Caperucita roja
Mi nieta de
tres años se quedó unos días en nuestra casa. A la hora de dormir me pidió: “Cuéntame
un cuento.”
Le conté
Caperucita roja, el único que recordaba en aquel momento. La verdad es que la
chiquilla se asustó un poco porque se lo conté tal como me lo habían contado de niño, enfatizando las voces y el “abuelita, que boca más grande tienes”.
La
cuestión es que le gustó tanto que al día siguiente me pidió que se lo contase
otra vez y otra vez, repetía las voces, hicimos teatro y lo pasamos muy bien.
Vinieron sus
padres para llevarla a su casa y el día 24, sorpresa, el Olentzero le trajo, entre otras cosas, el cuento de Caperucita roja.
Hoy han
venido a comer. A la hora de la siesta mi nieta me ha pedido su cuento. He
empezado y mi hijo me ha interrumpido, asustado, el cuento había cambiado.
Resulta que el lobo no se come a la abuelita porque esta se esconde en un
armario, tampoco se come a Caperucita que es muy lista, se da cuenta del engaño,
sale corriendo y se encuentra con un ¡guarda forestal! que ahuyenta al lobo al que
tampoco mata porque los guardas forestales no llevan escopeta y no se mata a los
animales y vaya mierda de cuento.
Pobres niños
de ahora ¡que alguien les defienda de tanta tontería!


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