miércoles, 11 de marzo de 2026

Ana Luísa Amaral.

 


ENTRE MITOS: O UNA PARÁBOLA

Para Anastasis Vistonitis

No sabían, los que vivían felices a orillas del Nilo, de la llegada de aquellos que los reducirían a casi escombros, ni de los que más tarde les habrían de robar tierras e ideas y saquear la belleza de las piedras en perfecto equilibrio, y noche y luz perfectas, en busca de las joyas y del oro y de un conocimiento que no les pertenecía.

No sabían, porque vivían en el centro de su tiempo, y el centro del tiempo no sabe nunca lo que irá a ser trayecto, como un río que corre no conoce su estuario, sólo las orillas, por donde pasa, que lo iluminan o ensombrecen.

Y aunque entonces a orillas del Nilo no habitaban sólo los que mucho poseían, sino también aquellos que poco tenían de sustento y techo, a todos los unía esa creencia en una paz futura, de atravesar otras orillas y encontrar la paz.

No conocían lo que venía, ni al que llegaba a su historia, como no saben nada los humanos que habitan este antiguo sol azul. Pero debieron haber presentido ese final y la alegría de los ciclos y aluviones debió acompañarse de la angustia por la llegada de los ejércitos, que les prometían más bienestar y más paz, diciéndoles que para tener paz y bienestar eran necesarias alianzas y el abandono de creencias y una historia nueva que se decía más útil. Mucho después, de ellos quedaría un recuerdo sirviendo libros y mitos, y el rumor del desierto, y las perfectas construcciones de piedra resistente, y su escritura, útil y bella, que tardaron años en descifrar.

Y mucho de esto no quedó en su tierra, a orillas del Nilo, fue robado, y viajó en navíos, por diferentes mares, hasta museos y plazas de otros colores donde ganaría otros aromas y otros sentidos. Parece que siempre sucedió así con el tiempo y la historia. Siempre así parece suceder.

A no ser que una esfinge se rebele y gane vuelo, como la esfinge de otro pueblo, no a orillas del Nilo, sino de un mar poblado de mitos y pequeñas islas.

Tampoco sabe, esa esfinge protegida en Delfos, cuál va a ser el futuro de las cosas y del tiempo, pero sabe de la llegada de los que, en nombre de un Nuevo equilibrio, dicen poder salvar los tiempos.

Tal vez le sirvan de auxilio el cuerpo del león y, erguidas, las alas. Y, el enigma, que poco importa a los dueños del equilibrio, pero que dicen es la fuente de la poesía. Y es la fuente donde la carne despierta, a orillas de lo humano.

_ Ana Luísa Amaral.

Traducción de Lauren Mendinueta

_ Paula Rego, Guerra, 2003

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