En uno de los días verdes, el
tercero, ese hombre advierte que al llegar a cierto tramo hindú, la superficie
del océano se eterniza, hay un punto anterior a la revelación, un instante
misterioso y fértil cuando el inexplicable don aparece. Y lo entiende, sabe,
puede tocarlo con la punta de los dedos que agitan la untuosa sopa de la
casualidad, del azar. Quizás entonces sea el momento de abandonarlo todo, de
huir hasta quedarse sentado al viento de levante, ignorando los gritos de los
que llegan en pateras, viendo crecer la duna de Bolonia hasta sacarse uno a uno
los puñales del escepticismo. Insensible al recuerdo de sus bragas escondidas
bajo la ropa amontonada en una silla, los calcetines dentro de un zapato, ella
ahí enfrente con su mirada miope, con los brazos cruzados sobre los pechos
breves, el pliegue del cuello expuesto al choque de labios y dientes, él
ansioso como Jeff Buckley, sereno como un sinuoso animal oscuro que no tiene
prisa en comenzar el almuerzo junto al olmo, sólo, pan, aceite, el farfullar de
la vagabunda que escucha la respiración de los árboles y los gatos, esos
animales egoístas y ensimismados que no prestan atención a la delicada mano que
los alimenta, mano de falanges y venas azuladas, largas uñas y un sorprendente
anillo dorado con un nombre grabado, Parker.
En 1970 "Llena tu cabeza de rock" este L.P. cuádruple de CBS Records abría la puerta a la década con música y músicos poco conocidos, nos fascinaba y de paso enriquecía las discotecas de los aficionados de entonces (servidor incluido).
Incluía estas canciones, muchas de ellas deslumbrantes, entonces y ahora:
A1Chicago
(2)– Listen 3:22
A2
Santana– Savour 2:46
A3 Spirit
(8)– Give A Life, Take A Life 3:47
A4
Steamhammer– Passing
Through 5:17
A5 Blood,
Sweat And Tears– Smiling Phases 5:10
B1 The
Flock– Tired Of Waiting 4:35
B2 Black
Widow (5)– Come To The Sabbath 4:55
B3
Argent– Dance In The
Smoke 6:10
B4 The
Byrds– Gunga Din 3:02
B5 Skin
Alley– Living In Sin 4:35
C1 Laura
Nyro– Gibsom Street 4:30
C2 Leonard
Cohen– You Know Who I Am 3:22
C3 Moondog
(2)– Stomping Ground 2:36
C4 Amory
Kane– The Inbetween Man 2:40
C5 Trees
(3)– The Garden Of Jane Delawney 4:05
C6 Al
Stewart– A Small Fruit Song 2:00
C7 Tom
Rush– Driving Wheel 5:22
D1 Janis
Joplin– Try (Just A Little Bit
Harder) 4:13
D2 Al
Kooper– One Room Country Shack 3:35
D3 Taj
Mahal– Six Days On The Road 2:55
D4 Mike
Bloomfield– Don't Think About It Baby
3:34
D5 Pacific
Gas & Electric–
Bluesbuster 2:56
D6 Johnny Winter– I Love Everybody 3:50
Siempre pensé que fue algo único pero resulta que hoy me entero que en 1969 Island Records había publicado un album sampler titulado Nice Enough to Eat con las siguientes canciones de grupos básicamente ingleses.
"Strangely
Strange But Oddly Normal" (Pawle) – Dr. Strangely Strange – (from Kip
of the Serenes (ILPS 9106)) - 4:26
No se vayan que aun hay más. Como ya habían aprendido, en 1970 Island Records sacó su cuádruple L.P. "Bumpers" (no publicado en Spain vaya usted a saber porqué) que agrupaba estas delicias:
Side One
"Every Mother's Son" (Steve Winwood) - Traffic
(from John Barleycorn Must Die (ILPS 9116)) (7:06)
"I Am the Walrus" (John Lennon, Paul McCartney) -
Spooky Tooth (from The Last Puff (ILPS 9117)) (6:20)
"Jesus, Buddha, Moses, Gauranga" (Quintessence) -
Quintessence (Live version of track, not released elsewhere at the time, but
available as 'bonus' track on CD version of album Quintessence (REPUK 1016)
(5:15)
"Take Me To Your Leader" (Ellis, Ritchie, Hughes)
-Clouds (intended to be on their Chrysalis album to be released Autumn '70)[9]
(2:55)
Con el mismo título y en el mismo año este "Bumpers" se editó en Australia con canciones diferentes.
