No es necesario que lo leas, allá tú.
Nobuyoshi Araki
Un ojo devora lo que escribo en
este junio de días largos contados como
flores en la solapa de un verano descolgándose mientras grita piedras colibrí
perlas alrededor del cuello de un mes con magnolios voladores y una araña
asomando en el pulmón helado por cigarrillos inconexos y conocidos de las
mañanas hola cómo está usted que pasan los meses y no sé de qué le conozco pero
hola o adiós cómo le va que hago cálculos para saber cuánto me queda de
suplemento si acelgas lechuga y otros regímenes carcelarios no terminan con la
felicidad de sabernos y ser el antes como concepto antes éramos antes mentíamos
mejor que incluso teníamos la boca más grande para así ampliar las
exageraciones que lindaban con el otoño y la magia negra o gris entre las olas
del desconsuelo mirando sin ver leyendo sin entender que esto no es más que un
pasatiempo de correveidile sin otro valor que la rutina que nos asegura que las
manifestaciones frente al ayuntamiento en septiembre no serán como las de
abril y las llaves entrando en nuevas cerraduras y las puertas del cielo
cerradas a cal y canto y violetas y animales dulces y caricias torpes que con
tanta espalda no sabe uno por dónde empezar el asalto a la ternura a espantar
los sueños a las esfinges a los agoreros que nos acuchillan la esperanza a los
que se han apeado de la vida marítima y escuchan los ronquidos de la ocasional
pareja aburrida por los achaques ajenos a la libido (Libido (del lat. libido:
«deseo», «pulsión» y en un sentido estricto: «lascivia») es un término que se
usa en medicina y psicoanálisis de
manera general para denominar al deseo sexual de una persona. Como
comportamiento sexual, la libido ocuparía la fase apetitiva en la cual un
individuo trata de acceder a una pareja potencial mediante el desarrollo de
ciertas pautas etológicas. No obstante, existen definiciones más técnicas
del concepto, como las encontradas en las obras de Sigmund
Freud y Carl
Gustav Jung que hacen referencia a la fuerza o energía
psíquica. Estos autores vinculan la energía libidinal, respectivamente, a las
pulsiones y a su carácter eminentemente sexual como meta primaria (Freud) o a
una energía mental indeterminada que mueve el desarrollo personal general de un
individuo (Jung). Sigmund Freud, a su vez, habría tomado el término de A. Moll,
quien lo utilizó en 1898 en la obra Untersuchungen über die Libido
sexualis[«Investigaciones acerca de la Libido sexualis»]) sentada
desnuda en un rincón del pasillo desnudo de un hotel desnudo y regiones
hinchadas por no sabe usted con quién está hablando y sujetadores
rojos que no se pueden plantar relámpagos como gotas de miel y leche en el
aliento o en la lengua del buey del deseo con fiebre en las alas y la noche
como una empalizada de ciudadanos con un artefacto de dolor en el pecho y
poesías de Idea Vilariño este es solo un intento para que nadie abandone
la chalupa de lecturas y consejos que pueden ser placenteros o no pero en la
revisión del arcón si mientras ese ver leer sentir deja el poso de lo ya dicho
y todo o casi es un torpe afán que empezó en la preparación para volver al fin
de la tierra con el faro que ilumina a los pacíficos navegantes que encuentran
el vendaval a solo cuatro millas de la costa un poco más acá de donde el océano
se pierde en la nada y una mezcla de dios y monstruos se beben las aguas y la
fe y a este paso es apenas la continuación de otros pasos hasta que pian
pianito se llega al final. Benditos seáis.


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