.-Pedro M. Martínez-.


Jorinde Voigt


martes, 31 de marzo de 2020

Berlín





                      BERLÍN


                      Año tras año, cada domingo, hacia mediados de enero
                      la dialéctica de la espontaneidad se reúne en Berlín con Rosa
                      Luxemburgo.
                     Acuden los líderes de los pantanos, cantan el himno de los arillos
                     en la orejas.Han venido los pájaros de Walter Benjamin
                     a ser definitivamente entendidos este domingo de mediados
                     de enero.
                     Gloria a los escarnecidos, gloria a los elevados por las madres
                     que sostuvieron el sencillo universo de la lucha de clases.
                     Rosa Luxemburgo, vestido de negro y subida a un cajón de madera
                     habla con vehemencia al cordero y al lobo : No más créditos
                     a la guerra,
                     no más hechicerías de patria al evangelio de los desesperados.
                     Año tras año, cada domingo, ángeles envejecidos caídos
                     del infierno
                     Custodian a los inválidos y a los niños de las negaciones.
                     Han echado arenques envenenados en el asilo, el orden reina
                     en Berlín.
                   ¿Queda abolida la pena de muerte?
                     Dicen que hay cadáveres que hablan más alto que las trompetas.
                    Y los patinadores recogen su cerebro despedazado por un culatazo.


                                                  Juan Carlos Mestre 

                     (del libro La bicicleta del panadero)

Flúor.

Marcelo Velho


El índice apunta al futuro y el cielo se llena de ángeles embozados justo en el punto donde se alivian las cicatrices de las olas.

Tanteo el idioma, los abrazos resignados, un poema que no es y los días se cierran como un párpado amarillo sobre las migajas de aquello, del pájaro clavado en el abedul, del zorro que vi con Elena, de los secretos que guardé en el puente, del cementerio de grúas, de la fotografía del salto acrobático en Laga.

Y no aparece el augur.

lunes, 30 de marzo de 2020

Marie



He olvidado la mayoría de las palabras, cada una que escribo deja de tener sentido, ¿qué es una esfera?, ¿qué es un triglifo?, escribo para no saber.
He olvidado escribir, una mano guía mi mano torpe, antes decía cosas interesantes, decía excitación, decía descripción, he leído varios miles de libros, antes sabía, antes es nunca.

He olvidado todos los rostros, incluso el mío, no sé distinguir un animal de un jodido ser humano, escribo para no tener que recordar, para no saber nada de nada.

He olvidado amar, ni siquiera conservo el sentimiento de piedad por mí mismo, Marie nunca alcanzaba el puñetero orgasmo, dejaba los ojos en blanco y gemía, como si no me diera cuenta de su fingimiento, no sé quién es Marie.

He olvidado llorar, no recuerdo siquiera si tengo ojos, una lágrima es un absurdo, mi dolor se pierde en un territorio negro, ponzoñoso, Tony me lo ha dicho, la madre que lo parió,

He olvidado comer, ni siquiera voy al retrete, no meo, no me lavo, no duermo, tres veces, me lo dice ahora que Marie se ha ido.

He olvidado andar, no quiero salir de la cama, no quiero pisar el suelo, no quiero pisar mi dignidad, Tony me lo restregó, se acostó tres veces con Marie, que les jodan a los dos.

He olvidado ser, no sé qué es la vida, no sé usar un arma, es más fuerte que yo, tan joven, es todo lo que ya no soy, seguro que Marie se retorcía de placer, que daba alaridos de gusto cuando este bastardo se encaramaba sobre su cuerpo que he olvidado, soy un viejo, que se mueran estos dos cabrones. 

domingo, 29 de marzo de 2020

Wittgenstein



La locura de los otros como una pared obscena ante los desatinos que crecen, se agigantan dentro del Actor, su trágica obsesión por esa mujer espiritual y ajena, ausente, entregado a la hamartia de cercarla con un amor que jamás será correspondido. Lo deja claro Wittgenstein: “La forma general de una función de verdad es: [p, ξ, N(ξ)]. Esta es la forma general de una proposición”.

Ha pasado el tiempo, subido en la escalera absurda que ha fabricado, el Actor  otea un horizonte que ya no existe, no hay más allá que el recuerdo de un cuarto oscuro donde se veían sin verse, donde se tocaban como silenciosos amantes que no querían turbar a los que dormían sin saber, un pacto con un demonio cruel que fijó límites, una derrota ante un ejército de sentido común y papeles firmados antes de la luz.

