.-Pedro M. Martínez-.



martes, 21 de septiembre de 2021

Prehistoria.

'La entrada de los hunos en Roma' (1887), por Ulpiano Checa.

Empieza el día, sube al caballo y levanta la espada señalando al frente, una tropa desarrapada le acompaña, le sigue, gritan y agitan sus armas, rugen las compañías de bárbaros, los rubios guerreros del norte, los taimados exploradores de la estepa, lloran las plañideras, golpean sus cacerolas los hambrientos esperando el botín, no saben que no, que no hay batalla, que él no es un enemigo aunque a veces se siente en el quicio de la puerta con cara enfadada, aunque a veces les tome de las solapas y les pida estrellas, visitas más frecuentes, unicornios.

Salta por el cielo tratando de capturar planetas, se pierde en sus estelas y ya no espera bajo la lluvia, bajo los árboles, no hace falta que diga nada, su ausencia dice que lo quiere todo, que no sabe lo que quiere, que quiere saber, que hoy, que mañana, que sí, que no, que la imaginación ¿qué?, nadie sabe lo que quiere. Y, realmente, ¿a quién le importa?, este post es ya la prehistoria.

lunes, 20 de septiembre de 2021

Ya hemos pasado Córdoba

 


Ya hemos pasado Córdoba y nos  encontramos con pasajes bellos, crípticos, amalgama de conocimientos y poesía.

Y, ay, la emoción.

Pasajes que cuentan, que cantan, sin recato, sin guardar para mañana, dejando sobre la mesa garbanzos y pétalos del cerezo, la sombra de un alcornoque y el vuelo de una cigüeña, la estela de un reactor en el cielo de enero y la promesa de lo que vendrá, de lo que puede venir a nada que nos lo propongamos.

Pero la emoción.

Si, la vista de esa vega sevillana desde un balconcillo de Carmona, aún no amanecía y llevaba más de 800 kilómetros de noche oscura, confidencias radiofónicas y M a mi lado, cantándome. Paramos ahí y el día se hizo.

Y la emoción.
Es importante, se tiene o no se tiene, se consigue o no.

También esconder el venablo dorado en terciopelo, que parezca pero que no, esperar el golpe certero, cuando el otro gire la cabeza, a traición, Vellido Dolfos emboscado en la puerta que da acceso a la emoción.

“¡Rey don Sancho, rey don Sancho!, no digas que no te aviso,
que de dentro de Zamora un alevoso ha salido;
llámase Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido,
cuatro traiciones ha hecho, y con esta serán cinco.
Si gran traidor fue el padre, mayor traidor es el hijo.
Gritos dan en el real: -¡A don Sancho han mal herido!
Muerto le ha Vellido Dolfos, ¡gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto, metiose por un postigo,
por las calles de Zamora va dando voces y gritos:
-Tiempo era, doña Urraca, de cumplir lo prometido.”

Se tiene o no, no se compra, es caprichosa, aparece detrás de los cedros.
Su ausencia nos tortura.

El resto será cosa de negociarlo, no vaya a ser qué.
Córdoba ahí, ya lejos.

domingo, 19 de septiembre de 2021

Juntando palabras

 


Cada día juntando palabras que si lo miras bien no dicen nada, solo el viejo juramento de estar aquí por puro orgullo, absurda decisión tomada cuando todo era diferente, todavía había ecos, gorriones, la mecedora de mi abuela, si rasco con la uña quizás aflore la tristeza, la humedad en la pared, la ingenuidad que siempre me ha defendido como un escudo, detrás de aquella barricada elemental todo era blanco, a veces viraba ocasionalmente a gris pero la niebla ocultaba los temores, las sospechas, no a mí, nunca a mí, ciego voluntario, miope aventajado, tapándome los ojos con las manos, no saber, nunca he querido saber, una manera de defenderme como otra cualquiera, ha pasado tanto tiempo que apenas puedo distinguir las mentiras, tite tihe tidi ticho tique ties titos tini tiños tinos tien titi tien tiden, sonrío, cuanto amor, cuanto miedo, pero todo era blanco, decorado o niebla, pintura barata o tramoya, una muralla de ternura, Ella nos defendía, lo logró, aunque ahora se me rompa el corazón, justo ahora que solo puedo juntar las piezas, saber lo que había detrás de la puerta, entenderlo y llorar.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Jeanette Winterson

 


 "En la lectura es donde está lo salvaje."



