Ihes ederra zilegi balitzurra ahal baledi katea
ni ez nintzake onzti gabeko
itsasgizon ahalgea
(Xavier Lete)

Te quiero.
Continuación. O no. Esta carta me cuesta terminarla. Ofuscado en una idea, la he borrado varias veces. La primera parte, en negrita, es amplia, literaria, dolorosa, sincera, escrita lentamente, rebuscada entre sentimientos intensos, cuando la releo no puedo reconocerme. Y sin embargo. La segunda parte es fácil, tramposa, mal escrita, breve, a mi estilo, macerada en el invisible retiro de emociones, quiere manipular la verdad, la mentira, la realidad. Es un disfraz, un recurso barato, delirio de borracheras de vino blanco, peleón. Es una habitación interior con poeta dormido sobre una silla de montar colgada de un techo falso.
Aunque después de nuestra última (?) conversación telefónica, no sé si tiene sentido continuar dormido. Me despertaré en un paisaje diferente, real, lleno de zanahorias y ríos de estrellas, de espejos convexos, zorros sonrientes y personajes de dibujos animados. La luna roza los tejados y los gatos pardos viven en tu escalera, las vecinas murmuran y una tubería ha explotado llenando de gas púrpura las ramas del sauce. Operarios sombríos plantan linternas en tu jardín y los niños dibujan estructuras complejas de vigas maestras. De la plaza llega un sonido de música andaluza, de polen de estrellas y las golondrinas de Cádiz enloquecen antes de irse. Hay nuevas esquinas en las viejas esquinas y ya nadie espera a niñas de melena francesa y silencio. Los jóvenes son viejos y los niños son humo.
Soy un vagabundo de camisa amarilla debajo de un puente, con todo el equipaje al lado, mirlos que reverberan al cadencioso sol de marzo, un rayo íntimo surcando los intestinos, un banco vacío en una iglesia, arbustos cercando un cuadro del Sagrado Corazón -en vos confío-, una moral sujeta con alambres, besos en su boca ortopédica, paraíso del protésico, zancadas en el maizal y cuervos saliendo a la carrera. Hay que ver qué imágenes se le quedan a uno en el patio de atrás.
Es una obviedad que caminamos hacia un anciano con recuerdos intensos, un lento caminante que controla obras públicas y gorriones alborotadores de parques, una estructura fuera de normas, usos, vivo pero fuera, generación sepultada por generaciones, un verso dentro de un verso pasado de moda, si la hubiera, cero, nada menos nada.
Estanterías de frascos de farmacia. / Joyas vacías de brillo. / ¿Has sufrido hoy? / Superficies bruñidas. / Edificios con ventanas de hielo y caramelo. / Aún aquí, este es un proyecto literario / Tú no tienes ya cabida. / Los papeles están repartidos. / Sigue lejos.
Casas cerradas a la luz, nadie sabe que dentro se gesta un largo poema, una teoría estructurada, una historia limpia, una obviedad. Estatuas que cobran vida a las doce de la noche. Días que no terminan. Una lluvia de ojos que no ven, un torrente de ojos que vigilan, cortinas que ocultan ojos. Un solo ojo en un triángulo en el cielo.

Incierto amor bajo la higuera que seduce la mirada de los viejos, escuchando al chamariz, tanteando los sinsabores con un meñique en la cremallera que abre –o cierra- el infierno, tiempo rojo, tiempo de frambuesa ahora que sé que no sabré más de ti, que nunca, que es difícil vivir tan alejado del O, hombre obsecuente a la certeza, piedra de molino que tritura la última esperanza, la que convierte la palabra –esta- en un camino sagrado, en un muro que oculta la soledad, el dolor, la muerte. Escúchala, tócala, siéntela, es por ti.
¿Qué me dices de las sombras? Sombras caminando, sombras conversando bajo los balcones, sombras acechando. Han colgado una sotana de la antena de televisión, parece una bandera, lo es. Insectos melancólicos meriendan sobre el asfalto. Hay un incendio en ese brazo. Humo en pulmones oxidados y un amanecer en ese sobre que todavía no has abierto. Una espada bajo la cama. Un desierto sobre la almohada. Un grito que nadie escucha. Se acercan. Guardaré más botellas de vodka en mi maleta. La tormenta cerró una época, la clausuró, tenía que ser así, ¿te imaginas una tarde final, de despedida, sin rayos y truenos? ¡Qué tontería! Los finales deben ser espectaculares, con palabras que definan, que imposibiliten la vuelta, billete sin regreso, no pretendas abrir el mar, solo Moisés y un servidor de usted que acaricia la bola negra atada a su tobillo con una cadena de plata y canela, bailo sobre los recuerdos, me abrazo a esa nube de porcelana. Palabras, carta de elogio a mi locura de buscarte en lo imposible. Palabras que loan mi insistencia en los errores. Me equivoco y lo sé. Actúo mal y lo sabes. Esta maquinaria no tiene manivela de marcha atrás, ni botones con rótulos en inglés, ni tornillos oxidados, ni aquella posibilidad de punto de rocío sobre los depósitos de fueloil, donde ahora se levanta la chimenea, páramo inutilizado, almacén de errores urbanísticos, refugio de mirones y jubilados, de proxenetas, de perros que mean en las farolas.

