domingo, 15 de septiembre de 2019

Zuloaga




Bilbao es una ciudad pequeña, rodeada de montes; ahora dicen que es luminosa, antes decían que era gris; ahora hay muchos bares, antes había industria;  ahora está el museo Guggenheim, antes y ahora está el Museo del Parque que presenta hasta el 20 de octubre  Zuloaga 1870–1945, una magnífica exposición retrospectiva dedicada al pintor vasco (Eibar).

He estado esta mediodía. Impresionante. Merece una visita a Bilbao (excepto que vivas en Alaska, por ejemplo). Qué deleite. Para disfrutarla mucho, mucho.

Zuloaga fue un extraordinario pintor (adjunto link con información). Vengan ustedes y lo comprueban, no se arrepentirán.





El Museo de Bellas Artes de Bilbao con el patrocinio de BBK presenta Zuloaga 1870–1945, la primera gran exposición retrospectiva dedicada al pintor vasco Ignacio Zuloaga (Eibar, Gipuzkoa, 1870–Madrid, 1945), uno de los artistas más importantes del panorama artístico de principios del siglo XX y referente absoluto de la pintura figurativa mundial.
Su éxito incontestable en los principales escenarios artísticos internacionales provocó que sus composiciones más emblemáticas terminaran diseminadas por todo el mundo. Tras casi un siglo, y después de años de búsqueda e investigación, muchas de ellas vuelven a reunirse por primera vez en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Se trata de una oportunidad única y extraordinaria para comprender la envergadura y trascendencia de la obra del artista vasco.
Compuesta por 95 obras y articulada en 15 ámbitos, la exposición Zuloaga 1870–1945 es la primera gran exposición antológica organizada sobre el conjunto de la trayectoria del pintor. Compartimentada en tres grandes periodos biográficos, la selección arranca con un nutrido, y apenas conocido, grupo de obras de juventud que Zuloaga pintó en París en la década de 1890.
Un momento en el que se evidencian las influencias derivadas del naturalismo, el impresionismo y el simbolismo francés, y en el que temáticamente se interesó por un realismo de corte social que dio como resultado unas obras de paleta fría y atmósfera poética protagonizadas por figuras anónimas procedentes de los suburbios parisinos.
Asimismo, comenzó su trayectoria como retratista, género en el que Zuloaga terminará convirtiéndose en un auténtico maestro. En estos primeros retratos se reconoce una clara estética simbolista, así como la influencia concreta de pintores como Eugène Carrière o James Whistler.
Después de este primer periodo de tanteos y experimentaciones, en 1898, tras una estancia en Sevilla que le había llevado a replantear su obra y alejarla de la influencia y el cosmopolitismo parisino, Zuloaga descubrió Segovia. Una región que desde el primer momento se le reveló como un universo de inspiración creativa de tipos y escenarios absolutamente genuinos. A partir de este momento, su pintura se apoderó de la arcaica identidad castellana, y mediante una particular fórmula estética que se valía del naturalismo y del simbolismo, y que hundía sus raíces en la cultura rural y en la tradición artística española, inauguró una nueva manera de entender la figuración en el arte europeo. Una genialidad que ha provocado que su obra escape de cualquier clasificación convencional, impidiendo adscribirla a una determinada escuela o movimiento concreto.
Gracias a numerosos préstamos inéditos se ha podido reconstruir con esplendor todo el amplio espectro temático que significó al autor y con el que consiguió fascinar a la crítica y al público internacional. Un rotundo éxito que generó una trascendencia inmediata, provocando una extendida moda por emular y servirse de los motivos y recursos estéticos utilizados por el pintor vasco. En este ámbito clave de la exposición, que biográficamente se extiende hasta 1924, destacan las escenas ambientadas en el inhóspito medio rural de Segovia, su codificación pictórica de la prostitución urbana y rural, su particular acercamiento al humilde mundo taurino sevillano o la captación de las históricas y aldeanas costumbres religiosas de Castilla y La Rioja. Unas obras que fascinaron al público internacional, que las adquirió ávidamente pero que, sin embargo, le costaron duras críticas en España y la acusación de hurgar en la crisis nacional surgida tras la pérdida de las últimas colonias en 1898. Paralelamente, junto a estas singulares composiciones, la exposición dedica una especial atención a su labor como retratista, género en el que, mediante elegantes y distinguidas obras, se terminó consagrando como digno sucesor de pintores como Giovanni Boldini, James Whistler y John Singer Sargent.
El recorrido de la exposición se corona con una obra de madurez íntima y luminosa. Una época marcada por las circunstancias sociopolíticas que afectará directamente a su arte. Desde la redefinición del panorama artístico europeo hacia la tradición figurativa del "regreso al orden" hasta la proclamación de la Segunda República y el estallido de la Guerra Civil, Zuloaga vivió estos acontecimientos en primera línea, viendo como, en gran medida, afectaron directamente a su vida y a su obra.
Al igual que su periodo de juventud, éste se conforma con obras desconocidas pero, en su caso, tienen la particularidad de estar resueltas con una paleta más cara y mayor precisión en el detalle.
A las obras maestras del pintor conservadas en el museo de Bilbao, como El cardenal (1912) o el Retrato de la condesa Mathieu de Noailles (1913), se suman préstamos de particulares e instituciones tanto americanas –Hispanic Society of America, Santa Barbara Museum of Art, St. Louis Art Museum, Misuri, Detroit Athletic Club o Museo Franz Mayer de México– como europeas, –Hermitage Museum de Moscú, Musée d'Orsay de París, Galleria Internazionale d'Arte Moderna di Ca'Pesaro de Venecia, Museum Belvedere de Viena o las universidades de Cambridge y Oxford–. Dentro del ámbito nacional destacan el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid o el Museu Nacional d'Art de Catalunya.
El comisariado conjunto de Javier Novo González, jefe del Departamento de Colecciones del museo, y Mikel Lertxundi Galiana, historiador del arte, investigador y comisario de arte independiente, ha fundamentado esta gran muestra retrospectiva.