Jeanette Winterson

¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?


Madera de boj

 


Hay escritores a los que su imagen pública ensombrece, incluso anula, su calidad literaria.  Para mí, por ejemplo, dos nombres (curiosamente ambos premio Nobel): Vargas Llosa (su “Casa verde” es un prodigio) y Camilo José Cela.  

Este verano he terminado “Madera de boj” (1999) que Cela escribió en Finisterre. con la fortuna de hablar con personas que le conocieron y trataron cuando vivía allí. Muchos le recuerdan  como una persona educada y más o menos cercana. El libro se entiende y disfruta mas conociendo aquella zona, sus paisajes, sus gentes, sus historias, sus costumbres. Está escrito con maestría, innova dentro de un estilo personal, original, rompedor, aunque no es de lectura fácil dentro de su aparente sencillez. Me ha gustado mucho, me ha enseñado y me ha reconciliado con el Cela escritor al que casi había olvidado.

https://www.revistadelibros.com/madera-de-boj-novela-de-camilo-jose-cela/

viernes, 17 de septiembre de 2021

Mientras llega

 


Mientras llega, pensaba despertar a otra dama en su calle aletargada, ser zahorí en su páramo, jardinero para sus huertas agostadas, recibir bendición de luz de su mirada, recorriendo mi cuerpo en desnudez que preparo en músculos que brillan, mis brazos que añoran las cópulas bajo la etérea cúpula del aire, techumbre de cielo, estrellas, gavillas de trigo, lechuzas en las ramas, rumor de otras noches, cuando la lengua buscaba el temblor entre sus piernas, cerrábamos los ojos y las manos recorrían a tientas sus leves pezones morenos, la línea de sus glúteos, los muslos tensos, la espalda estremecida, el hueco del cuello, sus orejas, la húmeda respuesta de su cuerpo, -ven – decía- que no puedo-...

jueves, 16 de septiembre de 2021

Papel de estraza

 

Jean-Michel Basquiat

Aunque no lo parezca  este decir de versos empaquetados en papel de estraza, contiene una sagaz arquitectura de miradas, de silencios en la mitad de un puente sin orillas. ¿Quién soy?, soy, lo sé ahora. Dónde voy está claro, la negra dama baila bajo la parra.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Dwon

 


No estoy down, no, no creas la mano aletargada sobre el candil, ni  la luz que ilumina los mechones del silencio. Escucha al extranjero que maldice entre dientes de plata y ventanas cerradas a la flor del tiempo.

Cierto, no debo suponer sentimientos amorosos allí donde solo hay educación, cortesía y un cuchillo al final de esa mano que llevaba el candil, que iluminaba el silencio, que aún palpa los intersticios de la distancia. Solo me queda ya rebuscar en la estela del recuerdo y pegar en la pared todas las cosas que de ella me hicieron feliz. 


martes, 14 de septiembre de 2021

Rumores

 

Rumores de poetas transeúntes en el quicio de la catedral, voces habitadas por mentiras y geranios, por perros ciegos, por nostalgias detenidas en la esquina del camino dónde da la vuelta el viento.

Ella abre la boca, canta y no me llega su canto, película muda detrás de sus gestos de actriz de un género pasado de moda.

No todas las mentiras son verdad y por eso me inventé en otro, enamorado.

Y estos versos.



lunes, 13 de septiembre de 2021

Jesús Marchamalo

 


 "A mediados de los años cincuenta [Julio Cortázar] hizo un largo viaje por Italia, viendo monumentos y trasladándose de una ciudad a otra en tren. Y cuenta su mujer, Aurora Bernárdez, que siempre compraba alguna novelita en los quioscos de las estaciones, para acompañar el viaje. Casi siempre era Julio el que comenzaba a leer, y cuando terminaba una página, la arrancaba y se la pasaba a Aurora, que a su vez la leía y la arrojaba después por la ventanilla del tren como un romántico pañuelo, la paloma de un mago."