Y así podemos estar hablando de recopilaciones musicales toda la tarde pero ahora Spotify ha roto la magia y los coleccionistas de discos somos una especie en desaparición a muy corto plazo. En fin.
Se rapó la cabeza como un
símbolo, un desafío a la pasión de cangrejos en sus muslos, un paso más allá
del cabrilleo de las luces del amanecer en el puerto viejo, una escalera de
caracol al ático de su adolescencia.
Ramos de minutisas para arrojar
en el brocal del desconsuelo, un gato calicó afincado en su regazo, marca de
jabón en el portal, palabras carcomidas para no decir, bordar con letras negras
un poema de cenizas.
Abre sus fauces la soledad y
entre paréntesis mi ruego, un ideograma borrado que nadie comprende, un verso
en el desagüe, las aves que buscan la primavera, la determinación en construir
barreras, pozos, distancia, el No grabado al rojo vivo en la frente, el único
recurso era el olvido y a ello nos dedicamos sin dejar huellas en la nieve.
Así que me senté junto a la
ventana canturreando esto que ahora lees, recuerdos numerados en mis sienes,
dolores aún abiertos en las costuras del alma, harapos de otros tiempos, un
número desdibujado pero ahí, en el dintel, en la puerta cerrada, el silencio.
Muchas veces no entiendo qué
quieres decir.
Es una procesión de emociones
insomnes, la necesidad resucitada de recorrer historias no cerradas, una llave
que encontré en un cruce de caminos, oscurecer de un tiempo en el que no había
madrugada.
Supervivientes de su última guerra, veteranos, compañeros en la trinchera, amigos, brindan y beben, se juntan hombro con hombro, miran el horizonte, cantan las melodías que aprendieron entonces, empuñan el optimismo como una bandera, no olvidan, siguen.
Hay un camino con árboles a los lados, con mensajes como frutos, con pájaros de alegres colores, hace calor, quizás no sea el paraíso pero como espejismo sirve. El cielo se ha llenado de nimbos que parecen caballos blancos y dragones inofensivos, el vino pone mordazas al rencor, el equipaje de agravios se arrumba en un almacén de polvo, solo hay espacio para la luz.
Saben que una nube negra está llegando por las Azores, que no hay retirada, que las trompetas han enmudecido, que los mapas se han vaciado de flechas y caminos, saben que la muerte está agazapada detrás de la tapia.
Supervivientes que hablan y hablan, en realidad no saben quién fue su enemigo, quién se apostaba en la sombra al otro lado de las alambradas. A veces el silencio, a veces lo presentido, siempre su propio reflejo.
Recuerdan a los que cayeron, héroes o descuidados, ausentes, víctimas de sí mismos y de la torpe maquinaria del olvido. No están y los libros de historia son crueles, no hay fechas, las páginas están arrancadas, las fotografías se difuminan, están borrosas.
No es tiempo de balances, aún, quizás nunca lo sea, bastante tienen con curar las heridas, con tapar las ventanas que dan al patio donde juega lo que no fue, los sueños que bailan alrededor de hogueras que no se apagan, ecos de nombres imaginarios. Soledad.
Supervivientes de su última guerra, veteranos, compañeros en la trinchera de lo aciago, amigos que se juntan para evocar al hechicero de la memoria, al curandero de las heridas sin cicatrizar, al ilusionista del aquelarre, al mago de los remedios imposibles.
La vida ha ido pasando y ellos la desgranan en recuerdos que se han vuelto amarillos, quemados en los bordes, papeles arrugados que mienten.