sábado, 14 de septiembre de 2019

12.2.21



Hasta aquí llegó la marea en el 83.

Cese la poesía y la mentira de los artistas  a quince céntimos la letra, a tanto la rima, a cuanto la inspiración en la voz, el seco golpe del martillo, el quejido, el rasguear de una guitarra, los garabatos subvencionados a real, los lamidos se recompensan con una firma.

Cese el oficio de una mano extendida y un poema retorcido en la otra, nómadas de la conjetura, ventajistas jugadores del verbo, amantes de Dante aborrecidos por políticos ansiosos con rostro de pez que lo mismo te ponen el laurel que te birlan la cartera, innoble oficio de ofidios voluntarios.

No deja de llover.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Samba Saravah



Según me dicen, en 1967 era muy difícil ver una película con un adulterio y mucho menos que terminase en una cama. “Un hombre y una mujer” fue noticia por eso, por sus muchos premios, por la música de Francis Lai y porque era francesa, lenta y terminaba mal. No sé cómo me dejaron entrar al cine, recuerdo el silencio y un grito desgarrador desde el paraíso en el momento culminante en el que se acuestan. Pero sobre todo recuerdo esta película por  esa "Samba Saravah" que Pierre Barouh canta en francés y que me dejó maravillado.



Entonces no la entendí, pero decía así (+ o -).

Ser feliz es más o menos lo que estamos buscando.
Me río, canto y no
Las personas que no son buenos para ser feliz.

Sin embargo, es una samba sin tristeza,
Es un vino que no beba.
Un vino que no beba,
No esto no es la samba que quiero.

