Quiero vivir en América-
El barrio tenía
fronteras, límites no pintados en el suelo pero conocidos. Parker y sus amigos
no se aventuraban en según qué calles sin ir en grupo y aún así. Todavía no
conocían el blues, en realidad no conocían casi nada, las sesiones dobles de
cine, ir siempre acompañados a los retretes del Actualidades, Elvis, que Carmen
destacaba entre otras chicas, que el padre de Alberto llevaba corbata. West
side story. Vieron aquella película en el cine Matiko, el portero no pedía el
carnet de identidad, además ellos ya llevaban pantalón largo, a Javi no le
dejaron entrar. Quiero vivir en América. Aquella música les fascinó, los
bailes, chasquear los dedos, un New York tan lejano, tan peligroso como su
ciudad, aunque la historia de amor era un fastidio algo les tocó dentro. Se
dejaron patillas, pintaron Jets en las paredes, caminaban inclinados, saltando,
querían ser así, rebeldes, defender lo suyo, su diferencia, secretamente
encontrar una María. West side story fue un despertar, una luz entre la
vulgaridad de alrededor, un aviso, luego llegaron los Beatles y arrasaron con
todo lo conocido. Leonard Bernstein que estarás en el cielo, gracias.


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