domingo, 5 de diciembre de 2021

Orden, please (2)

 



Un mal día la empresa en la que trabajaba quebró por saturación de líneas, me quedé en el paro. Con tanto tiempo por delante me aburría, echaba en falta la pantalla de cristal verde, mis gafas reflejadas en ella.

En mis paseos por el parque me presentaron a una señorita, Maria Eugenia Julia, paseante como yo, con la que inicié una hermosa amistad. Una tarde le invité a subir a mi piso y allí, nos conocimos carnalmente. Aquí empezó el problema, su respuesta sonora estaba llena de ays, uff, ooooh, ahhh, asíiii, sigue, sigue e incluso me recitaba poemas de Neruda durante el coito. Cuando se marchaba, me miraba al espejo, desnudo, y no advertía ningún cambio apreciable en mi anatomía por lo que no entendía el porqué de aquel derroche de expresividad. A pesar de repetir nuestros encuentros dos veces más, corté mi relación con aquella exagerada.

Poco después logré un empleo como portero informático y volví a las relaciones fijas con profesionales qué, chico, te sale más caro, pero evitas sorpresas.

Hoy es el día en el qué, dado que mis ingresos económicos han aumentado, mis relaciones sexuales son quincenales, es decir de 73 ah, ah, ah anuales. Así estoy feliz.


Pues eso.

sábado, 4 de diciembre de 2021

Orden, please.

 


Desde niño he sido un maniático del orden.

Me gusta tener todo bien organizado, clasificado y comprendido.
Durante mi vida, a pesar de mi soltería, mis relaciones con mujeres han sido abundantes.
El problema es que siempre me han preocupado sus manifestaciones sonoras.
En mi primer encuentro íntimo -tardío, ya- a los 25 años, ella exclamó durante el acto: ¡Oh!
El segundo, a los 28, fue un fracaso y ella dijo: ¡Bah!.
El tercero, a los 31, estuvo peor; ella no dijo nada y se marchó dando un portazo.


Reflexionando sobre esto llegué a la conclusión de que no había uniformidad entre gritos y silencios y dado que mi trabajo me absorbía - era vigía informático, siempre delante de un monitor, no tenía tiempo para cortejar a las damas -, opté por solicitar los servicios de expertas profesionales que con periodicidad mensual, me liberaran de mis necesidades eróticas.



Doce veces al año, durante los diez siguientes, escuché, con precisión mecánica, sus ah, ah, ah - ni uno más ni uno menos -. Debo decir que las mujeres cambiaban -según la agencia- y que no logré una amistad duradera con ninguna de ellas, limitándonos a hablar sobre el tiempo y cosas así, pero me alegré de la coincidencia en la cantidad y frecuencia de los gemidos en mi oído. Eso era.


(Sigue)

viernes, 3 de diciembre de 2021

Las Fosas Ardeatinas

 




"Das befehl ist befehl" (Una orden es una orden)


Diciembre. Habíamos comido en Casa Benito, ese sitio que tanto nos gusta. Paseábamos por Vía Rasella, el cielo gris amenazaba lluvia. En el número 141 – Palazzo Tittoni, lo recuerdo perfectamente- vimos los agujeros producidos por las balas, por la metralla. Las calles estaban desiertas, no había a quién preguntar.

De vuelta al hotel consulté al recepcionista. Cosas de una guerra, hace tanto tiempo. No sabía nada.

Al día siguiente, durante el desayuno, alguien me tocó en el hombro. Con permiso. La señora, una anciana, gruesa, se sentó en nuestra mesa. Piero, un café –dijo- y comenzó a hablar, rápido, sin mirarnos.

Los crueles soldados de las SS pasaban cada tarde por Vía Rasella cantando orgullosos en aquel idioma incomprensible, duro. Volvían a sus barracones mirando desafiantes a uno y a otro lado. Nuestros partisanos habían ocultado una bomba en una carretilla. La explosión provocó una carnicería entre los soldados apiñados en aquella estrecha calleja. Más de veinte murieron en el acto, más de treinta quedaron gravemente heridos, los supervivientes, llenos de miedo y rabia comenzaron a disparar enloquecidamente contra las ventanas y paredes.




Piero, otro café –y continuó-. Este ataque partisano provocó una brutal represión de las tropas alemanas al mando de Herbert Kappler. En las Fosas Ardeatinas, una cueva en las afueras de Roma, fueron ejecutados 335 compatriotas. Entre ellos estaba mi padre.