Hacer una samba sin tristeza es amar a una mujer que sería hermosa. Estas son las palabras de Vinicius de Moraes, poeta, diplomático, autor de la canción y como ha dicho él mismo, el blanco sobre negro en el Brasil. Y yo soy tal vez el más brasileño Inglés Francia, me gustaría hablar de mi amor por el samba, como un amante no atreverse a hablar con la mujer que ama, hablando con todos los que reunión.

Sé que la canción inconveniente,
Otros para los cuales esto no es más que una moda,
Otros que se benefician sin amor.

Me encanta y he viajado el mundo
En la búsqueda de sus raíces vagabundos.
Hoy en día para encontrar el más profundo,
Este es el samba-canción debía cantar.

João Gilberto, Carlos Lyra, Dorival Caymmi, Antonio Carlos Jobim, Vinicius de Moraes, Baden Powell, quien hizo la música de la canción y muchos otros, usted tiene mi salvación. Esta noche quiero beber hasta intoxicarse delirio mejor de todos los que a través de usted, he descubierto la samba que hizo lo que es, Saravah ...

Pixinginha, Noel Rosa, Dolores Durán, Silvio Monteiro y muchos otros. Y todos los que vienen, Edu Lobo, y mis amigos que están conmigo en esta noche, Baden supuesto, Ico, Oswaldo, Bidgi Oscar, Nicolino, Milton, Saravah ...

Todos los que la convierten en una palabra que nunca más, no puedo hablar sin estremecimiento, una palabra que sacudió a todo un pueblo por hacer cantar, levantó sus manos al cielo: la samba.


Me dijeron que vinieron de Bahía,
Tiene su propio ritmo y la poesía
Siglos de la danza y el dolor.

Pero cualquiera que sea el sentimiento que expresa,
Es de color blanco formas y rimas.
Blanco formas y rimas,
Es negro, negro y en su corazón.

Pero cualquiera que sea el sentimiento que expresa,
Es de color blanco formas y rimas.
Blanco formas y rimas,
Es negro, negro y en su corazón.

Pero cualquiera que sea el sentimiento que expresa,
Es de color blanco formas y rimas.
Blanco formas y rimas,
Es negro, negro y en su corazón.

Es negro, negro y en su corazón.
Es negro, negro y en su corazón.
Es negro, negro y en su corazón.


Después vi más cine, mucho, descubrí a Vinicius, me enamoré y un etcétera de actividades muy largo hasta que hoy me entero que 53 años después Claude Lelouch (81) ha rodado la continuación de aquella película contando con el factor milagroso de que los actores siguen vivos. Pero ya no será lo mismo (ni falta que hace). Habrá que ir a verla. “Les plus belles années d’une vie”.


Más información aquí:



jueves, 12 de septiembre de 2019

32.2.23


Como Georg Baselitz voy a dejar cabeza abajo las contradicciones, colgaré mis palabras en un lugar impenetrable. Es decir contaré todo de tal forma que quién lea deba apoyar sus manos en el suelo y efectuar un escorzo gimnástico de pino puente para leer, ver, traducir, entender que ese hombre representado por sus palabras pintadas de proscrita belleza, al revés, sigue siendo un hombre por mucho que cueste entender por qué demonios no escribe como todos (los otros).

Precisamente por eso.

La provocación de un posible estímulo está en ese “eso”.

Al cabo de varias lecturas en esa incómoda, acrobática postura quizás alguien tome conciencia de que lo que está al revés es el resto, lo otro, lo normal (¿?), es cuestión de tiempo.

Lo malo es que tiempo es lo que no nos sobra.
Dinero tampoco.

