jueves, 4 de septiembre de 2014

Dibujar con tiza pájaros azules.




Dibujar con tiza pájaros azules, dejarlos volar por las paredes.

Entrar con ojos limpios en la noche, dentro de la noche está una verdad.

Mañana es esperanza.

Cubrir con lonas oscuras a los muertos inocentes, quemar palomas en su homenaje, gritar hasta que la garganta sangre. Gritar dignidad y hambre y miseria, cortar el cuello del universo, descuartizar la primera idea.

Estar triste, es decir, estar. Romper el silencio, ser el silencio. Este soy yo. Hablo. Ser todo. Ser. Rasgar la cortina y mirar a otro. Ser Otro, Otros. Cumplir el ciclo, luego morirse.

Llegar a ser el que eres. Inocencia perturbadora, la vida en las palabras que no viven. Decir lo que no dicen. Miedo. Miedo. Miedo. Apenas queda tiempo. Digo tiempo y digo no soy. Digo tiempo y digo miedo. Digo miedo y digo el poema. Escribo el miedo y el poema.

Después la tarde cae como una bestia pacífica, enorme, bamboleándose por el camino a ninguna parte, la veo desde la ventanilla del carruaje que me lleva a no sé dónde. Los ojos en zozobra. El viento en la frente. Embriaguez de frutas. Agujas enhebradas.

Anochece.

He perdido la mirada, he perdido la palabra.

No sé volver.







miércoles, 3 de septiembre de 2014

Carta desde un balcón


Un balcón.
Me asomo y grito.
Usted está debajo y mira sorprendida.



Me refiero a que usted está debajo del balcón. Prefiero matizarlo, ya he tenido demasiados líos. Como cuando escribí que usted estaba encima. Me refería a su capacidad olfativa. Que olía mejor, vaya, que tenía mejor nariz. Pero usted interpretó ese encima como una posición corporal. Es decir que usted estaba sobre mí, su cuerpo sobre el mío. Le dio un matiz erótico. Esas cosas me preocupan. Entre usted y yo hay diferencias. Usted es una mujer, yo no.



Lo admito, hay frases que precisan explicación. Este es el motivo de esta carta. Aunque usted también dice, dijo, frases que pueden, podrían, dar lugar a equívocos. Como cuando dijo que me quería. Exactamente dijo: “te amo”. Eran otros tiempos, lo sé. Siempre me he portado bien con usted. Incluso cuando me decía: “otra vez, rey”. No era una orden, ya, pero lo parecía y el amor no es una cuestión mecánica. Bueno, no del todo. Concedo que hay una parte técnica, de rígido cumplimiento. Al menos por mi parte. No soy una máquina. Tres, o cuatro, pienso que es suficiente. Usted no. Esas son las cosas que nos separaron. No soy un funcionario del sexo, soy un romántico. No digo que usted no lo sea. Pero es exigente. Quizás sea la edad. Usted es mayor. Yo no. También pudo ser una cuestión de tarifas matrimoniales. Un desacuerdo.



Por eso me asomo al balcón.
Para gritar (lo).
Usted está debajo y mira sorprendida.



martes, 2 de septiembre de 2014

Mañana de cerámica-




Aquella mañana, casi mediodía, no fue de cerámica, no, fue radiante a pesar de la lluvia de después. La revivo como un milagro con flores saliendo de las ventanas, de los balcones, gentes sonrientes apartándose a nuestro paso, coros de niños cantándonos  a José Alfredo Jiménez, “préndeme fuego si quieres que te olvide”, avestruces sabias mirándonos con envidia, ella en silencio y para qué diablos necesitaba hablar si sus ojos eran pura elocuencia, si su belleza era virginal con rayos ondulados saliendo de un rostro que repite en fotos y más fotos y en cada una está a cual más hermosa, un ser celestial, de otro mundo, yo hablaba sin parar para que ella no despegase los labios,  movía las manos para apartar el aire,  me ahogaba,  quería atrapar el instante como un pintor autodidacta, como un fotógrafo de luces, como un atrevido dibujante que apenas sabe deslizar trazos por lienzos de aquellas calles de domingo con poetas en las esquinas y gatos en los tejados. Después el cielo se rompió, oscureció,   parecía que millones de habitantes entraban por aquella parada de metro, tantos que no pude despedirme, mojado, torpe, tartamudo, sin saber que más decir, deshabitado, como caído de un cuarto piso, herido por el rayo de su ausencia repentina. Han pasado muchos meses y está en mi cabeza como una foto fija, como esas estampas en negro que miras con fijeza durante 30 segundos luego miras al cielo y ahí está, en blanco, la silueta, o sea ella, que no me olvido de nada y quiero que sepa que no, aquella mañana no fue de cerámica.






lunes, 1 de septiembre de 2014

Carta del amante que busca en las plazas.




