.-Pedro M. Martínez-.



jueves, 31 de diciembre de 2020

Agur 2020

 


Termina 2020./El año del confinamiento./Nadie predijo que esto podía ocurrir./Pero ha ocurrido./Así estamos.

Empieza 2021./Un año de esperanza./Os deseo lo mejor (que cada uno/a defina qué es su mejor)./Un abrazo.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Perdí la apuesta.



Hoy no tengo demasiadas ganas de escribir.

Nada.

Posiblemente tampoco tengo de qué.

Es este clima, tan frío, llueve y llueve. 

Está el estímulo interno, el externo, lo que ocurre, lo que no, malos tiempos para la imaginación.

 

Bueno, puedo  contar lo de la apuesta, lo del velero medio oculto entre la bruma de la Ría, el musgo en las escaleras de piedra, el bar Noruega lleno de marineros, la cerveza entre los estibadores del muelle, el humo, los gritos, las partidas de cartas, las copas de orujo sobre el mostrador, el frío fuera, nuestra sola presencia allí era un desafío, ella a mi lado, con sus botas altas, sin ropa bajo el abrigo de pieles, yo susurrándole mi deseo al oído, la nariz sumergida en su melena cobriza, las miradas turbias de alrededor, los hombres acercándose, remoloneando, blasfemias, miradas retadoras, frases obscenas, cuando se acercó demasiado aquel matón de taberna nos fuimos, volvimos al hotel, las risas, la noche amorosa abrigándonos.


Ella ganó la apuesta pero no me apetece contar ahora en qué consistía esa ganancia.

Quizás mañana.



martes, 29 de diciembre de 2020

Que ya no es nada.



Mujer, planeta extravagante, quién diría que alguna vez amé así, sin dejarme nada, entero, con las muñecas grabadas a cuchillo, con el sexo rendido, aislado en una torre extranjera, pobre de pedir, un paria, un alquimista que transmutaba tu sed, tu nunca, tu esperanza, un titiritero que te hacía reír, al que pegabas, menos que nada, el alma entregada, un esclavo que ganaste a los naipes, humo, un despreciable animal bajo la mesa, escondido a las visitas, tu secreto, malvada mujer con un hacha en las manos, presta a mutilarme la esperanza, a cortarme los pies, Diógenes en el tonel, oro del Perú, vino de Rioja, salud quebrada, alquimista de embustes, cocodrilos de ayer en ríos desiertos, fría armadura que crece en cada viaje a tu fuente, donde manan respuestas, donde te ahogas y salvas, donde vives, cementerio sin rastros de constelaciones, desplumado en un bosque de sueños, aterido, me saco la vida a cuajarones de la garganta, me rompo los pulmones al cantarte y nada, nada, vil juglar en este callejón apenas transitado, solo vagabundos como yo, un carro de paja, un collar de penas, muerdo mi mañana, mi ahora, el cordel que busca tu cuello, donde te besaba, vienen a buscarme, te escribo, mujer, a mi pesar, te amo, principio del placer que ya no es nada.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Router roto

 


Se ha roto el router y ando como un yonky buscando wifi por las esquinas. 

Maldito enganche. 

Disculpad si tardo en contentar. 

Volveré.


Philip Larkin

 


