.-Pedro M. Martínez-.


Jorinde Voigt


viernes, 30 de abril de 2021

Juana Bignozzi

 


Ahora que ya no soy nada más que obviedad
una anciana que parece no haber conocido
estructura teórica
ahora que he logrado convencer al mundo
de que mi vida no supo
del vacío ni del golpe despiadado
y he construido una historia limpia de intensidad
vuelvo a sonreír ante los ingenuos
como lo hacía aquella muchacha que ya no conozco
segura de la noche y de su poesía.

Juana Bignozzi
(Buenos Aires 1937)

Foto: Nico Ouburg

La última vez o la anteúltima.

 



Me abrazo a lo que de mí recuerdo.  Empezó en ese beso junto a un depósito de agua, todos los demás, que han sido muchos, son ese beso ingenuo y cálido. Insólito, no recuerdo junto a qué cuerpo desperté por primera vez, desmemoria o protección de datos, recuerdo, sí, todo el amor de después. Y la última vez, brillando.

jueves, 29 de abril de 2021

Días apasionantes

Días apasionantes de Naoise Dolan, el fenómeno editorial del 2020 en el Reino Unido. La aclamada novela que ha vendido más de 55.000 ejemplares.

Días apasionantes es una novela sobre gente que se enamora, gente que tiene dinero, que no lo tiene y gente que no sabe que lo tiene. Una historia sobre gente real.

Libro recomendado por The New York Times, The Guardian, Vogue, TIME, Marie Claire, Elle, The Oprah Magazine, Esquire, Harper’s Bazaar, Refinery 29, LitHub, Dazed, Independent…

La autora tiene la capacidad natural de encandilar a los medios con su perfil de cáustica escritora autista. Políticamente incómoda, cáustica, cruda y divertida en su sequedad, Días apasionantes erige a Naoise Dolan en una de las voces internacionales más singulares del momento.



Leo esta crítica (¿?) y como me lo creo todo me leo el libro.

Digo que me ha gustado.

Una historia mínima, bien escrita,  contada con salero, ironía y toques ácidos. Pero que alguien diga que Naoise Dolan “es una de las voces internacionales más singulares del momento” es como no decir nada o como decir que las voces internacionales hablan muy bajito. Yo qué sé. Pero me ha gustado.





Kahvehaneler


Kahvehaneler 2007 by Fethi Sabunsoy

En un lugar, por ahí, lejos, nació un niño. Le visitaron pastores, tres reyes magos (no está confirmado), los pobres jornaleros de la zona y un pastor. Herodes también quería conocerle. Vivió treinta y tres años. Le crucificaron. De ahí, los listos que siempre hay montaron una empresa que lleva más de dos siglos a pleno rendimiento.

En otro lugar, en un país, entre el norte y el sur, más allá de cualquier tierra conocida, apareció un hombre nuevo, otro, parecía, pero no. Venía caminando, distraído, mirando las nubes, el cielo, las gentes. Al cruzar un río no se fijó en los hipopótamos y se lo comieron.

Luego se puso de moda nacer, nacían niños y niñas, en todos los países nacían, la tierra entera estaba llena de recién nacidos, ya no era original.  Crecieron y entonces cambió la moda, lo que estaba en la onda, lo chic, lo elegante, lo cool era morirse. Y se morían, a cientos, a miles, por enfermedades, por guerras, desastres varios, suicidios colectivos, por el mosquito, por ganas, se morían...  (esto está escrito justo antes del Covid, miedo me da tener yo la culpa. Paro aquí, no quiero líos)

miércoles, 28 de abril de 2021

Isla Correyero

 


 TODOS NOSOTROS

 

Todos nosotros que debutamos

en la vida con una tara irremediable,

que deseábamos tanto y habíamos

obtenido tan poco, que con tan

buenas intenciones, tan mal

acabamos… Todos nosotros.

Jim Thompson

 

Todos nosotros.

Los que nacimos rechazando la política y las leyes.

Los orgullosos.

Los que sabíamos que extraían de nuestra percepción la

libertad.

 

Todos nosotros.

Que crecimos en pueblos y en ciudades aún azules.

Que fuimos incalculables niños instintivos y lunáticos.

 

Todos nosotros.

Viajeros.

Los que atravesamos la oscuridad del sexo y la habitamos.

Los buscadores de belleza.

Los que probamos las exóticas sustancias y vivimos en el

cine y en la noche.

 

Todos nosotros.

Generación, tribu, conjunto de perdedores que

imaginamos que la ruina era el más alto honor.

 

Todos nosotros.

Los desterrados ahora de aquel grupo.