Mi amada, nos encontramos, no importa dónde, desde el primer momento en que nos vimos se encendió una luz, desde que vi tu sonrisa y tu mirada quise entrar a un portal para besarte, tocarte, para saber que eras real, para tener la certeza, para atrapar para siempre un momento tan bello.

Nos encontramos,  no recuerdo  si fue en aquel bar mínimo del Rossio en Lisboa donde servían ginjinha a 1 € o nuestras miradas se cruzaron frente al escaparate de  Tiffanny en la esquina de la Quinta  y la  57 una mañana en la que Audrey no acudió. Quizás nos buscamos en la calle Madero en México DF camuflados entre poetas mendicantes y ciegos que cantaban al amor con voces tan desafinadas que me fui a encontrarte en Boca del Cielo sin saber que estabas al otro lado, en otro mar, en otras profundidades y silbé mi soledad entre perros vagabundos en una playa del Pacífico y aves marinas que se reían al pasar por encima del miedo a la oscuridad en una cabaña que mecía el viento.

Sé que un día te encontré, era una mañana de cerámica y estaba nublado, busqué tu rostro entre los cirros como un detective de nubes, imaginándote, atribuyéndote belleza aún sin saber si eras una entusiasta de las tortugas del Caribe, una contorsionista de un circo ruso o una afamada cronista de la sociedad de Londres, allí donde los taxistas me perseguían por no dejar propina y una mujer llegaba a mi cuarto de madrugada, me contaba que había subido el precio de la langosta, que le habían dado buenas propinas, que estaba agotada de servir mesas a ciudadanos griegos en viaje de novios, después nos amábamos y a la mañana ella ya no estaba, siempre pensé que era un sueño repetido, aún no sé si fue real, por eso, para no repetirlo  grité tu nombre por calles y avenidas, por los pasillos de hoteles con habitaciones oscuras, disfrazado de hombre de las nieves te busqué sin conocerte, un ciego tanteando en el futuro, un tamborilero que solo sabe una canción, un titiritero enredado en un cable tendido entre el Chrysler Building y otro rascacielos sin nombre. Te encontré  al final de un largo pasillo que recorrí descifrando enigmas mientras me esperabas detrás de una puerta, temblando, anhelante,  con una mezcla de miedo y deseo, tan bella, tan mujer, vestida apenas con una camisa blanca. Aunque ya lo estaba, me volví más loco por ti, más cuerdo, más pendiente de tu felicidad,  colmado sobre tu cuerpo en una cama con dosel, fascinado, tan lleno de deseo que temía convertirme en una fiera, morderte, devorarte, tan excitado estaba, tanto,   que temía lastimarte, tú, tan dulce, tan sensible, con esa piel en la que me ahogaba de placer, explorador entre tus muslos pero también cuidándote, meciéndote, llenándote de dulzura, mirándote como te miro, extasiado, temeroso, para no romperte, no herirte, que solo veas luz y amor. Me descolocas, me mueves el piso, me llevas y me traes, me tienes entre los dedos, soy un insecto que solo puede volar a tu alrededor pero, ayúdame, no recuerdo dónde nos encontramos, apenas sé quién eres.



domingo, 31 de agosto de 2014

La huida de los intrusos.



Esta página ha vuelto de vacaciones.
Y yo.
Un aviso y una amenaza.

Se ha roto el idilio entre el hipopótamo y los erizos, el aleteo de los murciélagos nos deja un regusto de leche cortada, de súbitos amaneceres, de entrecortados jadeos en la cuesta arriba. Es inútil que psiquiatras alterados busquen al intruso que se coló en el laberinto de soledad. Se ha ido, desapareció por una puerta enmarañada. Si, no, blanco, negro, sexo, I, O, encendido, apagado.