Jesús Marchamalo 

39 escritores y medio


domingo, 12 de septiembre de 2021

Para borrarla

 



No guardes esta carta, sé egoísta, bórrala, no se la dejes leer a nadie, fugaz, para nosotros, una llamarada, tesoro y fuente, sorpresa, goteo del deseo sin verte, deseo sin tocarte, tocándote, que dices ah y te escucho, que piensas y te huelo, que ves y veo, que te inclinas sobre una mesa (¿ves cómo ves?) y te abrazo desde atrás diciendo, diciendo, acariciándote los muslos sobre la falda, bajo la falda, besándote el cuello, ciñéndome a ti hasta que me dices ven, y vamos, que bajamos las persianas y se hace el día y nos bebemos hasta la ebriedad de bebernos, de gustarnos, de cabalgarnos, de acariciarnos la espalda, de tenerte entre mis brazos y llegar hasta el cielo, más arriba, donde el aire nos falta y nos besamos, nos llenamos de besos, tanto rato, ven, abre las piernas, que no puedo aguantar más esa mirada, ese temblor, nadie llama, no despertemos, no hay nadie, ven, calla, que me pierdo en tu cuello, en las sienes, en tu pelo rubio, entre la línea que separa, que ya no separa, que nos une y nos duele, que nos hace gozar, que nos invade, que nos lleva a otros mares, que naufragamos, juntos, braceando, sacando la cabeza para respirar, un poco, ahogándonos de dulzura, de rabia, de mordiscos, ay, ven, ponte así, déjame verte, no me toques, espera, ven ¿y dices que no estamos locos? un poco sí ¿no?


Y ahora, borra esta carta.

sábado, 11 de septiembre de 2021

Grieta

 



Comenzó en Burdeos, Francia, ahí fue el lugar exacto.

El pequeño Jean Jacques se escondía de sus amigos en unos de esos juegos que la mayoría de los niños actuales han olvidado. No quería que le descubrieran, estaba tumbado sobre una gran roca aún caliente por el sol del mediodía conteniendo la respiración. Para no aburrirse, con la uña dibujaba rayas paralelas en la superficie de piedra. Fue entonces cuando la vio. La grieta tenía apenas veinte centímetros pero en pocos segundos comenzó a ampliarse con gran rapidez. Jean Jacques se asustó y salió corriendo indiferente a los gritos de sus compañeros de juego que gritaban victoriosos que le habían pillado.

En la siguiente media hora la grieta llegó hasta el pueblo dividiendo en dos la rue Saint Catherine, allí donde se concentra todo el comercio, llenando de espanto a los abundantes compradores de sábado. Se tragó varios coches, a una señora mayor y al gato de Marcel que dormía bajo un semáforo.

Los noticiarios de las diferentes televisiones y emisoras de radio dieron la noticia del suceso llamando a la calma a la población pero advirtiendo que la grieta se adentraba ya en territorio español y que por el norte estaba llegando a París. Caprichosa, la grieta pasó a escasos metros de la torre Eiffel que desapareció en sus profundidades. Los muertos se contaban por centenares, desastres en vías de comunicación, casas y demás, las pérdidas económicas y materiales eran astronómicas.
En los tres días siguientes la grieta dio la vuelta al planeta dividiéndolo en dos caprichosas mitades que giraban por el universo al unísono con una separación de apenas medio kilómetro. Fue el momento de hacer balance, evaluar los daños, contar a los desaparecidos, reclamar a los diferentes seguros.

Han pasado varios meses y la situación se ha normalizado. La tierra sigue dividida y los habitantes de uno y otro lado se comunican por teléfono o a gritos. Se plantean diferentes problemas a resolver por los científicos, pero numerosos comités de sabios están concentrados en el tema de las mareas, de los océanos que se desparraman por los bordes, sin la sujeción de las riberas, de los ríos que fluyen directamente al infinito, etc. También grupos de juristas tratan de poner orden en la cuestión de fronteras, lindes, propiedades de las naciones o de particulares, esas cosas. Hay mucho que organizar, que actualizar.

Cariño, con todo esto no quiero poner excusas, pero es la causa por lo que hace tiempo no te escribo. No tengo momentos libres, este suceso absorbe gran parte de mi quehacer. Además la grieta me ha dejado en el aire y soy objeto de estudio por tres ingenieros rusos y uno japonés. No es que pueda volar, no, solo estoy en el aire, suspendido. Ahora estoy tecleando gracias a un complejo sistema de bluetooth. En cuanto logre estabilizar esta incómoda postura reanudaré nuestra correspondencia. Sabes que te quiero, nena.



viernes, 10 de septiembre de 2021

No leerías un poema en mi funeral

 

Sé que no leerías un poema en mi funeral. 
No ahora. 
Tampoco dentro de treinta años.