Voy a dar un giro a lo que es y nadie entiende para que no entendiendo se entienda, no sé sí…vale, hoop.


miércoles, 11 de septiembre de 2019

31.1.13


Como Georg Baselitz, quizás se haya perdido la poesía entre sílabas atormentadas, nos sangren los tímpanos y los dedos busquen túneles insalubres como topos reacios, imprudentes, aprendices en la raya del delito, en la belleza de la luz entrando en el bosque de proscritos donde se han reunido los rebaños y algún pastor sin perro, aprendiendo que  del sufrimiento nace la resignación,  que bajo la lápida no hay espacio para las caricias, que la imaginación puede disfrazar a los infames y hacer palidecer a los cínicos, llevamos dos generaciones perdidas y esto no tiene pinta de arreglarse, un pozo de errores, una vivienda de cimientos agónicos, de ingenieros mudos, una turbulencia sin fin, no es un deshonor entrar de puntillas a los océanos hasta que la marea nos lleve y Cristo resucite al tercer día. Amén.



martes, 10 de septiembre de 2019

Quejica.



Hay una gran concentración de personas por metro cuadrado escribiendo  para un solo lector (o lectora) en todo el continente.
Hay escritores (o lo que sea) sentados en la puerta de los grandes almacenes con un gran cartel en el que imploran “léame”.
Hay demasiada gente escribiendo sin conciencia, ignorando la tala de árboles, el fétido olor de las papeleras, el incremento del déficit por el excesivo consumo de tinta, la importación de repuestos para las impresoras, lo del ozono, que no se puede respirar en las ciudades con tanto talento, con tanta absorción de oxígeno por cerebros humeantes, eso, que ya no es como antes, nada.
¿Qué me dicen de los lectores?, aquella raza extinguida, que le dabas tus memorias y te las devolvían con multitud de párrafos subrayados, ¿viste? que te comentaban esto y aquello, ¿qué fue de aquellos?
Escribir es un ejercicio arriesgado, muy, que se te cae una idea de la cabeza y lo mismo se queda ahí, en mitad del párrafo, expuesta, desnuda en su simplicidad pero no menos ignorada, vamos que como si te dejas un riñón, una pena, un testículo, un y a mí qué me cuentas.
Esto lo escribo un lunes para el martes porque es lo que hay y tampoco es cosa de romperse la cabeza ni de romperse nada, es un juego y así lo tomamos. Me gustaba más el escondite (por ejemplo) pero son otros tiempos. Estos.


Las fotos están para que alguien pregunte ¿quién es? o "qué colores más bonitos" o "ya no pones música"

   




lunes, 9 de septiembre de 2019

Parker y un pequeño objeto amarillo


Parker se sumergía en Ella como un Cousteau de provincias, buceaba entre sus muslos a pulmón libre, pura apnea, quid pro quo, las sábanas ondulaban como las aguas de un lago melancólico y gemir era lo que se esperaba, lo que exigía tamaño derroche de pasión no controlada, pura pulsión, si lo analizas (para analizar estaba Parker) esa es una dirección sin marcha atrás, sin regreso, diletantes en el arte de estate a lo que estás sin entrenamiento, afición transfigurada que a nada que te pongas a ello aprendes que quizás el amor está sobrevalorado y el sexo poco aprovechado, que se lo digan a Parker que como un albañil equilibrista levanta paredes de ternura y las sube, no a la vez, claro, pone ladrillo a ladrillo y después trepa sin agarres, impulsándose por instinto, apoyando los dedos y los labios, una cosa de circo sin leones ni payasos (o sí, según), añorando lo que fue, recolectando poemas para compensar ausencias, acunando un teléfono mudo como a un niño dormido, guardando las lágrimas en un frasco para sobrevivir en el desierto de no verse, no por ceguera, no por gusto propio, que sí, que no, este Parker es buen nadador. Y Ella más.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Mariela Malhue




Inéditos: Poemas de Mariela Malhue


IMAGEN: ORDILEI CALDEIRA, CONTEMPORARY INSCRIPTIONS (2011)
Abrir o cerrar los ojos, desconfiar del lenguaje, aproximarse a los objetos con el cuerpo, describir esta aproximación con palabras, volver a errar, afianzar la desconfianza, seguir intentándolo mientras la lengua sigue su curso. En estos poemas inéditos de Mariela Malhue (Santiago, 1984) la imposibilidad de la palabra le hace espacio al instante previo a la escritura para que el cuerpo o la respiración sean el lugar de la incertidumbre.

