Peggy Guggenheim

domingo, 10 de septiembre de 2017

Aporía

Producciones artísticas y culturales Glup presenta hoy:


Aporía

El término aporía (del griego απορíα, dificultad para el paso), a veces escrito como aporima, hace referencia a los razonamientos en los cuales surgen contradicciones o paradojas irresolubles; en tales casos las aporías se presentan como dificultades lógicas casi siempre de índole especulativa. 
Debe observarse que muchas especulaciones que en su momento fueron consideradas aporías, es decir, paradojas irresolubles, luego han sido resueltas merced a los avances cognitivos o a los cambios de paradigma, de cosmovisión o de episteme.

Etimología

La palabra aporía surge en el idioma griego del modo πορον con el significado de algo muy difícil, impracticable; la palabra surge con la partícula negativa o privativa "α" y la palabra πόρος (pasaje). Cuando se efectuaba una pregunta que no poseía respuesta los antiguos filósofos griegos (especialmente los academistas) solían expresar: «πορο»..."no se puede a través de esto" con el significado de "no concibo esto" o "esto no puede ser aclarado". También recibe el nombre de "aporía" la fase de la mayéutica de Sócrates en la cual aparece el "falso saber" para ser develado.
Los sofistas, y la Escuela de Megara recurrieron a las aporías. También se nota su uso, por ejemplo, en Platón, y los estoicos.

Las aporías de Anaxágoras y Demócrito

Si por ejemplo se parte de la definición de la materia como extensa se tiende a arribar a la conclusión de que la materia es divisible ad infinito: por más pequeña que sea la fracción que se obtiene de la división, siendo material es entonces extensa y por esto aún siempre divisible ulteriormente, esta era por ejemplo la tesis de Anaxágoras quien sostenía la teoría de "semillas" infinitas, partículas originarias divisibles al infinito.

Pero si se presupone que la característica fundamental de la materia es la extensión (presupuesto que puede ser una petición de principio) y por ende su divisibilidad ad infinito, se preguntaba Demócrito: ¿cómo es posible que existan objetos finitos? (eso parece antiintuitivo). "Las cosas finitas no pueden derivar del infinito", de ahí la necesidad que tuvo Demócrito en pensar que la materia está compuesta por partículas indivisibles: los átomos ( "
-τομος" significa precísamente in-divisible) .

Aquí, pues, los griegos tenían dos conclusiones: o la infinita divisibilidad de la materia o la no infinita divisibilidad de la materia; esta antinomiaparecía oponerse a todo pensamiento racionalmente válido, la cuestión era entonces una aporía.

A fines de s. XIX e inicios de s.XX se comenzó a encontrar la explicación: los átomos existen, pero están compuestos por partículas subatómicas -por lo que el nombre "átomo" no es tan correcto- y pueden fisionarse transformándose en cuantos de energía. A lo largo del s. XX con el desarrollo de la física cuántica se han venido explicando las antiguas aporías aunque la propia mecánica cuántica parece hacer surgir nuevas aporías que probablemente se resuelvan con nuevas teorías como las de las cuerdas y las branas en el presente siglo XXI.

La aporía socrática

Aporía también es llamada una fase de la mayéutica de Sócrates tendiente a liberar del "conocimiento" falso. "Conocimiento" basado en tener la convicción de ciertas "verdades". El interlocutor de Sócrates, de hecho, frente a la presión del maestro que constantemente le interroga buscando definiciones cada vez más precisas sobre el tema de la discusión, llega al final a la aporía, al callejón sin salida, declarando su incompetencia para dar una respuesta definitiva y precisa. Al final reconoce que su certeza inicial era inexistente.

El uso moderno de la aporía

Hoy en día la aporía significa la imposibilidad de resolver un problema si se comienza a partir de ciertas premisas. Si se desea refutar una teoría precisamente se tiende a demostrar que tal teoría es contradictoria o que genera contradicciones insolubles.