A quién un dios quiere destruir antes lo enloquece.

Esto es.

El Actor.

sábado, 28 de marzo de 2020

Moda



Donde antes hubo bullicio, movimiento, de la noche a la mañana la ciudad se ha transformado en un espacio vacío, sin caminantes, una cárcel donde solo transitan los atentos vigilantes de la nada. Los ausentes se hablan con los ausentes, intercambian conversaciones con desconocidos de lejos o cerca, mensajes entretejidos en la niebla de no verse, lectores de jeroglíficos en fábricas que nada fabrican, solitarios del aire farfullando soliloquios, ilusionistas que lloran cuando mueren las palomas. Aquí nadie sabe nada, ni siquiera qué esperamos. Solo sabemos que algún día saldremos a tomar las calles y que ya nada será como era.

viernes, 27 de marzo de 2020

Tractatus (5.63)


La función debe continuar, el Actor vuelve al escenario y recita: “yo soy mi mundo”*

El Actor sabe, lo sabe ahora, que acariciar aquel cuerpo no era un pasaporte a su alma, no un visado, no un pase de pernocta, no un permiso indefinido, tener su cuerpo era un trabajo, un purgatorio, una obsesión, la condena del ejercicio desnudo de besar una y otra vez la anorgasmia irreparable de una mujer sin lengua. Sin embargo volvía los miércoles, aún antes de amanecer, cuando mataron al juez y en primavera. Ella escribía en una nube “ven” y él, obediente, iba.

Actuación sin espectadores.


*Wittgenstein - Tractatus (5.63)

jueves, 26 de marzo de 2020

Tractatus (5.6)



El acto creativo mantiene la vida, es un baile lascivo ante la cruel muerte.

Llueve, hay gorriones en una ventana simulada, los espectadores entran con lentitud, dejan los paraguas goteando sobre la madera del vestíbulo, se sientan sin dejar de hablar.

Solo en el escenario, el Actor se lleva un dedo a los labios y recita: “los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo *.

Los espectadores hablan y hablan, miran a todos los lados menos al escenario, uno solo, alguien entre las sombras del fondo de la sala, aplaude.

Después todos se van.

Al terminar la sesión, con el alma alborotada el Actor espera la pálida tarde, el preludio de las horas transitadas por hombres con problemas de melancolía, es el momento para mezclarse con aquellos qué como él arrastran su dolor entre alcohol y risas fingidas.

Lo de ayer, lo de hoy.

*Wittgenstein - Tractatus (5.6)



Ludwig Josef Johann Wittgenstein (Viena, Austria, 26 de abril de 1889 — Cambridge, Reino Unido, 29 de abril de 1951) fue un filósofo y lingüista austríaco, posteriormente nacionalizado británico. En vida publicó solamente un libro: el Tractatus logico-philosophicus, que influyó en gran medida a los positivistas lógicos del Círculo de Viena, movimiento del que nunca se consideró miembro. Tiempo después, el Tractatus fue severamente criticado por el propio Wittgenstein en Los cuadernos azul y marrón y en sus Investigaciones filosóficas, ambas obras póstumas. Fue discípulo de Bertrand Russell en el Trinity College de Cambridge, donde más tarde también él llegó a ser profesor. Murió cerca de Elizabeth Anscombe, quien se encargó de que recibiera los auxilios de la Iglesia

miércoles, 25 de marzo de 2020

Humildad en tiempos difíciles



Los muchachos de las bicicletas la cortejaban en los callejones.

La veía pasar frente a mis balcones cuando volvía de las plegarias en la oscuridad.

En mi interior gritaba su nombre, el que me había inventado, el viento y la sombra se llevaban mis pensamientos.

El deseo lo llenaba todo.

Seguro que ella me veía escondido entre las cortinas, un adolescente asustado, el de la casa del tejado rojo, un perfil difuso, nadie.

Nunca me atreví a hablar con ella, me fui, un cobarde, huí. 

Me fui
de Bilbao
a ver
la virgen
sobre
la zarza,
después
peregrinos
alrededor
del agujero
de la bomba,
explosión,
muerte,
impiedad,
bailarines
girando
en bailes
de muerte.
Praga.

Me fui,
huí,
busqué
otras
mujeres,
vicios,
humo,
polvo,
sangre,
un maldito.
Budapest,
cenizas,
espejismos
rutina
del ocio
vagando
por Europa
como
un mendigo
mirando
escaparates,
sótanos,
Roma,
corazones,
aprendí,
curiosidad,
nunca,
nunca,
en ningún lado
ninguna
como ella.
Berlín.

