El bote de Nazario.
Era el límite de mi territorio, bajaba la ría, melancólica y oscura, entonces todavía volaban gaviotas sobre las aguas revueltas. Por poco dinero, Nazario y Txomin cruzaban en sus barcas a los pasajeros de una a otra orilla.
Era el límite de mi territorio, bajaba la ría, melancólica y oscura, entonces todavía volaban gaviotas sobre las aguas revueltas. Por poco dinero, Nazario y Txomin cruzaban en sus barcas a los pasajeros de una a otra orilla.
(Debo decir que desde el principio, en aquella reunión, mis pensamientos y deseos no eran obscenos, no, al contrario, la ternura me desequilibraba y ansiaba fundirme en abrazos de entonces, tanta dulzura goteando, horadando el gesto sobrio, calando hasta el punto de no retorno y enfermedades, ellas y ellos solo hablaban de enfermedades. Entonces dije la palabra mágica…sexo. Todos rieron, pasados unos segundos siguieron contando sus desgracias.)
El destino se consuma mientras florecen los almendros, los patos vuelan hacia el sur, la actriz se empolva el rostro antes de salir al inhóspito escenario, un señor rubio deshace los nudos del azar con dedos torcidos, un dios agoniza en el extrarradio, los ángeles velan las creencias de las mujeres piadosas e inmóviles rezando en la pérgola donde los perros buscan sus límites antes de la condena final. Eso es todo.
El cojo Peroche canta por soleares en una mañana de octubre, con un débil sol entrando por la claraboya que no tengo. Escribo para ti, Isabel, que estás al otro lado del mundo, bajo un tejado de pizarra y gorriones junto al mar que muerde con sal las ventanas de tu casa, las estrellas que miras sin mirar, las olas de lo que fue dejando algas embusteras en el arenal de entonces.
Descontrolado, así me has dejado.
Con solo dos palabras.
El otro.
Preservaba la ternura como un jardinero que cuida los arbustos malheridos de la memoria. Podaba con mis dientes los pliegues del pasado. Con obsesivo celo protegía los brotes del cariño, de la atracción creciendo como madreselva que se adhería a mi alma con más y más fuerza. Comíamos cerezas, tomábamos café, cortábamos jamón con afilados cuchillos, nos mirábamos a los ojos y se encendían las alarmas sin asustarnos,
Y ahora esas dos palabras vacían los aljibes, agostan los parterres, queman la hierba, rompen los esquejes, dejan la tierra oscurecida, infértil, con un viento trágico que se lleva los sueños, se incendia el monte junto al penal de no verte.
Evoco, medito, rumio, me refugio en la imposible lucidez, me escondo en el contrabando de palabras. Viajando al abrigo de las miradas inoportunas me oculto, disimulo, selecciono la voz que aparente, que disfrace, no, tiempo de tragedia, tiempo nublado en otoño del norte, voces fragmentadas, entrecortadas, no hay cobertura, obsesiva imagen de tu cuerpo reflejando la luz leve que se filtra por la persiana que protege, hondura en la aparición de caricias que atesoramos como una oración selectiva, protectora, intensidad en los besos que antes no nos dábamos…
Pero de súbito…el otro.
En la radio el Brillantina se marca unos tangos, músicas que antes no, canciones saliendo de un arcón bajo la cama sin dosel. Te escribo, Isabel, sobre las rocas del acantilado, desafiando los tambores y las certezas; te escribo en la orilla, saltando las rayas del agua, el misterio, el miedo, la sombra ciega que me ofrece tres deseos, la visita piadosa del todavía, trágico como un actor desdentado, ridículo como un cómico a caballo entre lo imposible y la pirueta, con un gorro de cascabeles, con una nariz postiza, roja, silbando, con los pulmones abiertos a la resaca de ese otro.