Ejemplos
  • Zenón de Elea, en defensa de las teorías de Parménides, planteó las que en su tiempo eran aporías, por ejemplo la que «demostraba la imposibilidad lógica del movimiento» o la célebre paradoja de Aquiles y la tortuga: Aquiles el más veloz de los hombres nunca podría alcanzar a la lenta tortuga si ésta había partido un momento antes que él ya que a «cada espacio que avanzaba Aquiles, la tortuga siempre estaba un espacio adelantada». Aristóteles intentó una primera refutación al razonamiento zenoneano: para Aristóteles se debe distinguir entre lo infinito en potencia y lo infinito en acto; potencialmente cada segmento es infinitamente divisible, en cambio en acto o "actualmente" cada segmento es divisible y puede ser "actuado". Aunque la refutación aristotélica es genial tiene cierto matiz de hipótesis ad hoc. Ya en el s. XX Henri Bergson considera acertadamente que Zenón ha espacializado al tiempo y ha aplicado al movimiento y al tiempo los conceptos de cosa y ser. Casi coetáneamente a Bergson, Bertrand Russell, demostró que la serie de puntos de una línea son un continuo matemático siendo inexistentes los momentos consecutivos o terceros momentos que se interpongan ad infinito entre un par de momentos dados, tanto Bergson como Russel demuestran, cada cual a su modo, que tal aporía zenoniana se soluciona si se incluye la variable tiempo que era la dimensión que omitía (debido a su paradigma epocal o a su cosmovisión) Zenón de Elea en el s. V a.C.
  • La idea de la nada suele plantear una aporía en cuanto se pueda suponer la «existencia» de algo que por definición no existe.
  • El cosmos en cuanto a sus límites espaciotemporales plantea aporías que en parte se resuelven con la hipótesis del universo autocontenido, hipótesis resolutoria sostenida principalmente por Stephen Hawking (segunda mitad de s.XX e inicios del presente s. XXI). Algo similar ocurre con las teorías creacionistas del Universo: si, como el sentido común ha planteado frecuentemente, el Universo no puede salir de la nada y, por esto, «necesita de un Creador», ¿no necesita por su parte otro Creador el Creador del Universo (y así ad infinitum), ya que nada sale de la nada? (Véase la Paradoja de la omnipotencia).
  • En la ética se encuentran aporías como esta: ¿existe la libertad para no ser libre? La aporía inversa puede observarse en la filosofía deSartre: la necesidad o ananké de los humanos es proyectarse a la libertad y ser libres (comúnmente, si se descarta la dialéctica, la necesidad o ananké se considera como un opuesto a la libertad).
  • Los «viajes en el tiempo» implican paradojas que muchos consideran irresolubles (aporías). De éstas la más conocida es la llamadaparadoja del abuelo. Sin embargo Frank Tipler (a inicios del presente s.XXI) dio una explicación bastante lógica que resolvería a esta aporía: «si alguien viaja al pasado se vuelve parte del pasado por esto no puede cambiar ni el pasado ni el futuro».
  • La paradoja de Russell incumbente en principio a las ciencias matemáticas es, desde el punto de vista filosófico, otro ejemplo de aporía.
  • El concepto realidad virtual supone, según Román Gubern (segunda mitad del s.XX e inicios del s. XXI) en su libro Del bisonte a la realidad virtual, una aporía porque nada puede ser real y virtual al mismo tiempo. Aunque tal planteamiento es falaz ya que lo virtual, ¿acaso no es un subconjunto de la realidad? Como lo ha notado Jacques Lacan no debe confundirse la realidad con lo real.
(De Wikipedia)

sábado, 9 de septiembre de 2017

Aún no corría Alonso



Desastre de Le Mans en 1955

Se conoce como Desastre de Le Mans, al accidente sucedido el 11 de junio de 1955 en el circuito de la Sarthe, cerca de Le Mans, durante la celebración de las 24 horas de Le Mans, en el que murió el piloto Pierre Levegh y 82 espectadores.


El accidente

A las seis y media de la tarde (hora local GMT+1) el Mercedes 300 SLR conducido por la pareja Juan Manuel FangioStirling Moss luchaba por encabezar la prueba con el Jaguar conducido por Mike Hawthorn-Ivor Bueb tras haber conseguido sacar una vuelta a la mayor parte de sus rivales.
Hawthorn en plena lucha con Juan Manuel Fangio, adelantó a un Austin Haeley, conducido por el piloto británico Lance Macklin, a la entrada de la línea derecha de las tribunas para, de repente, frenó y decide entrar a los boxes.

Sorprendido, el piloto del bólido que acababa de ser doblado hizo una brusca maniobra hacia la izquierda sin ver que dos Mercedes, a toda velocidad, se le echaban encima. El primero lo conducía el francés Pierre Levegh, con una vuelta de retraso y el segundo El Chueco Fangio.

El drama se produjo en tan sólo pocos segundos. En un último reflejo, Levegh levantó la mano para advertir a Fangio del peligro. Después, chocó contra el Austin y, a más de 200 kilómetros por hora, su Mercedes "despegó" para abatirse, explotando, sobre las tribunas repletas de espectadores.