Regresé,
barbudo,
cansado,
escéptico,
otro,
con caftán,
excéntrico,
desconectado,
un joven
viejo,
la zarza
aún ardía
ante
mis ojos.

Los muchachos eran hombres y ella no estaba. Ni mis padres. Mis sueños habían muerto en París, en Viena, en Madrid. Tanto viaje para encontrarla, para encontrarme. Nada. Todo perdido. Vuelta a empezar. Quizás sea tarde. Escribo esto para saberlo, para intentar medir mi estupidez. Nunca he sabido andar en bicicleta,

martes, 24 de marzo de 2020

Cambios



Holiday (Rest On The Flight To Egypt)  - 2004 - Tom Root



Estamos en un momento de cambio, llevamos así 2020 años, más los de antes, y aún no terminamos de creerlo.  Por mi parte, dentro de  la prisión del ocio limitado, este es un aprendizaje para la conquista de la libertad. Mientras paso los días en casa añoro los paseos por las orillas de una ría de peces ciegos y recuerdo de ahogados, nostalgia justo el límite entre lo que hacía y lo que hago. Este es un tiempo de intentos dentro de la perplejidad. Escribo y me lleno de suspiros,  me cuesta escribir, se me está olvidando quién era, espero que no se me olvide quién soy. 

lunes, 23 de marzo de 2020

Pasión por la música

Me voy a comprar un clavicémbalo, lo anclaré en el salón para acariciarlo cuando pase a mi cuarto por las noches. Una vez nos tengamos confianza, en la fase posterior, el tuteo y eso, aprenderé a tocarlo en humedad y profundidad (en octubre estoy apuntado a unos cursos en la catequesis de mi parroquia).
Desde pequeño he tenido ilusión de saber tocar un instrumento (risas del público). Un tío por parte de mi padre me regaló una armónica pero no me gustaba el sonido y la tiré a la ría, un acto simbólico, premonitorio. Por eso opto por el clavicémbalo, para evitar tentaciones.
Esta tarde/noche firmo el primer pago, la primera letra, un pulso con mi incapacidad para la música, conocimientos acumulándose en mi cabeza como el agua de lluvia en un canalón obstruido, amontonándose con otras artes en actividades absurdas, nadar en un mar de helechos, surcar de este a oeste el desierto de la espalda de la mujer que amo, sumergirme en el palpitante y oscuro mapa de su deseo (o en el del mío, a veces), amar por no dormir, hablar por no callar, escribir para no decir excepto que el martes es un día soleado, apropiado para comprarme un clavicémbalo (no sé si lo tendrán de mi talla, preguntaré).
A lo mío, empezaré con Bach, qué menos.

domingo, 22 de marzo de 2020

Christian Bobin



La verdad es lo que quema. La verdad es menos en la palabra que en los ojos, las manos y el silencio. La verdad son los ojos y las manos que arden en silencio.

Christian Bobin
La présence pure

sábado, 21 de marzo de 2020

No lo lee



Este es un diario inútil de versos y besos no dados, de Ansiedad y Surrealistas notas a pie de página, fluir de Mariposas nocturnas mientras escribo, ejercicio tenaz y solitario, un abnegado movimientos de zanjas que se abren y cierran, no queda nada excepto un campo agujereado, yermo, paisaje lunaR sin luna, ella, a veces, leyéndome las líneas de la palma de la mano ¿leyéndome?

viernes, 20 de marzo de 2020

On/off



Un año que nos vimos.
Un año ya que no vivo.
Y no pasa nada.

Mi niño en la cuna,
mi marido en la cama,
yo en las nubes.

Tu ausencia se me clava
entre el esternón
y el alma.
Un año estéril,

un año vacío
porque no pasa nada.

Y te odio,
te amo,
 tú, tú, tú.

jueves, 19 de marzo de 2020

Escucho voces




Su voz como catalizador, ternura en suspensión, se remueve con una varilla de vidrio y emulsiona la nostalgia de sus brazos, de la curva de sus caderas, de su corazón en radiografía, de sus anhelos como hilos de plata temblando en el rocío, punto de distancia, aquí nos vemos, desde aquí, lejos, cerca, imposible irse, atrapado, hoy el día es gris, soplo las nubes, soplo el polvo acumulado en esta semana sin, en tantas horas huecas, fotografío aquel nosotros con una polaroid imaginaria y salimos tan bien que la enmarco, mira, mira.

