Peggy Guggenheim

domingo, 10 de diciembre de 2017

Aigee E (6)




Aigee E ha sacado los pies del tiesto y los mantiene en el aire. ¿Significa esto que vuela?, no. ¿Levita quizás?, tampoco. Está suspendido en un limbo de dimensiones no precisas esperando que el viento le plante en tierra fértil más allá de la frontera. Es decir, está pero no está, esto no es física cuántica ni química, es hablar desde un púlpito por no saberlo explicar.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Aigee E en Viena



Aigee E es viajero, goloso y circunspecto. En realidad es todo aquello que se propone ser. Le preguntan “¿cuál es tu sueño?, y responde “no tengo sueños, lo que deseo lucho por conseguirlo”. Se queda tan ancho caminando sobre un solo pie, a saltitos, sobre el asfalto caliente de la carretera ninguna parte, con ardillas bullendo en los árboles donde se empotran los coches descapotables y James Dean canta una canción sagrada antes de morir, que las bombas caían sobre Viena y todos corrían despavoridos por las calles mozartianas, escenario ideal para aquel “Tercer hombre” que vio hace tantos años en un cine de barrio y que la televisión omite en beneficio de acorralados y salvados y limpieza cerebral de señores y señoras desocupados/as atentos/as a frivolidades cuando no a desafíos a la mínima inteligencia, si la hubiera en vez del cuarto de hora para sobrevivir, alimentarse y reproducirse en especímenes semejantes que no es que Aigee E sea más ni menos, no, que es un dibujo animado abrazado a los pájaros que vuelan sobre la noria del Prater y se posan en las mesas del hotel Sacher, el de la tarta, pide una se la come y termina esto del sábado.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Inmaculada Concepción.

El historiador y catedrático francés Louis Baunard narra lo siguiente: Pío IX contemplando el mar agitado de Gaeta escuchó y meditó las palabras del Cardenal Luigi Lambruschini: 'Beatísimo Padre, Usted no podrá curar el mundo sino con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Sólo esta definición dogmática podrá restablecer el sentido de las verdades cristianas y retraer las inteligencias de las sendas del naturalismo en las que se pierden'.


La definición contenida en la bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854, es del tenor literal siguiente:
...Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho

Amén

Con todos mis respetos, que no digo que no, lo de la Inmaculada Concepción, que ni me va ni me viene pero, hay aquí varias claves, a saber:

• lo que el cardenal Lambruschini le dice a Pío IX (tiene tela la cosa)
• la bula, no tiene desperdicio, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles (¿cuándo?, ¿a quién?, ¿cómo?, ¿llamó por teléfono?, ¿mandó un fax?, ¿puso un telegrama?). 
• Y este final y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho (con dos cojones)
• Pues eso, que aparte del cuadro de Murillo, manda huevos. 
• Por si quedaba alguna duda.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Aigee E (5)



Aigee E no lo sabe, no lo intuye, pero hay demasiados que le dicen que puede haber amor después del amor. Como él niega el amor de antes es poco probable que lo encuentre después. En esa raya amarilla en mitad de la carretera está el ser o no ser, la alegría, los saludos quitándose el sombrero, el pan y el vino. De momento abraza una caja de cartón con fotografías quemadas por los extremos, mapas de viajes antiguos, una idea absurda de Alemania, varias cartas desesperadas para amantes desterradas y ha empezado a estudiar los principios de la termodinámica.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Aigee E (4)



Aigee E es un producto de lo que ha sido. Como todavía es, tiene que cargar con el poso y el peso que le han dejado los años de nostalgias no resueltas, melancolía y poesía que se estira buscado curación, sanar el gesto adusto, redimir la mediocridad, poder mirarse al espejo sin llorar. Con todo, arrastra la sensibilidad y el talento como un vehículo de difícil conducción y ruedas torcidas, un carricoche que se atora en el barro de los días y todavía no ha empezado la estación de las lluvias. Por cierto, hay un elefante en la cuneta y el paso al otro lado, allí, se antoja como mínimo, complicado.

martes, 5 de diciembre de 2017

Carta a una amante que recibe cartas de otro.