Pongo las cartas sobre la mesa, esta es una partida en la que nadie gana, tres envido y llevo pares, órdago al juego y ahora me sales con que no hay otro, que ni siquiera yo soy uno y nos reímos bajo la parra, fotografiamos a los cisnes entre los juncos, desafiamos las miradas de los desocupados en el muelle, de los marineros en tierra, de los que levantan plazas de toros, de los capitanes de barco en la proa de la inactividad, de los vecinos asomados al balcón, de los guardias civiles en sus torretas, de los surfistas avistando olas, de las gaviotas que se ríen, inoportunas, y graznan y nos señalan con sus picos amarillos y ahora recojo el mantel y dentro estamos tú y yo y esta historia renacida y cierta.
Me has convertido en un antropófago.
Cornel Wilde que lo mismo hacía de trapecista, espadachín, galán o explorador
de la selva perseguido por tribus salvajes, es aquí un teniente de policía que, de
forma pertinaz, quiere encarcelar a un malvado gánster, Richard Conte (que
estaba encasillado en estos papeles). En el fondo parece que el teniente está
enamorado de la novia del malo, la chica buena (Jean Wallace, su esposa en la
vida real. Sosa), aunque tiene una relación con una bailarina, la chica mala (Helene
Stanton, muy maja). Debo decir que, para mí, la mala es la buena y la buena es
la mala. Por cierto, hay una frase genial de la bailarina "Cuando ella vuelva a hacerte daño no tardes tanto en volver", genial. . En esta película participan el veterano y eficaz Brian Donlevy, unos
jóvenes Lee Van Cleef (Fante) y Earl Holliman (Mingo). Añadiré que tiene buena
fotografía y música, pero que el guion se queda corto. Para pasar la tarde vale, ahí
nos quedamos.
Dylan Thomas nació en Swansea, Gales, un 27 de octubre de 1914 y murió en Nueva York el 9 de noviembre de 1953.
AEMET alerta para esta madrugada: clima severo en el Estrecho. Esos tres están al otro lado. El levante de ahora, he barrido dos veces el porche, ya avisa movimiento. No tengo manera de avisarles porque la deslumbrante geometría de Chauen ha enmudecido al gavilán y a las palomas. Africa extiende sus carreteras como tortuosos brazos negros. Que el cielo protector de Bowles acoja a los aventureros y los traiga de regreso sanos y salvos, bastante tiene alguno ya con el lento deterioro del perfil, del tatuaje, Baiona, en el hombro izquierdo, como un bucanero, como un recolector de ceniza y pacientes detrás de las rejas. El viento, oh el viento, Aviso Amarillo por Fenómeno Costero y esos tres ahí, al otro lado.
Continuará
(Eso espero)
Solo, sin vocación de náufrago, perdido en el destierro de chozas blancas, geometría desbordada por el exceso. Sus amigos viajan hasta Nairobi para comprar marfil. Él sale a buscar provisiones entre alhelíes morados y árboles cargados de lluvia. Al regreso no encuentra su morada ni su destino. Da vueltas y vueltas, no conoce el dialecto local, no sabe orientarse, no hay estrellas. Sufre la veracidad de la distancia. Siente que los nativos le miran con desconfianza, sin bondad. Insistencia de la desventura. Animales en sus madrigueras con niebla en el hocico. El mar se come el sol y el cielo se rompe en jirones rojos que aúllan. Temor del solitario. Llama a su secretaria, quizás no vuelva el martes, que aplace las citas.
Chris Gilvan Cartwright painting
(Las chinas hablan en tono alto y ríen, dejan momentos uno tras otro, como naipes en equilibrio antes del viento, como pájaros verdes en selvas de voces, el verdugo avergonzado girando sobre su cabeza el hacha del tiempo, de todos los tiempos y aromas de cunas de recién nacido y coquetería y limones y uno, dos, tres gin tonic antes de la negativa, siempre un no delante de la puerta al cielo)
Islandia
Manuel Vilas.