Entre las violetas fui herido...

Un poema que se burlara del cielo y del infierno. 
Esas cosas no son habituales. 
No en damas como tú.

La deshora...

Sería un escándalo para mis amigos. 
Si aún quedara alguno vivo. 
Y para tus hijos.

Caído del caballo de la dicha...

Por eso léemelo ahora. 
Con voz queda. 
Luego me iré, despacio.

Y ella, suave, recita a Borges:

“Para siempre cerraste una puerta y hay un espejo que te aguarda en vano...”

jueves, 9 de septiembre de 2021

Hans Magnus Enzensberger

 

 el otro

él ríe
está preocupado
expone bajo el cielo mi cara y mis cabellos
hace salir palabras de mi boca
tiene dinero y miedo y pasaporte
y riñe y ama
y se mueve
y lucha

pero no yo
que soy el otro
el que no se ríe
el que no tiene cara que exponer al cielo
ni palabras en la boca
a quien desconozco y es un desconocido de sí mismo
no yo: el otro: siempre el otro
que no gana ni pierde
que no está preocupado
i ni se mueve nunca

el otro
que se es indiferente
de quien no sé nada
a quien nadie conoce
ni me conmueve
ese soy yo.

1962

Hans Magnus Enzensberger

De "Poesías para los que no leen poesías" 1971
 Versión de Heberto Padilla


Serie negra

 

Que me han invitao a un muro. Una amiga de aquí, de esto, de siempre, del rollo de la red. Como soy educadito y bien mandao voy. Nada, una disidencia de un grupo de amantes de novela negra. Comparto una (¿novela?) de un tal Gómez Jurado. Joder, cómo se ha puesto la peña. Debe ser que no es suficientemente guay, el Jurado ese, o yo, no sé. Qué carácter. Total, que a mí no me han insultado, ni a mi familia, pero he quedado como un pardillo de poco gusto o ninguno, un aprendiz de su olimpo sin posibilidades de entrar en el círculo selecto de los guapos, de los intelectuales, de los que saben. Bueno, otro muro será, de serie negra lo mismo no (o sí, pero hay que darme tiempo) pero de jilgueros sé un huevo y de gastronomía, de astronomía (en agosto vi la Vía Láctea y tres estrellas fugaces) y soy buen chico y hago los recaos sin olvidarme demasiadas cosas. Tengan cuidado aquí dentro que´l personal está muy agresivo.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Juan Pardo Vidal,

 


"Además, cuando lo piensa se da cuenta de que lo que le gusta del otro es ella misma. Nos gusta coincidir con el otro, nos encanta la zona sombreada de intersección, el lugar donde coincidimos en gustos, ya sean musicales, estéticos o sexuales. Lo que nos interesa del otro somos nosotros. Es decir, nos enamoramos de lo que de nosotros tiene el otro, lo cual no deja de ser una paradoja, porque el amor se supone que es algo ciego y desinteresado."

 

Juan Pardo Vidal,

La luz de la mesita de noche


Empatía

 


Nicolenko no se deja engañar. Yo sí, por cualquiera. Es lo que tiene una mala educación, que me lo creo todo, a todos. Por ejemplo a la ministra Ribera que dice que las eléctricas no tienen empatía con la ciudadanía y lo dice tan seria que debe ser verdad. No tienen empatía, ni piedad, ni vergüenza pero eso no lo dice, quizás porque ella es muy educada o muy ministra o porque se sobreentiende o por no perder una posible silla o por vaya usted a saber. ¿Recordáis a Gargantúa? Pues así es la ciudadanía, se lo traga todo. Un momento que me llaman al móvil.

Ah, es mi médico de cabecera, que no escriba cosas de estas que se me altera la glucosa. 

Solo una cosa, si la señora ministra no puede, si el gobierno no puede, a ver si la ciudadanía tiene que solucionar esta historia. No creo. Voy a consultarlo con el sanedrín de los jubilados.

