倪傳婧 Victo Ngai

viernes, 7 de diciembre de 2007

En Bilbao.

No esperar de la vida para no arriesgarla; darse por muerto, para no morir.
Yo no estoy muerto, estoy enamorado.

(Bioy Casares).


Quién nunca ha estado en Bilbao, o no la haya visitado desde hace tiempo, puede pensar que es una ciudad gris, triste y fea. No lo es, en los últimos años Bilbao se ha convertido en una capital luminosa, alegre, risueña, tendida al lado de la ría que sube y baja, que se mira en el reflejo del Guggenheim, que se llena de puentes y jardines, de barrios que crecen por las montañas que la rodean.

En uno de estos barrios me ocurrió. Sentado en un banco de los jardines sobre la calle Miravilla, mi mirada se perdía hasta el Abra, resbalaba por el monte Artxanda y al girarme para observar los bloques y bloques de casas edificados en los terrenos donde estaban las antiguas minas de hierro, la vi. Me miraba, eso me sorprendió, desde que Sole me dejó -por triste, dijo ella- me había vuelto invisible ante las mujeres, o eso me parecía.

Para mi sorpresa se acercó sonriendo y empezamos una conversación sobre esto y aquello. Me dijo que vivía en esa zona desde hace unas semanas y que no conocía a nadie. La invité a tomar un café en un bar próximo y seguimos hablando, sobre todo de literatura. Rosa –así se llamaba- escribía poemas, le gustaban Valente y Gamoneda, también algunas cosas de Neruda y Benedetti, el Borges poeta. Era bella.

Me invitó a subir a casa para enseñarme sus obras de arte y al decirlo su rostro brillaba. Al entrar en el piso me agradó la decoración, el buen gusto al escoger los cuadros, la biblioteca repleta. Las cortinas oscuras creaban una penumbra agradable. Ponte cómodo- me dijo- ahora vengo. Me dediqué a curiosear los libros alineados, entonces volvió Rosa, desnuda. Me quedé tan sorprendido que no supe reaccionar. No des la luz –dijo- mientras comenzaba a besarme, me quitó la corbata, la chaqueta, los botones de la camisa uno a uno, me hablaba con una voz tan dulce que pensé que hasta entonces yo había vivido en otro país. Tócame, ámame -decía-. Y a eso me dediqué con todo mi deseo, con el ansia de meses, con la torpeza del neófito, con la entrega del obediente, con la cautela del inseguro. Acaricié su cuerpo con lentitud, demorándome en su espalda, las caderas, los muslos. Besé su cuello, la nuca, los pechos, sus pies. Ven -susurró- y entré en ella y sus suspiros. Fue intenso, tan bello que empezamos de nuevo. Después, en la calma, mis dedos siguieron tocando su cuerpo aún estremecido. Entonces fue cuando lo noté, unas marcas bajo su axila derecha, varias, profundas. ¿Qué te ha pasado aquí? – pregunté. Cambió su cara, se puso seria. Vístete- dijo- vete. Me empujó hasta la puerta sin hacer caso de mis protestas. No esperé al ascensor, bajé por la escalera, busqué mi coche y volví a mi casa sola y silenciosa. Allí me senté a fumar cigarro tras cigarro, confuso, sorprendido, triste después de haber amado.

Han pasado unos días, he regresado a ese barrio tratando de encontrarla. En mi confusión ni siquiera le pedí el teléfono, no recuerdo la calle ni el número del portal, todas las casas me parecen iguales. La he buscado, he preguntado por ella, nadie la conoce. Estoy preocupado, creo que me enamoré, creo que estoy enamorado. Pero sobre todo está lo de las marcas. ¿Y si...? la cuestión es que desde entonces apenas puedo dormir, que estoy nervioso, inquieto, desasosegado.

