Alfred Jensen

lunes, 10 de junio de 2019

El verbo



   …Son importantes demasiadas cosas, el verbo, la palabra madre, las cartas vengativas que encuentro en los cajones con mariposas venenosas, corales y rencor, las que no supe contestar, el rechinar de mis dientes, de las muelas con y sin juicio, un castigo, por eso nadie me ve, por lo que no hice, ¿será posible?, castigo de Dios que decían algunas abuelas, ¿Dios se mete en estas mezquindades?, que llevo bordadas mis iniciales en la ropa interior por sí, pero no, si no me ven ellas, como para sí. Tengo rotas las ganas, sí, estoy menguando, antes era más alto, unos treinta centímetros más, aquella apostura, ahora mis pisadas son leves, se alargan los adioses como trenes en una noche de estrellas negras, no me ven, no hay murmullos, ni fiebre, ni ojos detrás de las cortinas, inventario de infidelidades, cuadros torcidos, soy el que era, ¡eh!, pueblos desiertos, puertas sin llave y yo aquí, como un gato mojado pintado en la pared, un grafiti, que no, coño,  soy un hombre, vivo,  fiebre del domingo por la noche, aquí llueve en junio, era el que más, ahora el que menos, después de dos vueltas al mundo me he perdido en mi barrio, ¿quién soy?, la muerte como un búho en mi hombro de hombre, delicado, un san Tarsicio guardando en el pecho lo sagrado, pasan los centuriones y nada, pasan los romeros de Almonte y nada, pasa todo dios y no me ve, todos fuimos alguien alguna vez, fui, algo, no saben si soy, no me miran, parpados cerrados, mentes con cortinas, joder, voy a cortarme una oreja, curar la herida con luciérnagas y nieve, anegar los pozos con nitrato de plata, proclamo mi sensación de inexistencia, la desposesión de mi caudal anímico, la resurrección imposible, la memoria, de mirar hacia dentro no veo lo de fuera, pero estoy, mira, mira. Estoy aburrido de que todo el mundo me ignore, de parecer invisible, voy a teñirme el pelo de azul.   

domingo, 9 de junio de 2019

Me aburro



Me aburro, queridos míos estoy harto de tanto ayer que no es, de tanto disimulo, de tanta falsedad disfrazada de poemas de otros, de fotografías de otros, de sentimientos fotocopiados, de nivel uno coma uno y de tener que cerrar las contraventanas para que no entre el humo de los bostezos. Se me está llenando el río de cocodrilos, que ríen, lloran, abren sus enormes mandíbulas, hablan en un lenguaje que no entiendo, brrr, no tengo el diccionario del Nilo, no sé, ni quiero traducir, a mí que me cuentan, que prueben en la siguiente ventanilla. Eso, que no quiero caminar sobre las aguas no transparentes, este pantano está lleno y los ahogados se han bebido el agua.

sábado, 8 de junio de 2019

Expertos.



Nos hemos vuelto expertos de nada, nadamos por líneas paralelas que tienden al infinito y cortan el tiempo en planos no miscibles, en historias que nunca han ocurrido, como sueños que olvidamos al despertar, como pesadillas que vamos sustituyendo, nombre a nombre, todos ficticios, todos lobos que nos acorralan en el bosque nocturno del mismo día, repetido, siempre es lunes y además está lloviendo a mares. Ahí dentro, ¿llueve?

viernes, 7 de junio de 2019

Sara y el desempleo.


Carolus Duran - Le Baiser

La verdad, acudí a aquella reunión de antiguos compañeros solo por ver a Sara (antes Sarita) pero el azar estaba juguetón aquella tarde. Nos reunimos en el bar de entonces y hola, besos, como estás, quién eres, te recuerdo, se te ve como siempre, esos lugares comunes.

Entre todas, Begoña era la menos favorecida por el paso del tiempo y qué sé yo. Al salir hablamos mientras la llovizna nos recluía bajo el alfeizar, desgranamos los años, los hijos, las historias, me pareció una mujer mayor. En la cena seguimos compartiendo nuestra visión del desencanto, de las ilusiones, del futuro cada vez más corto, me pareció una mujer interesante. No pude cruzar ni una sola palabra con Sara.

El azar siguió jugando y después de años de no vernos, tres días después coincidí con Begoña cuando estábamos tomando café uno a cada extremo de la barra de un bar. A ese café siguieron otros en otras mañanas, ella me confesó que le había parecido un hombre mayor pero que estaba cambiando su opinión.

No sé cómo fue o sí lo sé, tampoco es cosa de entrar en demasiados detalles pero, qué cosas, un día después del café nos besamos, los besos llevaron a las caricias y estas a quitarnos la ropa y a nuestra primera vez, que fue un milagro de intensidad, pasión, ternura y qué les voy a contar. No estoy seguro que sepan de qué estoy hablando.

