domingo, 13 de noviembre de 2022

Courtesy of Zahorian & Van Espen

 


No sé qué día es,  todavía no es hora de acostarse, es una tarde cualquiera, por la ventana entra una tibia luz.

Aún no son las seis y media pero anochece tan pronto...

Bajo los soportales de la Plaza Nueva hay una muchacha que huele a claveles fragantes, que come castañas sentada en un banco verde y llena de sueños el caminar de los adolescentes.

Lo sé, nadie me invitó a esta fiesta en una ciudad al otro lado de aquello, lo acepto.

Puede incluso que no haya fiesta y esto sea solo una reunión casual de transeúntes apresurados que dejan su tarjeta de visita en una tienda de ultramarinos y se quedan el tiempo suficiente para soplar las velas, oler las flores y decir eso de qué bueno era y siempre se van los mejores.

Digamos que es así.

Digamos lo contrario.

Digamos lo que digamos siempre alguien estará sentado fuera del círculo, con los gatos, con ángeles que tocan el clavicordio ahora que la vendimia terminó y Celentano canta tan raro.

Hoy es domingo (solo había que mirar el calendario).


sábado, 12 de noviembre de 2022

Subida al Pagasarri (1954)



Entre 1920 y 1980 el motociclismo adquirió en Bizkaia gran notoriedad. Carreras de velocidad, dirt track, subidas de montaña, motocross, rallyes de regularidad, gimkhanas, trial y, con menor presencia en las carteleras deportivas, pruebas de todo terreno y partidos de motoball. Bilbao vivió un clima de fervor motociclista desde 1926 a 1972, naturalmente con el paréntesis de la guerra civil. Fueron tiempos de gloria compartidos con Aragón – la Federación Española se creó en Zaragoza bien mediada la década de los años 20-, Cataluña y Madrid. Así que el País Vasco fue abanderado del deporte de las dos ruedas. Fue la época dorada de la Peña Motorista Vizcaya –luego conocida por RPMV al serle concedido el título real-, que en 2023 se convertirá en entidad deportiva centenaria. Directivos, jueces, pilotos y empresarios pusieron a esta sociedad del motor a la altura de las grandes organizaciones junto a la Penya Rhin, Real Moto Club de Cataluña, Real Moto Club de España y Moto Club Aragón. Con el afán de ofrecer actividades novedosas y multitudinarias, la RPMV decidió organizar la primera Escalada al Pagasarri en el alejado otoño de 1954. La iniciativa tuvo mucho eco en los periódicos y radios, y los responsables del noticiario cinematográfico NO-DO desplazaron de Madrid a Bilbao todo un equipo para seguir la prueba. Los días anteriores al 14 de noviembre diluvió, y truenos, relámpagos y… centellas se sumaron a la fiesta, por lo que el piso de la ascensión al Pagasarri estaba muy embarrado y resbaladizo; era puro y espeso chocolate. Por si fuera poco, varios desprendimientos de rocas y tierras dejaron una ruta sembrada de obstáculos extra. Pero el día de la prueba lució un sol otoñal y algunos de los espectadores presenciaron la escalada en manga corta. ¡Qué contrastes!. Se inscribieron 12 pilotos - la mayoría vizcaínos- para hacer los 4.700 metros del recorrido, desde la salida a la cima situada a unos 800 metros de altitud. El día de autos, en este caso ‘el día de motos’, miles de personas bien abrigadas y con calzado para la ocasión se situaron en los laterales de la subida. El público comentaba que difícilmente alguno de los motoristas llegaría a lo más alto. Las condiciones del terreno eran pésimas y pronto surgieron caídas y averías. Tal era el lodazal que algunos corredores debieron hacer tramos a pie, llevando las motos de manera sufridora. Alguna motocicleta, descontrolada, cayó y retrocedió hasta 10-12 metros; otras quedaron deshechas. Los pilotos tuvieron que hacer acopio de paciencia y valentía para afrontar las rampas empinadas del ‘Paga’. Seis corredores alcanzaron la cima extenuados, como muñecos rotos. Unos tragos de agua, cuando no unos de café caliente, les hicieron sobreponerse a la cadena de adversidades. Juanjo García, un clásico entre los clásicos de aquella época, fue el primero en la meta al invertir 10 minutos 17 segundos, en tanto Elicesio Sabugo llegó en 15:52 y a Nicanor Blázquez los jueces le cronometraron 17:38. El gran Amán Sabugo terminó por encima de los 23 minutos, Pedro María Martínez en 34:07 y sexto fue Prudencio Urbina (57:54). Así pues, el vencedor invirtió poco más de 10 minutos y el último de los clasificados casi una hora. Al día siguiente de la Escalada al Pagasarri, la RPMV lanzó un comunicado dando las gracias al industrial bilbaíno Pío Peciña, patrocinador de la prueba; a NO-DO que realizaría un reportaje para ser visto y escuchado en todos los cines de España (pudo verse en las pantallas el 22 de noviembre) e igualmente expresó su agradecimiento al público “por su ejemplar comportamiento” y por aguantar mecha, a ratos paraguas en mano y otros guardando la verticalidad ante el acoso del viento. Sin duda, deberíamos aplaudir, aun con el paso del tiempo, a aquellos titanes de las dos ruedas. Coraje de vizcaínos.