Notifico que he vuelto a trabajar y tengo la esperanza arbolada. O no, yo qué sé. Quizás no sepa transmitir mis emociones amargas, mis frascos de júbilo, mi colección de mariposas de papel, aquella mirada de Mirada. Quizás la virtud de adivinar está aún adormecida o no es posible ejercer de espectador de caleidoscopios ajenos. En cualquier caso a nadie le importará y un arquitecto de fragmentos prepara las normas para el siguiente edicto. Será pronto.

Tengas ustedes en cuenta que esta divertida tarea de juntar palabras es un ejercicio de amor. Chin, chin, boise seche. Este paseo desde la gruta con pinturas de nadadores hasta los aledaños de una prisión de panteras es un truco de magia. Krik, krak. El lanzador de cuchillos se entrena con estrépito. Shuiuzt, shuiuzt. Tengan cuidado con los cambios climáticos del final de agosto. Y con la nieve de diciembre.

Entre la maraña de punto.com nos buscaremos, entre la interminable sucesión de letras, voces, silencios, imágenes, sílabas, puntos. Y comas. Pronto olores. ¡Qué delirio! Tengamos confianza, nos encontraremos en el paisaje nuestro de cada día. El destino duerme en un anaquel del pozo de la turbación. Amén.

Vuelvo sobre el escenario. Sin pudor. Salto al laberinto y clavo mensajes, números en cada esquina. No se pierdan, no se escuden en la venda, no se fíen de las premoniciones, no estén tan seguros del desenlace. Sean ustedes mismos. Mantengan la, esa inquietud. Y la fe. No lloren por las ausencias. Búsquense. Búsquenme.

Levanto una maquinaria de hojarasca difusa, una sinuosa estampa de armonía, una telaraña en la telaraña. Mientras las naves viajan a Titán, nosotros continuamos temblando, perdidos en el desamor, en las preguntas, en la babélica y trivial malla sin reglas, en universos interactivos intuidos desde la cocina de nuestra casa, en métodos tecnológicos de los que no comprendemos más allá del on/off.

On. La televisión recoge catástrofes, guerras, barbarie. Off.
On. En los altavoces vibra una música de Joe Barbieri. Off.
On. En mi corazón se extiende un puzle de un millón de piezas. Off.
On. Me resulta difícil borrar nada y un hilo resiste entre los hilos cortados, se tensa, vibra con sonidos amorosos. Off.

Descubro una mujer desnuda en mi cama y las cortinas se abren al amor de la mañana. Ella me dice que lleva ahí varios años, tumbada, esperándome, con las caricias detenidas, con la dulzura embalsada, con los besos a punto de florecer. Amo a esa mujer. La amo desde siempre y hasta el final del horizonte. Me levanto y mi cabeza golpea contra el armario donde guardaba la impaciencia. Me despierto.

Vuelvo a leer lo que he escrito y me siento como un caníbal melancólico, como un equilibrista de la peripecia, como un pulcro mentiroso ejerciendo su oficio. Pero deben saber que el bosque de tantas manos agitándose desde las estaciones, desde los aeropuertos, desde el borde de los caminos, me distraían. Las he cortado, todas. O estoy en ello.

Y esto, o parte, o algo, es lo que yo quería: escribir/me.
El personaje ha muerto, queda la persona.
Pasen y vean, aquí está mi corazón.
Voy dejándolo en esta ventana.



Nicki Minaj.





http://elpais.com/elpais/2014/08/29/gente/1409331926_180720.html



lunes, 25 de agosto de 2014

25.08.2014




El caso es que es lunes, ya ves, y una ligera llovizna cambia el paisaje y el pensamiento. Una premonición ¿termina el verano?, ¿ha llegado en algún momento? Desde aquí me dedico al truco de manchar con (presunta) poesía (ajena, claro) los muros como un maletilla en el tentadero, llenándolo de amaneceres floridos y de atardeceres turbios, como un agorero que grita el fin del calor (aquí) pero. Todo tiene su fin (los Módulos) y esto va así, unos vienen y otros van, yo me voy, pim pam pum, septiembre viene lleno de proyectos (ya lo contare). Como Boabdil saldré mañana (llorando), como la mujer de Lot girare la cabeza en el último momento pero no me convertiré en estatua de sal, como Islero embestiré al Manolete de las nostalgias y me iré pian pianito, carretera adelante. Snif. En fin, que remedio. Pues eso.