Hay cosas que tardan en volverse fáciles
el tiempo de establecer un límite ante el agobio
enaltecer la orfandad ante la certeza
tomar el nombre propio como título de una estructura
La designación de orden siempre espera un repertorio para oponerse
¿acaso la práctica del vocablo intemperie
va a cooperar con la aparición de un vigor en la sangre?
Insistimos en la generación de nuevas vías
pero repetimos el tropiezo
No puedo retener el aire mucho tiempo
cuando la pendiente acentúa su hastío
La dirección que deben tomar las palabras se otorga
en la mudez de un campo vacío
Dialogamos como una forma de rescate de nuestra sangre que brota huérfana
Huyo de la posibilidad de una idea
como si fuera una excusa para interrumpir los respiros
Una lengua homogénea no es la afición en la cual repito mi especie
ni la zona donde recobro el agua para mi cuerpo
Los gestos actúan sobre mis órganos para que tome una velocidad
El riesgo de apropiarse de la desconfianza
explica la pesadumbre en los trayectos
El movimiento de la boca se traba en el intento ficticio del habla
La obstrucción
es la nitidez con que me enfrento a los objetos
La intención de un átomo preexiste a la escritura
Su composición depende de pequeños gestos inaccesibles a la vista
previos al dominio de una mano sobre la letra
Sostengo cierta fe en que mi respiración es un gesto continuo
incluso si la idea de la muerte ha venido a elaborar su guarida en mi boca
Todo lo que nombramos es una ficción para sostener el cuerpo diariamente
una ortopedia que decora de sentido el vaciamiento
Como la templanza del que no recibe sonido
y tampoco lo entrega
El estado de la materia no significa una certeza
La música me deja por un momento ver tu nombre
Máquinas emiten un sonido coherente
Muéstrame la utilidad de las cosas
tu rostro cerca un lago de otro tiempo
Tengo un arco pero nada para lanzar
La maqueta de un pájaro que sobrevuela la ciudad
da la misma sombra que un pájaro verdadero
Las cartas proveen un texto por venir
Desatiendo la presencia de una imagen
Entre líneas discontinuas se comunica un deseo
Un ojo se forma por su erradicación
Volumen
masa
velocidad
se ahogan en el esfuerzo por recobrar la entereza
Mi nombre se borra de las cosas que uso
organizo la mirada de los objetos
provoco un ruego que vuelva a la tierra
El viento incomoda a los elementos
traslada un rito hasta su origen
Un cerro repite su forma y te corre de la escena
Temo que el agua sobre un rostro lo haga desaparecer
Del signo se desprende una sombra
Los ruidos exceden la búsqueda bajo el oleaje de las sílabas
Lo que digo es para evitar de antemano
que todas las combinaciones posibles
ahoguen la sensación de imprevisto
Un punto del plano se acerca a un eje pero nunca lo toca
Una operación expresa este hecho sin narrarlo
En el ojo desemboca un dolor inexpresable
Para toda liturgia se presta una medición
Si los tejidos se acumulan la piel interrumpe su circuito
Nodos se agrupan para mostrar el desencanto
Es torpe el intento por no revelar falla
Pensé que ellos iban a morir y fui yo quien enfermó
La carne se deteriora sin pedir ayuda
No existe una tendencia natural a la desaparición

Foto Mariela MalhueMARIELA MALHUE (Santiago, 1984). Licenciada en pedagogía con mención en castellano por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y egresada de psicología por la Universidad de Buenos Aires. En el 2010 publica su primer libro, Estancia y doméstica, por Libros del Perro Negro; el 2015 la plaquette Facciones de un trayecto, por Paisanita Editora (Buenos Aires), y en 2016 la plaquette online Diagramar una ruta para huir del invierno, por La Ubre Amarga (Cochabamba). Ha participado de las antologías Nunca nunca (Lingua Quiltra), Kumedun / Kumewirin. Antología poética de mujeres mapuches (siglos XX-XXI) (Lom) y Devenir isla. Hacia una cartografía de poetas cubanas y chilenas (Cinosargo). Actualmente prepara los libros Frontera pasaje y El libro de las renuncias.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Y vivir.




