Luis Berraquero (7)
De madrugada, cuando estaba
durmiendo un soldado me despertó con un golpe de culata de su fusil y me dijo
que Daniel Ortega venía a visitar el frente, dar moral a las tropas y a la gran
cantidad de heridos a los que había sorprendido el ataque. Nos registraron a
conciencia, a nosotros y el material grabado. Nos trasladaron en coches
oficiales al hospital en que Daniel Ortega visitaría a los heridos para
dirigirles una arenga. Para el acontecimiento llegó con sus acompañantes,
primero en pequeñas avionetas de seis u ocho pasajeros que aterrizaban en
pistas de tierra, trasladándose después en un convoy protegido por sus
comandos. Pablo Úbeda, con la delegada y dos periodistas del Washington Post,
un reportero francés, tres de la prensa sandinista, un cámara y dos reporteros,
los dos asustados suecos que se encontraron por el camino y les obligaron a
regresar con ellos.
Se hizo una reunión en la que se
entrevistó a Daniel Ortega que después partió hacia la capital. Los americanos
pidieron salir en alguno de los otros dos aviones restantes pero el comandante
en jefe se negó pues estaban previstos para trasladar a los heridos y a los
muertos. A mi lado la delegada del Washington Post amenazaba con meter la Sexta
Flota en Nicaragua. Tras duras negociaciones se montó un dispositivo de seguridad
para evacuar a los periodistas compuesto por un jeep sin techo con una
ametralladora y cuatro comandos en los asientos posteriores, un coche con los
americanos, otro Jeep detrás, un coche con los suecos y el francés, y con dos
Jeep más de seguridad partieron desde el lugar donde habíamos tenido la reunión
hasta Ocotal.
Los cuatro pertenecientes a TVE
que habíamos asistido a la reunión volvimos en un camión del ejército, Carmen
Sarmiento junto al conductor y el resto del equipo atrás con pañuelos
tapándonos el rostro ya que los caminos eran de tierra y el camión estaba sin
lona que lo cubriera. Nos despedimos y volvimos a nuestro hotel en Jalapa donde
teníamos la mayor parte de nuestro equipo. Después de rodear varios caminos
durante veinte minutos, en un cruce de caminos nos paró un soldado, tras unos
minutos de espera se cruzó con nosotros el convoy de los americanos, cruzó todo
el conjunto de coches y desde el último, un jeep, un capitán nos hizo una seña
con la mano. Aún no sé si pidió que nos incorporásemos al conjunto o que
podíamos seguir nuestro camino. El soldado que conducía nuestro camión
interpretó lo primero y ante nuestras protestas más vivas en la cola de todos,
transitando a gran velocidad por pistas de tierra, nuestro camión, poco a poco,
entre nubes de polvo, se quedó totalmente solo.
Tras unos minutos en la nada
justo delante apareció un jeep de los comandos Pacho Úbeda que al parecer nos
estaba esperando. Los espías comunicaron que Daniel Ortega regresaba en el
convoy de los americanos y habían montado una emboscada de exterminio. Unos
doscientos contrarrevolucionarios con morteros y ametralladoras, se camuflaron
en las cunetas, en unas casamatas destinadas a secaderos de tabaco. Volcaron un
camión cisterna impidiendo la huida por carretera. Una vez que el último coche
del convoy entró en la curva cerraron la emboscada y empezó el ataque. Tres
minutos después llegamos nosotros en el jeep, al llegar por su espalda, que no
esperaban de ninguna forma, y con las ametralladoras al ataque se produjo una
gran confusión. Desde la caja del camión monté la cámara que tenía protegida
por el polvo y empecé a rodar lo que veía. El chofer le dio una pistola a
Carmen Sarmiento aconsejándola que si triunfaba la emboscada lo mejor que podía
hacer era pegarse un tiro. Le hice un plano desde arriba con la pistola. Veía
tras el visor de la cámara, como si fuera el rodaje de una de las múltiples
películas en las que trabajé.


1 comments :
Sigo leyendo...Gracias
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