Pues nada, amiguitos, hasta la próxima caricatura. 

(en la foto: Ribera (a la derecha), Gargantúa (a la izquierda), de Nicolenko no he encontrado)


martes, 7 de septiembre de 2021

Abajo y arriba.

 



Insomne, desvelado, pensando en esto y aquello.

Me asomé al balcón, detrás de las montañas llegaba el resplandor del fuego. Habían dinamitado el puente largo.

Miré al negro cielo, brillaban la luces intermitentes de un avión, yo iba dentro.

Por la ventanilla veía la ciudad iluminada, al norte un incendio, el avión apenas hacía ruido, me adormecí.

Fue entonces cuando nos dispararon, flores rojas junto a las alas.

Julia me dijo “duérmete”.

Desde el balcón escuchaba el zumbido de los proyectiles, salían desde el puesto junto al Casino.

Tuve miedo, abajo y arriba.

En el avión solo pensaba en volver a los brazos de Julia.

Así se fue la noche.

Ahora, camino del trabajo, no sé si el avión llegó.

Eduardo Chillida


 

Se puede actuar en campos muy variados, pero lo que emparenta el arte, lo que tienen en común todas las artes, es que están obligadas a presentar dos componentes que no pueden faltar: la poesía - es necesario que exista algo de poesía-, y una dosis de construcción; si no, no hay arte. 

 Eduardo Chillida 

lunes, 6 de septiembre de 2021

Escribir está bien.




Escribir está bien, te libera de esas tonterías  que por la noche andan rondando la neurosis, el aburrimiento, el miedo, te ayudan a soltar peso como desde un globo aerostático, además haces amigos, sobre todo en los que no te leen, algunos ya lo eran, antes, amigos, no lectores, “yo es que no leo”·, ya, no hace falta que lo jures pero, puestos en esto de soltarse los botones de la camisa, los amigos de mis amigos no siempre son mis amigos, ya ves, qué cosas, los que conmigo van, está muy bien para titular un poema, un deseo, el ansia, “es que no escucho música”, tú lo que eres es gilipollas, escribir es una actividad invisible,  juego al fútbol,  juego al ajedrez,  soy escalador,  soy alcohólico anónimo, ya no, anónimo, escribo, pasa palabra, y yo, mira, lee, desde  el fondo de ti, y arrodillado, un niño triste, como yo, nos mira, “eso no es tuyo”, tú qué sabes, cara de bobo, cuando abundan los yo, malo, el síndrome del ombligo, cuando cuentas más lo tuyo que lo de otros, malo, cuando no cuentas nada pues, bueno, hay quién no tiene nada que contar, déjalo, en otras facetas eres un fenómeno, en no mojarte, no mancharte, no implicarte, arte, arsa, ozú, grrr, gruñidos, sonidos, no hay más que decir, hoy, se me han calentado las neuronas, las pocas que me quedan, “se nota”.

domingo, 5 de septiembre de 2021

El rosal.




En su memoria se confundían jardines y conciertos de oboe, héroes y pergaminos, trágicas fábulas y confesiones ocultas bajo las piedras.

En sus sueños veía nigromantes dibujando el firmamento de los muertos y casas viejas habitadas por pintores, artistas que fabricaban mundos nuevos al Sur, siempre al Sur.

Todo siguió su curso hasta el hastío, hasta el préstamo.

No fue él quien esparció sal en los rosales.

sábado, 4 de septiembre de 2021

El arroyo


Pierre Alechinsky


Era viejo o no era nadie, eso parecía al menos por su hábito de ser otro, otros, actor de arrabal, alguien que jugaba sobre el escenario de cada día, emperador o tártaro, jinete o tullido mendigando en las esquinas del ocio.

Frecuentaba iglesias y lupanares, mercados griegos regidos por absurdas leyes y grandes pajareras con alondras. Se vestía de música amarilla y tambores.

No fue él quien envenenó el arroyo.

viernes, 3 de septiembre de 2021

La muerte del unicornio.

 


Era joven, tanto como el animal que se agitaba inquieto en su pecho.

El fluir de sus palabras trazaba un bosque fantástico, nuevo, ni siquiera imaginado antes, con luciérnagas enredadas en la niebla de los zarzales.

