Bueno, yo sí soy.
Todo esta
producción para esta esquina en realidad no es una dificultad, es una cuestión
de concepto, estar en el borde del blog Glup (2.0) me hace sentir a veces como
un agente doble, escondido en la sombra de escribir con la mano izquierda sin
ser zurdo y la luz de vivir sentado en un elefante mecánico que chirría cuando
camina sobre los hombros de hombres apiñados en el jardín eludiendo el
cortacésped de la ignorancia, no saber qué facción enemiga es la que bombardea
los viernes, es decir hoy, por eso apaguen la luz de la cocina, no fumen en las
ventanas, preserven para sí las confidencias opacas, la autonomía de las
hogueras, el cuchicheo de los artistas
hospedados en el cuarto del fondo, autónomos, saltimbanquis y coreógrafos,
echadoras de cartas y carteristas, excursionistas del pasillo y ese maldito aparato para la respiración de
Margaret que burbujea y zumba mientras se expanden sus pulmones apagados,
cavernosos, carnaza para los estraperlistas del antibiótico, la uña que raya el
cristal al resbalarse de la bayeta, los gendarmes fisgando por las ventanas
antes del desembarco, las agujas del reloj de la abadía, buscar palabras que digan o no digan para
rellenar el paso de cebra y la estación iluminada por el crepúsculo, esto de
ahora para mañana, es decir hoy que lees sin entender qué diablos es este aroma
que trae el viento del oeste, con olores de cocina, polvo de rezos, caridad del
visionario, una lengua de fuego sobre nuestras cabezas mientras entendemos el
irlandés, el gaélico y el hígado de Dylan Thomas explotando en un hospital de
New York, allá donde quiero volver, controlando el discurso y el paso a nivel,
palabras cuidadosamente desechadas para que digan esto, nada, lo que usted
quiera, a sus pies, a los de su señora, o señor, un tiempo absoluto, mariposas
sobre las tumbas de individuos que mueren en las calles y nadie sabe cómo ha
sido, un fluido verdoso saliendo de los intersticios de ladrillos desencajados,
el profeta en su hornacina, diez minutos
antes de la cita que me oprime el pecho, estaciones de metro, me bajo en
Greenwich Village, sonrojado, las negras rocas de Central Park, mi lengua sin
levadura resbalando en la arena blanca, casi no llego a mi reunión de hoy, esto
es lo que quería decir ¿queda claro? pues eso. 2026, no somos nada.


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