lunes, 10 de enero de 2022

Salut d'amour, Op. 12


La cuestión es o era o yo qué sé que (aquello) me estaba llevando demasiado tiempo (y que aprendía poco, en serio, no te lo tomes a mal). Me había dispersado y no es cosa de (el país está lleno de desagradecidos). “¿Quién coño te crees que eres/ como si no tuviésemos bastante con lo del Covid, lo de Kazajistán, lo de Garzón y la vuelta al cole de los niños? –me preguntó, ella. ”Te dejas el reproche de hoy- respondí (a veces me salen esas cosas). “Solo me querías por el sexo, para tu placer” –aseguró, ella. Manoteé sobre la barra del bar,  balbuceando, “no es cierto, además siempre lo hicimos con dulzura” (¿qué iba a decir?). Fue la última vez que nos vimos. Emocionarse con  “Queer Eye”. Reírse con “Ru Paul”. Llorar con “Surcos”. Saber que ni con cien vidas lograrías tener la belleza entre los dedos. Intentar el éntasis en el tramo de la columna de hoy para que tú (si hay algún tú ahí fuera) tengas una correcta visión del exterior (del interior ni te cuento). Dudar de la existencia de Catalina de Alejandría, eliminada en 1969 del calendario católico romano aunque en 2005 fue incluida de nuevo (los historiadores del año 300 no estaban muy finos, como los de ahora, para cuando te lo cuentan ya es mentira). Seguir 15 años más con este Glup 2.0. Amén.



En la época clásica, la prosa y la poesía son magnitudes, su diferencia es mensurable; no están ni más ni menos alejadas que dos cifras distintas, contiguas como ellas, pero distintas por la diferencia misma de su cantidad. Si llamo prosa a un discurso mínimo, vehículo más económico del pensamiento, y si llamo a, b, c, a los atributos particulares del lenguaje, inútiles pero decorativos, como el metro, la rima o el ritual de las imágenes, toda la superficie de las palabras se encontrará en la doble ecuación de Monsieur Jourdain:

Poesía = Prosa +a+b+c

Prosa= Poesía -a-b-c

El grado cero de la escritura 

(Roland Barthes).



domingo, 9 de enero de 2022

Ottolenghi, entre otros.

 

“Las palabras sagradas no están ahí para ser comprendidas, sino obedecidas. La profundidad tiene buena prensa gratuitamente, pero no hay nada absolutamente unívoco, eso sería la suma tiranía. Las palabras tienen que ser profanas. Deben tener un agujero”. (Rafael Sánchez Ferlosio)

 


Que para esto de la sindéresis lo mejor es leer a Esperanza Ruiz y no empantanarse en revoluciones que están tan lejos que hemos (¿he?) perdido la perspectiva.  Tomando de ella nombres al azar (o no tanto) encontrarnos, de momento,  con Muray (Philippe), Brasillach (Robert), Faye (Guillaume) y sospechar, mucho. Pero también   levantar un extremo (oh, que apropiado) de la servilleta donde se encuentran nombres como Adriano Erriguel o indagar a José Ramón Ayllón que publicará en breve en E (diciones) Monóculo que, oye, viendo quién más está en espera se hace uno la idea del lado tenebroso de la calle,  hágase la luz. Como abrir una ventana al diablo y esperar que te muerda el cuello. De vampiros recomiendo “Lo que hacemos en las sombras”, serie, TV, déjese morder, ría. También recomiendo  “Simple” de Yotam Ottolenghi, cocina, pero esa es ya otra historia en este batiburrillo que nadie lee y a mí que me cuenta. No haber venido.




sábado, 8 de enero de 2022

Sobre eso de los orgasmos

 Es ardiente el pasado, e imposible:

breve noche de amor conmigo mismo.

( F. B.)



Hay temas delicados, difíciles de tocar sin alterar el equilibrio, el silencio, el borde de las heridas aún abiertas. Sobre todo cuando los que leen saben o han estado en el mismo barco o se marean con la marejada o leen con microscopio. Pero un orgasmo no se inventa y ya pueden salir a buscarlo con candil o con encajes, siempre hay personas con voluntad -o había, que hace mucho tiempo que no-.

