Rico.
Nadando
en la selva que amamanta lobos, descubro en un espejo vacío a un hombre
chamuscado en el fuego de su propia hoguera, salamandra que se burla a gritos
de los tigres que nunca lloran, que no escucha su daimon, que antepone la
imaginación sobre la razón (no, no es William Blake).
Queda
aquí la vacía crudeza de un lenguaje limitado de día de fiesta, la metáfora de
una búsqueda basada en la esperanza, la realidad aprehendida de la soledad
final.
Este blog
como tránsito, como aeropuerto intermedio, como parada entre y hacia, sin olvidar
jamás el camino de regreso.
Todo esto
lo aderezamos con un poco de estragón y añadimos la salsa. Cocemos durante tres
minutos más, espolvoreamos con perejil y servimos. Rico, rico.


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