(Ernesto Díaz Pérez)

https://www.youtube.com/watch?v=aq1mt1sa5zk


(Mi padre con  la moto número 23)


El caso de las fotografías desaparecidas



Los araucanos dicen que la palabra escrita se pierde, la palabra oída dura para  siempre. Lástima que aquí solo pueda escribir, perderme en  textos largos que al final no dicen nada. Por eso los acompaño con música que escojo y cambio con frecuencia. También con imágenes que me prestan de aquí y de allá.

Aquí viene el problema, en las últimas semanas desaparecen muchas de esas imágenes que acompañan a los textos. De un día para otro se van, se vuelven invisibles. Están ahí, veo su huella, los comentarios que suscitaron, pero aquella foto que colgué con mimo ya no está.

No, no es afán de cambio, desaparecen por sí mismas y debo subir otras nuevas.
¿Será el espíritu vengador de los fotógrafos agraviados? ¿Será la carcoma de la bitácora? ¿Qué será, será?

Estoy vigilante.

Ignoro si también os pasa a vosotros/as.
Ignoro tantas cosas.
Por ignorar, ignoro incluso qué demonios hago aquí hace tanto tiempo.

Me aburro.

Armando Buscarini (Ezcaray 1904-Logroño 1940), escritor (?) maldito, escribió algo así: La vida me ha regalado bellezas, muchos crepúsculos han iluminado la estepa sombría de mi infortunio; pero siempre, como en las páginas Bersognianas, el encaje de la ola una vez diluida en la mano del poeta era una pequeña parte de sal. Mi airón es una túnica desgarrada por lo tortuoso de la vida cruel; un silencio tenaz oculta el drama de mi éxodo; pero sobre todas mis desesperaciones hay una risa de oro, hay esa esperanza que duerme en mí y que como una paloma blanca me traerá un día de luz el salmo de Resurrección: el salmo de los estíos eternos.

En realidad no sé si tiene algo que ver con lo que me ocurre en este caso de las fotografías que desaparecen pero me ha parecido oportuno colar esa frase.

Por si fuera poco añado esta otra de Breton: "Heme aquí, en los corredores del palacio en que todos están dormidos. ¿Acaso el verde de la tristeza y de la herrumbre no es la canción de las sirenas?"


Y me quedo tan ancho, a pasarlo bien.

viernes, 11 de noviembre de 2022

Puntillosa



Una persona, detective, memoriosa, curiosa, puntillosa me ha preguntado si “lo de ayer” no lo había  publicado antes. Me ha emocionado. Agradezco mucho su interés. No pasa nada. Todo está en orden desordenado. Escribir debe ser un goce. O no, yo qué sé. Antes es solo un concepto. Ahora es esto que acaba de pasar para llegar al siguiente ahora y así continuamente hasta que no pero tampoco es cosa de ponerse serios. ¿que si repito escritos antiguos?, posiblemente sí. O no, esto tampoco lo sé. A veces no sé si soy yo, el que era o este señor mayor de ahora. Ya lo dice Rafael Cadenas. Esto es una comunidad de bienes. Si vienes y lees, perfecto. Si te ha gustado, mejor. Si no, te devuelvo el dinero. Lo intento, lo juro, cada día, lo nuevo y lo viejo. Hale, a por uvas.



Repetirse, repetirse, repetirse, y vivir ¿dónde es?
¿Quién sabe ceder el paso al deslumbramiento como el que se siente incumplido?
Ser a lo vivo, amor real.
.

- Rafael Cadenas, premio Cervantes 2022

jueves, 10 de noviembre de 2022

Dibujar flores



Dibujar flores a la soledad, arrancar las malas hierbas de lo cierto para espantar  los fantasmas que se pasean por los oscuros corredores de los días.

Lamer los espejos con lengua bífida, azogarnos.

Musgo en la memoria, sobre los escombros del edificio de lo que nunca fue.

Inventar el pasado entre interrogantes como colmillos, entre bostezos.

En vivir así no hay nada legendario, heroico, solo rutina de insomnios. También angustia, el miedo a morir, la vaga presencia de un dios mezcla de imagen de retablo y respeto atávico, necesidad de que todo no sea esto, solo esto, juventud perdida, dolor de articulaciones (en concreto la rodilla derecha), enfermedad, esa dama de negro lleva una guadaña y nos mira.

 

(Hoy estás optimista ¿eh?)