Hombre diferente que hablaba lenguas de bronce, que rasgaba con una espada de conocimiento la oscuridad de las claves, el reflejo de los espejos, el descanso de las siestas de marzo.

No fue él quién mató al unicornio.


jueves, 2 de septiembre de 2021

Así vamos.

 


Antes todo era más bonito, los prados verdes, los culos de las chicas, mi mirada. Ahora escribo de memoria para no olvidarme, para saberme entre lo que digo y no digo. Antes todo era más bello, sí, pero estamos en un ahora continuo y converso de mis recuerdos con los pasajeros del vagón de cola, con los compañeros del banco del parque. Mientras me añoro (que en fondo es eso) escribo cartas de amor a una silueta detrás de las cortinas de un segundo piso a seiscientos kilómetros. Así vamos,  o venimos, ya no sé. Antes tampoco sabía, nada.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Septiembre

 


Miércoles,  abro las ventanas al viento del cambio, soleadas las habitaciones (dicen que vienen tormentas terribles), salgo y corto palabras del jardín de septiembre, se marchitarán con olor dulzón en búcaros antiguos.

Dicen que ella es un ángel

 Floto entre voces, nadan por mis muslos, me entran en los pulmones. Me ahogo, no encuentro la Palabra, no asoma, a veces veo su brillo, la tengo ahí, casi la pronuncio, -esa es, esa es- pero no, no llega. Sobre la mesa, junto a la mano, pétalos secos.

Es un ángel, ¿pero no decías que ella...?

Llegará el otoño y apaño discursos, rebaño recuerdos, engaño mi realidad, junto historias para mañana, no soy dueño de las que no son, de los sueños que no fueron. Digo lo que digo, no la Palabra.

Ella es un ángel, ella es un ángel.

Ahora, este es el único tiempo del que disponemos.

Tenemos la obligación de buscar la felicidad.

Yo lo intento con todas mis fuerzas.

martes, 31 de agosto de 2021

Regreso



Si usted está leyendo esto debo informarle que todo lo bueno se acaba. Sé que lo sabía. La visión de esa playa de arriba me acompañará todo el otoño/invierno/primavera y el próximo verano veremos qué ocurre. Teniendo en cuenta cómo está el mundo hacer previsiones a un año, incluso a una semana es atrevido. El regreso, eso, que volver es duro, pero es el momento. Si todo va bien y la carretera sigue donde estaba me da que me voy  casa. Hasta pronto.


lunes, 30 de agosto de 2021

Esperando

 Nina Leen, Hannah, New York City, 1956

Estoy mirando por la ventana, esperándote, arriba.

¡Ahora subo, cariño! (Bien, esto era. Aquí quería llegar. Esta no se me escapa. Soy un killer, un macho. Qué buena está, que hembra.)

Eo, tigre…

Sí (Pero ahora ¿voy? ¿Y Carmen? Esto es una infidelidad. Juré que no, que nunca.)

¿Subes?

Voy, voy. (Si no estaba seguro para qué la he besado, porqué la he acariciado y he llenado su oído de hermosas palabras. Soy un capullo, porqué lo pienso tanto.)

Estoy en el cuarto de baño, mi habitación es la de la puerta verde.

(Y si no cumplo, si me pasa como en casa que soy tan rápido, si no me excito. Para qué demonios me meto en estos líos. Llegaré a casa a las mil. Qué le cuento luego a Carmen. Seguro que nota el olor. O me ve algún pelo.)

Me abuuuurro, subes o no, andaaa…

(Joder, joder, joder, qué movida, si se entera Javi dirá que soy un gilipollas. Condones, no tengo condones. Es que esta… si se acuesta conmigo se acostará con muchos ¿Tendrá ella? Pero como se lo pregunto. Tanto ir de gallo y para una vez que me sale me acojono. Además tengo un agujero en el calcetín.)

Bajo a buscarte.