Los viejos tontos

¿Qué creen que ha pasado, los viejos tontos,
que los ha dejado como están? ¿Supondrán acaso
que se es más adulto cuando tu boca permanece abierta y babea,
y te meas continuamente, y no puedes recordar
quién llamó esta mañana? ¿O que, con solo quererlo,
pudieran cambiar las cosas y regresar a aquella vez en que bailaron toda la noche,
o fueron a su boda, o llevaron las armas al hombro algún septiembre?
¿O se imaginan que en realidad no ha habido ningún cambio,
y que siempre se han comportado como si fueran inválidos o tiesos,
o han tenido que soportar días de leve, continuo ensueño,
viendo cómo se mueve la luz? Si no es así (y no puede ser así), es extraño:
¿por qué no gritan?
Con la muerte, te disuelves: los pedazos que eran tú
comienzan a alejarse uno del otro, para siempre,
sin que nadie los vea. Es solo olvido; cierto:
lo tuvimos antes, pero entonces iba a acabar,
y todo el tiempo se confundía con el exclusivo empeño
de hacer crecer la flor de un millón de pétalos
de estar aquí. La próxima vez no puedes hacer
como que habrá algo más. Y estos son los primeros síntomas:
no saber nada, no oír a nadie, haber perdido
el poder de la elección. Sus caras muestran que están listos:
pelo ceniciento, manos de sapo, el rostro, como pasa, seco…
¿Cómo pueden ignorarlo?
Acaso ser viejo sea tener habitaciones alumbradas
dentro de tu cabeza, con gente que en ellas actúa.
Gente que conoces, pero a la que no puedes nombrar; cada cual surge
como una profunda pérdida recuperada, volviendo de una puerta conocida,
colocando una lámpara, sonriendo desde una escalera, sacando
un libro conocido de los estantes. O a veces simplemente
las habitaciones solas, con sillas y un fuego encendido,
el arbusto que el viento sacude a través de la ventana,
o la tenue simpatía del sol sobre la pared de una solitaria
tarde de verano en que la lluvia se ha interrumpido. Es ahí donde viven:
no aquí y ahora, sino donde todo ya ha sucedido.
Es por eso por lo que tienen
un aire de perpleja ausencia, como si intentaran estar allá
mientras están aquí, pues las habitaciones se vuelven más lejanas, y dejan
tras de sí un frío incompetente, el desgaste constante
del aliento que han respirado, y a ellos de cuclillas,
ante la cordillera de la extinción, los viejos tontos, que nunca perciben
cuán cerca está. Debe ser esto lo que los mantiene tranquilos:
la cima que se mantiene visible adondequiera que vayamos
para ellos crece del suelo. ¿Podrán nunca darse cuenta
de qué los arrastra, de cómo acabará? ¿Tal vez de noche?
¿Tal vez cuando los extraños vengan? ¿O acaso nunca,
durante toda esa espantosa niñez invertida? Bueno,
hemos de averiguarlo.

Philip Larkin


Los ojos más bonitos de la Red

 


Reina de las flores, desde nuestras últimas cartas he pensado en ti y sí, te tengo olvidada. ¿Cómo estás?, espero y deseo que bien. Mira, mi vida está llena de actividades, llena, llena. Este trasto (me refiero al ordenador) me lleva solo una parte, poco, pero genera tal cantidad de contactos que he decidido no “contactar” más de lo que contacto. No puedo, ya me gustaría, de verdad, sé que puedo parecer un maleducado, un capullo, pero he decidido quererme mucho, ser menos educadito y pensar en mí. La página, facebook y todo lo que genera no quiero que hipoteque mi vida, mucho menos cambiar lo real por lo virtual. Prefiero hacer el amor que imaginarlo; prefiero un beso de tornillo que cientos al final de un comentario (aunque los agradezco, claro); prefiero caminar junto a la Ría que visitar páginas y páginas (muchas muy interesantes, vale); prefiero tomar unos vinos con mis amigos (cuando se pueda), charlar, reírme que chatear; prefiero leer un libro que pasar horas sentado delante de una pantalla. Y no sé a qué viene esta historia que te estoy contando con lo salada que eres y comprensiva, que escribes con tanto sentido y sentimiento, ya te lo dije un día, los ojos más bonitos de la Red, amiga desde hace tanto tiempo, pues eso, que te beso aterciopeladamente, ea. Va por ti.

 

No sé para qué demonios te escribo esto tan largo si con decirte que te quiero mucho sería suficiente.

 

Te beso a rabiar.

 

Manolo.

 

domingo, 27 de diciembre de 2020

Niña sin brazos

 


Por inspiración de Isabel, a la que deseo toda la felicidad.


Me asomé a la ventana y sentada en un alfeizar vi a una niña sin brazos. Sonreía, ella. 

No recuerdo cuando fue, si ayer o en otro tiempo. Pensé: “pobre niña, no podrá abrazar a quién ama”.

Los días pasaron mientras ondulaba mis manos al paso de los trenes -los que jamás paraban- mientras de los árboles del jardín caían hojas amarillas y ella, otra, aquella, no volvía. Pensé: “pobre de mí, no puedo abrazar a quién amo”.

En este ir y venir de pensamientos volví a mirar por la ventana, la niña me sonreía y agitaba sus brazos. Me sorprendí al ver sus delicados dedos. Hablamos de balcón a balcón. Se llamaba Isabel y había venido volando desde una tierra verde de manzanas y peces, de montañas y genios escondidos entre las rocas.

Quiero lamer tus uñas –dije- y el nácar de tus dientes
“Ven, salta, sáltate”- contestó ella.

