miércoles, 18 de enero de 2023

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Los blogs murieron hace años. No sabes cómo  te has perdido en esta esquina,  no sabes que esto  es apenas una sombra de aquello. Pero como el viudo que cuida la tumba de su amada, quita el polvo sobre la lápida, los hierbajos, cambia las flores del jarrón, acaricia el nombre grabado en el mármol, así cuido esta esquina del aire por la que solo pasa el silencio y algún despistado que sigue el rastro que Google deja de una fotografía, un comentario perdido en otro blog tan muerto como este, un click curioso por un enlace en Facebook.

He cambiado las cincuenta canciones de la playlist (un curro), la fotografía de la portada, he dejado mi escrito de hoy como cada día desde febrero de 2007. Ahora me voy a cortar un dedo y mañana seguiré aquí si la autoridad competente lo permite y si el tiempo acompaña. Y si no, no.

Aviso: mañana comienzo una larga serie diaria de Parker. Ven.  


martes, 17 de enero de 2023

Olvido absoluto

Objectification is inescapable, Jeanette Spicer (because)


He olvidado la mayoría de las palabras, cada una que escribo deja de tener sentido, ¿qué es una esfera?, ¿qué es un triglifo? Escribo para no saber.

He olvidado escribir, una mano guía mi mano torpe, antes decía cosas interesantes, decía excitación, decía descripción, he leído varios miles de libros, antes sabía, antes es nunca.

He olvidado todos los rostros, incluso el mío, no sé distinguir un animal de un jodido ser humano, escribo para no tener que recordar, para no saber nada de nada.

He olvidado amar, ni siquiera conservo el sentimiento de piedad por mí mismo, Marie nunca alcanzaba el puñetero orgasmo, dejaba los ojos en blanco y gemía, como si no me diera cuenta de su fingimiento, no sé quién es Marie.

He olvidado llorar, no recuerdo siquiera si tengo ojos, una lágrima es un absurdo, mi dolor se pierde en un territorio negro, ponzoñoso, Tony me lo ha dicho, la madre que lo parió,

He olvidado comer, ni siquiera voy al retrete, no meo, no me lavo, no duermo, tres veces, me lo dice ahora que Marie se ha ido.

He olvidado andar, no quiero salir de la cama, no quiero pisar el suelo, no quiero pisar mi dignidad, Tony me lo restregó, se acostó tres veces con Marie, que les jodan a los dos.

He olvidado ser, no sé qué es la vida, no sé usar un arma, es más fuerte que yo, tan joven, es todo lo que ya no soy, seguro que Marie se retorcía de placer, que daba alaridos de gusto cuando este bastardo se encaramaba sobre su cuerpo que he olvidado, soy un viejo, que se mueran estos dos cabrones. 

lunes, 16 de enero de 2023

Lázaro



Me estoy quedando sordo, apenas escucho ecos de cuando ella estaba, fragmentos de risas que me acuchillan la espalda, retazos de conversaciones que no entiendo.

Como un hambriento Lázaro, acuclillado bajo la mesa, espero las migajas de su voz, las palabras que calmen esta ansiedad mía, espero los mendrugos de una mirada que no me mira, toco la orla del mantel para así tocarla, veo sus piernas moviéndose en la oscuridad de no verla, me muero del deseo de acariciárselas.

Y no sé si esa parquedad es producto de un sillón mal colocado, de la mujer que en él se sienta, de un lánguido transcurrir de los minutos, de una lucha de arcángeles en el pecho, de un demonio tentándote o si el frío de hoy me dicta estas frases inconexas.



domingo, 15 de enero de 2023

Salir a robar caballos.

 


De vez en cuando, uno se encuentra con una novela sorprendente. “Salir a robar caballos” lo es. Escrita con un estilo clásico pero diferente, en la que pasan cosas que parecen que no pasan, de esos libros que te atrapan en una aparente sencillez que no lo es, al contrario. La he disfrutado enormemente.   

https://magis.iteso.mx/blog_tiempoaltiempo/salir-a-robar-caballos/

https://www.elnacional.cat/es/cultura/salir-robar-caballos_114348_102.html


Ponga un mandril en su vida.



Carmen respiraba plácidamente. Mi insomnio velaba su sueño. Desde hace meses no duermo bien, debe ser el remordimiento, mi pesimismo ante el futuro, la preocupación por lo que vendrá, la complicada historia con H.


Acostumbro a dejar entornada la puerta del dormitorio para que la luz del amanecer no me despierte. Aún así lo escuché con claridad, un sonido peculiar, diferente, un roce leve, amortiguado.