Los olvidados, los oscuros, los ausentes.

Los abandonados y los destruidos.

 

Todos nosotros.

Los que ya no soñamos. Los que somos compradores de

todo.

Los arrasados por el dinero y por las guerras.

Los que ahora somos impenetrables asesinos blancos.

 

Los que contemplamos la luna desde el cielo.

Isla Correyero


https://elpais.com/cultura/2019/07/23/actualidad/1563903110_710045.html


Salta.

 

Desde aquí, salta, vamos, ocultos en los callejones de adoquines oscuros, con un rayo en el pecho, entre las ropas, con un batalla en el corazón, feroz, sin prisioneros, pasando a cuchillo a los vencidos, estéril tragedia de tanto sentir, quimera rota en el espejo roto, ingenuas aventuras en la nieve, sus manos bendiciendo, posándose en mis labios torpes, cerrando con llave la puerta del retorno, milanos en el aire y no sé dónde esconder la furia, desarraigo a la espalda de lo único posible, vivir en el insomnio, guardar el Sueño para cuando, o antes, fundar un lunes que brille, un martes rubio, un alacrán de rabia en la mirada, simular naufragios en el llano, inventarse lo inconcluso, un horizonte, y seguir, arde la selva del alma y hay una estampida de emociones, la jauría no cesa y esta vez en la nuca destacan tatuajes de ironía, quemamos los puentes en verano –qué calor ¿recuerdas?- y el retorno del otoño nos sorprendió en el centro de las colecciones, fotos amarillas, ruido, pétalos entre las páginas del único libro, ladran los perros de la duda, quieren mordernos los riñones, el hígado, husmear el triste inventario, los recuerdos, nos siguen, no tan lejos, en la huida, hasta enero –dijiste-.

 

Ahí nos veremos.


martes, 27 de abril de 2021

Del 2014

 



Estoy cansado del culto a la juventud. La cultura del sistemático rechazo a la vejez, la estigmatización de las arrugas y de las canas, de los cuerpos marcados por los años. Me fascinan Diana VreelandGeorgia O’Keeffe y Louise Bourgeois; mujeres que abrazaron el paso del tiempo sin mentiras -sin traicionarse. Así que mientras la sociedad de hoy condena el paso del tiempo, yo, lo celebro. Para esta sesión me he inspirado en un hombre y una mujer que llevan juntos toda la vida, fieles el uno al otro y a sí mismos con un deseo incandescente.



La religione è inaffondabile

 


A woman sitting with her pet cheetah having tea at Bois de Boulogne Cafe, Paris, 1932. Photograph by Alfred Eisenstaedt.

Salto del pescante y leo: Per Lacan addirittura "la religione è inaffondabile. La religione, soprattutto quella vera, ha risorse tali che non possiamo nemmeno immaginare". Lo stesso studioso ha spesso ricordato nei suoi scritti la centralità del "desiderio", tanto per il cattolico che per lo psicanalista, e ha fornito una lettura inedita del comandamento biblico "Amerai il prossimo tuo come te stesso". Arrivando quindi a concludere che "la 'vera' religione, la religione romana, riuscirà a ricoprire di senso il reale sempre più insistente e insopportabile che dobbiamo alla scienza". No lo entiendo, quizás si estuviese escrito en euskera… Atado al noray de un recuerdo expuesto en el escaparate de una pastelería romana, tarta de chocolate  que entra y sale del congelador, primavera, sigue, la pandemia, llegará el calor, aun así que no se derrita la cobertura que, tocar las guindas con el dedo y lamerlo después con los ojos en blanco, dulce golosina roja, néctar, metáfora de la piel que no, ejercicio de disolución en el trayecto entre entonces y mañana, sabiendo que, al fin y al cabo, estoy como Gulliver, atado en la playa con mil diminutos pensamientos, otros tantos goces y el dolor, luego la quietud al conocer el punto exacto donde empieza lo imposible, las riberas de un Sena pintado, la nieve de un cuento de niños abandonados en el quicio, un programa de ordenador en el que pulsas X y se llena la habitación de lágrimas de sal, pulsas Q y se proyecta la luz del pecho en otros pechos, poemas irreversibles en el umbral del deseo, terrible ejercicio de escritura sabiendo que el texto estará debajo de una piedra y si sí  no te creerán, fabulación, palabras que no son sino mi verdad, ejercicio en una sala de espejos donde lo único relevante es la obstinación de continuar andando aún a pesar del silencio, de la deserción de los espectadores de tribuna, incluso de los que patean, el teatro está cerrado y algún espectador en Suecia, en Bolivia, en un punto perdido de Alemania pasan la mirada por las fotos frías, por la firma de otros y en abril  se me están consumiendo las dos o tres ideas que me quedaban. 

lunes, 26 de abril de 2021

Orietta Lozano.