Medí la distancia, el muro del tiempo, el grosor de los cristales, la longitud de su risa, la lluvia de nostalgias que caía haciendo peligroso cualquier intento de asomar la cabeza al vacío sobre la calle que no cesaba de acumular bocas que gritaban, que llamaban, que decían cosas inconexas –cuchara, frío, oh, amarillo, crepitar, amabilidad, interferencia -. Me decidí por la cuerda, atada de ventana a ventana -¿dónde he leído esto?- con doble nudo marinero. Miré al cielo, me santigüé con la zurda y comencé el tanteo de equilibrista con los pies desnudos, la frente marchita y los ojos haciendo balancín sobre el hueco de las aceras que aplaudían el valor del miedo, el riesgo del volatinero, la audacia del inconsciente. Sudaba, sentía el salado sabor en la comisura de los labios, frío en los tobillos, advertía que a cada uno de mis pasos, Isabel y sus brazos estaba más lejos. Por eso salté, de cabeza, sin alas, girando en el aire en tirabuzones de trapecista herido, de pájaro escopeteado, de hombre lastrado por dolores de hombre.

Ahí quedé, sobre el asfalto, con los brazos en cruz, un hilo de sangre saliendo de la nariz torcida, una nube de espíritu Zweig, un hervor de meninges consumidas, la desilusión componiendo vendajes descompuestos. Caí, morí y a empezar de nuevo.

sábado, 26 de diciembre de 2020

Mercurio y cadmio

 



Mujer a la que canta el poeta con voces de mercurio y cadmio, abrigados sus ojos con luceros, nocturna soledad, sin aspavientos, sin gestos de oropel, sin más mentiras que el silencio, alterada de emociones, melancólica, fiel a las cadenas, resguardada de la lluvia en aleros de palabras, en edificios de voz, no escuches la injuria del cantor, no sus embustes, no la lanza de sol de sus miradas, quiere amueblar tu mundo con ternura, sin salmodia de brujas a lo lejos, crece el cielo, los continentes se alejan, se pierden en océanos rotos, helados, torrentes de estrellas, el aire poblado de alacranes, batalla de simios heridos de colores, un buhonero con negra faja de ausencia quiere venderte el nunca, te ha comprado la sonrisa y los papagayos se ríen en las nubes, no escuches más su canto, principio del placer que nos llenaba.

viernes, 25 de diciembre de 2020

Respira. Tú.



 …entre Demócrito y Heráclito prefiero echar una moneda al aire y esquivar el pico de los cuervos, el resuello de los zorros que corren con su roja y abultada cola por los campos nevados de este mes último, escribo para este día 25 en el que no lee nadie, en el que el límite se acorta y la televisión nos seduce con nada y nada, acércate más que tengo frío, frío de cama solitaria, frío de literatura al borde del absurdo, como absurdo es tener a Quignard en la balda y no leerlo mientras ese hombre grita desde un atril de viento, estamos sordos, este es un mundo muy difícil, ah, oh, mierda, no es pesimismo, puede usted mirar hacia otro lado y decir que no pasa nada, piense usted lo que quiera pero pasa, vaya si pasa, aunque ese muro de cristal de telenovelas proteja a muchos del mundo real, y el ombligo, también, hay un gigante melancólico, un grabado de Alberto Durero, una isla donde enterraremos a los muertos, lástima tener que morir también nosotros, soledad de la vejez, quién piensa en eso ahora que ya no hay conciencia de clase, agrupémonos todos en la lucha final, ya me callo, pero hablo, detrás de la mascarilla, claro. (RespirA. Tú).

jueves, 24 de diciembre de 2020

Otoño


 Vale, sí, es Navidad y hay que preparar  no sé cuántas cosas para esta noche, pero me tomo un respiro. Los listos hacen sus listas de los mejores no sé qué del 2020. Como no soy listo les hago caso. Por ejemplo en varios lugares indican que “Un amor” de Sara Mesa es, por unanimidad, el mejor libro del año. Como además de no ser listo soy gilipollas, empiezo a leerlo. Qué bajona, qué tristeza, que rabia, que amargura, que ganas de cortarme las venas, que bien escribe y que mal cuerpo te deja.   Llego hasta la página 32 y lo cierro, sin pensarlo, no sé si lo retomaré. Como además de gilipollas soy masoquista sigo buscando en esas listas de los mejores (porque qué sabré yo, inocente, que ni Anagrama sabe quién soy, ni le importa). Encuentro varios que me seducen pero escojo “Otoño” de   Ali Smith (el País lo lleva al 15 de sus favoritos, “el resultado es uno de los grandes frescos narrativos de la literatura británica actual” dice). ¡Oh, sorpresa!, después de un primer capítulo que me deja confundido, sigue una historia de amor (la verdad que no sé exactamente de qué va, si amor, amistad, fidelidad, crítica, humor, absurdo, inteligencia, sensibilidad, humanidad, de la vida y eso,  ¿ves cómo hay que hacer caso a los que saben) que me está dejando los ojos como candelas, que estoy disfrutando  en cada página y que esto que digo no es una recomendación sino trasladar mi humilde   pero sentida opinión que todavía hay buenos/as escritores/as (esto de destacar los dos géneros, de momento, es porque mi hija hace una dura labor con mi inmovilismo de anciano de toda la vida) que son capaces de engancharte con un libro que si lo califico de delicioso es posible que su autora no esté de acuerdo. Me está pareciendo una revelación maravillosa, como si un ángel te baja un libro de entre las nubes. Sigo, que tengo que cocer los langostinos, pasar la aspiradora y seguir leyendo. Feliz Navidad, amigas y amigos (y otros géneros aun no muy definidos)   



