La cobardía de Parker.
Llegan correos de Kisvádra, de
Nyír-Bátor, de Püspókladány. En cada caso el mensajero se aferra al lomo
sudoroso del caballo, extiende el brazo derecho, en su mano un sobre lacrado,
en el rostro cansancio y miedo.
Las órdenes recibidas son
contradictorias, en una piden resistir, en otra dejar la guarnición, en la
última pasar a cuchillo a los habitantes de Nyiregyháza y dar fuego a sus
humildes viviendas.
Sentado sobre una piedra, los
pies mecidos por la corriente del melancólico río, Parker piensa qué decisión
tomar. Bajo la tejavana, los hombres de la unidad, inquietos, alborotan, nerviosos en la
espera, atentos a cualquier señal.
Entonces llegan, los enemigos,
nadie lo advierte, sigilosos toman posiciones, actúan, crueles, implacables,
hacen su brutal trabajo.
Al primer grito Parker salta al
agua, el uniforme le impide nadar, se deja llevar por la corriente, atento a
cualquier ruido se refugia en un recodo. Cuando el río forma remolinos rojos se
da cuenta que todo está perdido. En el bosque, se quita la ropa y desnudó corre
hasta Hadjú-Tarabos. Al entrar en el pueblo lo sabe, es un cobarde pero está
vivo.


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