El Mercedes de Pierre Levegh se desintegró totalmente, el motor y otras piezas del chasis dejaron un rastro de muertos y heridos en su vuelo sobre las tribunas, incluyendo al propio Levegh cuyo cuerpo quedó tendido sobre la pista. Entre los motivos de la fuerte deflagración se encuentra el hecho de que muchas partes del vehículo se encontraban compuestas por magnesio, el cual genera una fuerte explosión y dificulta las labores de extinción dado que el agua actúa como potenciador de las llamas.

Los organizadores de la prueba, sin embargo, no interrumpieron la carrera, misma que prosiguió mientras las ambulancias iban y venían. Los espectadores situados en otras zonas del circuito tardaron horas en conocer el alcance de la tragedia. La organización argumentó que la suspensión de la carrera hubiera dificultado las labores de evacuación de los heridos, por la probable invasión de las vías de emergencia.

Pierre Levegh contaba con 49 años de edad al momento de su muerte.

Consecuencias

Durante la noche, el equipo Mercedes Benz, que encabezaba las 24 Horas, decidió retirarse de la carrera, por orden explícita de la sede central de la marca en Stuttgart. Al día siguiente, bajo una fría lluvia y un ambiente aún más glacial, Hawthorn y Bueb lograron para Jaguar su tercera victoria en Le Mans. La retirada de Mercedes de las competiciones automovilísticas se prolongo hasta el año 1987.

Dos días después, las autoridades galas prohibieron las competiciones automovilísticas en Francia. En AlemaniaEspaña y Suiza (que se retirarían mas adelante) siguieron el ejemplo francés y suspendieron sus Grandes Premios, para evitar que se repitiera una tragedia que conmocionó a Europa y al resto del mundo.

El accidente fue un importante contribuyente a cambiar las políticas acerca de la aceptación del peligro en las carreras de automovilismo y a un aumento en exigir carreras más seguras, tanto para los competidores como para los espectadores, por ejemplo, en 1955 los automóviles de carreras no contaban con cinturones de seguridad, los pilotos decían que no querían estar atados al auto en caso de incendio ya que no contaban con uniformes antifuego con tela Nomex. Los cascos posteriormente cubrirían toda la cabeza de los corredores.

(De Wikipedia)





Los días que no dejo aquí algún escrito siento que os/me traiciono.
Qué tontería ¿no?
Quizás ese silencio, tan elocuente, sea suficiente.
Pues sí, o no, yo qué sé.

Vi este vídeo de Le Mans y me impresiono. He visto este agosto muchas cosas que me han impresionado. Sobre todo he visto personas, he sentido la amistad, el cariño, la ternura, el sentimiento, el paisaje de sus vidas (de parte de ellas).

Hoy es sábado, nueve de septiembre (ya) y sigue esta aventura de leernos.
Estoy aprendiendo.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Hiato



Sin darme cuenta estoy dando un paso importante en la riqueza de mi vocabulario.
Mira tú, al hiato* en caoba, coartada, piano, duunviro, chiita, hastío o saeta se une este, poeta**




*(a mí, hiato,  me suena siempre a algo intestinal)

 **(por ejemplo Cernuda)

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Sin inercia.



Sin inercia esta bicicleta de letras se cae, demasiados días mirando por ventanas reales (ya nos previno Jacques Lacan “no debe confundirse la realidad con lo real”). No solo mirando, saltando con entusiasmo por esas ventanas a un mundo que no este. Esto, este, nosotros, vosotros, ellos, no sé de qué hablo, despiértame, empújame, miénteme, dime que me quieres (inolvidable Johnny Guitar ), déjame entrar allí donde pasó todo, donde nada era cierto pero éramos felices, don José Iranzo cantaba jotas, veíamos películas de Fritz Lang (Mabusey hablando de lo que no cambiábamos tiernas miradas en la playa hasta que se quedaba desierta

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Cortando acacias.


Por el monte, desorientados dentro de un bosque de eucaliptos, pinos, árgoma y silencio. Los diez. Tratamos de encontrar la cruz. Debe ser por ahí. No, por ahí. En un cruce, como de la nada, aparece un caminante sabio, sigan unos pasos, tuerzan a  la derecha y ahí está, después tomen el camino señalado con dos rayas, una amarilla, la otra blanca, sigan hasta  donde unos hombres cortan acacias, ahí pregunten.

