.com/cultura/furia-libro-clyo-mendoza-critica-condicion-humana



Joan Didion




domingo, 14 de noviembre de 2021

Menos de un minuto.

 



La vida sigue.
Tengo las pruebas.
Te lo puedo demostrar en menos de un minuto.

El cronómetro está en marcha.
Ya.

Los vigilantes de Cupido duermen, indiferentes al ladrido de los perros y al vuelo de las urracas.
Un hombre asa arenques junto a la tapia del cementerio.
A orillas del Guadalquivir, dos hermanas se debaten entre la curiosidad y la pena.
Aquel observador, fascinado, se refugió en la viña.
Mil carcajadas se clavan en el adolescente con acné y sueños rotos; o a él se lo parece.
Un fondo inhóspito de pararrayos y cúpulas ennegrecidas por la suciedad.
El perro zamarrea entre los dientes un guante blanco, sucio y roto.
Un cuadro con Aníbal cruzando los Alpes a lomos de un elefante; Aníbal no era zurdo.
Juan, vestido con ropas de mujer, mirándose al espejo.
Un beso.
La mujer sentada en lo alto de una torre tiende su capa a merced del viento.
Un verdugo rezando el santo rosario. Ora pro nobis.
Los ojos de la indiferencia, las trampas del juego, el azar del amor.
Una escala trepando hacia el cielo.
Un loco pesca debajo de una red.
El dulce aroma de las flores del engaño. Por favor, envíeme dos ramos a esta dirección.
Una tertulia alrededor de la mesa del mundo; se ha derramado el vino.
Los pájaros ladrones picotean en el maizal.
Una niña vestida de inocencia.
Un bombero apagando el fuego de su soledad.
Ese gato se está comiendo los arenques de antes. ¿Recordáis?

55 segundos.

Espera, espera, no vale porque se me ha parado antes de tiempo. ¿Estará estropeado?

Empezamos otra vez.

La vida sigue.
Tengo las pruebas.

¿O no?




Pieter Brueghel el Viejo

sábado, 13 de noviembre de 2021

Sobre escribir

 


"Examine ese fundamento que usted llama escribir; ponga a prueba sus raíces hasta el lugar más profundo de su corazón; reconozca si se moriría usted si se le privara de escribir. Esto, sobre todo: pregúntese en la hora más silenciosa de su noche: ¿debo escribir?"
.
Rainer Maria Rilke (Cartas a un joven poeta fragmento de la carta del 17 de febrero de 1902).


Jamás iremos juntos a París


 
 
Albert Watson. Lisa Kauffmann, Paris, 1986.



Eva Gabriela, jamás iremos juntos a París, ya no, pasó nuestro tiempo. No pasearemos tomados de la mano frente al número 5 de la rue de Lille, no me explicarás, paciente, que la vida no es trágica, sino cómica.

Veo tu/vuestra página y me parece un hijo descarriado, irreverente, que cambia las huellas y los signos, que no quiere reconocerse en un padre ausente, un símbolo de lo que no es, de un tiempo cerrado al goce, también al dolor, una aséptica mirada a un territorio extranjero, un contraste entre tu entusiasmo y mi indiferencia, una prueba del estertor de lo bello, del destierro, de cómo suplir una pasión por otra. Por eso ahora me río después de haber llorado tanto, cumplidos los plazos, tu transferencia, el vínculo de amor, ese amor-pasión en el lazo entre los seres lo has cambiado por otros seres, lejanos/cercanos, pintores, escultores, dibujantes de tu pasión, de tu ser íntimo, has cambiado la pasión del cuerpo por la del alma, ya no sé si tu cuerpo era también tu alma, tampoco importa demasiado. Ya no pasearemos por un Montmartre que tanto imaginé.

Sí, dudo que sigas leyendo, atareada en tu todo, tú eres ese todo y el resto es supervivencia, cosas nimias, comer, ver cómo rompen las olas en el faro de Arriluce, el estruendo de los estorninos en los árboles junto a tu casa, exageraciones, hablo sin la menor esperanza…persevero, no sé a qué viene esto, quizás a que hoy he pensado en ti después de mucho tiempo, he pensado que ya no pienso en ti, he pensado en la libertad de mis emociones, en suspiros, también en un plano detrás de otros planos que conforman una vida, otro tiempo, he dejado las nostalgias colgadas de un clavo, créeme, aunque quizás escribir así lo desmienta, no sé, casi nunca sé, vivo y digo, persevero, necesitaba escribir hoy, sobre ti, sobre una habitación luminosa, sobre un perro negro y lustroso, sobre la capacidad de empezar de nuevo, de aprender incluso de mi propia ignorancia, no sabía amar, comprendí que hacerlo proporciona infinito goce, mucho más que ser amado.

Manteniendo la mirada y las manos abiertas te digo, no me hagas caso, esa tu/vuestra página, que aplaudo, me parece la prueba de tu desamor, sin más. Y esta carta es solo la confirmación de que soy un estúpido despechado, rencoroso, reconcomido al pensar que me utilizaste, mi cuerpo, que jugaste con mi pasión y mi amor, mi candidez, mi entrega. Me siento ruin, injusto, al pensar que hiciste conmigo lo que tantas veces hice yo. Mucho más sabiendo que no es cierto.