 

Alejandro Dolina

 


Sólo existe el amor. Las otras cosas nobles apenas sirven para dignificarlo....Algunos hombres jamás lo encuentran. Para otros es apenas una estrella fugaz que ilumina un año, un mes, una semana o un día en sus vidas. Pero ese destello efímero da significado a la existencia toda. Bienaventurado el que puede sentir en su carne y en su espíritu el fuego de esa chispa.
(Alejandro Dolina).


Navidad 2020



Feliz Navidad.

  Mis mejores deseos y esperanza para  2021.


 

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Casas iguales



Cae la noche,  me he perdido en un laberinto de casas iguales, el mismo ladrido en cada jardín, idénticas columnas de humo por las chimeneas, árboles gemelos, una risa acá, silencio bajo las farolas.

Ella está ahí, puedo oler su perfume leve, escuchar el roce de su piel bajo una camisa blanca, envidiar las miradas que tocan sus piernas cuando se agacha con la bandeja de la cena, odiar la mano propietaria que roza su muslo al pasar.

Oh, dulzura entre los ancianos que ríen en sábados interminables, cae la noche y en mi cabeza aún no amanece.


martes, 22 de diciembre de 2020

Distancia


Wosene Worke Kosrof.


Distancia. Cercanía. Seleccionar fotografías según mi gusto. Un día pondré la mía para que todos vean quién es el de fuera de la página. La plenitud del vacío. Vida paralela, uno escribe, otro se libera, al final se ha convertido en una necesidad. El valor incalculable de la rutina. Tristeza de comunicación parcial, sujeta al capricho, a la disposición, al ánimo, al estado de las líneas torcidas, o rectas, trazándose en un papel blanco con los dedos manchados en miedo, en sueños, en la sencilla necesidad de contar lo de dentro. No tengo ni idea de a quién le interesa. Ni por qué. Ni nada, excepto mi propia necesidad. Distancia.

lunes, 21 de diciembre de 2020

Hoy, mañana ya veremos.

 



Un hombre exhorta desde detrás del atril, tenso, con las venas del cuello hinchadas, gritando con violencia por encima de la tempestad de los días, oteando la tragedia que llega, defendiendo la libertad intelectual por encima del aliento dulce y peligroso de lo fácil, de lo sabido, de lo cómodo. “No entienden, no entienden” (siente) y su voz se pierde en lo doméstico, en el calor de cocinas, en el rescoldo de tópicos y cantinelas. Quiere rasgar esas sonrisas bobas, golpearles los labios, en las encías, desbaratar el interés del no pasa nada, de todo debe ser como es y así entramos en la luminosa zona erótica mientras una bandada de sardinas transparentes ondula sobre la piel de damas afligidas, señoras poseídas por el mal de vivir (“ay, tristeza de la melancolía”), la hechicera tuvo la culpa, hablándole del instinto, del sí pero no, de la voz debajo del caldero, de los dedos buscando en el panal de miel (“a pesar de las picaduras de las abejas del remordimiento”), hurgando con insistencia en el mal de las mujeres etíopes, paraíso en la sombra, uno no puede hablar de según qué temas sin una intensa empatía personal, personalizada ¿y cómo? uno carece de, solo tiene, //”los jesuitas del siglo XVI utilizaban las descargas del pez raya para expulsar demonios; los samuráis escuchaban los trinos melancólicos de los pájaros, de los lobos, de las rocas húmedas; Aldini aplicó la corriente galvánica en el cráneo pelado de un enfermo de bilis negra; no sé qué diría Freud de las prácticas de la TEC (Terapia Electro-Convulsiva)”// sé que yo digo basta, hasta aquí hemos llegado…, (hoy, mañana ya veremos)

domingo, 20 de diciembre de 2020

Mi decisión.