No me atreví a mover ni un músculo, seguí en la cama, atento.
Lentamente se abrió la puerta, en la semioscuridad pude distinguirlo, un mandril, un enorme mandril con la nariz ancha, el culo rojo y la mirada encendida.

Se acercó con precaución, olía muy mal, tenía unas uñas largas, peligrosas, unos dientes afilados. Sus ojos se prendieron en los míos mientras se rascaba la cabeza. Creo que estaba tan sorprendido como yo.

Carmen se agitó.
-¿Pasa algo cariño? –preguntó con voz adormilada.
-No, duérmete. Estoy tratando de hablar con un mandril - dije.
-Ah- y siguió su sueño.

Se sentó a mi lado, sobre la sábana, me miraba, se buscaba algo entre la hirsuta pelambrera.
No me pude contener, le pregunté. -¿Cómo va lo mío?-
Sin dejar de observarme siguió en su mutismo, no se digno contestar.
-¿Crees que tiene remedio?- insistí, entre curioso y preocupado.
Justo en ese momento el maloliente mono apretujaba una pulga entre dos dedos, después los olía y chupaba con satisfacción.
-Lo de H, ¿qué?- dije.
Ahí sí, ahí reaccionó. Me abrazó y dijo- Hermano-. Creo que vi lágrimas humedeciendo sus pelos puntiagudos.
Bajó de la cama, se marchó tan sigiloso como había venido. Pude escuchar el roce de sus uñas por el pasillo, luego nada, silencio.

Después me dormí profundamente. Recuerdo que soñé con Charlton Heston, desnudo, gritaba y daba vueltas y vueltas en una jaula con barrotes pintados de color naranja.

Hoy me encuentro bastante mejor.



sábado, 14 de enero de 2023

Hagan juego, señoras y señores.


Lo he pensado mucho y estoy decidido, voy a hacer un sorteo, una rifa.

Primero tú compras un boleto. De todos los escritos que dejo aquí haré un pito, pito, gorgorito, escogeré el que salga, lo lees y si no te gusta te devuelvo el dinero.

Este mundo blog está lleno de textos y pretextos, solo algunos nos hacen preguntarnos qué ha querido decir aquel que los escribió, muy pocos nos tocan el alma, a veces uno captura el espíritu poético. Ese, ese quiero que sea el afortunado, el que toque. Será difícil, lo sé, pero esa es la gracia de una rifa.

Ha quedado claro que uno escribe para que le lean (a él, no a sus escritos). Es decir el yo está por delante del lector, de la opinión del lector. Por eso se escribe lo que se escribe. Está la cuestión que el lector lee lo que quiere, lo que convierte la escritura y la lectura en una confrontación de intereses. Cuando coinciden se produce la magia, la poesía. Aunque parezca mentira, también se produce cuando no hay coincidencia, una magia inversa, el misterio del voyeur, el desprecio del disgusto, el encanto del amante de esa lectura, la indiferencia. 

Y más.

Tengo que investigar sobre la posible inclusión de una hoja Excel en el blog. En cada celda colocaría el nombre de quién se apunte a este juego.




El proceso es:

• Te apuntas y ya estás participando.
• Se sortea: blomm, una bola de algodón pachín, pachón, chim pón, el 1043.
• Si no te ha tocado, nada, sigue jugando.
• Si te ha tocado, lee.
• ¿Ya?, ¿te ha gustado?
• Perfecto, te mando el dinero.
• Sigue la rifa. 



 

viernes, 13 de enero de 2023

Creo que se llamaba Elena

Llegamos al mediodía.

El río bajaba lento, melancólico, oscuro. En el balneario flotaba un olor a azufre. A la tarde subimos por la empinada cuesta por donde discurre el camino de Santiago. La Muralla  nos deslumbro. Llamé por teléfono a una amiga pero, casualidad, estaba en Coruña en un concierto de no sé quién, lástima.

La ciudad reía en cuatro calles, el resto era silencio.

Quizás por el cansancio del viaje, a la noche no tenía sueño, leía un libro raro, de un chino- A mi lado Begoña ojeaba una revista con grandes fotos de bodas, separaciones, comuniones de niños con sus caras emborronadas, señoras en sofisticados y mínimos trajes de baño, señores con gesto altivo.

Mira, sale una diseñadora de Bilbao, ¿la conoces?- dijo Begoña.
Una entrevista de una página a una guapa mujer, sonriente, sentada frente a sus creaciones de moda.
No, no creo haberla visto nunca- mentí.

Elena.
Simulé que seguía leyendo mi libro y miré la foto de reojo. Cuantos recuerdos. Tuvimos una relación de varios años. Comenzó como una tierna y apasionada historia de amor y terminó en distancia y reproches.