El olor que flota sobre la hierba fresca, las alas de cera de un ángel zurdo, cada día que no te llamo es un triunfo, cada día que me duermo sin pensar en ti también, cada noche que no sueño con tu cuerpo abrazado al mío es una muesca que añado a esta pared desconchada que se mece con el viento de la ausencia y esta es una adicción igual a cualquier otra, el que bebe, consume, nieve, humo, tus amigas escondiéndote bajo los soportales de la plaza mayor, maldición de cabeza perdida en quimeras, de dedos ansiosos por tocar tus dedos, tu piel, tus glúteos duros, mi sexo que mira horizontes detrás de la niebla, como un periscopio excitado, inquieto, submarino de amores con cargas de profundidad estallando en lo más íntimo de esta sima insoportable. Cómo duele, joder, cómo duele, encerrado en una jaula junto a un tigre de tristeza que me mira, goloso, que mueve la punta de su cola y babea. Los guacamayos chillan en los nervios de mi ansiedad ramificándose por la espalda, el pecho, la raíz del miedo al sábado hundiéndose en la tierra a través de mis piernas, piel tatuada en penas, sortilegio de otros sábados, huida a través de aquella curiosa selva de besos. Tú ya no tienes labios, ni boca, se han borrado, todo en ti se borra, se difumina, se pierde ante el soplo de escaleras, metro, trabajo, metro, escaleras, ¿hay más?, ¿qué esperas?

A hombros de mis camaradas, la ciudad ardiendo detrás, huyendo por la antigua ruta del vigilante, su mirada de abismo, tú no me has visto nunca, viste al amante que acunó tu inexistente infancia, el intento del quizás, el aluminio y el ámbar, las arenas doradas de la playa que nunca pisamos juntos, el laberinto que tejimos, sin Minotauro, Ariadna traidora que quemaste el ovillo, aventaste mi Deseo después de quemar los sembrados, fuiste el tránsito, la luz que se consumía y encontró mi hambre, mi sed, mi necesidad de cielo.

Capítulo uno. Capítulo dos. Capítulo tres mil. Han vendido mi libro en una subasta. Un euro. Lo compré yo. Puedo decirte que es mentira. Lo he leído. Y me lo han dicho, muchos, alguno, alguien que sabe, que entiende, conozco a aquellos que entienden, de nada, de algo. No deben arriesgarse, señores y señoras, cuando se tiene lo que se tiene, uno no se baña vestido. Y si hace falta uno no se baña. O se baña, lo que diga el guión. ¿Quién dices que lo ha escrito? Iluso, infantil, irreverente, irresponsable, irrelevante, itinerante, ilusionándote, ígneo, impoluto, idiota, imposible, irreal, inseguro (¿seguro?), infierno, insensato, ir, insistir, iterar, impugnar, irrealizable, importante, ilógico, isla (de Izaro, claro), inquieto, impuesto por la aplastante realidad debo callarme para que mi voz se oiga. Y qué hacen estos estúpidos que tratan de atraparme, como si no supieran que corro más (+) que nadie, como si no supieran que puedo convertirme en una salamandra, en un habitante del fuego, en una voluta de humo que sale de esa chimenea y se pierde entre las rendijas del cielo azul y rojo y por qué insisten en perseguirme por los pasillos del manicomio de Mondragón. Al final me atrapan y sigo sentado en mi sillón. Cómodo, cambio de canal, me quito las gafas. No veo y resulta que todo era mentira, todavía no ha amanecido, además no hay infierno, eso, nos mintieron.
Puedes borrarlo todo excepto la primera frase, esa no la olvideS.

Si estuviera permitido huir
si fuera posible romper la cadena
no sería un navegante impotente
carente de barco
(Xavier Lete)