 Intimidad

La noche vuelve secreta
a tantear mi cuerpo,
me penetra lenta y suave
me abro
como una flor nocturna.
Orietta Lozano.

Danza

Qué voz hace crujir el vestido de seda

de esta noche y entreabrir los muslos tiernamente

y desnudar su espalda de mujer?

Parece ser el canto ebrio de bacantes

o el susurro lejano de una viuda

o la lluvia entrecortada de una novia.

¿Qué voz extraña hace que el perro se levante y dance,

y la luna galope en el lomo de un caballo,

y el lago abra su ojo cristalino más que nunca?

¡Levántate, amor! La noche espera ser ungida

de vinos y perfumes,

sacrificada como una diosa frágil

entre los brazos de la tierra.


Orietta Lozano.


Cura

 


Leo sus cartas, una tras otra, durante horas.

No sucede nada.



Estoy curado.


(Quién lo diría)




domingo, 25 de abril de 2021

No Soy Digno



El error del YO y otros errores.

 

Last Judgment [Triptiek van het Laatste Oordeel]. Ambrosius Francken I ~ 1610 Kerk Sint-Waldetrudis, Herentals


Una y otra vez caigo en el mismo error, demasiado corazón (Willy DeVille), a quién le importará (Andión), si me vieran por dentro (Larralde), obstinado en lo que no, sin enfrentamientos, deslizando la voz por lo que cuento, jugando, dejo un balde en una esquina para que miren el balde y puedan ignorar sin apuro que estoy dentro, sin mascara bajo la mascarilla, en tiempo de pandemia y en tiempo normal, mi infancia está llena de alusiones y remembranzas, con ese tiempo normal mi abuela se refería a la vida, usos y costumbres antes de la guerra, sí, hubo una guerra, muchas,  ignorancia ¿consciente? de la historia, muerte, destrucción, represión, odio, dolor, un larguísimo etcétera hasta la cultura de la terraza, yo, mí, me , conmigo, tomar una caña es lo necesario, no nos dejan salir ¿quién no te deja?, gilipollas, tontolaba, mi libertad, las vacunas en la cesta de los mercaderes, bonus para los directivos del negocio, los enfermos y los muertos son cifras que bailan en manos de trileros, lo inhumano de morir en soledad, no son tiempos duros mientras les toquen a otros, YO, adanismo, YO eso no lo he conocido, la ignorancia como valor, so capullo, que no hubiese nacido tú no significa que no ocurriese, la incultura como bandera, la sensibilidad está prohibida por decreto, las mujeres y los niños primero que son débiles y les podemos pasar por encima, YO, mi libertad para ir de aquí para allí hasta donde me salga de los cojones, es un derecho fundamental, mis cojones, enferman otros, YO, que hostias, mano dura (a los otros), es lo que hace falta, tanta pamplina (de otros), YO soy más listo y llego primero, a mí no me pillan, voy al pueblo porque tengo un grifo abierto, que me ha avisado la vecina,  espero que si alguien lee esto no necesite traducción que está uno aburrido de caer en el error, de hecho estoy metido en el error hasta el cuello, ahora, YO.

sábado, 24 de abril de 2021

Jesús Montiel

 

La escritura es una loca perseverancia. Puro funambulismo. Caminar hacia la madre por un alambre de tinta, con un abismo a cada lado.

Escribir es darse cuenta del Paraíso.

 

- Jesús Montiel 

Señor de las periferias


Bah.

 

