Parker y la transpiración.
(Ahora vendrá este gilipollas y preguntará qué hay para comer)
Hola, cariño, ¿qué hay para comer?
(Qué gilipollas)
The Fishermen Battle with the Giant Squid, 1881
Parker debe excusarse por su ausencia (la de ayer). Lo piensa mientras camina por la playa desierta y sombría (nubes de tormenta, los barcos vuelven a puerto, el estruendo de las olas, el graznido de las gaviotas alborotadas). Conoce cada guijarro de ese recorrido, (el motor casi enterrado, el arroyo que desemboca en la mitad de la palya, las piedras que sobresalen antes del recodo), la espuma moja y enfría sus pies desnudos. Una descripción, quemaría sus escritos por una buena descripción. “Desde la modesta cima del Arraiz podía contemplar la Ría rodeando Bilbao, acunándola, el Abra al fondo, el Serantes, enfrente Artxanda que guarda sus juegos de infancia”. Etcétera. Parker piensa que está lejos de todo, se para y trata de enumerar lo que compone ese todo (lo deja, cada cosa tiene un tiempo, ahora es tiempo de añorar, de preparar el luego). Vuelve a casa mojado y mohíno, hambriento, bah.
Pereza
Del lat. pigritia.
1. f. Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados.
2. f. Flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos.
3. f. Ven. perezoso (‖ mamífero).
sacudir la pereza
1. loc. verb. Vencerla.
2. loc.
verb. Emprender o continuar con buen ánimo una tarea o diligencia.
La pereza (latín: acedia, accidia, pigritia) es la negligencia, astenia, tedio o descuido en realizar actividades. La religión cristiana, clasifica la pereza como un vicio capital ya que genera otros pecados, si bien antiguamente se la denominaba acedía o acidia, concepto más amplio que tenía que ver con la tristeza o la depresión.
Todos los seres vivos que se mueven, tienden a no malgastar energías si no hay un beneficio, que no tiene por qué ser seguro e inmediato: puede ser algo probable o que se obtendrá en un futuro.
Algunos ejemplos serían:
(De Wikipedia)
Parker arruga el entrecejo de los pulmones y sabe que está jodidamente cuerdo. Necesita esa cordura en algunas madrugadas en las que la angustia le oprime el pecho como si lo tuviese dentro de una prensa hidráulica, sin poder respirar, amedrentado, temeroso. No lo entiende, no tiene remordimientos, no peca, no hace el mal ni incluso a sí mismo, no tiene conocimiento de enemigos, de cuentas pendientes con nadie. Pero esa angustia le obliga a levantarse de la cama, intenta pensar en momentos agradables, los desgrana, los recrea, se reconcilia con su propia historia y vuelta a empezar, a intentar coger el sueño (pero no hay manera, me comenta que hay días que desde las seis ya está mirando por las ventanas).
Esto…a usted ¿le pasa?