Vuelan y se arrebujan, con delicadeza construyen alrededor un nido de ternura para que no se escape ni una sola de las palabras que se dicen, que se musitan, de las caricias, del sentimiento vistiéndoles con ropajes brillantes, de tantas emociones deslizándose por la piel de una mirada nueva, de la esperanza, de haber descubierto que la vida no se acaba, de la amistad como estrellas en un cielo cierto, de la convicción que están ahí para lo bueno y para lo malo, apoyándose, sabiéndose, amigos y cómplices, compartiendo el presente y la alegría, la esperanza, la dulzura que les invade cuando escuchan sus voces, el regalo inmenso de la primera llamada del día, el haberse encontrado en un otoño lleno de flores, la noche y el día juntos, un arco iris durante la lluvia, el barco que ha partido y atraviesa un océano blanco, de espumas, ahí van, rozándose con la esperanza que no se marchita, alimentándose de un maná insospechado, escondidos tras una pared de seda con música que ondula y mece, lejos pero tan cerca que pueden escuchar su respiración y algún gemido de cuando el mundo giró sin saber si se acercaban al cielo o al infierno, ícaros volando a un sol que les atrae, al que temen, náufragos en la pesadilla de una isla rodeada de tiburones que amenazan, recuerdos malos que se borran tan despacio, libertad conquistada, el precio ha sido alto pero van con la cabeza alta y los brazos abiertos para atrapar el ahora, elogio del placer en Burgos, placer que anida en su carne que ahora brilla de sudor bajo el magnolio, que se amplía en naranjos, en ríos desbordados, en vuelo de águilas diminutas, vendrá otro invierno, seguro, pero junto al fuego de quererse, ahí, arrebujados, la ternura les defenderá de tanto, fortaleza de cariño, amor entre la piedras, vuelo dulce en el corazón del mundo, verdad.
Por alguna causa recuerdo que
aquí (aquí) sigue uno (un vaya usted a saber qué) que antes lo decía de otra
forma, o más, pero eso no es motivo para olvidarle, ponerle grilletes, espantar
al cuervo que grazna frente al calabozo y me parece que esto, o parecido, ya lo
he dicho o dejado aquí o pensado, pero no pasa nada por repetirme ¿o sí pasa?, porque
si pasa deberemos correr a guarecernos de la tormenta a esa casa al final de la
calle, dónde de malos modos, empujando, desalojé a los invitados ya que el
correr del tiempo me había desacostumbrado a tantas personas hablando en el
salón, subiendo a las habitaciones, utilizando mi biblioteca, mis discos de
vinilo, mis muebles, las fotografías sobre la cómoda. Para colmo, cuando se
marchaban, quedaba todo lleno del humo de cigarrillos egipcios. Hubiera podido
soportarlo unos días más, pero aquella noche me sentí especialmente harto.
Todos fueron saliendo de forma educada y sin protestar, sólo Gloria me miró
desafiante al pasar por la puerta... Cosas que invento
Pessoa escribía que la boca
cuando habla dice cosas que no son sólo las palabras. Ahora, mientras camino
por las calles bilbaínas me encuentro jovial, feliz bajo un cielo mañanero con nubes
rojas, soy capaz de escuchar el silbido de jilgueros ocultos en el parque de Abando,
seguir el vuelo de las gaviotas sobre el Nervión –ay, los puentes de entonces-.
Contarlo.
No ocurre nada que no deba
ocurrir, simplemente siento que me expreso diferente. No creo que se me haya
olvidado de pronto, no he observado agujeros en mi cerebro, no he advertido
grietas en mis músculos, aunque cualquier cosa pudiera ser. Sucede que cuando
la vida aquí afuera –me refiero ahí- está llena de gritos, gente, risas, hay
que aprovechar las cosechas. A lo lejos sonríen con desgana las damas de luto y
no. Por eso deben ustedes saber que no es por nada y sí por esto, por lo que
hoy escribo así, diferente o peor o furia de abrir el buzón y humo, arañas de
nieve en las esquinas, aquí la primavera está agazapada y se asoma a cada tanto
entre danas por aquí, danas por allá. Seguimos.
Lo digo así de claro, durante un
tiempo alterado escribí sobre amores ilícitos. Como un febril labriego de
palabras, como un poseído amanuense atareado que escuchaba la voz de quién, que
transcribía las letras retorcidas de qué, escribí historias de amores
prohibidos, espolvoreo albahaca sobre ellas.
El temporal aún no se ha calmado
y cuando quiero -quise- parar se ausenta el incitador y me dedico al ceremonial
de la caza de liebres con las manos, lo diga Elen Fisher o el porquero. Me
quedo sentado y he aquí que las palabras se caen de mi boca, apenas puedo
juntar algo más que hola y adiós.