Reina de los siete mares, de este alborotado río de distancia en el que me ahogo, que me cuentas que otro te envía cartas perturbadoras con fotografías de señoras semidesnudas en actitudes provocativas, ingenuo escritor, se equivoca al no mandarte hombres musculosos que te susurren dulces palabras al oído, que te cuenten y te canten, que te estén recordando sin cesar en los días de distancia y silencio, que añoren tu sonrisa como un amanecer de primavera en una iglesia románica en Palencia, tu voz como la calma después de una tormenta en el bosque de Oma que puede convertirse en tentación de mujer fatal, tus suspiros y gemidos, los ojos cerrados abriéndose a las sensaciones de tu cuerpo que se mueve felino, mimoso, curioso, como una dama vestida de negro que no castiga pero que impone con su gesto, cuerpo en el que puedes perderte o encontrarte, descubrir un oasis o un tormento, una pasión de saber que tanto tiempo, ay, tanto tiempo deseándote, estaba escrito, añorándote ahora y luego, no poder hablar, hacerlo a escondidas, imaginándote en noches insólitas consiguiendo emociones que no conocía desde que puedo demostrarte realidades, que me quemo entre tus brazos como un pañuelo de seda frente a una hoguera, que miedo me da el día que te liberes y quieras atarme, o besarme cabeza abajo, o que te haga el amor como un hercúleo morador de las tinieblas, te diga cosas oscuras, te aprisione contra las sábanas, te pida contorsiones imposibles, besos salvajes, tentaciones que viste en un libro olvidado sobre una repisa, tú, que eras la virtud, una chica de piedra y hielo que no sabía del calor de su pubis, del resplandor de sus ojos durante el amor, del sofoco en las mejillas, del dolor en la garganta al contener los gritos del goce, el temblor en glúteos y muslos, la impaciencia por que te bese aquí o allá, la curiosidad por saber qué provoca una caricia en ese punto exacto donde aún nadie te ha tocado, puntos imposibles, invisibles, comenzar a besarte en la cintura y bajar hasta perderme entre tus muslos que bailan y me aprisionan, cárcel del placer, ternura de los movimientos acompasados, ¿quién te manda esas cosas perturbadoras?, quién que hace que te desee aún más, si esto es posible, tú, que eras la niña guapa del imposible amor y te has convertido en el descubrimiento del elemento químico que faltaba en mi laboratorio con la tabla periódica en varios colores, erlenmeyers y redomas, en un misterio, un milagro, un goce, un peligro, la necesidad de hablarte tanto y tanto, como un enajenado charlatán perdido en la arena de esta distancia, te recuerdo, amada, estás entre mis músculos y en la respiración, te beso, muchísimo, a distancia, no me olvides. Y quema las cartas de ese otro *, ni siquiera las abras, le mataré.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Casi una confesión.



Casi una confesión, confusa, lo siento, amigo del muro, no tengo perro, gato, pájaro ni dinero, a veces no me tengo y esto es gratis, es decir. Puedo dejar aquí con absoluta impunidad todo aquello que se me ocurra, como tú. Hay días, los de lluvia, soledad, silencio, resaca, sobre todo las tardes de domingo, que mandaría todo este invento a la mierda pero. Está lo de las líneas, lo de desaprender, lo del invierno, ahora, joder qué frío, siempre puedo ir al cine, pero me duermo, no es broma, ronco y no puedo escuchar a los de las palomitas, un invento, sorber la Pepsi, los spoilers, la sangre cuando les clavo la navaja en la nuca y salgo sigiloso en la oscuridad, ha sido ese, ha sido ese. Siete cincuenta y muchas no las acabo, por eso sigo aquí, también por otras cuestiones, algunas inconfesables, de lo que decimos lo mejor está en el silencio entre líneas, algo de eso sé, me viene del 73, o de otro año, no puedo recordar, todo, aunque eso de la intuición funciona, vaya que sí. No. No tengo perro. Solo me gustan los que duermen a los pies de mi amada. Sí. Sí tuve pájaro, un jilguero, un canario, me parecía cruel tenerles saltando de aquí para allá, solté a uno y se volvió loco volando en la cocina, chocando con el techo y las paredes, cayó a una taza con aceite, pobre bicho de colores, Lucho le llamábamos, por mi abuelo Luis, que lo aprendió de su hermano, el que volvió de Chile, el exiliado, el que conoció a Neruda, el que me recomendó que aprendiese lo del gas cuando estuve en el paro, tuve que moverme, me ahogaba, hay algunos gases nocivos. Hasta hoy, no he parado, por eso tampoco tengo gato aunque me gustan, como el rock and roll, también me gustan los tigres y los linces pero me dicen que en casa son incómodos. Llegamos al final, de dinero no hablamos, no, esto es gratis, amigo del muro, puedes dejar aquí lo que quieras, como ahora, dejo esto, a la rueda, rueda, el que no venga no juega.    

