Aquel agosto
Aquel
agosto decían no sé qué sobre un
país en el que no se ponía el sol o algo así y se puso a llover como en
invierno, joder con la unidad de destino en lo universal, que en
televisión salían fragmentos de personal de aquí y sobre todo de allí que decían
cosas sobre el tiempo que no entiendo por cómo lo dicen aunque en teoría
hablamos el mismo idioma y esto no deja de ser una paradoja, que se comían
vocales o consonantes o sílabas o que te pongan un micrófono delante
impresiona y balbuceas, te trabucas o dices frases absurdas que eso es lo
que buscan pero el resultado es penoso que, de momento, lo de meteorología no
es controlable y siempre que llueve escampa y al calor se opone el frío no hay
mal que por bien no venga y hoy por ti mañana por mi hasta que llega el
helicóptero y confusión que informaban no sé qué de un tiburón que se había
comido a un niño y otros decían que si el viento se había llevado mar adentro a
un niño (otro niño, no el del tiburón) que estaba en un flotador de unicornio y
a sus gritos de socorro se había tirado el padre (el del niño) al agua y no
sabía nadar y el socorrista estaba en la otra punta de la playa (2 kilómetros
240 metros de largo) y que para cuando llegó ya se había comido el tiburón a
los dos niños, al padre de uno de ellos (el padre del otro niño estaba en sus
asuntos en Coruña) (Carmiña se llama el asunto) y no se comió más (niños o
padres) porque cerraron la playa, llegó el
helicóptero ese, una lancha rápida (rapidísima) y con el viento norte empezó a
llover y esto es lo que decían. Entonces.


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