¿Pedro, Pedro? Se ha ido, qué capullo. No te puedes fiar de nadie. Anda que…vaya espécimen, me ha dejado a cuadros. Parecía otra cosa, hablar hablaba bien. Para una vez que me decido

domingo, 29 de agosto de 2021

Edward Hirsch

 


Una noche de agosto de 2011, cuando un fuerte huracán se abate sobre Nueva York, Gabriel, el hijo del poeta Edward Hirsch, desaparece. Tres días más tarde, los padres descubren que su hijo de veintidós años murió de un paro cardíaco tras ingerir una droga de diseño. De esta pérdida nace Gabriel: un poema, un demoledor poema que desde el primer verso, y sin rodeos ni concesiones al sentimentalismo, sumerge al lector en el duelo del poeta, o más bien, en la trágica experiencia de tener un hijo y perderlo. Hirsch escribe sobre Gabriel, el niño inquieto y joven impulsivo, y sobre su muerte, a lo largo de versos que avanzan vertiginosamente, mezclando temporalidades y fracturando por completo el hilo narrativo y el esquivo retrato del hijo. Versos donde su experiencia se entrelaza con la de otros poetas que, como él, enterraron a sus hijos y buscaron desesperadamente el modo de poner en palabras una pérdida que se resiste a ser nombrada. Con Gabriel: un poema, Hirsch retoma la larga tradición de la elegía, tantas veces visitada, para renovarla. Como en este tipo de composición clásica, en su poema hay lugar para la memoria, para el homenaje y para la culpa, pero ya no hay Dios ni consuelo. La pena, en Hirsch, no cesa. Simplemente, se transforma. Y da origen a un libro brillante por la lucidez y la crudeza con las que está escrito; terrible por todo el dolor que contiene.


El director de la funeraria abrió el ataúd
Y ahí estaba él solo
De cintura hacia arriba

Me acerqué a mirar su rostro
Y por un momento me sorprendí
Porque no era Gabriel:

Era solo algún pobre chico
Con su rostro como una habitación
Que hubiera sido vaciada

Pero entonces me fijé con más cuidado
En sus pesados párpados
Y en la delicadeza de sus rasgos

Él que siempre había*

tenido un sueño tan liviano
Ahora estaba extrañamente quieto
Mi muchacho insensato

Vestido para una ocasión especial
Le gustaba ese traje azul marino
Y exhibirlo delante del espejo

Le gritaron Ey colega
En una calle de Northaptom
Te ves muy elegante con esa ropa nueva

Le encantaba cómo se veía
Después de haber dejado las pastillas
Que nublaban su mente

Se quedaba asombrado
Al verse en los espejos de las tiendas y en puertas giratorias
Que le devolvían su reflejo

Ahora se veía rígido y distante
Como si estuviera yendo a un funeral
En un viernes de inicios de septiembre

Edward Hirsch (Chicago, Estados Unidos, 1950) es poeta y ensayista. Ha publicado nueve libros de poesía, entre los que destacan For the Sleepwalkers (1981), Wild Gratitude (1986), Earthly Measures (1994) y la antología The Living Fire (2010). Gabriel: un poema (2014) es su obra más reciente. Hirsch, a su vez, ha publicado varios ensayos sobre poesía donde la vocación divulgativa se conjuga con una fina erudición, como How to Read a Poem and Fall in Love with Poetry (1999), un título que fue un éxito de ventas en Estados Unidos. Como crítico de poesía, ha colaborado con importantes medios estadounidenses. Sus libros de poesía han sido recibidos con mucho entusiasmo por la prensa especializada y por críticos de la talla de Harold Bloom. Afincado en Brooklyn, Hirsch preside la John Simon Guggenheim Memorial Foundation en Nueva York.

https://kriller71ediciones.com/edward-hirsch-gabriel-un-poema/#

Hung

 



Una serie de 2009/2011 (en HBO), curiosa, difícil de catalogar, puede parecer simple pero tiene toques humanos que la hacen singular. Entre otras cosas, refleja bien los resultados de la crisis en las clases medias norteamericanas Lo desconcertante en una comedia así es la abundancia de escenas eróticas tan explícitas (aunque no exentas de humor). Bien interpretada.  Parece que en USA fue bajando de popularidad y se quedó en la tercera temporada (3 temp. X 10). A mí me ha gustado bastante. 