Saltar desde la mitad del puente, justo desde donde nos encontramos un día lejano, perdido en un pasado que se borra. Saltar a las aguas oscuras y revueltas para olvidar la ansiedad, el nerviosismo, el dolor de estómago, la angustia, el miedo, volviéndome en los parques por si me sigue, por si está sentado en la mesa junto a la ventana del Astoria, vivir sin sentir sus ojos en mi nuca.


Tú sabes de qué habla esta voz huidiza.

Saltar al abismo de lo desconocido con los brazos en cruz aunque sé que no voy a volar, que ya nunca más volveré a volar, que no hay vuelta atrás, que será la última vez, la última equivocación. No puedo pasear esquivando los portales, mirando las cornisas, eludiendo los músicos ambulantes de las esquinas, andando por el centro de la calle, apretando con fuerza el celular en el bolsillo de la gabardina para avisarte si viene.

Tú sabes cuánto tiempo llevo así.

Saltar al anochecer para que nadie me vea, para que nadie intente detenerme y terminar el juego, la luz dolorida para no ahogar las palabras, para poner el punto final a una situación que nunca debí consentir, que creció hasta devorarme, hasta romper mi salud, hasta desbaratar la línea recta que pisaba y convertirme en equilibrista de mi propia integridad.

Sabes que lo haré, escribo para que te sientas culpable.

Ha sido mi decisión.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Lauzier

Un lector automático conectado a esta página glup, leyendo sin cesar, sacando faltas, proponiendo ideas, poniendo el sello del copyright, navegando en la amenidad, obscenidad, diversidad, / ceremonia de lector analfabeto, añoranza de los tiempos Lauzier (¿alguien sabe qué hacía este buen hombre?), reprimenda para tiempos evanescentes, repliegue de esa máquina que lee, /en realidad no estoy aquí y esta es una proyección de una ilusión en cinemascope y a todo color, con textos en blanco y negro y movimiento acelerado, matinales del Olimpia y por hoy ya está bien.


Material para los críticos.






viernes, 18 de diciembre de 2020

Intento


Basquiat

Intentar cada día algo nuevo, original, diferente, que contraste, epatante, zass, manantiales de palabras bañando, acariciando el desnudo cuerpo de una virgen rubia mientras un dragón verde y negro observa detrás de los matorrales ¡maldito voyeur! Lo leerán los que lo leerán. Cada uno lo interpretará como le parezca. Responsabilidad de ser sujeto poético de uno, de dos, de tres, el resto que lean solos, con sus parejas, con sus tríos, a voluntad. Intentarlo.

jueves, 17 de diciembre de 2020

14.3

 


Esa mujer vive en un mirador insatisfecho, con macetas de geranios retorcidos, sin selva, quiá, con un paisaje de Almería en la retina selectiva con sus off y on, con limitadores de frecuencia, con una palabra en alemán debajo de un molar.

Ese hombre estuvo ciego, vivía en las sombras, se golpeaba continuamente con las estalactitas excéntricas, allí donde solo llegó un pastor extraviado.

Un día encontró una puerta cerrada, la abrió y detrás estaban los helechos y las golondrinas, el puente Rialto, la lectura del Paralipomenón, lo omitido.

Hasta aquí puedo escribir.  

“Vale, hasta otro día.”


miércoles, 16 de diciembre de 2020

14.2


 

Las mañanas taciturnas, las barcas rotas, el sol que juega con la niebla, perforación de los días como grutas, serenidad desde la certidumbre, las olas luminosas rompiendo en el acantilado del no saber, distancia, frontera, geografía de sentimientos diferentes, coordenadas de un tiempo y un espacio nuevo...

 “¿Cómo tienes el ombligo? “

 Enroscado, con grapas sujetando el resto para que no se me desparramen las emociones por las junturas del día a día, coloreado con tintes de permanganato...

“Deja, deja, otro día me cuentas, pesao.”

martes, 15 de diciembre de 2020

14.1

 

 (Lee Krasner)

Esa mujer lleva erizos en la cabeza y un gato debajo de la lengua.

Sabe leer las rayas del alma. Sólo en la oscuridad deja desnudos sus pechos breves, su vientre liso, las nalgas duras, las alas de su sexo.

 Ese hombre es apenas un animal que habla.

 Tiene delante las palabras, incluso aquellas que desconoce, son tantas que no puede juntar con coherencia más de tres. Tiene una historia, solo una, esa, intenta contarla una y otra vez, sortea el río entre su vida y el lenguaje. Cuando llega al vocabulario oscuro se le queda entre los dientes como fruta madura. Pero no calla, no, allá donde la voz duda recurre al gruñido, al grito, al balbuceo, sonidos que intentan explicar.

