Quatorze Juillet (1958) - Johan van der Keuken

domingo, 14 de junio de 2026

Luis Berraquero (14)

 


Al día siguiente, en los primeros ensayos en el pantano de Entrepeñas nos reunimos en la seda de “Helipsa” en Cuatro Vientos (Madrid) varios representantes de TVE y dos ingenieros de Aeroespacial. fabricante francesa del helicóptero.

El planteamiento inicial fue de unas 4 o 5 horas de rodaje con las mejoras horas de luz al mañana y al atardecer. Planteé que girar siempre sobre el mismo lugar podría ser insuficiente, que necesitaba una ventana frontal para colocar allí una nueva cámara. Los ingenieros se llevaron las manos a la cabeza, ¡era imposible! Ya ir sin puerta lateral significaba unas turbulencias impropias y una nueva ventana era materialmente irrealizable.

Días después ante el suculento alquiler de varios meses transigieron y se instaló una nueva cámara.

Empezamos el rodaje con un aparato sin moqueta, un asiento para el piloto con un mapa en la pierna, un despacho atrás para Ángel del Pozo con todo lo que teníamos que rodar y yo sentado en la plataforma fuera del helicóptero unidos por cascos.

El secreto del rodaje era que al volar bajísimo sin cumplir las mínimas normas de altura y velocidad no podíamos tener ningún control. Aterrizar en un aeropuerto significaba presentar a la salida un plan de vuelo en el que debía especificarse lugar final del vuelo, control sobre el aparato, tiempos, etc.

Eso significó que durante tres años procuramos no tocar aeropuertos, dejar el aparato en un campo de fútbol, en un descampado con vigilancia y repostar con el camión propio. Al ser un helicóptero pequeño en muchos hoteles fuera de temporada aterrizábamos en la pista de tenis a la que habían quitado la red. A Canarias y a Melilla llevamos el aparato en barco 

Hicimos un capítulo de media hora por cada provincia.

Rodando en el valle del Pas, en Cantabria, entramos muy bajos, dimos varias vueltas y al regreso yo rodaba unas ganaderías en un paisaje idílico. Ángel del Pozo en la parte de atrás, entre papeles, intentaba encontrar el próximo lugar mientras el piloto miraba un mapa que tenía en un suplemento en la pierna. Terminé de rodar, levanté de golpe la vista y me encontré con un cable de alta tensión justo enfrente. Grité ¡Javier!, levantó la vista y en décimas de segundo consideró que intentar subir podríamos tocar los cables con la cola y electrocutarnos. Optó por parar el motor en seco y caímos como una piedra contra el suelo.

Al ir en una plataforma fuera del aparato me salieron por la espalda los patines, al estar a tan poca altura y los otros tres pasajeros tener triple cinturón de seguridad, los cuatro salimos ilesos.

Por radio contactamos con el equipo de tierra, nos tumbamos sobre la hierba y esperamos a que vinieran a por nosotros.

Después nos informaron que los naturalistas de la región pintaban de verde las torres de alta tensión para no romper el paisaje. Al entrar pasamos por ellas sin enterarnos.

El helicóptero con el suelo y las palas destrozadas quedó en siniestro total. Prepararon un nuevo aparato y semanas después empezamos otro capítulo de la serie.

Tras la emisión de la serie y el éxito acontecido se aumentó hasta cuarenta capítulos más con el material sobrante para hacer monográficos: castillo, la ruta de la Plata, Cami9no de Santiago, plazas de toros, etc.

 

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