Gina Folly, Pleasures and Terrors (Jenny), 2016,


Estamos donde estábamos [ ] el barco roto por la mitad, arde en la cima del monte# Richard Widmark tira escaleras abajo a la señora sentada en su silla de ruedas, //Eleanore sigue a seiscientos kilómetros, metro arriba, metro abajo, añoro cada segundo de un entonces que pinto cada día para que no pierda brillo// mi ciudad perimetrada, no se puede salir ni entrar, un paripé, las vacunas existen o eso dicen los que las compran, que prefieran una marca u otra es una cuestión de comisiones €$ a mí no me han vacunado, a partir de las diez de la noche no puede uno ni asomarse a la ventana, hay policías colgados de los tejados, los montes alrededor de Bilbao siguen donde solían, nunca han estado tan concurridos, procuro subir a uno cada día, cuando bajo me meto debajo de la cama y espero al día siguiente, nada será como era pero los ricos serán más ricos y los pobres no podrán ser más pobres, la política es una pistola empuñada por un mono, lástima de hogueras de San Juan tan mal aprovechadas, de los políticos no hablo, en defensa propia, la revolución me pilla un poco de vuelta por lo de la rodilla y las desilusiones, la guillotina no es la solución porque te pones a cortar cabezas y al final cuando no quedan más te cortas la tuya y tampoco es cosa porque se pone todo perdido de sangre y es muy mala de limpiar, antes de la reclusión tenía amigos, ahora tengo ausencias, me dejé barba y parecía mi propio abuelo, escribí cartas y nadie me respondió, un banco quiere despedir a 3.800 trabaja ores y no se paraliza el país, normal, trabaj ba en una acería que u  mal día despidió a 1.601 (el 1 era yo) y al día siguie te amaneció, a tres políticos les h n enviado cartas  on amenazas d  muerte y con balas de verdad y a muchos les pare e normal, la extre a dere ha es tan extrema que ya ocupa medio país, ese, quizás siempre ha sido así, un emé ito missing, un prepa ado preparando pr ncesas, gente con odio al diferen e, al otro, con odio al pobre, al inde enso, con odio al que h bla con otro ac nto, yo solo odio tener que escribir esto por ue habl r no sirve de nada, nunca se ha cambia o na a, solo ha lando. Grrr.     


 Carlito Carvalhosa

viernes, 23 de abril de 2021

Desnudo en sombra

“La Beauté du Diable”. Missy Rayder by Miguel Reveriego.


Desnudo en sombra

 

Volverse a enamorar.

Besar una piel que sabe distinto,

no encontrar puntos de referencia

que indiquen el momento justo,

la caricia perfecta,

la mano compañera.

Retornar a un cuerpo nuevo

sin los huecos del anterior,

no poder palpar una nuca excitada,

una espalda con escalofríos conocidos.

Qué pobre se queda el intento de amar igual a la primera vez.

Cómo pesa una boca tan sabida,

tan llena de humo compartido

ante la desconocida tan poco explorada, tan miedosa.

Cuánto cuesta abandonarte, lavarme de tu olor,

quitarme las huellas de tu peso,

desdoblarme en otra Almudena

y comenzar a hacer mía una figura

de la calle que me asusta y que ¿quiero?

poseer, pero... tú, ahí estás tú,

traspasando con tu desnudo mi sombra,

consolándome pesaroso de mi dolor al terminar,

tu sonrisa y tu cigarrillo,

ese brazo moreno rodeando mi cintura

y llevándome a un lecho desordenado...

 

y tus manos de violinista

volando y enredándose en mis senos.

 

Almudena Guzmán.











 

Incendio en las sábanas

 

Hopper


Era posible, al principio, antes de las mentiras piadosas y los escarabajos de la duda, cuando nos decíamos ternuras fosforescentes al punto de incendiar las sábanas cuando los muslos ardían y nos siseaban desde los cuartos de al lado en aquel hotel del mediodía, el deseo era ese lugar ¿recuerdas qué apuro el primer día?, la señora de negro nos miraba de arriba abajo, tan jóvenes, no traen ustedes maleta, ni falta que nos hacía, llevábamos la frente de cristal, que hablábamos con la voz teñida por el apetito de rozarnos, que se nos veía hasta el último rincón de la nuca, justo allí donde dejaba mis besos de serpentinas rojas y colonias con olor a romero y enséñame, decías, pobre de mí, que me asustaba tu desnudez y tus caderas, cómo me susurrabas, cómo me abrazabas y no sabía aún si empezar por el norte o por el sur, que me desbordaba tu naturalidad, que con otras había sido pecado, triste, rápido, sucio a veces y tú eras  luminosa, tan espontánea que me sentía un tipo pequeño y para que no te dieses cuenta no dejaba de besarte, de bromear, de sujetarte las manos,  de buscar tu temblor entre las piernas que ahí te rendías y suspirabas y nunca sabía si ese torrente de gemidos y suspiros era  tu predisposición o  mi habilidad, que no, que con otras no, casi nunca, que te miraba en aquella semioscuridad y no me lo podía creer, déjame qué, decías tú, ponte así decía yo, te gusta, nos preguntábamos y nos gustaba, claro, volvíamos una y otra vez a aquel hotel del mediodía, justo antes de las mentiras y los escarabajos de la duda, de la inundación del 83, de tu largo viaje y mi impaciencia, ya, no supe esperar, tenía prisa, no sé, un ansia de lo prohibido, de lo ajeno y luego volviste y ya nada era lo mismo y la señora del hotel era otra y nosotros éramos otros y ni siquiera nos desnudamos, tú lloraste un poco, yo miré por la ventana, avergonzado y desde entonces, fíjate cuanto tiempo ha pasado, nunca  he tenido con nadie un momento tan puro, tan intenso, tan sagrado, tan íntimo como contigo, Luz, que se me vacían las palabras en la garganta y me doy lástima.     