Por nuestros compromisos, trabajos, pareja y otras obligaciones determinamos que los miércoles de 9 a 11 y los viernes de 4 a 7 eran nuestros días y horas hábiles. Visto así parece una relación mecánica, poco romántica, burocratizada, pero no, Begoña era muy mujer llena de vitalidad y una amante increíble incluso para mí que en esas cuestiones siempre he sido muy exigente, que lo diga Sara.

Pero me olvidé de Sara, de mi pareja legal, de mis amigas de la infancia, de las de después y me colgué, así, como lo leen, me colgué. El sexo era tan intenso que tiñó de rosa y rojo mis pensamientos, que se redujeron a solo uno, es decir como siempre pero llevado a su máxima expresión. Comencé a faltar al trabajo, a no ir a casa a dormir, a no ir a misa los domingos, a no pensar en otra cosa que no fuera estar con Begoña. No sé si a ella le ocurría lo mismo pero yo estaba justo en el borde de quedarme lelo.

Tanto fue el cántaro a la fuente que me quedé, lelo, sin trabajo, sin pareja, sin Begoña, sin Sara, sin nadie. Estoy ahora mismo en la cola del desempleo y creo que llega ya mi número, el 105, no tengo tiempo ahora, creo que me ha salido una entrevista para un trabajo en Albacete pero les prometo que otro día les cuento la parte que falta a esta historia.

jueves, 6 de junio de 2019

Amor motorizado




“El amor viene a traición, como una vespa que en una calle peatonal te atropella por la espalda cuando menos te los esperas” (algo así, escuchado en la televisión).

Quién lo dijo tiene razón porque uno, aquí donde le ven, tan poquita cosa, ha sido arrastrado por motocicletas y otros inventos de motor, millas y millas, levantando polvo y arrastrando el culo por ortigas y otras plantas puntiagudas. Aun así, aun así digo, uno, ese, yo, no se cansa de esperar el ruido del motor traicionero, la motorista engafada, corta de vista, que me lleve colgado del manillar o de la palanca de cambios, yo qué sé, la vida es corta y ya nos arrastran otros por otros fangales.

miércoles, 5 de junio de 2019

Escuchando pájaros




El día que ahora empieza alarga la inquietud del que se ha ido.

Alrededor la niebla de lo que vendrá.

Silencio, nadie en la calle, los otros están dormidos, encerrados en la urna del yo.

El amor se desgarra entre las zarzas.

La pregunta, inmóvil, resiste.

Alguien balbucea, intenta alargar el puente del que solo conoce un lado, el de enlazar carencias.

Atolondrado, un niño con los ojos abiertos no tiene prisa por vivir, quiere volver donde no ha estado, no entiende aún dónde empieza la urgencia de solucionar la servidumbre del decir.

De sus ojos mana, lenta, la tristeza.

Nada sabe y la ventana está cerrada. 

martes, 4 de junio de 2019

Ropavejeros.



En esta prendería de la red es posible poner rostro y voz a nuestros deseos, vestir a nuestro gusto lo que no son sino líneas torcidas y buena voluntad. Los milagros mienten y cuando la lluvia repetida de los días deja ver el auténtico color del edificio sabemos que la ventana camuflada daba a un patio trasero donde se apilan los cachivaches grises del tedio, del miedo, del hambre de los otros, de la fachada del otro. Aburrimiento.

lunes, 3 de junio de 2019

Lo rutinario.


No por costumbre sino por su imposición, –mi agenda, decía-, nos reuníamos los miércoles de buena mañana.

Tomaba el primer metro, doce paradas y una caminata hasta su despacho cuando aún no amanecía.

Apenas me tropezaba con nadie, algún obrero rezagado del primer turno de la acería cercana, una insomne con su perro, el encargado del bar que daba desayunos.

Ella me esperaba en la puerta con el dedo en los labios pidiéndome silencio.

Cada semana le llevaba algún regalo, un libro de Quignard, unos poemas de Samuel Beckett, un Cd con música escogida por mí, dos flores.

En la pequeña cocina tomábamos un café cargado mirándonos a los ojos, sonriendo.

Ella me contaba en voz baja los agravios de su marido aquella semana, la indiferencia hacia lo suyo, sus dolores de ovarios en el último mes, los desplantes de su hija mayor, que tenía ilusión por ser abuela, que su perro estaba ya muy viejo.

Pasábamos a su despacho, lo cerraba con llave, me miraba  entre sonriente y azorada –¿Me quitas la ropa?, decía –.

Y sí, la desnudaba y ella me abrazaba con deseo, miedo, curiosidad, impaciencia, urgencia, como queriendo terminar rápido, solventar un trámite engorroso.

–Ven, ven, entra en mí –, susurraba con los ojos cerrados.