sábado, 28 de agosto de 2021

Viajeros sin viaje




Esto de hoy está dedicado a los viajeros de sí mismos, a los que transitan por las interminables distancias interiores, esos que nunca llegan a su propio destino, que siempre están detenidos en andenes intermedios entre la salida y la nada, entre ser o haber sido, entre recuerdos y el tiempo escapándose de las manos que acunan el vacío, dedos que señalan la inmensidad, lo que siempre está más allá, inalcanzable, el miedo a que todo termine antes de llegar, antes de ser, antes del orgasmo o el viento, antes de conocer el verdadero rostro del alma, de la belleza, de romper los espejos, de refugiarse en las ruinas de palacios vacíos, en carros de gitanos volcados en carreteras con barro y perros ladrando en los caseríos, gatos junto al fuego, ancianas que nos miran con zarcillos en las orejas, con una maldición en la lengua, con un gesto de cruces e intermitencias, lejos de lo conocido, lejos de la historia, de lo que antes, del sí, de haber salido de DF y llegar a Oaxaca o a un pueblo perdido en la meseta castellana, rumor de polvo, zorzales colgados de los alambres, vencejos acariciando los arroyos, un hombre de uniforme revisa las entradas, un hombre ciego ve el futuro, una mujer lleva en su seno la promesa del cambio, de lo que tú no has podido ser, de los inventos, de higrómetros y cachivaches, de melenas sumergidas en una corriente de tiempo y viento que nos abandona justo allí donde confluyen las líneas que delimitan la impotencia y subir y bajar a vagones huecos, ventanas cerradas, calefacción para el invierno y carbón desgranándose por vías y vías, hierro y madera, minutos triturados, la muerte agazapada en los túneles que nos atemorizan, nunca entramos a los túneles, saltamos en marcha, nos golpeamos con rocas y peñascos, con carteles que avisan “menos uno, menos dos, menos tres...”, nos engañamos, nunca llegaremos.  Esto de hoy está dedicado a los viajeros de sí mismos.

viernes, 27 de agosto de 2021

Arnold Böcklin


Es absurdo, la  honestidad no está  de moda. Intento no repetir los temas que trato aquí pero. Estoy en el Fin de la Tierra, mi imaginación está centrada en ser feliz y cómo (no necesito demasiado)  Si Arnold Böcklin pintó cinco versiones de “la isla de la muerte”  no veo la razón de no repetir una carta a príncipes sin posibilidad de trono, incluso repetir el pre destrono, no reinar en el reino no reinado, re no reinar, Es decir un re de re de re, como en los mensajes que se repiten hasta el infinito (y mucho más allá). Entrar aquí  tiene el valor de la imaginación y la comprensión de cada uno, lector o escritor o vaya usted a saber. Eso mismo.

jueves, 26 de agosto de 2021

Golgona Anghel,

 

No me interesa lo que
dicen los disidentes de la dictadura.
Pero confieso que me gustaban los chocolates Toblerone
que mi tía me traía en Navidad.
No creo en los presos políticos,
ni me impresionan los niños descalzos
que les muestran los dientes a las máquinas Minolta
de los turistas italianos.
No voy a pedir asilo.
Desconozco los avances
o retrocesos económicos de mi país.
Ya he hablado de Drácula lo bastante.
Ya he recogido fresas en Andalucía.
Ya he sido gitana, ya he sido puta.
No necesitan volver a preguntármelo.
Lo que me preocupa —y, eso, sí puede ser relevante
para el fin de la historia— es saber
cuándo fue que me transformé,
yo que era una loba solitaria,
en este caniche de apartamento que les habla ahora.





Golgona Anghel, nacida en 1979 en la Iliria Oriental, es una poeta de nacionalidad rumana que escribe en lengua portuguesa y castellana. Es licenciada en Estudios Portugueses y Españoles en la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa y doctora en Literatura Portuguesa Contemporánea por la misma universidad, donde actualmente es profesora e investigadora auxiliar. Es autora de dos libros de ensayo, Eis-me acordado muito tempo depois de mim, uma biografia de Al Berto (Quasi Edições, 2006), Cronos decide morrer, viva Aiôn. Leituras do tempo em Al Berto (Língua Morta, 2013) y ha preparado una edición de los diarios del poeta Al Berto, publicados en Assírio & Alvim en 2012. Como poeta es autora de tres libros por los que ha cosechado abundantes elogios, así como diversos premios de prestigio: Crematório sentimental – Guia de Bem-Querer (2007), Como uma flor de plástico na montra de um talho (2013) y su más celebrado Vim porque me pagabam (2011).

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