 “Alto, alto, no entiendo nada. ¿Qué quieres decir?”

 No lo sé, me dejo llevar, me muevo entre el alboroto y la albórbola, entre la rutina y el aliento de voces desde el otro lado del Muro…

 “Vale, majo, agur.”

lunes, 14 de diciembre de 2020

Camino de Santiago


 

Por caminos que no, que sí, era sexo, ahora lo sé, como un romero por el camino de Santiago, con la concha peregrina y la calabaza con agua del Jordán, durmiendo en albergues de monjes oscuros, en casas de gentes de bien, en pajares de conventos con hermanas de tocas alborotadas, en hospederías cuando hay reales, comiendo pan y tocino, rezando ángelus en horas intempestivas, con relojes de viento y sombra, con la devoción ermitaña en cada pelo de la barba, con el olor del cuerpo de ella en mis dedos que acarician el tronco de los manzanos, los bancos de piedra, la correa de las sandalias polvorientas, besando los gallos que vigilan las cruces de los caminos, vadeando ríos por donde el agua cubre el ombligo, recostado bajo los arcos de las plazas mayores, allí donde se mezclan los olores de las tahonas con la humedad de las baldosas de tabernas oscuras, con parroquianos cantando himnos a vírgenes remotas, lugareños de nariz roja y albarcas embarradas que juegan a los naipes, labradores atribulados por la sequía, en la puerta mujeres pintadas enseñando los senos sin vergüenza, gestos ordinarios, falsos pendientes de oro como reclamo, zafias palabras de calabazas e higos, de frutas prohibidas, de coitos a un real, ancianos encorvados que las miran, titiriteros con ceñidas camisas, gorros de colores y cascabeles, era sexo, lo sé, aunque la amaba, me gustaba su cuerpo delgado, sus nalgas duras bajo el camisón cuando atravesábamos la noche y llovía, no había estrellas y la música de nuestros muslos detenía este mundo que ahora termina en Compostela, / paisajes sucesivos, ora trigales ondulando, ora monotonía de la vid, ora campos verdes, pinares y choperas, hierbas secas para lechos de siesta bajo los robles, romeros italianos, alemanes, franceses chapurreando que ellos también van, que cumplirán sus votos, que este es su camino de redención, que se encuentran en las madrugadas de escarcha con conejos que huyen por los rastrojos, zorros en los gallineros de pueblos de adobe, con plegarias y gemidos saliendo de las espadañas de torres presentidas entre la niebla, el camino está lleno de misterios y un pastor blasfema entre el rebaño de ovejas atemorizadas por un mastín peludo, que pienso en beber de una bota con la lengua recogiendo cada gota, la misma lengua que recorría la espalda de ella, el hueco entre sus piernas torcidas, sus pezones pardos y jugosos, los lugares que eran míos y besaba con devoción y suspiros, la curva de sus caderas, regocijo de posturas que inventábamos, que se arrodillaba y las nubes formaban dragones, conejos gigantes y blancos, que entraba en su cuerpo como a un pozo de sombras y al fondo me esperaba su mirada adolescente, aquella mirada que perdimos en la plaza y que me hizo olvidar a otras mujeres de carnes tersas, gritos y temblores compartidos en fiebres de deseo, alboroto de sábanas, camas en la pleamar que parecíamos volatineros y por eso sigo este camino que a veces es un lodazal,/ rodadas de carros, burros salpicando con sus pezuñas, aullidos de lobos en las sierras, apoyado en un pilar, con la brisa que despeja los dolores ahora que el camino se bifurca y a un lado se adivina la catedral y al otro la puerta del infierno, patios atestados de míseros caminantes con los pies hinchados, pulmones que silban, llagas en las piernas polvorientas, toses, sabañones en las orejas, olor a sudor, una niña que mira al cielo y reza, hambre en esta villa al final del camino, llena de la paradoja de olores a caldo de berzas, morcilla y perejil, guisos en pucheros, frituras, parrillas con chuletas de cordero, ajo y vinagre, vino en barricas, me cubro la cabeza y a mi lado pasa una mujer preñada, un ciego guiado por un mozalbete desgreñado, un dentista con un mandil encarnado y unas tenazas en la mano, era sexo, tal vez, no se lo preguntaré a nadie, que ahora llegan orgullosos mendigos que miran a los comerciantes avaros, un carnero que escapa entre los puestos de baratijas, un toro que muge amarrado a un madero, una compañía de soldados con gorros rojos y banderolas, tambores y un capitán a caballo y en ese callejón fue, ahí me detuvieron, que no fui yo, ay dolor, que la amaba, que enloquecí quizás, que no gritó, que se quedó entre mis brazos, que no pude soportar que fuera de otro, quise parar la sangre con sus largas faldas, que huí llorando, que alguien me ha delatado, que después de tanto viaje no llegaré a la Puerta, que al fondo se ven las torres, que el santo ya no me perdonará, que no pude soportar su desamor, ella al principio de este camino ¿Qué será de mi?


