Peggy Guggenheim.
La
construcción del museo Guggenheim en Bilbao en unos momentos de crisis de la
ciudad supuso una sorpresa y bastante incomprensión por parte de “la ciudadanía”.
Su inauguración y desarrollo han servido para dar renombre y atractivo al
Bilbao gris, industrial de un tiempo. También para aportar una visión de un
cierto “arte moderno” no apreciado por todos. Confieso ser de uno de los
convertidos, desde el primer día que entré al museo me apasionó. Sigo en esa
pasión.
Terminé
ayer “Peggy Guggenheim. Confesiones de una adicta al arte”. Un libro que me ha
gustado mucho por lo que cuenta y dejo aparte el tono natural de cómo lo cuenta,
ingenuo a veces, no demasiado “literario” pero que se lee con curiosidad. Qué
señora, qué interesante, con independencia de tener mucho dinero, escoger invertirlo
en arte, en un arte nuevo, debió ser arriesgado pero le proporcionó una vida privilegiada y no solo en el aspecto
material.
Dejó unas
líneas del último capítulo.
“Durante
los doce años que llevaba fuera de Nueva York había cambiado todo. Me quedé
atónita: todo el movimiento artístico se había trocado en una enorme operación
comercial. Solo unas pocas personas se interesan de verdad por los cuadros. El
resto los compra por esnobismo o para evitar pagar impuestos, dona cuadros a
museos y puede quedárselos hasta que muera; así no se priva de nada. Algunos
pintores no pueden vender más que unos pocos cuadros al año, pues ahora son
ellos los que tienen que pagar impuestos. Los precios son algo inaudito. La
gente solo compra lo más caro y no tiene fe en nada más. Hay quien compra solo
como inversión, almacena los cuadros sin verlos siquiera y llama a su galería
todos los días para preguntar por la última cotización, como si estuviera
esperando el momento más propicio para vender acciones.”
(Está
escrito y publicado en 1960)


8 comments :
A principios del 25 me escapé a Bilbao para ver en el museo la exposición de una pintora vanguardista de hace más de una centuria: Hilma af Klint.
La anterior ocasión fue en el 24, cuando hicieron una exposición de las vanguardias soviéticas.
Siempre que puedo me escapo a Bilbao...ahh y me voy camino del funicular, me encanta subir en él, y después al mercado, frente a la ria.
Tot Barcelona pues este año te toca. Vi esas exposiciones, soy amigo del Museo y voy a menudo. De joven vivía en la calle donde está el funicular y en mis caminatas mañaneras suelo subir hasta Artxanda por caminos diferentes. Si vienes avísame, tomamos un café o un txakoli, lo que prefieras, me comprometo a descubrirte algo interesante. Cuando voy a Barcelona mis amigos/as de ahí me enseñan una ciudad nueva. Saludos.
Gracias, así lo haré.
saludos ¡¡¡
Todo termina convirtiéndose en comercio, más en las tierras del "gran país del norte"...
Saludos,
J.
También dio lugar al efecto Guggenheim, el pensar que poner un edificio de renombre en medio de ninguna parte, tu ciudad despegaría..
El coleccionismo con fines especuladores es una lacra que se apodera de todo, de los coches clásicos, las cámaras analógicas. Hay personas que son como termitas, ¿verdad? Lo devoran todo.
Tot Barcelona en eso quedamos. Un abrazo.
José A. García, así es, ese país no está en mi norte pero es igual, lo ocupa todo. Estamos en un mundo en alto riesgo, disfrutemos de las cosas pequeñas.
Saludos,
Beauséantsobre el efecto Guggenheim, hombre, el edificio del museo no está en medio de ninguna parte, esta en medio de Bilbao, que así pasó de ser una ciudad industrial a una ciudad de servicios, de trabajadores cualificados en sus fábricas, sindicados, con fuerza obrera, a trabajadores empleados en una plaga de hostelería feroz atendiendo al turismo aun más feroz que todo lo devora. La ciudad despegó para algunos, como siempre.
Hay personas que coleccionan libros, discos, sellos, otras coleccionan relojes carísimos, dinero, petróleo, uranio. Hay una gran variedad de personas, incluso algunas son muy mala gente.
Este es un blog pacífico para gente pacífica.
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