–No tengas prisa – le decía mientras acariciaba su cabello corto, mientras la colmaba de palabras cariñosas, infantiles, dulces, mis manos abarcando poco a poco todos sus secretos, aquellos lugares que tan bien conocía, los muslos, el cuello, el hueco entre sus pechos breves, sus párpados. Ella, tendida sobre la manta de viaje que protegía un sofá verde, gemía y temblaba cuando llegaba a su intimidad. Era una amante sumisa, se adaptaba a las posturas y variantes que le sugería –Ven. Ahora así. Date la vuelta. Abre más las piernas. Bésame aquí. Ahora – le sugería o le ordenaba y entraba en ella con enérgica ternura entre  suspiros, su mano en la boca para tapar el ay. Orgasmos silenciosos, plenos, alguna vez lloró, una vez casi me desmayo de puro placer.

–Apresúrate, dúchate, casi son las 8 y 10 –decía, mientras se vestía  con la expresión cambiada.

A las 8 y 25 salía por la puerta, nos besábamos, me daba el sobre y me iba. Alguna vez me crucé con su secretaria al doblar la esquina, no me conocía pero yo a ella sí.

–¿Cuánto tiempo duró este idilio? –pregunta John.
–Tres años – contesto, serio.
–Pero, ¿te pagaba?, eso es inmoral, Tú eras su… un…– dice con cara de asombro.  
–Vivía de eso – digo.
Cambiamos de conversación y seguimos tomando vinos mientras pienso en la materia activa de esta historia, de todas las historias que me cuento y cuento, de la arquitectura de la vida, de los sueños, del pensamiento, del deseo, de lo que fue y ya no es, de lo perdido, de lo que queda por perder, del escenario al que me asomo con disfraces, con máscaras de colores, con las pupilas aletargadas, con músicas de piano y aceite, con la complicidad de aquellos que me leen y saben y sonríen y la vigilia de ese intercambio sexual que he contado y el egoísmo y vender el cuerpo pero no solo y todo lo que nos dijeron que estaba mal y la honradez y el pecado y la consciencia de las ausencias, tantas, tantos nombres perdidos en nuestras vidas, nosotros mismos perdidos en nuestra propia vida, por eso, también, escribo estos cuentos que suceden o no suceden en madrugadas de besos y roces, ahora que están de moda las flores calientes del amor sin amor, el abuso de los poderosos, el egoísmo voraz de los de siempre, la ceguera de muchos…
–¿Qué vas a tomar? –pregunta John.
–Otro Rioja, el último, que ya me voy a casa, todavía no he comprado el pan –respondo.
Me lo tomo y subo paso a paso por el Arriaga, cruzo el puente del Arenal, etcétera.

domingo, 2 de junio de 2019

Visión nocturna



Como muchos, me  asomo a esta esquina muchos días, casi todos. Dejo todo tipo de textos propios y ajenos, fotografías, música, colores, qué sé yo,  demasiado tiempo dedicado.

Dejo también silencio, ese que está al otro lado de lo que digo, de lo que no sé decir, lo que la hojarasca de palabras esconde ahí, en lo oscuro de lo que cada uno somos. 

Con constancia quizás algún día sepa expresarlo, sin disfraces, desnudo. Lo complicado será que yo mismo me dé cuenta.   

sábado, 1 de junio de 2019

Duelo

No me miro mucho.

Mi psi de cabecera me habla del duelo. En mis pérdidas anteriores (fallecimientos, sentimentales, trabajo, amigos) nunca he sabido cómo desarrollarlo, no soy amigo de remedios, soy primario, tengo un malentendido principio de que puedo con todo (obviamente no puedo con todo, de hecho puedo con poco). No había caído en ello hasta este mismo momento en que lo escribo (¿tan poco me examino?). Es curioso, ahora que en teoría tengo tiempo para todo en realidad no tengo tiempo para nada.

Me lo tengo que mirar.

Mientras me lo miro, seguro que llegaré más dentro, ahí donde confluyen los anhelos, los miedos, los deseos, la ilusión, la esperanza, el afán de vivir, de  compartir, de aprender, de ser, algo bueno saldrá, seguro. Eso o me da la negra y me quedo acuclillado en un rincón y no salgo ni a por el pan.

 Me lo estoy mirando.





El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (pérdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación, etc.). Aunque convencionalmente se ha enfocado la respuesta emocional de la pérdida, el duelo también tiene una dimensión física, cognitiva, filosófica y de la conducta que es vital en el comportamiento humano.

Mi foto
Bilbao, Euskadi
pedromg@gmail.com

Creative Commons License Page copy protected against web site content infringement by Copyscape ecoestadistica.com site statistics

Vistas de página en total

Lo que hay.(Desde 08.02.07)

Se quedaron

Así vamos

Aquí desde 08.02.2007

(Antes en Blogia desde 07.2004)

(Y mucho antes en "La tertulia en Mizar")

7.824 entradas