miércoles, 18 de marzo de 2020

He pensado en ti




Hoy también he pensado en ti, hoy también he pensado en ti,  repetirlo para que tanto tiempo amistoso, amoroso, ambicioso en el recuerdo, no se pierda en lo mismo, tú sabes, miradas desde una tapia con cristales rotos en el borde, que nadie traspase los límites, lo tuyo, tuyo, lo mío, lejos, sentimientos doblados como servilletas en un armario del sótano de una casa vacía, hablar/escribir para que no se duerma el milagro de no saber, sabiendo, la historia recuperada, lo que nunca fue, lo que ahora es, pasear por una carretera flanqueada por árboles de nostalgia y presente, hojas de casi primavera, antes del verano, de ramas al sol, entender que vivimos en ciudades diferentes a pesar de vivir en la misma y que todo es exactamente lo que parece, que hoy también he pensado en ti  y te deseo lo mejor que, dadas las circunstancias, no tengo idea de qué es lo mejor para ti, lo que no quita que este deseo se llene de flores y pájaros amarillos y voces cantándote desde tu jardín que antes tenía un sauce, creo, y ahora tiene el eco de una confidencia y canciones de Francoise Hardy, por ejemplo, de solistas italianos y desde el encierro todo es tan enrevesado y tan sencillo que hoy también he pensado en ti, he pensado en ti, he pensado en ti.  

martes, 17 de marzo de 2020

Tendedero

Sunday’s Blackberries, Carolyn Carr, 2010s

Este beso va tal cual, es decir fiero, dulce, posesivo, apasionado, tumultuoso, precursor, el beso. Se abre paso kilómetro a kilómetro –qué lejos estamos- aunque mis piernas no son lo que eran y camino por el borde de los caminos, para evitar el barro, mancharme los zapatos de ante, mis alpargatas de aldeano ausente, mis pies desnudos de romero…

Desvarío, nena, cuelgo la ropa y voy. 
Te espero donde siempre.


lunes, 16 de marzo de 2020

Berlín.


Leo todo lo que encuentro de Antony Beevor, es un historiador bien documentado sobre la II Guerra Mundial, además su lectura es muy amena. En estos tiempos de recogimiento forzoso recuerdo su descripción de  los últimos días en el bunker de Hitler, muchos de sus ocupantes allí abajo, encerrados, sin poder salir, cuando sabían que todo estaba perdido, se dedicaron a…  

"durante la última semana de abril se extendió una 'verdadera sensación de desmoronamiento' que llevó a los empleados a beber sin freno y a fornicar de un modo indiscriminado".(Antony Beevor .-. Berlín. La caída: 1945.)

Os recomiendo encarecidamente que aunque estéis aburridos no imitéis estas actitudes que luego pasa lo que pasa. Es duro estar en casa sin salir pero de ahí al alcoholismo y a lo otro hay un paso. Sobre todo a lo otro más que nada por la falta de costumbre. Pues eso.

domingo, 15 de marzo de 2020

Descalza



Para que su corazón baile, cubre la estela del cuerpo de la mujer que ama con pañuelos de seda, imita a su alrededor cantos de jilgueros, murmullo de fuentes, rumor de sirimiri,  agita las ramas que disfrazan el lago, sopla a las estrellas, ha vendido su alma al diablo ya solo espera la vuelta de la virgen descalza.

sábado, 14 de marzo de 2020

Tu primer día




Algunos ancianos nostálgicos de lo que no han conocido (por fortuna) leen sin descanso aquello de que hace no tanto (en términos históricos, antes del adanismo, tú mismo) hubo una Guerra (la Segunda en poco años) y Europa (¿solo? No) quedó devastada. Estudian con ahínco aquellos terribles seis años y les impresionan tantas, tantas muertes (aproximadamente 50 millones de personas), el sufrimiento, el dolor, la destrucción, lo irremediable. Les llama la atención (a esos ancianos que digo) el desconcierto de la gente normal (término a definir) al pasar un lunes (por ejemplo, pero fue el 01.09.1939) de vivir “como siempre” a vivir en la incertidumbre, en el miedo infinito, en no saber qué hacer, hacia dónde huir, el hambre, el terror ante la brutalidad extrema de una guerra. Los ancianos en general son muy dados a contar batallas, una actividad que repiten básicamente porque nadie les presta la menor atención, pero conozco uno que le está dando vueltas a ese momento individual, ese en el que cada uno de nosotros  tomará conciencia de que esto del Virus va muy en serio, que este, hoy, es su primer día ante una vida diferente, que todo (¡todo!) ha cambiado. ¿Por cuánto tiempo? Joder, yo qué sé, los ancianos no lo saben todo.

viernes, 13 de marzo de 2020

El Decamerón y tú.