“Ya no estoy enamorado de ti”, con esta frase que dice la
mujer del protagonista, el autor, monta un libro de casi 300 páginas y al
empezar a leerlo pienso que son demasiadas para estar tanto tiempo dando
vueltas a la noria de su separación. Manuel Vilas dice que es autobiográfico y
escribe bien sus penas y sus alegrías. Sigo hasta la página 100 (+ o -) y ahí
empieza a describir con naturalidad, de forma explícita, sus relaciones
sexuales. Oiga, que me ha dado rabia, que no me ha parecido correcto, desnude
usted su alma y su pesar, pero no me cuente como folla que me importa una mierda
(perdón). Es decir que lo que me parecería oportuno, incluso necesario, en un
libro de ficción no me parece ético en una confesión de su vida real. Agur.
La noche de los maniquís
Stephen Graham Jones
Ganadora del Bram Stoker de 2020
Leo esto: “Manny constituye su magnánima obra: la cúspide de sus travesuras infantojuveniles. Refleja la pura diversión, la creatividad y el riesgo bien saboreado. Es mucho más que un hallazgo rescatado y customizado para una fugaz ocurrencia. El misticismo que lo rodea es espeso desde los primeros instantes que se habla de su relevancia en torno al grupo de amigos.”
Comienzo el libro y en la página 30 pienso que qué hago aquí,
vaya rollo, puede ser que no pillo el estilo, el género, el tema. Un peñazo. Lo
dejo.
Los Netanyahus
Joshua Cohen.
Premio Pulitzer en el año 2022. ¿Existe el humor judío? Woody
Allen dice que sí y yo añado que hay un humor de los judíos norteamericanos,
muy suyo. Este libro inspirado según él en una charla informal con Harold Bloom
(es decir se marca un pegote elitista) habla de los campus universitarios en
los años 60, mezcla realidad y ficción, tiene muchas referencias cultas sobre
el sionismo, ¡la Inquisición!, etc, pero. sobre todo, nos hace maldecir a los padres
y hermanos de Benjamín Netanyahu y debería hacernos reír, pero esa familia es
tan odiosa y lo que ocurre puede ser tan real que en mi caso solo me molesta
que el protagonista sea un pusilánime.
Con todo esto diré como humilde opinión que me ha gustado,
que es una mezcla de estilo culto, americano (del norte), satírico, crítico, de
humor y combinar todo esto es muy difícil, pero Joshua Cohen escribe muy bien,
es un favorito de los críticos (y de los editores, claro) y se lo sabe. Es un sí.
Edith, la mujer de Blum dice: “Estoy harta de oír hablar de judíos (…) Conocer a ese hombre horrible y a su horrible mujer me ha hecho darme cuenta de algo. Me ha hecho darme cuenta de que ya no creo en nada, y no solo eso, sino que además no me importa. No tengo creencias y me parece bien; me parece mejor que bien, me encanta… Me encanta estar envejeciendo sin convicciones”…
https://leeresvivirdosveces.com/2023/10/21/resena-de-los-netanyahus-de-joshua-cohen/
https://lecturassumergidas.com/2022/02/28/jonathan-cohen-y-los-netanyahus-idiosincrasia-judia/
El Misterio del Cisne Negro
Tetsuya Ayukawa
Publicada en Japón en 1959 es una novela policial “Galardonada con el Premio de la Asociación de Escritores de Misterio de Japón, esta novela convirtió a su autor en uno de los autores más importantes del género. Esta ficción es una joya clásica del honkaku, un puzle narrativo con mapas, gráficos y pruebas ocultas donde cada detalle cuenta.”
Son 400 páginas que sorprenden más que por la trama en sí por las
costumbres en ese país que seguía en plena posguerra y que dan cierto sentido a
leer esta novela porque la historia es una más. Demasiado largo para poco
provecho.
La leí en agosto y ya puesto en el lío la terminé.
Me dejó en un sin más.
https://jordivalerointerrobang.blogspot.com/2025/12/el-misterio-del-cisne-negro-de-tetsuya.html
Se mete un individuo en salmuera y al de unos días, sin mucho miramiento, se le saca al aire, a la intemperie, a la cegadora luz de la verdad, se le sopla en las orejas y a por el siguiente.