La vida sigue por inercia, hay un horizonte asumido, el balcón está cuajado de flores y confesiones, pero es difícil, lo sé, sobre todo si el/la que quiere, no quiere. Con todo, un orgasmo no es un privilegio mecánico, o eso parece, por eso hay que buscarlo en un diván. Aunque –no te rías- si no se encuentra sobre una cama es absurdo mirar debajo (de esa misma cama o de otra), o detrás.

Los poetas se odian y se admiran, desalojan la ternura y abordan por estribor al menor indicio de tormenta en lontananza. Aún así esto no es una carrera de cucarachas y ganan los que ganan, siempre los más rápidos, los más resistentes, los más osados. Parábola del que escribe y conjura los miedos intentando ser otro sin dejar de ser él, vivir lo que no vive, inventar escenarios nuevos llenos de colores, ordenar así –ya- y que todo pueda pasar.

Queda por definir el matiz ese del orgasmo.

En resumen, que el corazón tiene una línea directa con y que la búsqueda del orgasmo está más cerca del centro del cerebro que del centro del clítoris, aunque también.

Final: que sí, que justamente eso era lo que ya sabíamos.

Vendo orgasmos (o los alquilo). 


viernes, 7 de enero de 2022

La vuelta de Parker

 


Retirado de lujos y veleidades, vuelve Parker, herido de violetas y cansancio, nadie tiene la llave, nadie sabe más allá de una sonrisa, un gesto, aprovecha un hueco entre eso del espacio/tiempo, una mentira, un pretexto, no es lo mismo, lleva en sus manos un recuerdo que fulgura, ¿ahora no?, lleva en sus manos un sentimiento de níquel y leves traza de cadmio, la efedrina le mantiene alerta, no sabe a qué aparición nocturna, un santo barbado y mártir, un ángel alado y florido o ese Belcebú que a veces le acompaña, fauna de mentiras que un día le contaron y que él ha convertido en imágenes fluorescentes, siluetas etéreas entre la hierba y la gramática…

Atentos a lo que diga Parker, entre sus palabras hay agujeros por donde se cuelan el estupor y el bostezo, yonquis de lo suyo, deshonestos deseos de ayuntamientos imposibles y la puerta se cierra hasta ya veremos cuando. Atención, atención, silencio escuchad y si es que ha nacido vámonos ya. Otro año.

jueves, 6 de enero de 2022

Reyes Eméritos en Oriente o más lejos

 

Londres 1928

En nada llegará la primavera y los Reyes (Magos) no me han dejado nada.  Esta mañana gris me encuentro confundido. Dudo entre salir a pescar ballenas o dejar que me trague una de ellas, recorrer en su vientre las profundidades de los océanos, las simas abisales que aún no conozco, rastrear las incógnitas submarinas. Yo qué sé.

De golpe recuerdo que apenas sé nadar y opto por mecerme en un mar de ardentía. A lo lejos una sirena canta “porque ha perdido una perla llora una concha en el mar”. La nostalgia me atrapa como un pulpo gigantesco y el paraíso de mi infancia va y viene entre inmensas olas de caricias maternales, ternura de mis abuelas y dulzura de mis tías. Sobre esas olas, en una pequeña embarcación de recuerdos, navegan mi padre, abuelos, tíos, los hombres de mi familia con sus voces graves, los que reían a carcajadas, me llevaban de la mano y decían que los chicos no lloran.

Seguí su ejemplo durante años, cambié mi voz, me negué a llevar camiseta de tirantes y boina, reí, no lloré. Y así la vida fue pasando con una elegante y apasionada serenidad. Hasta que llegaron las muertes, la nada. Entonces no lloré, no sabía.

Un día cualquiera, no recuerdo la causa, pudo ser un amor no correspondido, una partida, un regreso, el sufrimiento de un niño, el desvarío de un anciano, la acumulación de sentimientos, no lo sé, no lo sé, pero fui otro, y yo, supe, olvidé lo que me habían enseñado, aprendí. Y lloré.

