Parker taciturno
Riccardo Moncalvo - Paesaggio pedonale, 1937 -
El día pasó como pasan algunos días, lento, marchito, atribulado, taciturno, estéril, etcétera.
Por la noche Parker tiene un sueño breve hasta que las ortigas del insomnio trepan y se adueñan de la verja que separa el jardín onírico de rosas y agua fresca del fango que cubre el miedo al presente, al pasado, al futuro, a todo lo que conoce y desconoce. Una sensación de angustia hace que de vueltas en la cama, las sábanas se enrollan en su cuerpo sudoroso a pesar del frío de la madrugada. Son tiempos desolados, pánico y arena, incertidumbre. Le duele la noche que amenaza.
Luego se queda en un duermevela inquieto hasta que suena el despertador. Se levanta y arrastrando las zapatillas llega hasta el espejo de plata sucia. Ese es él y ha llegado el tiempo de ponerse la careta sobre la carne vacía, de agotar el desasosiego, el quebradizo sentido de vivir así.
Al ajustarse la corbata todo cambia. Con el café se toma las tres pastillas, dos blancas y una azul. Enciende el teléfono y tiene ya cinco llamadas perdidas, el aviso de varias citas esa mañana, ha quedado para comer con Julia y discutir lo de la partición del piso. En el ascensor está silbando, Sale sonriendo por el portal. Otro día.


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