domingo, 24 de agosto de 2014

24.08.2014


Tengo demasiadas cosas que no hacer para perder el tiempo en explicar que desde la ventana veo el mundo, pequeño, si, pero suficiente, veo amanecer y el mar, veo el pasado que se retuerce como una espiral de nombres y rostros y entonces me hago un torniquete en los recuerdos y sólo veo un cuarto oscuro en una ciudad luminosa y ella tumbada en una cama, esperándome (1) 

¿Siempre hay una ella?, preguntan desde el fondo de la sala. Entonces me bajo del escenario y la emprendo a golpes con los curiosos y son tantos que siempre quedo magullado y roto, un perro que se lame una pata bajo un árbol, un envase blanco en las baldas inferiores de un supermercado, un software caducado, mi mano abierta sobre su seno derecho, mi boca pronunciando esa palabra que entré en su cabeza (primero) y en su corazón (después), esa palabra(s) que rompa todos los cierres de seguridad y le doblé las piernas y gire su cuerpo hasta que, por fin, me mire y vea, escuche y (quizás) comprenda (2).

Es domingo y el amanecer también hoy ha sido espectacular y gratis, no subo al faro porque quiero cambiar de paisajes y preparo la maleta y la toalla, la enrosco en mi cabeza y digo, ni se cuántas cosas digo, la mayoría no tienen sentido si se miran de lejos, por eso acerco la nariz y huelo las palabras, distingo el olor de tapioca y el del tabaco, las lágrimas saladas y que paciencia hay que tener, señor, debe ser la edad del almacén y del recuerdo, el tiempo de volver.(3)

Se va agosto y todavía no ha empezado.

Ella vuelve hoy (aplausos desde el avión)




(1) Ustedes no saben lo que es que te esperen así.

(2) Ustedes no saben lo que es que no te comprendan en absoluto pero que te quieran (¿o si lo saben?)

(3) Ustedes ( y Neruda) saben que el que el vuelve nunca se fue.


viernes, 15 de agosto de 2014

15.08.2014


Estoy acuclillado en la mitad de agosto. El mes se ha partido con un crujido seco, por los intersticios se escuchan gorjeos, trinos, cantos melodiosos y el dolor que vuelcan los noticiarios, Africa, Siria, Gaza, Irak, tantos lugares de sufrimiento. Subo al Faro como cada mañana, sé que no volveré a escribir, me lo dice el viento que llega del mar, me lo susurra como una amante celosa y voy dejando las historias en ese camino diario que me impongo para descifrar las metáforas, para adivinar que hay al otro lado, detrás de los montes mágicos, del horizonte donde una vez acabo el mundo. Cambió la masa por la forma y se ha quebrado un cuento, quiero parar con las manos la melancolía y es inútil, el pecho se me llena de un dolor negro y duro, algo sólido que me parte la mirada y la esperanza, que me llena de miedo y salgo hacia el acantilado. Es verano aún, quien lo diría y a la semana de la niebla le sigue esta de sol y lluvia, dibujo el amanecer en un ingenuo intento de atrapar la nada, dibujó nubes sobre la superficie quieta de la ría, escribo te quiero en la arena, la esparzo sobre la mirada mexicana, intentó diques para que no se vaya el recuerdo, recojo flores amarillas en la playa de Fora, también esas blancas que me recuerdan a Cádiz, en una mano llevo una nuez y en la otra una piedra del punto de partida, símbolos que me impongo para no olvidar a quien amo, ritos para que la belleza no se agriete, canto para no olvidar su nombre y agosto se ha partido en dos, mis brazos están morenos, mis labios musitan frases en lenguas que desconozco, danés, serbio, alemán, voy a zancadas, nunca llego, ella esta tan lejos, nada tiene sentido, quiero volver y no se donde, aquí no termina el mundo y nos mintieron, aquí empieza otra quincena y tengo que saber si es exilio o fortaleza, si voy o si vengo y las dudas me muerden, bah, me voy a la playa, ya veremos. Disfruten, gente, estamos vivos.




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