lunes, 25 de junio de 2007

Carta en su ausencia rusa.

En tus viajes anteriores, interiores, escribía desde el fondo de mi corazón, sacando todo el amor, contándote lo que ocurría aquí cuando no estabas. Me refiero dentro, me refiero fuera.
En este viaje ruso te escribo desde no sé donde, apenas sé ya a quién, mucho menos sabiendo el por qué de mi obstinación. Siento en esta reiteración que mis palabras se aglomeran desde el borde de un sentimiento sin forma, borroso, algo así como una nube de tormenta, negra, cargada de electricidad. Aunque ya todo es una nube, no hay cielo, solo esa informe masa negra. Está detrás –me dicen algunos- . Mienten- les digo yo-.
No me cabe ninguna duda del recuerdo constante, de tu presencia en mi, ya te hayas convertido en ideal, imposible, quimera, nostalgia, sueño, pesadilla, afán o manera de llenar mis vacíos.
No tengo ninguna duda sobre mi amor, bien sea por ti, bien por mi necesidad de amar -¿lo imposible?-
Tengo otras dudas.
Las dejo ahí, tendidas.
Llevan tanto tiempo tendidas que parecen melocotones con manchas marrones, peces boqueando sobre las tablas del embarcadero, limones de piel arrugada, un elefante sin trompa del zoo de Jerez.
André Gide definía la melancolía como un fervor caído. Escribo esto bajo el olivo, llueve con fuerza y está creciendo musgo en mis piernas duras, las que se esfuerzan por recorrer el circuito diario junto a la ría, con los músculos excitados, plenitud, virilitas, zancadas de alguien que no se quiere parar, que no se deja vencer por el bostezo de amaneceres y despedidas, de rutinarios paseos por los mismos caminos, por la edad, senectus. Desde el mezzo del cammin han apagado la luz.
Una guía de los viajes de los últimos años, mapamundi, planos, mapa con alfileres de cabeza roja clavados en los destinos. Aquí he estado. Y aquí. Ahora Moscú. Ahí se puede dormir. Allí cené bien. En ese lugar compré discos de jazz con trompetistas barbudos e impronunciables nombres. Horario de la llegada de los trenes, teatros cerrados, la ferocidad de las bestias que acechan en los caminos, el don de la risa. Jerarquía de los viajeros, profetas delante, peregrinos con sandalias, los descalzos detrás. Diario de aeropuertos, campos de girasoles desde la ventanilla del tren, delfines saltando en la nieve, niños llorando en la estación, el mar en el cuenco de sus manos, leyendas en Cuzco junto a las nubes, voces floreciendo en los castillos franceses apenas vistos en la penumbra desde la litera, gatos maullando bajo las barcas varadas en un puerto cualquiera, monumentos a los héroes de una guerra, siempre hay una guerra que recordar, siempre un agravio, una frontera, el soldado desconocido, himnos, qué cándidos eran unos, qué crueles otros y al final siempre ganan los mismos, no somos nosotros, la historia la escriben los de siempre, nos quedan diez revoluciones pendientes, con esta huelga de relojes jamás las empezaremos, monumentos a los niños abandonados en los quicios, señoras limpiando los servicios públicos bajo la plaza, un vigilante con una linterna que abre las puertas hacia quién sabe que maravillas subterráneas previo pago de seis euros, recuerdos borrosos de casas de comidas con camareros altivos, patos atrapados en los estanques helados, bandas de música de bomberos jubilados, asientos reservados a caballeros mutilados portadores del carné oficial. Fin




20 comments :

Anónimo dijo...

siempre paso a ver. Y hoy me quedé...
qué cosa no? todos siempre nos unimos en las mismas sensaciones de pérdidas.
Un abrazo

Margot dijo...

Y qué hago aquí que no estoy dormida que mañana es lunes y verás tú... pero te leo y entonces me entran ganas de irme a Moscú o la China o ver la verde Andrómeda y tú no dejes de escribir, de contarnos aunque a veces las nubes sean negras o te duelan las piernas por el musgo, que es peor el liquen, seguro, o las dudas tendidas.

Que aquí yo no apago la luz ni aunque me arrastren.

Besossss y ya es lunes desde Orión.

ybris dijo...

También a mí me gusta rememorar viajes.
Aunque, a veces, la verdad, de ellos sólo recuerdo una sensación de distancia que es la que luego utilizo para imaginar las cartas que escribiría a una amada o al amor.
Otras veces se me muestra el fervor caído de la melancolía contra el musgo que el tiempo va acumulando sobre el cuerpo.

Que nunca nos falten los esfuerzos por mantener la virilitas en la senectus por mucho que haya (yo) pasado el mezzo del cammin.
(Al margen esbozo una sonrisa por ese recuerdo de caballeros mutilados con carnet oficial. Ya se me iba olvidando).