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Yolanda Pantin



 SÓLO VEÍA UNA CARRETERA POLVORIENTA

como el calor me sofocaba dije basta
y me senté de cara a la ventana
para refrescar mi cabeza que tiritaba
al igual que una onza de gelatina
Con el hilo del sudor
hice un collar
para apretarme el cuello
además
las noches eran tristes
y rojas
tanto
que me dediqué a soñar con lo ojos abiertos
Sólo veía una carretera polvorienta
Eran noches nostálgicas
Te dije ahógame
y como no había cuerda
y el hilo en el cuello era invisible
juraste amor eterno
me hiciste una escena de celos

Luego lloramos en voz baja
para no despertar a los niños

Yolanda Pantin 

martes, 8 de noviembre de 2022

Empieza el frío

 


…Empieza el frío, el camarero me mira con sospecha porque es la tercera ficha que le pido para llamarte. Me prepara otro gin tonic (este con menos ginebra y más hielo, tal y como le dije la primera vez, que no se entera, coño) y lo deja sobre la mesa con su cara de pájaro, sus modales toscos y mi certeza de que en realidad es un perseguidor de esas muchachas rubias que gesticulan delante de escaparates con vestidos imposibles, estampados con flores (de azufre, muy raras, sí). Le vigilo (al camarero) a través del espejo con llamaradas de noche y sonrío (sí, para que se confíe, estoy a punto de darle pegarle cuatro gritos, tú sabes).    

No (te) llamo, llueve y vuelvo a casa mojado hasta los huesos. Este que soy, el que conozco, se asoma a la ventana (la del comedor, la de las cortinas azules). Justo en la esquina de la calle te escucho cantar desde la casa de al lado, tu dulce voz (como de recitadora de pliegos de cordel) interrumpe mi nostalgia ciega. Vuelvo al bar (ese inútil camarero pagará mis frustración, lo juro)…  

lunes, 7 de noviembre de 2022

Teorías sobre la inspiración,

Walter Martin  Cleaning Jesus, 1939


Escribir sobre cómo escribir, o de qué.

Buscar una teoría sobre la inspiración o cómo conseguirla.

Influencia de la letra L.

Seguir el contorno oscuro del recuerdo.

Pretender mirar el mar desde el fondo de un clavicordio.

Buscar un color que sea una suma de colores espirales.

Representar a un personaje que representa a un personaje que solo sabe representar a un personaje que se obstina en trabalenguas.

Dormitar con un frágil poema entre los dedos.

Envidia de un gato soñando ser perro que quiere ser hombre.

Mercadear una premonición mineral con un diablo semidormido en una esquina del imperio.

Avaricia de la letra T.

Pasar páginas hasta llegar al capítulo cinco y saber que ni con el soplo de un ángel clandestino se puede conseguir la inspiración literaria de Cortázar cuando escribió Rayuela.

Por ejemplo.

Seguir, seguir.

Obstinación en la letra I.

Sin embargo la S…

domingo, 6 de noviembre de 2022

El dolor

 

Charles Hewitt. A London Taxi-Driver. 1950


Sin el candil del dolor languidecen los poetas. Sobre todo aquellos que creen que hambre es igual a Knut Hamsun,  los que se conocen al dedillo los recovecos de la falsa melancolía, el rumbo de Samuel Beckett, la Pasión según San Mateo y los silencios de Björk. Saben estas y otras cosas pero solo consiguen transmitir  su tedio. Aún peor, dejan una monótona sucesión de esto era cuando era, su ahora está detrás de una máscara sin ojos. Un aburrimiento.

Los poetas sin candil no conocen el dolor y así sale lo que sale. Exponen su obra en el balcón, detrás de los tiestos con geranios y claveles. El arte no tiene la piedad, aunque se disfrace de porcentajes y cifras, aunque lo adorne con la sinceridad de una mentira. El dolor, ahí está la inspiración.

sábado, 5 de noviembre de 2022

La Plaza Nueva

 

Adrian Ghenie (Romanian, b. 1977), The Descent, 2003.

Parker está sentado en una terraza de la Plaza Nueva.  Mira a una mujer que fuma un cigarrillo tras otro.

Bajo los soportales, desde una región aún no perdida de la infancia, pasean ejércitos de hombres y mujeres heridos por el exceso del pasado, con la congoja perdida en el pecho, habitantes para siempre de otro margen de la vida. Los ve pasar y trata de adivinar, este sí, este no. Aquellos que escriben. Y los que no.

No los distingue bien.  Escribir se ha convertido para él en un ejercicio inútil, una búsqueda ensimismada entre qué decir y cómo, para terminar no diciendo nada. Lo reconoce.

Sentado en una terraza de la Plaza Nueva Parker pide otra cerveza. Imagina, piensa, busca historias. La mujer que fuma  se va. Se levanta y sigue sus pasos, quizás ahí encuentre la de mañana. Quizás.

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