La gruesa señora se levantó con dificultad. De pie apuró su segundo café. Piero, ayúdame. Y con lentitud se retiró deseándonos un buen día de paseo por su ciudad.

Ese día volvimos a aquellas calles. Bajo una débil lluvia, frente al Palazzo Tittoni, imaginamos lo que allí ocurrió tantos años antes, incluso pudimos escuchar el eco de gritos de dolor. De entre las piedras nos pareció ver brotar un humo negro. Regresamos al hotel y pasamos la tarde acariciándonos, en silencio.


http://www.lasegundaguerra.com/viewtopic.php?t=2707

http://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_las_Fosas_Ardeatinas

jueves, 2 de diciembre de 2021

Luz en lo fortuito.


Robert Doisneau

Con la nostalgia huida o en barbecho, la mujer está tumbada bajo la urdimbre de palabras tentadoras que se balancean en un árbol poblado de estorninos insomnes.


Un hombre repetido, sin memoria, olvidado el que fue, agita ramas de sauce al paso de la comitiva del amor.

¿Se puede recordar lo desconocido?

El deseo como problema, el amor como utopía, pasajeros perdidos en una estación vacía, ausencia que silencia, aire sin sonidos, la separación abrió un espacio desierto.


Aún es posible encontrar luz en lo fortuito.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Genet

 Yo tenía dieciseis años...
en el corazón, pero no tenía
ni un solo lugar dónde colocar
el sentimiento de mi inocencia.

(Genet)

 


Lástima de tiempo perdido. Pienso en entonces y es ahora, una plaza dónde cabía el mundo y no cabían los coches, que no había, ni los viejos paseantes, ni el otoño, sólo tu silueta, ni siquiera tú, que no eras, nunca fuiste sino el espejismo, la que nunca, no un deseo, no una idea, algo más hondo, intenso, primigenio, lo que no se entiende, pero duele, lo que sujeta el alma y la domina, la que ilumina la vida y la disturba, la vuelve del revés, la que da sentido, principio, colorea la espera en las esquinas, el ansia, premonición, error, acierto, voluntad clavada a un nombre, el tuyo, repetido, soñándote en mil noches, obsesivo, mordiéndome los puños al no verte, rota la lengua cuando no te hablaba, era ayer –recuerdo- y es ahora, curioso tiempo circular que vuelve y somos, ay, amigos, tal vez, nos conocemos, cambiamos confidencias, sin apuro, bella entrega de historias medio ocultas, de pasado, de emociones, tus padres, los míos, otras parejas, amores, el tiempo –otra vez- que va corriendo y nos deja más cerca del invierno que del brotar de flores, más lejos de aquella plaza dónde cabía el mundo y sin embargo no nos abrazamos una tarde que llovía, no buscamos la oscuridad para besarnos, no vimos que esto no es un juego y que la vida –oh, paradoja- estaba escrita desde antes, desde un principio impreciso, remoto, desde siempre. Lástima de tiempo perdido.


 

martes, 30 de noviembre de 2021

No llores

  



El niño, sentado sobre las piernas de su madre, pasa las páginas de un álbum de fotografías.
Dos ancianos sentados bajo una parra, la mano de ella sobre la rodilla de él.

-Mamá, qué feos son-

En blanco y negro, un grupo de familiares sonrientes delante de una iglesia, están vestidos de fiesta, miran a la cámara con el desafío del grupo, unidos frente al viento que alborota las faldas y amenaza con hacer volar las boinas de los hombres. Al fondo el mar.

-Mamá, ¿por qué no conozco a nadie?

La humedad forma sábanas y banderas que nadie ve, se mece en el objetivo del fotógrafo, alborota el humor de los adolescentes en primer plano.
Un hombre hace un gesto burlón, sus brazos rodean a una mujer de cara triste.

-Mamá ¿quién es ese que te mira?

Un perro ladra a la cámara.
Una casa entre la niebla, por una ventana asoman una cabeza y una mano.
Un grupo de jóvenes posando entre las hortensias ocultan su cara con las manos, a un lado, seria, una muchacha morena regala una mirada más allá de la mirada.

-Mamá ¿esa eras tú? 

La madre acaricia la cabeza del niño mientras en la garganta sujeta un nudo de congoja. Quiere terminar y se mueve, nerviosa.

-No hay ninguna foto de papá. 

La madre cierra el álbum, toma al niño de la mano y se lleva las preguntas.

-Mamá, no llores. 