Ahora te envío, como no, mi cariño y una sonrisa, mi disposición a que, aunque mi silencio sea lo natural, cuentes conmigo para aquellos mínimos resquicios en los que tu autosuficiencia no sea suficiente. También te beso.



viernes, 12 de noviembre de 2021

Ne Yoo (2)

 

Es igual dónde esté, la cuestión es otra.

  

Ne Yoo espanta a los murciélagos, pule las aristas de la piedra negra, lleva entre los dedos un reloj que no mide el tiempo.

Me gusta su pelo rojo y su mirada de luces.

Es una buena lectora, sí.

Pero –qué cosas- ahora que lo sé, no me apetece escribir.

  

Qué complicado.


jueves, 11 de noviembre de 2021

Lefee

 


Lefee, sentado, apoya su mejilla en la palma de la mano, a sus pies una lira rota.

  

Ne Yoo es una crítica implacable.

Lee y anota en el aire los errores, los por qué, los acentos, sopla y ya no hay nada, tacha, corrige y ni siquiera dice ah sobre mi trabajado //57-a//.

No tiene tiempo para otra cosa que no sea su vocación de oxígeno.

Pero recuerdo sus suspiros bajo el manzano.

De esto, de todo, hace mucho tiempo.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Ne Yoo (1)

 


Unas mujeres vestidas de negro barren el suelo de piedra con grandes escobas de palma.

 

 

Ne Yoo es una buena lectora.

Sé que me ha leído.

Desde aquel entonces casi cada día.

Los dedos de sus ojos entrando en las palabras, separando los nervios, los músculos, rozando el hueso, entrando en el corazón de lo que digo, de cómo lo digo, acariciando la masa gris de mi cerebro.

Desde lejos.

Antes esto me excitaba.

martes, 9 de noviembre de 2021

De Pestaña a Dylan

 

Parker llegó a Dylan (Thomas) desde Pestaña (Ángel) un librillo de propaganda política que le dejó una niña/mujer a la que amó demasiado. Entre medio, en busca del tiempo literario perdido, pasaron en tropel otros muchos autores, alguna que otra novia y Cortázar (Julio). Olé. Pasó también lo de una roca no llora, una isla no sufre,  el desdén de un furriel, un listo ilustrado, medio qué (no le dio dos hostias por su galón amarillo), las pastillas para aletargar el dolor del corazón desprevenido, la ginebra en las rocas, la gloria colgada de una percha, Neruda le prestó frases “como las huellas de las gaviotas en las playas”, también “que me traigan mil bocas que las beso” que cantaba en oídos temblorosos y aprender era lo suyo, lo esparcía añadiendo una o a la odisea, que vergüenza, Holiday, ya, que lo dedujo Parker, entonces, que Dylan Thomas era un señor normal, gastador, bebedor, deudor, sablista, que escribía en galés y que su poesía era, como poco, rara. Eso. Fragmento.




lunes, 8 de noviembre de 2021

Lola

 



Yo debí serrano cortarme las venas

Cuando ante los ayes de una copla mía

Pusiste en vilo mis carnes morenas

Con una palabra que no conocía.


No tengo capacidad (hoy al menos) para intentar convencer a nadie de que “Lola” (Movistar) es un magnífica serie que profundiza de forma amena, ágil, documentada, en la figura de Lola Flores como artista, como personaje y como persona. Quizás haya que haber vivido aquellos años para que te interese y se da la circunstancia que de aquellos años cada vez quedamos menos (al menos con memoria). A un servidor de ustedes (tampoco se pasen) no solo le está gustando sino que le está pareciendo muy interesante sobre todo por la persona y por el paisanaje de su alrededor.    


Lleva anillo de casao, me vinieron a decir,

Pero ya lo había besao, y era tarde para mí.

Que publiquen mi pecao, y el pesar que me devora.

Y que to's me den de lao,

Al saber del querer desgraciao

Que embrujó a la Zarzamora.  


La cuestión es que se asoció a la artista y a la persona con el régimen. En las provincias traidoras no te podía gustar bajo pena de excomunión. Y no te gustaba. Cuando solo había radio y todos pensaban lo mismo por fuerza mayor (cárcel y antes paredón) se escuchaba a todas horas, en tiempos de la única cadena de televisión se veía a menudo. Pero no podías decir que te gustaba, no estaba bien visto, aquí. Todos tenemos un aquí.

Así empezó mi ceguera.

Que no bebiese en tu pozo

Que no jurase en la reja

Que no mirase contigo

La luna de primavera.

Ya pueden clavar puñales

Ya pueden cruzar tijeras

Ya pueden cubrir con sal

Los ladrillos de tu puerta.

Ayer, hoy, mañana y siempre

Eternamente a tu vera

 

El tiempo pasa y la mayoría del personal abajo firmante no sabrá de quién hablo, ni de la importancia mediática que tuvo cuando eso de “mediática” no existía.  No importa, pasen y vean, una  serie muy interesante.



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