Luis Berraquero (14)
Al día siguiente, en los primeros
ensayos en el pantano de Entrepeñas nos reunimos en la seda de “Helipsa” en
Cuatro Vientos (Madrid) varios representantes de TVE y dos ingenieros de
Aeroespacial. fabricante francesa del helicóptero.
El planteamiento inicial fue de
unas 4 o 5 horas de rodaje con las mejoras horas de luz al mañana y al
atardecer. Planteé que girar siempre sobre el mismo lugar podría ser
insuficiente, que necesitaba una ventana frontal para colocar allí una nueva
cámara. Los ingenieros se llevaron las manos a la cabeza, ¡era imposible! Ya ir
sin puerta lateral significaba unas turbulencias impropias y una nueva ventana
era materialmente irrealizable.
Días después ante el suculento
alquiler de varios meses transigieron y se instaló una nueva cámara.
Empezamos el rodaje con un
aparato sin moqueta, un asiento para el piloto con un mapa en la pierna, un
despacho atrás para Ángel del Pozo con todo lo que teníamos que rodar y yo
sentado en la plataforma fuera del helicóptero unidos por cascos.
El secreto del rodaje era que al
volar bajísimo sin cumplir las mínimas normas de altura y velocidad no podíamos
tener ningún control. Aterrizar en un aeropuerto significaba presentar a la
salida un plan de vuelo en el que debía especificarse lugar final del vuelo,
control sobre el aparato, tiempos, etc.
Eso significó que durante tres
años procuramos no tocar aeropuertos, dejar el aparato en un campo de fútbol,
en un descampado con vigilancia y repostar con el camión propio. Al ser un
helicóptero pequeño en muchos hoteles fuera de temporada aterrizábamos en la
pista de tenis a la que habían quitado la red. A Canarias y a Melilla llevamos
el aparato en barco
Hicimos un capítulo de media hora
por cada provincia.
Rodando en el valle del Pas, en
Cantabria, entramos muy bajos, dimos varias vueltas y al regreso yo rodaba unas
ganaderías en un paisaje idílico. Ángel del Pozo en la parte de atrás, entre
papeles, intentaba encontrar el próximo lugar mientras el piloto miraba un mapa
que tenía en un suplemento en la pierna. Terminé de rodar, levanté de golpe la
vista y me encontré con un cable de alta tensión justo enfrente. Grité
¡Javier!, levantó la vista y en décimas de segundo consideró que intentar subir
podríamos tocar los cables con la cola y electrocutarnos. Optó por parar el
motor en seco y caímos como una piedra contra el suelo.
Al ir en una plataforma fuera del
aparato me salieron por la espalda los patines, al estar a tan poca altura y
los otros tres pasajeros tener triple cinturón de seguridad, los cuatro salimos
ilesos.
Por radio contactamos con el
equipo de tierra, nos tumbamos sobre la hierba y esperamos a que vinieran a por
nosotros.
Después nos informaron que los
naturalistas de la región pintaban de verde las torres de alta tensión para no
romper el paisaje. Al entrar pasamos por ellas sin enterarnos.
El helicóptero con el suelo y las
palas destrozadas quedó en siniestro total. Prepararon un nuevo aparato y
semanas después empezamos otro capítulo de la serie.
Tras la emisión de la serie y el
éxito acontecido se aumentó hasta cuarenta capítulos más con el material
sobrante para hacer monográficos: castillo, la ruta de la Plata, Cami9no de
Santiago, plazas de toros, etc.


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