Fotos: Alexander Sterzel

lunes, 29 de noviembre de 2021

The Garden to the West of Wannsee.

 


The Garden to the West of Wannsee.  Max Liebermann 1920

Aún no amanece. Las calles están oscuras. No lo comentes, esta ciudad está llena de mentira y suciedad. El resto, la luz, es propaganda del gobierno. No hay pobres –nos dicen-, claro, no los hay, se mueren de falta de vino, de ausencia de arco iris, de incendios en los restos de rebajas en los grandes almacenes del viento.

Vamos a Cádiz, mi niña, que aquí no hay playa, que aquí nos miran desde detrás de las cortinas, que dicen que el año próximo se nos quemará hasta la boina de prosperidad, aunque todavía están colgadas, polvorientas, las bombillas de las últimas fiestas de agosto.

Quería ser torero, que toreo muy bien a la furgoneta del Paco cuando trae el pescado por las mañanas, al Isocarro del panadero, al perro gris de la señora Carmen. Quería ser boxeador, que hago la sombra como nadie, salto a la cuerda, busco el mentón con ahínco, lanzo ganchos de izquierda y derecha, doy golpes bajos como ninguno, me fajo en las esquinas con vocación de Legrá. Pero solo soy paseante y escribo en las paredes d´este blog, en muros desorientados.

El día nace por fin y miro y callo, colecciono música en una oreja –Radamisto, Haendel, ópera-, música en la otra – Dennis Wilson, el batería de los Beach Boys)- fotos para mi página, historias para contaros, hace demasiado frío, el cielo está negro, llueve y llueve, sin parar, añoro el cielo de Conil, único, espectacular, un atardecer casi me desmayo de tanta belleza, me bebo el martes, el viernes, quién coño me entiende, hoy escribo así, de lejos, intento sacar lo mejor de las horas, intento comprender qué diablos pasa, no, no entiendo (casi) nada, el mundo se está volviendo loco, poco a poco, no sé qué he intentado contar, stop, mi texto para hoy.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Impoluta (4)

 


Se besan sin saber dónde empieza el cielo, dónde acaba el infierno. Se besan de pie, con los ojos cerrados, con las manos cerradas. Se besan y a lo lejos se escuchan las murallas centenarias, derrumbándose, poblando el aire con un estruendo de argamasa y ciclones. Se tocan la piel y de los poros les brotan pequeñísimos animales dulces que miman cada rincón de brazos, caderas, muslos, un lento deambular de almíbar. Se tocan el alma y se mecen en pétalos de flores nuevas, gigantescas corolas, pistilos con embriagadores zumbidos de abejas. Se hacen uno y justamente entonces, a pesar de los coros de querubines que cantan con los ojos cerrados, del ritmo de cien palmeros presentidos al otro lado de la puerta, del calor de tres infiernos, del murmullo de un arroyo del Paraíso Terrenal, del Vesubio y del Etna, de Manhatan, ignoran que traquetean en el pescante de un tren sin regreso, viajeros a ninguna parte, refugiados en el trayecto de la soledad, habitantes de un mundo prohibido.

 

No pueden culpar a las serpientes.
Hablan recostados a uno y a otro lado del muro de las lamentaciones.

sábado, 27 de noviembre de 2021

Impoluta (3)


 

Aquí están, los infractores, nadie les mira al pasar pero mantienen la cabeza baja, caminan por el centro de la calle, esquivan los jardines y los jazmines, el sonido de los semáforos y el run run del tráfico, los ciegos recostados en las esquinas y los prejuicios como una roca negra y lisa imposible de escalar. Caminan y el mundo es un paisaje nuevo con personajes mezcla de pájaros y funcionarios con manguitos.

Abrir las ventanas al caliente viento del desierto.
O ahogarse en un remolino del oasis descubierto apenas ayer.

viernes, 26 de noviembre de 2021

Impoluta (2)

 



Por eso, para traducir el olor del viento, para que el recuerdo no se adelgace en los días sin sol de la primavera herida, vida gastada en trabajos de Sísifo, una larga playa, vacía, entiendo cada grano de arena, cada suspiro que sale de la pared de piedra que limita el mar, reino del sí pero no, del no pero sí, lanzo mi pena a la tercera ola, zamarreo el dolor y no es lo mismo, no cierro los ojos, no quiero dormir.

Permanecer insomnes, atentos, en vigilia.
O dejar que muera la zarza florecida.

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Bilbao, Euskadi
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