domingo, 13 de diciembre de 2020

Lecturas dominicales

 


 …los domingos suelen ser días de poco tránsito, que dejas aquí (o allí, o en él, o en ella, o en ello) el alma y como si dejas una alpargata, yo qué sé. Pasan los visitantes y miran para otro lado o no miran o no ven. ¿Te ocurre también a ti? Pretender ser diferente es muy difícil excepto que seas verde, un suponer, o lleves la cabeza bajo el brazo (1) que algunos no saben qué hacer para llamar la atención. ¡Atención! Y no viene. La complicación sí viene con el bajón. ¿Seré invisible? (te preguntas). Te miras al espejo y no, esas ojeras son tuyas, y las orejas y el sueño porque anoche, o porque anoche tampoco, o porque no has dormido pensando en, o en nada, que la noche del viernes me desperté de madrugada y no pensaba, que me preocupé, coñó ¿me habré quedado en blanco?  Hacía esfuerzos para concentrarme en algo y nada pasaba por mi cabeza (por dentro digo), un paisaje nevado, algo lunar, el vacío, ¿tendré algún agujero en el córtex y se me han ido por ahí las ideas? Esto he pensado que pensaba pero después, en ese momento no pensaba, cero, ni una idea. Es grave, al menos la idea, es decir la única, la de siempre, la obsesión, eso, pues no, como para no preocuparse. Pero, tranquilidad, me desperté y pensaba, como siempre, no mucho, apenas tres o cuatro cosas, lo de siempre, eso y dos o tres más, comer, dormir, lo elemental y lo sublime, siempre guardo una esquina para lo sublime, el rincón de lo sublime, la trascendencia y esas cosas, lo de después, muerto el burro la cebada por el rabo. Por eso ahora, aunque sea domingo, qué importa. A ti, ¿te pasa esto?, ¿qué te pasa a ti, corazón?, ¿te pasa? Un momento, voy a sumergirme en la reflexión, me enrosco en mí mismo, me pongo la mascarilla y hasta que se me ponga la frente al rojo vivo. ¡Viva! Hasta luego…  


Según las Vidas de San Dionisio, escritas en la época carolingia, tras ser decapitado, 
Dionisio caminó seis kilómetros con su cabeza bajo el brazo, atravesando Montmartre, 
por el camino que, más tarde, sería conocido como calle de los Mártires.



sábado, 12 de diciembre de 2020

Prometeo. Tiziano.

 


Sólo de lo negado canta el hombre
sólo de lo perdido sólo de la añoranza siempre de lo mismo.
(García Calvo)


Blogs espirando. Mi blog permanecerá cerrado por obras. O por cansancio. O porque me he aburrido. O porque él ya no me lee. O ella. O por falta de estímulo. O por imperativo familiar. O por vacaciones. O porque se me ha terminado la tinta. O porque me sale de las narices. O yo qué sé. No me refiero a este Glup 2.0, que sigue contra viento y marea (Algún día pondré nombre al viento y a la marea)

 Este post de hoy incluye un saludo y mi agradecimiento, delicado y humilde, también orgulloso, para todos/as aquellos/as que con paciencia,  cariño, masoquismo, pasean por aquí a menudo. Muchas gracias.




viernes, 11 de diciembre de 2020

Tiziano. José de Ribera.

 



Mundo blog. Escritores compulsivos. Tú me lees yo te leo. Quid pro quo. Sensibles y luminosos copistas de su realidad. Ahí dentro el corazón se agita, pide su parcela, quiere vibrar y sentir, quiere ser feliz. La rutina, lo cotidiano, lo de cada día. Hay que buscar la ilusión, la sonrisa, el impulso para encontrar el color entre lo gris, lo negro también es bello, la luz está detrás de las nubes. Mundo blog. Escritores ilusos, ansiosos de que les escuchen, les lean, que les comenten, les entiendan, que les quieran. Personas sensibles que buscan afectos, simpatía, eco, comunicación, respeto, comprensión, conversación, puertas que den a otros mundos, estrellas, cambios en lo de cada día, milagros. "No es el tiempo lo que se nos da, sino el instante. Con un instante dado, a nosotros nos corresponde hacer el tiempo".- (Georges Poulet)No hay milagros.