En su día (sin fecha) algunos ancianos leyeron ese libro tan antiguo  (ahora todo es antiguo menos lo que saldrá mañana) y se sorprendieron de sí mismos (darse de bruces con la ignorancia es muy peligroso, puedes romperte la nariz de la autoestima). Buscaron en su biblioteca y en Google y supieron algo más.

 ”¡Cuántos valerosos hombres, cuántas hermosas mujeres, cuántos jóvenes gallardos a quienes no otros que Galeno, Hipócrates o Esculapio hubiesen juzgado sanísimos, desayunaron con sus parientes, compañeros y amigos, y llegada la tarde cenaron con sus antepasados en el otro mundo!”

Algunos ancianos vieron una similitud entre aquello y esto (sin determinar). A pesar del adanismo siempre hay un antes, hemos inventado bastante poco, el corta y pega es antiguo. Muchos ancianos recuerdan a los dinosaurios y lloran, los ancianos lloran mucho por eso de la pérdida de testosterona.

 ”En verdad los hombres son cabeza de la mujer y sin su dirección raras veces llega alguna de nuestras obras a un fin loable: pero ¿cómo podemos encontrar esos hombres? Todas sabemos que de los nuestros están la mayoría muertos, y los otros que viven se han quedado uno aquí otro allá en distinta compañía, sin que sepamos dónde, huyéndole a aquello de que nosotras queremos huir, y el admitir a extraños no sería conveniente; por lo que, si queremos correr tras la salud, nos conviene encontrar el modo de organizarnos de tal manera que de aquello en lo que queremos encontrar deleite y reposo no se siga disgusto y escándalo.”

Esos ancianos que decía se están organizando para sobrevivir (una manía como otra cualquiera) y se quedan en su casa (el que la tiene) leyendo el Decamerón, la Biblia (en verso) y otros bestseller (incluido lo de Grey). No salen ni para comprar el pan con lo que poco a poco se están muriendo de hambre y otras soledades pero del virus ese, no.

”Su compasión por las mujeres privadas de libertad a la hora de hablar, y también social, confinadas en sus casas y, a veces, sufriendo mal de amores. Contrasta su vida con la de los hombres, que disfrutan de entretenimientos como la caza, la pesca, cabalgar y la cetrería”

A algunos ancianos se les ha olvidado hacer el amor (iba a escribir follar pero me he contenido por si esto lo leen los niños) bien por falta de memoria, por falta de con quién, o por falta de estímulos, materia prima, desgana y que ya no, oye). Algunos ancianos, singulares, están buscando a siete mujeres y dos hombres para aislarse cerca de Florencia y contarse cuentos. No saben si evitarán la enfermedad pero se lo van a pasar de miedo hablando, moviendo mucho los brazos, gesticulando e inventando cómo será el mañana, si lo es.

Fin.




Bilbao Poesía 20


jueves, 12 de marzo de 2020

Poe y Cortázar



Algunos ancianos se vuelven crédulos, se infantilizan, babean, otros reniegan de todo y más, juran y perjuran que ellos aún son jóvenes, que esto (¿?) no está perdido y rezongan, tienen mal humor y poca memoria. Son contradictorios.

Hay ancianos que desde antes de Rayuela tienen a Cortázar (Julio) en un altar y creen que siempre ha estado ahí, con velas y flores. Pero no.

Con 9 años, Julio Cortázar leyó las Historias extraordinarias de Edgar Allan Poe. Ahí se le quedó, con terrores nocturnos desde esa infancia hasta la adolescencia. Luego creció y había que trabajar para vivir (comer, pagar las letras, el papel de fumar). En 1953 Francisco Ayala, a través de la Universidad de Puerto Rico, le encargo la  traducción de las Obras en prosa de Edgar Allan Poe. Gracias a lo que cobró por este trabajo compró su primer apartamento en París, allí vivía con su compañera  Aurora Bernárdez. Un primer círculo. Después llegó la traducción de Vida y cartas de John Keats. Tanto le gustó que escribió un ensayo sobre él qué, cosas de escritores, editores y esposas, se publicó después de su muerte. Otro círculo.

Algunos ancianos, no demasiados, rezan a la Maga virgen y a Oliveira y les da igual Poe, Keats y los poetas de la Antártida. Cómo son.



 




Bilbao Poesía Jueves 12









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