Demasiadas  veces en los últimos meses me sorprendo con que lo casual se mezcla con lo real y de ahí se va a lo esencial y las palabras se meten tan dentro que solo quiero taparme con un manta y sentir los recuerdos, los momentos que compartimos con las personas que se han ido, morder la tristeza, aguantar las lágrimas y saber quién, qué somos ahora. Y vivir.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Cervantes






Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra


Miguel de Cervantes por Juan de Jáuregui
Cervantes tiene sesenta y seis años cuando se autorretrata. Sólo le quedan tres años de vida, pero serán de gran fecundidad artística, pues todavía publicará Ocho comedias y ocho entremeses, el Viaje al Parnaso y, sobre todo, la prodigiosa segunda parte del Quijote (y póstumamente verán la luz los extraños e inalcanzables Trabajos de Persiles y Segismunda, obra en la que había depositado sus mayores esperanzas literarias). He aquí el autorretrato; lo transcribo entero porque no tiene falta ni desperdicio:
Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria.
¿Por qué, nos preguntamos, es tan entrañable, cálida, eficaz esta prosa? Hay reposo en ella, sosiego, una resignación tranquila y sabia: como si dijera “los años pasan, hermano, qué le vamos a hacer”; hay aceptación, pero no hay el menor rastro de amargura o rebeldía, sino conformidad con las cosas. La literatura de Cervantes, como la de Saramago, es literatura de viejo, arte de vejez, tan raro y preciado.
Impresiona, desde luego, el asunto de los dientes, su detallada descripción. “Vale más un diente que un diamante”, decía un refrán de la época. Es parte señalada del estilo de Cervantes que hable de esto, y no de otras cosas, esta materialidad. Porque, claro, tu estilo está determinado, en cierta medida, por lo que dices y lo que callas (como tu personalidad se define por aquello en que te fijas, lo que llama tu atención). Cervantes no dice si usaba lentes o “gafas” para leer. ¿Podemos de allí dar por hecho que no las usaba? Un punto curioso es la facilidad con que declara eso de “a imitación de César Caporal Perusino”. ¿Te imaginas un novelista actual diciendo “escribí esta novela a imitación de las de William Harrison Faulkner”? No, imposible, uno se sentiría deshonrado si alguien se lo dijera. También Cellini se sentía orgulloso de lo que imitaba o copiaba. ¿Qué podemos pensar de esta franqueza? Una conclusión es ésta: la originalidad no es condición necesaria para la producción de gran arte. Y otra conclusión podría ser: la originalidad es una categoría artística prescindible, que, a veces, desencamina la apreciación y la producción artística. Pero esta última conclusión, así formulada, es dudosa. De seguro, aquí hay algo en que pensar.
Ahora, observa esto: el autorretrato parece fácil, fácil de leer, fácil de hacer. Pero esta facilidad, como la de Mozart, es engañosa. Parte del talento es hacer aparecer fácil lo difícil. Pero a ver, prueba tú tus fuerzas y traza, en unas cuantas líneas, tu autorretrato: “Éste que veis aquí, de rostro…” ¿Qué vas a decir?
Fácil no es, pero no te dejes vencer. Observa que el autorretrato es, por decirlo así, doble: 1) Cervantes se describe a sí mismo y, 2) se describe a su modo, con su estilo, y de este modo muestra quién es (porque el estilo revela también cómo es el artista).
Hugo Hiriart
Autorretratos verbales: Cervantes
El arte de perdurarEditorial : Almadia
Retrato: Juan de Jáuregui
Miguel de Cervantes y Saavedra

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