Un abrazo, viajero.

Pedro M. Martínez dijo...

Qué cosa, Cecilia, qué cosa, pasas a menudo y hoy hablaste.
Qué te tocó? Qué fue? Qué sensación de pérdida propia?.
Un abrazo

Pedro M. Martínez dijo...

Margot, nuestras lecturas son mutuas, que ocurre que soy tímido y no me atrevo a decir, ensimismado en viajes, en el próximo, menos mal que tienen regreso, lo haré solo, ya me vale, de inicio, a estas alturas, que espero soportarlo, hablaré con las vacas, con las gallinas, yo qué sé, que el día está triste, medio lluvioso, sirimiri que decimos aquí.
Besos se dice como ahí, besos.

Pedro M. Martínez dijo...

Ocurre, querido ybris, que son sus viajes (de ella), no los míos. Y son reales, no imaginados, que pasado el mezzo del cammin ya no está uno para imaginaciones sino para realidades, que ayer vi “Venus” con Peter O`Toole y me entró una cosa así, como de realidad pronta que aún estoy revuelto, desasosegado, aunque, eso sí, mis esfuerzos por mantener una apariencia de caballero no mutilado sin carnet cada día son más costosos, pero lo mantengo, que subo y bajo Artxanda como una cabra (huuum, no me parece bueno el ejemplo, por la cabra mas que nada) y creo que ya estoy preparado para mi agosto aunque ¿sabes? me da un poco de miedo. En fin.
Abrazos de lunes.

Camille dijo...

Feliz, aquel, que como Ulises emprende un largo viaje...

Pero..dime que ella te manda una postal o te trae un souvenir de sus viajes(en éste te quedaste triste, o serán cosas mías?).

Besos

Pedro M. Martínez dijo...

Tranquila Camille, siempre me trae souvenirs imaginarios de países imaginarios. Se va pero vuelve, aunque no vuelva. Un lío. No te preocupes, esto es (lo intenta) literatura. Lo que ocurre es que a veces me meto demasiado en el personaje y termino creyéndomelo. A veces hasta es verdad, hoy no, o no ahora.
Pero me enternece tu preocupación, muchas gracias.

Raquel dijo...

Todos nos vamos, lo ves.
Tranquilo que mi ausencia será breve (es casi una amenaza jajaja)
Un beso.

Atzavara dijo...

Cartas y recuerdos... dos de mis vicios...

Besos...

Pedro M. Martínez dijo...

Puff, Raquel, me quitas un peso de encima.
Es una gozosa amenaza.
¿Sabes que estoy enamorado de Roma?
Un beso.

Pedro M. Martínez dijo...

Atzavara, modus vivendi y alimento de la nostalgia.
Te entiendo.
Y recuerdo que quiero escribirte una carta de las antes, de las de toda la vida.
Y que se me había olvidado el beso.
Besos.

Margot dijo...

Pues será un buen viaje, siempre es y será tiempos de inicios, aunque acabes hablando con tus uñas... yo a veces lo hago.

Y deja de jugar al abuelito cebolleta que no te va nada el papel (jeje).

Y que besos que caen como sirimiri sobre ti, así son de allá y acá.

Camille dijo...

Esto es literatura (lo intentas- dices)y yo soy una lectora (lo intento-digo), pero sucede [que a veces] el lector interpreta algo diferente al autor y pregunta o se pierde en la niebla..qué se lo pregunten a Unamuno.

Es que le sacas punta a todo, pitxín (toma!)

Pedro M. Martínez dijo...

Eso espero, Margot, y espero hablarme con las tripas, ventrílocuo de mí mismo, con diálogos en las noches solitarias. Puff.
Y no sabes qué papel me va, toda vía no lo sabes. Lo sabrás.
Me estoy empapando con esos besos. Qué ricos.

Pedro M. Martínez dijo...

Camille, mejor te lo cuento al oído.

gaia07 dijo...

"No tener ninguna duda sobre mi necesidad de amar lo imposible" ¡Cómo me gustaría poder decir eso! ¡Cómo me gustaría borrarlas todas!
¡Cómo me gustaría amar y ya está!
Un beso Pedro.

Pedro M. Martínez dijo...

¿Y qué te hace falta? gaia07, además de otra persona, claro.
No es difícil, solo hay que encontrarla.
Un beso.

Anónimo dijo...

Pedro...todas las sensaciones de pérdidas y encuentros..siempre serán de todos y de cada uno a la vez.
Y no se que me tocó...tal vez todo.
Otro abrazo

Pedro M. Martínez dijo...

Gracias Cecilia por tu sensibilidad.

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