jueves, 10 de diciembre de 2020

“Prometeo”, Peter Paul Rubens

 


El pueblo clamó y se tocaron las trompetas. Al escuchar el pueblo la voz de la trompeta, prorrumpió en gran clamor y el muro se vino abajo. La gente escaló la ciudad, cada uno frente a si, y se apoderaron de ella. Consagraron al anatema todo lo que había en la ciudad, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, bueyes, ovejas y asnos, a filo de espada”. (Josué 20-21)




Mi blog es literario, oiga. “¿Qué quiere decir eso?” Pues eso, literario.
Mi blog está dedicado a las orquídeas. “¿Y?” Las orquídeas ¿le parece poco?
Mi blog es diferente. “¿Por qué?” Oh, es el mío. “¿Y tú quién eres?” Yo. “Ah”.
Mi blog es original, único, sorprendente. “A mí no me lo parece”. Estarás
ciego. “O tú sordo”. Tu padre. “El tuyo”.
Mi blog es único, como yo. “¿Y eso?” Soy un gato. “Vale”


miércoles, 9 de diciembre de 2020

Prometeo (Arcesilao)

 


Suplicios de Atlas y de Prometeo, atado éste a una columna dórica, representados en una cílica de cerámica de figuras negras atribuidas al Pintor de Arcesilao (fl. 565 - 555 a. C.



...en nuestro credo, oíd, lícito es el beber vino,

mas, oh floral ciprés, sin tu rostro es ilícito...

Hafez (1326-1390) 


Escribir. Mundo web. Escritores encapuchados. Leo y me identifico con muchas historias ajenas que también son la mía. No somos tan diferentes, tan originales, tan otro. Mundo web. Escritores con seudónimo, con nombres como máscaras, con fotografías que muestran espaldas, cabellos al viento, brazos, piernas, culos, casi nunca el rostro. Anoche, mirando al cielo vi una inoportuna estrella fugaz, fragmento de meteorito, avión supersónico, yo qué sé, quizás lo soñé pero provocó el pánico en los caminantes -sólo en los que miraban hacia arriba- presagio de ira divina para algunos, insólito fenómeno natural para otros, nos fuimos cada uno a nuestras casas, menos los vagabundos. Aquí sigo.

martes, 8 de diciembre de 2020

Oh, el azar.



Una amable lectora de Arabia Saudí me pregunta sobre el azar (no es broma).

A propósito del azar se me ocurren diferentes argumentos.

Viajeros que maldicen en el andén porque han perdido el tren por una inoportuna llamada telefónica (luego este descarrila -el tren-,  cae envuelto en llamas por Despeñaperros -por ejemplo- y no se salva ningún viajero).

Mujeres que se sientan en el quicio de una puerta para sacarse una piedra de la sandalia (y de pronto en la acera caen pianos de cola, pianistas despeinados y hasta un director de orquesta rumano).

Hombres que mientras esperan turno para comprar preservativos en el mostrador de una farmacia se encuentran con una antigua amante (su acompañante la toma por el talle y ella es joven y rubia y sonríe, taimada, encantada de la vida).

Niños jugando al balón en el extrarradio de una ciudad castellana, para un coche, de él se apea un directivo del Rapid de Viena y habla con uno de los niños. (Manolín ficha por un equipo de una liga extranjera, al cumplir 18 años se casa con Vanesa María, su novia desde los 14, y jamás vuelve a su pueblo)

Ancianos rebuscando en las papeleras, uno de ellos, Jaime López, encuentra una décimo de lotería premiado (poco después sufre un ataque al corazón por la alegría y ahora agoniza en la sala de urgencias de un hospital cercano)

Un investigador de Cuenca de gira por Crimea pensando que es un transbordador sube por error a un submarino nuclear ruso, al no saber nadar no puede bajarse en marcha, la nave en una travesía enloquecida se pierde debajo del Polo norte y –oh, maravilla- por un agujero en la corteza terrestre -hasta entonces desconocido- aparece en un estanque en Moratalaz (lo cuenta en un sesudo estudio y lo postulan como candidato al premio Nóbel. Al de Cuenca)

M caminando con la vista fija en el suelo enladrillado - ¿quién lo desenladrillará?- (pasan glups a su lado y ni siquiera los ve).

Se me ocurren muchos más. Otro día, hoy tengo sueños, que espere mi amiga saudí.

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