  



Jonás me toca el brazo y me invita a seguir remando, a dejar de soñar. El mar se encrespa y contamos gaviotas en vuelo, la costa está cerca y en la playa distingo cuerpos de león con cabezas de hombres barbudos, tumbados, alados. No sé si hemos llegado a Mesopotamia o el problema es que no sé cómo continuar. Lo dejo por hoy.

miércoles, 5 de enero de 2022

De tragedias que no son


 

Qué sí. Tragedias del alma, inventadas en un 99%, no sé de dónde las saco, caprichos de desocupado para sustituir emociones que no llegan, sobresaltos que no puedo lidiar, pases de pecho ante un tendido imaginario, ladrillos de mentiras, paredes falsas, separación de planos ahora que el cielo se cierra en negro y lluvia, los días del nuevo año golpeándonos los dedos con un martillo implacable, dolor en la pierna izquierda. Ya.

No se puede escribir desde la risa, no se puede torear sin toro, no se puede calmar el bostezo con aventuras en Amazonas imaginarios, no hay lugar para gestos a la galería, no quiero que me aplaudan los caprichos, no me parece correcto acumular falsos gritos sobre la mesa y esparcirlos, además, por expectativas erróneas. Que no quiero, no, ni engañar, ni engañarme.

 

¿Y entonces?

Pues nada, habrá que seguir sea como sea.

Aquí.


martes, 4 de enero de 2022

Ingenuidad

 

Aviso para navegantes: el que escribe en esta página no está sujeto a planes de reconversión del alma, al contrario, ríe, busca, camina, pinta las horas de esperanza, se sube al mástil y otea y, a la vez, nada en la pleamar sin temor a los tiburones mientras las sirenas acarician sus pies desnudos.

 


 

¿Qué demonios habré querido decir hoy?
Muchos días no me entiendo.
Lo añado a la lista.
Pido tu benevolencia, juzga mi trabajo por el conjunto.
Gracias.

lunes, 3 de enero de 2022

El primer baño del año

 


Que he empezado el año bañándome en Gorliz, una playa que me trae todos los recuerdos (allí nos dimos un único beso, G).  El agua estaba fría pero menos que en Langosteira en agosto (la muerte del  amigo que se despeñó en el acantilado). Había mucha gente paseando, con y sin mascarilla, padres con niños, señoras tomando el insólito sol de enero, perros con dueño (una cena en el Hondartzape, mi invitado se quedó dormido a las 12 en punto, su señora le disculpaba). Es gratificante empezar el año sintiendo el cuerpo deslizándose entre las olas (la travesía nadando desde Butrón a Plencia, al Kai Eder). No fuimos muchos los valientes o sí, depende de quién los cuente, de cómo lo cuentes (tantos domingos de excursión con amigas y amigos, que nostalgia). Compartir ese momento con mi hija que no quiere que me convierta en un señor mayor y me anima y me saca de mi zona de confort (los paseos con los 18 años de M, ay). Tendré que volver a bañarme mañana o pasado porque todavía me quedan muchos, muchos recuerdos sin contar.




sábado, 1 de enero de 2022

Mi mano

 


Solía serlo.

Lo he dicho alguna vez: esta pretendía ser una página literaria.

Soy un ingenuo, estaba equivocado, no puede serlo.

Es una bitácora que me permite dejar parte del trabajo de aprender a escribir mezclado con imágenes y música, pero sobre todo el privilegio de disfrutar de la comunicación con tantas personas.

Este blog es una afición, que me da satisfacciones, un vicio que me hace pensar, sentir, imaginar, trabajar, leer, aprender, dar, me enseña, me enriquece, libera, que me ayuda. No aprendo a escribir pero lo intento.

Busco la densidad en el lenguaje, en lo coloquial, acumulo metáforas, escarbo en lo cotidiano, lo pinto con surrealistas situaciones, dedico ilusión a esta actividad –te veo- rebuscando en historias que ocurrieron, que no, que imagino, que están en recuerdos de niñez, de después, en lecturas grabadas en el cuarto oscuro, en deseos no satisfechos, en mañana.

Dedico a esta actividad el tiempo justo, que no suplante lo importante, que no interfiera en lo principal: vivir con los otros.

Soy lento, ahora, estos días, estoy aprendiendo que a pesar del anonimato, de los nicks, del juego, detrás de todo lo accesorio de los blogs, de los muros de FB, están personas de verdad, con sentimientos, problemas, realidades, vivencias, soledad, compañía, necesidades, deseos.

Nunca es tarde.

Esta es mi mano.

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