Por eso si alguien viene a Bilbao – ven y cuéntalo- puede encontrarme en el mirador sobre la calle Miravilla, de espaldas a mi ciudad, escrutando cada ventana, cada mujer que se asoma, cada señal de mi cuerpo, cada latido aprensivo, infeliz, lleno de miedo, enamorado. Aún.


14 comments :

mirada dijo...

Un abrazo enorme cariño, guapo. Me gusta mucho leerte. Me haces sentirme muy bien. Gracias por tu dedicación constante, y todo lo que haces por mejorar, mejorarnos. Mil besitos también.

Arthur dijo...

Parece que muchos millones de historias tiene la ciudad de Bilbao. Que mal que nunca he ido.

Auch, yo sí quiero aprobar el curso Glup.

Y bueno, tal vez conociste a Rosa en Kirby's Dream Land, y en Kirby's Dream Land estaba Bilbao y en Bilbao estaba Rosa. Y como los sueños son muy raros -a veces- por eso viste esas marcas.

Bueno, espero aprobar tu curso Glup, y tener más asistencia por acá.

Saludotes y abrazotes.

Sweet Dreams, de todo Corazón:
Arthur

Gusthav dijo...

EEEEKKKK!!! Yo no quiero tener tantas inasistencias y por eso no aprobar el curso Glup.

Bueno, creo que la embarraste al mencionar las marcas de la axila, aunque Rosa no debió darle tanta importancia a las marcas. Estaba oscuro, que tal que nada más era que no se depiló y eran pelitos que tenía ahí? Uy!

No me hagas mucho caso, es más, creo que ahora fui yo quien la embarró con éste comment.

Saludos y abrazos

Nice Day, con toda mi Alma:
Gusthav

ybris dijo...

Doy fe.
Estuve haciendo un cursillo en Deusto en 1970 y no había vuelto hasta este año. Entonces me pareció triste y hoy me ha entusiasmado -ciudad y gente.
Procuraré mirar bien desde los jardines sobre la calle Miravilla la próxima vez que vaya -iré.

Bello relato el tuyo. De los que no te dejan descansar en lo logrado.

Abrazos.

Pedro M. Martínez dijo...

Mirada, es solo rock and roll pero me gusta, que decía Mick.
Que Blogspot se ha pasado de pronto al inglés y agg.
Que las fotos de la portada se me emborronan y nadie sabe como ha sido.
Que, en fin, esta es una carrera con lo desconocido.
Además de escribir.
Que dejé esto por ese emborronamiento, o su imposibilidad.
Que volví y mira con lo que me encuentro.
Que hoy no trabajo y te pensaré.
Que mira tú qué cosas te respondo.
La confianza.
Gracias, hermosura.
Te beso a raudales.

Pedro M. Martínez dijo...

Mister Arthur, cada uno cuenta de aquello que conoce.
Como no conozco casi nada, cuento de lo de alrededor.
Más o menos.
Y, bueno, si sigues así no solo aprobarás sino que sacarás nota.
Lo dice el que corrige.
Y te abraza, además.
Gracias, rey.

Pedro M. Martínez dijo...

Querido Gusthav, no te preocupes, gracias a las recomendaciones de Arthur, aprobarás. Y a tu asistencia, insistencia, consistencia, resistencia y la apariencia de las marcas de Rosa me asustaron, ya ves.
Quedas abrazado.

Pedro M. Martínez dijo...

ybris, gracias por mirar tan bien.
La calle Miravillas lindaba (linda) con la calle Las Cortes, lo que se llamaba La Palanca, (el Barrio Chino, más o menos), un barrio de putas, (no sé si había putos. Por la corrección). Un lugar de perdición. Antros del vicio. Qué horror. Jajajajajajajajajajaja.
Ay, señor.
Pues bueno, decía (quería decir) que de la calle Miravillas tengo muchas historias para contar. Ahí estaba el portalón de entrada a la mina (minas de hierro), ahí se sentaba la Mari, la mujer del Divino (un personaje), ahí vivía JR, etc.

