Champs-Elysées, Paris, July 14, 1954 -Gisèle Freund

sábado, 3 de enero de 2026

Caperucita roja


 

Mi nieta de tres años se quedó unos días en nuestra casa. A la hora de dormir me pidió: “Cuéntame un cuento.”

Le conté Caperucita roja, el único que recordaba en aquel momento. La verdad es que la chiquilla se asustó un poco porque se lo conté tal como me lo habían contado de niño, enfatizando las voces y el “abuelita, que boca más grande tienes”.

La cuestión es que le gustó tanto que al día siguiente me pidió que se lo contase otra vez y otra vez, repetía las voces, hicimos teatro y lo pasamos muy bien.

Vinieron sus padres para llevarla a su casa y el día 24, sorpresa, el Olentzero le trajo, entre otras cosas, el cuento de Caperucita roja.

Hoy han venido a comer. A la hora de la siesta mi nieta me ha pedido su cuento. He empezado y mi hijo me ha interrumpido, asustado, el cuento había cambiado. Resulta que el lobo no se come a la abuelita porque esta se esconde en un armario, tampoco se come a Caperucita que es muy lista, se da cuenta del engaño, sale corriendo y se encuentra con un ¡guarda forestal! que ahuyenta al lobo al que tampoco mata porque los guardas forestales no llevan escopeta y no se mata a los animales y vaya mierda de cuento.

Pobres niños de ahora ¡que alguien les defienda de tanta tontería!


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