Aita, grita el niño sentado en un tractor. Cortando acacias, furtivos, una familia, como en una película de la América profunda, siguen a lo suyo, no nos miran pero sí nos ven, desconfían, el mastín gruñe, no dejan de utilizar las motosierras, al pasar cae un árbol a nuestro lado, ni se inmutan, siguen a lo suyo.  Lo suyo. Preguntamos, sin sonrisas la mujer hace gestos, entendemos. La encina, la ermita, todavía una hora y la carretera. Ugh. La jungla a poca distancia de la civilización. O así. 

Después la comida pero esa es ya otra historia.  

Tengo que invitar a Parker a estas excursiones. 


martes, 5 de septiembre de 2017

La escalera de los días






No hay nada aparte del texto, dice Derrida, eres lo que escribes, eres el que te escribe y sin desorientación, sin desconcierto atravieso de vuelta el río Lethes, Décimo Junio Bruto me llama por mi nombre, me reconoce, sé que no he perdido la memoria, ya estamos todos, viva la madre superiora, empezaremos un severo régimen alimentario (dos o tres días), empezaremos un curso de inglés (una semana), empezaremos a caminar por las tardes (hasta que llueva),  empezaremos a mirarnos al espejo sin reconocernos (¿dónde está el que reía en las largas tardes de agosto?, ¿dónde aquel que fue feliz?), nos llenaremos de metáforas sin saber que son figuras del lenguaje basadas en lo similar, nos vaciaremos en metonimias sabiendo que se basan en la contigüidad (más o menos en la metáfora se sustituye una cosa por algo semejante a ella, en tanto que en la metonimia se sustituye la cosa por algún atributo, causa o efecto de la misma, salvo que algún león sordo diga lo contrario), descubriré músicos como Steven Wilson, (re) descubriré la estética de Fritz Lang, yo qué sé cuántas maravillas descubriré, aunque, sobre todo, lucharé por encontrar el camino de la felicidad dentro de un orden (con o sin concierto). Lo dicho, estamos en el camino (de momento subiendo la escalera de los días).



lunes, 4 de septiembre de 2017

Aquí


Finisterre está ahí, tan lejos de (mi) aquí y sin embargo tan cerca. Me alegra como a pesar de la diferencia del acento y poco más, allí nunca no me siento extranjero. Por eso y por muchas cosas más vuelvo. Este año he estado tanto tiempo que, como Joe Gould, casi entiendo el lenguaje de las gaviotas, incluso sus graznidos nocturnos.

Han sido muchos días de experiencias variadas. Si sé las iré contando. Eso de aprender, mezclarse, atrapar, entender, sentir,  buscar el contraste, lo que nos diferencia y que, sin embargo, nos une, nos enseña, nos enriquece.

Es una fortuna encontrar un lugar donde a cada paso la mirada se convierte en poesía, donde gentes de tantos lugares del mundo terminan un peregrinaje íntimo más allá de su caminar pero, sobre todo, las personas, sentir el cariño de tantas personas que año tras año me dan una lección de generosidad  en su alegría cuando llego, en el trato diario  y en su sentida despedida (me emociono). Qué buena gente.

Ya estoy pensando en volver.


domingo, 3 de septiembre de 2017

Lo sé.


Andy Zito, 1994 


Parece que fue ayer. (Fue ayer.)

Llevo aquí ni sé el tiempo. (Sí lo sé.)

No es momento de hacer balances, ni puestas de largo, ni planteamientos novedosos, ni actos de contrición, ni anuncios de cambios, ni desgarradas confesiones, ni ná de ná. (Quizás sí lo sea.)

El caso es que en un hueco entre ponte bien y estate quieto me he leído en cosas que he ido dejando aquí y veo/siento/ qué olé/puff/ay/esto es lo que hay.

Lo quería dejar (esto, el blog).

Agosto me ha hecho pensar.

Se puede vivir sin escribir. (Creo.)

Se puede vivir sin muchas cosas. (Qué remedio.)

Pero.

Pero.

No lo he dicho todo.

De hecho no he dicho casi nada.

Lo diré.

No sé de dónde saldrá pero lo diré.

Resumiendo, que solo me queda escribir  y subirlo aquí. 
Me queda imaginar, sentir, vivir para encontrar temas que pueda contar. O sea, eso, lo de siempre, lo de antes (no hay antes, solo hay ahora), aquí estamos, seguimos, gracias por seguir viniendo, septiembre, besos a discreción.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Shabtis.