La próxima vez que vengas, si no me llamas, mando cerrar las fronteras. Tú verás.

Hay, se me olvidaba. De esa zona, tiraron las casas viejas y en la zona de la mina han construido ese barrio –Miravilla- (se han comido la S). Ahí me ocurrió (creo).
Abrazos.

Nikté dijo...

Hacerse el muerto para no morir...¿Cómo los animales cuando ven el peligro? ¿Cómo un soldado?
Ah, es hombre enamorado, se me olvidaba.
¡Ya está!la muerte pequeña, eso es.
Y esa mujer con esas marcas debajo de la axila, es una mujer a la que le extirparon un pecho, pero cómo no se dió cuenta el, si la acarició entera hasta sus pies.
Me recuerda a un relato de Benedetti o no se si de Cortázar aquel de los feos que se amaron a oscuras y cuando encendieron la luz...Es tan corta mi memoria...
Y esos personajes...En Yucatán vive aún una puta a la que llaman "La quinientos" Por los 500 pesos que cobraba allá por su juventud en su época de esplendor y que terminó residiendo en una pagoda construida con el dinero de uno de sus amantes.
Pasé por allí varias veces y me dije: Algún día escribiré sobre esa mujer, la que vive trás esa puerta roja.
Bilbao no la conozco pero estaría bien como próxima parada, quiero ver esa luz que tu ves.
Y dejarle al pobre por triste ¿Que crueldad! Jajaja

Un beso de puente, aunque yo trabajo. Me voy ya mismito.

Y si, no se por que cuando se escribe sobre estas cuestiones se magnifica. Es como cuando tu amante te dice te voy a comer entera y se queda a un tercio de tu cuerpo.

Otro beso, por si no te supo demasiado el primero.

Pedro M. Martínez dijo...

Nikté, ya ves, te veo.
Hoy has comentado diferente.
Me has leído con ojos de insecto, con más puntos de vista, desde más lejos, o más cerca, desde dentro. Me ha gustado.
Tú sabes de ese gustito en el cuello, en la nuca, cuando escribes campos amarillos y te leen frutos de terciopelo, cuando abres una puerta y alguien te empuja dentro de una habitación oscura, cuando enciende una mínima luz en la mesilla, cuando intuyes una cama con sábanas blancas y, oh, alguien más respira en las sombras. Y sales, asustado.
Un día me dejaron, no por triste, quizás por demasiado alegre, es difícil soportar la alegría cuando se vive al otro lado, en otro concepto. Me lo invento. Lo decía ayer mi cuñada. Creo que también esto me lo invento.
Pero mientras tú trabajas –que te sea leve- saldré a correr por las calles con lluvia, para buscar inspiración, para encontrar historias, para soltar los músculos, el alma ría bajo (en Bilbao hay ría).
Y la luz de su ciudad, cada uno la ve diferente.
Hoy no hay luz, solo nubes.
Un beso en cada uno de tus dedos.

Que te coman entera (y que lo disfrutes)

gaia07 dijo...

Una pregunta, un gesto, un silencio… puede cambiar lo que está ocurriendo, la realidad tornarse irreal.
Nos sobreponemos con la esperanza e inventando posibilidades al darte cuenta de haber perdido algo, antes de saber que lo tenías.
Un beso querido Pedro.

sergisonic dijo...

Yo la vi en Kafe Antzokia. Era 1997. Volví al cabo de tres años, pero no me esperaba ya, aquel bello espejismo.

Pedro M. Martínez dijo...

gaia07, lectora James Bond, con licencia para comentar (aunque te falta un cero). Jajajaja.
Es la cosa.
El momento de la perdida, el estupor ¿qué ha ocurrido? ¿qué he hecho?
Y el nunca más
Besos, agente secreta.

Pedro M. Martínez dijo...

¿A quién viste? sergisonic ¿a la ciudad?, ¿ a Rosa? En cualquier caso llevas 7 años sin venir. Vuelve.

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