jueves, 22 de abril de 2021

Margaret Atwood

 


Has oído al hombre al que amas
hablando consigo mismo en el cuarto de al lado.
No sabía que le escuchabas.
Pegaste el oído al muro
pero no conseguías captar las palabras,
sólo una especie de ruido sordo.
¿Estaba enfadado? ¿Estaba maldiciendo?
¿O era una especie de comentario
como una larga y críptica nota al pie en una página de versos?
O buscaba algo que había extraviado,
como las llaves del coche?
Entonces, de repente, se puso a cantar.
Te asustaste
porque era algo nuevo,
pero no abriste la puerta, no entraste,
y siguió cantando con su voz grave, desafinada,
densa y dura como el brezo.
La canción no era para ti, no te mencionaba.
Tenía otra fuente de contento,
nada que ver contigo en absoluto,
era un hombre desconocido, que canta en su cuarto, solo.
¿Por qué te sentiste tan dolida, y tan curiosa,
y al mismo tiempo tan feliz,
y también tan libre?
Margaret Atwood

Sísifo bilbaíno.

 


Hay que imaginar a Sísifo dichoso. (Camus).


Quiere atarme a su cama, absolverme de la escarcha de otros brazos.
Me mide sin medida y no lo sabe.
Inundado el recuerdo, he tapiado mi mañana.
Incansable busco debajo de las piedras.
Sé que lo encontraré.

Sísifo vive en Bilbao.


miércoles, 21 de abril de 2021

Esdras Parra

 


Si me apoyo en el desvelo, vuelvo al mayor asombro
viajo con los pájaros en mi agonía
y dispongo mis defensas en el alud o en los meses febriles
no estoy de paso y no sé vacilar, aunque escucho
bajo mis pies, como un aire subterráneo
el rumor de mi inocencia
soy la transeúnte sin escolta que prolonga el camino

Esdras Parra


Escribir sobre el silencio o sobre
sus trozos de vacío, pero volver a
la palabra o hacia su desaparición
volver a la claridad, a la duda,
a una vida sencilla
o a la ardua madurez del hierro
fuera de aquí, anclar en el asombro
esa inocencia del mutismo.
Esdras Parra


He atribuido a los pantanos
la soledad de los puentes
la soledad
el barro reseco y ardiente
el agua en suspenso
los juncos que se alzan sobre sus escombros
hay un instante en que mis movimientos
se ensombrecen
bajo el crepúsculo sin tregua
por eso invento la tranquilidad
invento el tacto
hago que la tierra acorte sus pasos.
Esdras Parra


Qué violencia la de estas humaredas
avanzan apretadas
apagadas
descalzas
hay que olvidar la perspectiva del deseo inflamado
la permanencia de la llama compacta
son las herramientas de un recuerdo destruido
empujado hacia el polvo áspero
empujado por el amor al incendio
para complacer las cenizas
si ese postigo no regresa
si ese calor nos expulsa de la madrugada
Esdras Parra




Aquí no espero nada y es como si dijera
todo
doy un paso sobre esta ceniza
para justificarme, para extender mi
oscuro rumor dentro de mi sangre
y llevar la tierra hacia ningún lugar
con el tiempo intacto y apretado
a mi alrededor
y esta clave, la claridad que encierra
mi caparazón
hecha del mismísimo hueso.
.
Esdras Parra
.
.
(Fotos de Ellen Kooi)


Estas opiniones sobre tu vida
queman tus labios
arrastran en silencio
el pan rancio de tus ideas
no te detengas ante el umbral
de esa morada
que hace girar polvo y ceniza
sobre tus sienes
las nostalgias
los bosques
se enredan en tus piernas
mientras persigues
la fervorosa quimera.

Esdras Parra


Esdras Parra nació en Mérida en 1939. Poeta, ensayista, narradora y traductora. Vivió en Europa entre 1960 y 1971, año en que regresó a Venezuela. Dirigió el Papel Literario de El Nacional y fue fundadora de la Revista Imagen. Obtuvo el primer premio de poesía de la II Bienal Mariano Picón Salas en 1993. Sus obras: El insurgente, Por el norte el Mar de las Antillas, Este juego secreto: poemas, Juego limpio y Aún no. Murió en Caracas el 18 de noviembre de 2004.


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