En mi anterior encarnación fui un poeta egipcio, inescrutable en mis versos, ambicioso en mi obra, perseguido por las autoridades, implicado en lo cotidiano mientras observaba las largas filas de trabajadores desplazando piedras, preparando argamasa, comiendo en el camino, elevando monumentos funerarios para aquellos que todo lo tenían excepto el más allá.

En la loma, bajo toldos, el Faraón.

Entusiasmado en mi oficio quise cumplir con la misión del poeta, dar fe. Así reuní cantos de obreros, el viento levantando arenas, gritos de capataces, lamentos de los caídos, la voz de las aguadoras, restallar de látigos, el martillo en la roca, vibración de las cuerdas tensas, gallardetes ondulando en la mañana, trajinar de sirvientes, rasguear de las plumillas de los ingenieros inclinados sobre planos, el chasquear de los dedos del que todo lo puede, Rey de Reyes. Todo lo recogí en poemas que causaron mi ruina. Estos.

Ahora soy un shabtis en las tinieblas púrpuras del Más Allá, mi larga barba trenzada, una azada en las manos, una bolsa pequeña para el grano sobre un hombro, danzo sobre este abismo de fértiles cosechas, caído en el infinito funerario, un trabajador agrícola entre otros, pasión de muerte en este infierno, perdido el mito de la poesía, añoranza del canto, esclavitud aún más lejos de la vida, tragedia sin personajes, ni escenario, último lazo antes de la nada, espera de una nueva encarnación, el conjuro grabado en la frente: Que sea iluminado mi Osiris.

Quizás alguien me descubra.



Los SHABTIS son pequeñas figurillas funerarias de sirvientes a modo de momias, también conocidos como Ushebtis o Schwabtti, que es el nombre del árbol con cuya madera solían tallarse. Aunque mayoritariamente estaban hechas de madera, también podían ser de barro. Representaban todas las actividades habituales de la vida cotidiana; o sea, todo tipo de oficios (desde panaderos y carniceros hasta ejércitos enteros y embarcaciones con toda su tripulación).

Su misión era sustituir al difunto en caso de que el cuerpo fuera destrozado y en las tareas desagradables del Otro Mundo. Se trataba en cierta manera de dobles, de sirvientes mágicos personales del fallecido. En ocasiones incluso guardaban cierto parecido físico con el difunto.

A principios del Imperio Medio se extendió la costumbre de incluir estas mágicas estatuillas entre el equipamiento funerario. Solían colocarse en diferentes lugares de la tumba; bien dentro del ataúd, a su lado, en el mismo suelo de la tumba o incluso en un pequeño sarcófago especialmente hecho para ellos (en ocasiones se han encontrado más de un centenar de ellas en un mismo sarcófago).

Los Shabtis cobraban vida gracias a los jeroglíficos que las envolvían, textos religiosos y fórmulas mágicas (la más común de todas es la que aparece en el pasaje número VI del conocido Libro de los Muertos) que propiciaban al difunto el uso de estos siervos en el Más Allá siempre que el fallecido precisase de su ayuda, ya fuera para servirlo o proporcionarle todo aquello que necesitara en el Otro Mundo.

También solían llevar el nombre del difunto, pero tampoco es extraño encontrar -aunque son casos menores-, ushebtis totalmente anónimos sobre los que no se dejó ninguna inscripción alusiva a la identidad del fallecido.

El Museo del Louvre cuenta con una de las mejores colecciones de Ushebtis; reúne unas 4.200 piezas, aunque solamente se han expuesto unas 800.
 
(De Egipto.com)


viernes, 1 de septiembre de 2017

Benito, Francisco y yo.



Es así, volvía de admirar la puesta de sol en el mar de Fora cuando me asaltó, de nuevo, la imagen de Ella, desnuda, el recuerdo de nuestros vicios privados, en Madrid, en Roma, aquellas noches de lujuria y desenfreno.  No, no podía caer en tentaciones baldías, debía continuar firme en mi fervor, en la piedad, en la fe, en mis ideales de castidad. Me quité la ropa y como Benito de Norcia, como Francisco de Asís, me arrojé sin pensarlo a una zarza espinosa al lado del camino. Dolía, dolía mucho pero vencí aquel recuerdo impio, no pequé de pensamiento.  A mis gritos lastimeros acudieron unos peregrinos que por ahí pasaban, fui rescatado y auxiliado, desangrado, dolorido. Llevo una semana en urgencias. Lo peor es que Ella no me llama, joder, si llego a saberlo peco y no me tiro.

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