domingo, 3 de diciembre de 2017

Aigee E en el subterráneo.




Uno, dos, Aigee E está rabioso y resentido, camina por ciudad con paso apresurado, vigila las esquinas. Cuatro, cinco. Acaba de mandar al diablo a media humanidad y está en proceso de hacer lo mismo con la otra media.

Nadie sabe de dónde viene esa  rabia, esa amargura, esa frustración. Seis, siete. Tampoco nadie se ha mostrado interesado hasta el momento. Solo el perro que puede ver el futuro. Diez, doce. Cuenta con lentitud y arrastrando los finales de cada número(1).

Ha dormido en el sofá, se ha enfadado consigo mismo y se ha castigado a la incomodidad de los muelles en los riñones y el cuello torcido. Como vive solo nadie puede decirle eso de anda, tonto, vuelve. Catorce, quince.

Mira a los que se cruzan en su camino con ojos enajenados, bien es cierto que está bastante escuálido, pero aún así asusta (2). Cuando entre los coches aparcados encuentra alguno rojo le pega una patada al espejo retrovisor, indiferente a los insultos y a los puños agitándose a su paso. Cuatrocientos, quinientos diez.

No he contado que llueve, mucho, y que Aigee E no usa paraguas. Como consecuencia camina rabioso, resentido, airado y mojado. Sigue contando en voz baja, mil, mil cien.

Al llegar justo a la plazuela del Sagrado Corazón de Jesús dice dos mil trescientos doce. Se le cambia la cara, se dulcifica su mirada, baja las escaleras del metro y su rastro se pierde ya que no hay GPS literario que rastree en las profundidades de la tierra, tampoco en las del ser humano. (3)


   
(1) Más o menos así: dosss, tresss, quincese, ochocientosss, milll,

(2) Lo sé porque me he cruzado con él esta mañana. No sé si enajenado, pero tenía cara de pocos amigos.

(3) Lo lógico sería que algún lector/a curioso/a preguntase ahora eso de ¿Porqué cuenta Aigee E? Y todos tan amigos.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Odio



Le odio, le odio, le odio, voy a odiarle catorce años y un día. 
Sé  que cuando salga de este puto sitio también le odiaré.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Aigee E en un encierro ocasional.



Aigee E está encerrado en su casa. Ni siquiera abre la ventana para que no entren los amores perdidos, las fantasías de aquello que no pudo ser. Tiene miedo a circular por calles sentimentales no recomendables, por avenidas cerradas al tráfico de emociones no sujetas a fielatos o arbitrios vanos.

Nobody love me, cantaba el gañan, yea.

En las horas más oscuras lee a poetas sudamericanos –especifica sudamericano-, vela sus armas bajo la caverna de Platón, se nutre de armonía, detrás del cristal está la bendición de los insignes, el triunfo del mono en cuclillas absorto en las imágenes proyectadas en seis pantallas de televisión, sombra de esas imágenes, el vacío soberano, Alejandro Magno bajo un ángel.

Let Your Love Rain Down on Me, desde Illinois, pero no tanto.

Busca al pájaro en el olivo, la paz en un recodo del camino a la abadía, la panorámica desde el faro, el arco iris fantasmal sobre las olas, los fotógrafos siguen su camino desde la cúpula de luces al torrente de palabras que no sirven para nada, decir estéril, es igual paz que paciencia, suburbio que disturbio, no busquen el sentido, este es un ejercicio de vacío y  Aigee E lo sabe.

Where Were You When I Needed You, de Al Kooper, la 7, es una pregunta sin respuesta.

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