Vivimos tiempos oscuros, en los que los peores han perdido el miedo y los mejores la esperanza.
Hanna Arendt
Parker está frente una pared vertical de roca (1). Cuenta con algunas nociones
mínimas de escalada. Sabe que tiene que subir, sabe que algún momento caerá.
Hace acopio de cuerdas, arnés, pies de gato, asegurador/descensor, cintas
exprés, mosquetones, cabo de anclaje, un casco rojo y sus pastillas contra el vértigo.
Para cuando se da cuenta lleva un buen rato trepando, se pega a la roca y
utiliza cada saliente para sujetarse y ascender. Pero nadie dijo que esto fuera
fácil, por un cambio de viento baja la temperatura y comienza a llover. Parker
se dice que qué demonios hace ahí pero ya no hay vuelta atrás.
¿Llegará a la cima? ¿Se rendirá?
¿Se caerá?
No dejen de informarse aquí
mismo, voy a ver si Parker sube o baja.
(1) Escojan la pared que prefieran:
El Capitán, Yosemite, EE UU
Pico Thor, Isla de Baffin, Canada
Gran Torre del Trango, Balistan, Pakistán
Pared del Troll, Valle de Romsdalen, Noruega
Notch Peah, Utah, EE UU
Cara norte del Eiger, Alpes berneses, Suiza
Inventar un manual del cortejo para el diálogo de cartas aéreas,
inventar la historia, inventar al otro, reinventarnos, es decir lo nuevo, lo
bello, utilidad de lo inútil, ahí está la palabra que nos asedia, que nos cerca
con la magia del deseo, desear el deseo, atrevimiento progresivo llenándonos de
la música erótica de nuestros cuerpos recién descubiertos, construidos desde la
imaginación, desde la necesidad, mujer y hombre nuevos en cada gesto singular
del intercambio de correspondencia, sin sellos ni sobres, sin cartero,
cambiando un alfeizar por otro, ventana a un mundo con huertas sembradas de
osadía, de espera, de ilusión, nerviosismo ante la tardanza en una respuesta,
celos irlandeses, repetir los errores de lo cotidiano, posesivo afán de
capturar lo inaprensible, reproches, ¿cómo puedes querer a una desconocida?,
distanciamiento, agujero del adiós, peor, el silencio instaurando su reino
implacable, totalitario, sabor tan amargo de lo que fue sin ser, otro hueco en
el corazón, otro nombre perdido en la libreta de direcciones.
La vida va tan rápido que esta mañana, en
el duermevela, soñaba con la habitación dónde empecé a trabajar, todo era silencio,
en blanco y negro, yo mismo era negro, alrededor pastaban dinosaurios blancos.
Esa habitación estaba vacía, alicatada hasta el techo y, qué curioso, a mi lado
estaba la última persona con la que he trabajado. Muy Fuerte.
Me he ido a caminar, como cada día, antes que amanezca. Antes corría, antes hacía muchas, otras cosas. Esta mañana, tipi tapa, camino pero no hay sol, llueve, llueve mucho.
Empieza octubre. Antes del amanecer,
cruzándome con los atareados viandantes, caminando por el borde de la Ría hasta
los laberintos de Serra, sus bosques de hierro, con los colores de Jasper Johns, entrando en la Krumau de Schiele, cabeza abajo para ver a la señora Lenin y el
ruiseñor de Baselitz, indagando sobre los padres de Otto Dix, recreándome en la
suerte de torear la mañana, conversando con los desocupados, viendo las
gaviotas rozando el agua, respondiendo al silencio, recopilando versos de
Oteiza (…no he tenido/ otra vida que la suya/ lo único que tengo/ es mi mujer/
y está muerta…), empezando a desnudarme de prisas y cifras, de agobios, otros
vendrán pero no esos, me he citado con el demonio, dentro de un rato firmo,
esto ha sido así, fin, tantos años en esos leves trazos, tú me das yo te doy. Hoy
soy, aunque llueva tanto.