Hasta mañana, que duermas bien- dijo Begoña.
Hasta mañana- contesté..
Cerré los ojos pero en mi cabeza se removían tantos y tantos recuerdos.


The Ordeal of the Bier (1881) Jenő Gyárfás




El lago brillaba bajo el sol de julio. 
Nos bañábamos a pesar que estaba prohibido, un guarda vigilaba sus riberas, nunca nos pillaba.

Aquella mañana fuimos allí un grupo de catorce o quince amigos. Alguien propuso una carrera. -"Una cena para todos, pagan los que pierdan, llegar al embarcadero"- . No se trataba de ganar o perder, era una cuestión de honor. Dos chicas y cuatro chicos nos apuntamos, el resto esperaría en la otra orilla. Se subieron en los coches y fueron hacia el punto de llegada.

Hacía calor pero en la espera me estremecí, el agua estaba fría, o me lo parecía. Tú nadas bien- me dijo Carlos. No contesté, le llevaba varios años de cubalibres y nocturnidad.

El lago, de pronto, se había hecho más grande, la otra orilla estaba muy lejos, o eso me parecía.
Desde la comodidad del embarcadero nos dieron la señal de partida.
Salimos los seis bastante juntos, al principio nadie se destacaba.
María no era muy alta pero utilizaba los brazos con estilo, entrenaba con el equipo de wáter polo del club. Jorge era socorrista en las instalaciones municipales.
La experiencia en las travesías en el mar me ayudaba a regular la cadencia de los movimientos, a no apresurarme.
Sagrario me sorprendía, no conocía esa cualidad deportiva en ella, la tenía por una chica volcada solo en lo cultural, nadaba bien. Javier era muy delgado y se deslizaba como una anguila.
Me empezaban a pesar las piernas y pensé que no había sido buena idea aquello de la carrera.
Los hermanos Patricio y Pelayo todo lo hacían bien, jugaban al fútbol, a pala, al ajedrez, esquiaban y, por supuesto, eran magníficos nadadores.

Llevábamos la mitad del recorrido, seguíamos juntos, solo Sagrario se rezagaba.
Apreté un poco el ritmo pero Jorge lo había hecho unos segundos antes, apenas pude seguirle.
Levanté la cabeza y vi que desde el embarcadero nos animaban con grandes gritos. Cada uno tenía su favorito.
Elena no estaba mirando, conversaba con aquel francés de Burdeos que había llegado el sábado.

Seguimos, la carrera se me estaba haciendo interminable.
Recordé las veces que me había pavoneado en el Casino de mi capacidad en la competición en piscina, de aquella carrera que gané en mar abierto, de los trofeos que tenía en casa. También me acordé de la madre de aquel francés. Nadé más rápido.

Faltaban unos cien metros, María, Pelayo y yo íbamos ligeramente destacados. Ya se escuchaban las voces de aliento. Los tres movíamos los brazos como en una final de los juegos olímpicos.
Tragué agua y tosiendo seguí con más energía, no sé de dónde sacaba las fuerzas…



¿Te pasa algo?, no paras de dar vueltas. Me has despertado.- dijo Begoña.
Lo siento, no puedo dormir -dije.

Salí al balcón, a fumar. A pocos metros se adivinaba el río bajando lento, oscuro,  melancólico.
Resulta que Elena era famosa, la revista elogiaba su trabajo como diseñadora de modas. Tenía tantos y tantos recuerdos de ella. Me resultaba curioso que me hubiera venido a la cabeza precisamente esa historia de la carrera.

Dos horas y varios cigarrillos después volví a la cama junto a Begoña y me dormí. A la mañana siguiente continuamos nuestro viaje. 


jueves, 12 de enero de 2023

Sobre

 


Un sobre.

Dentro la palabra como un caramelo envuelto en un papel arrugado, pegoteado, derretido, que se adhería a los dedos, manchándolos, dejando una desagradable sensación de pringue. 

La palabra doblada, fea, hiriente, lastimando la mirada, en mitad de la página, destacando con un color chillón.

Solo dos letras: NO.

(Su nombre en el reverso del sobre)

miércoles, 11 de enero de 2023

Lecturas

Ilaria Lagioia


Me siento y te miro, (léeme como si no me hubieras leído nunca). Quiero hacerlo como espectador, sin implicarme, sin emoción, como un científico. Intento quitarme de encima la ternura pero me cuesta, me doy cuenta que mi mirada no puede ser neutral.

Pero me concentro y te miro (léeme de forma diferente a como me has leído hasta ahora). Trazo líneas, hago cálculos, mido intensidades, me aproximo a tus círculos concéntricos, peso números, intento dejar tu figura bajo el microscopio. Es imposible, no puedo, tu intensidad rompe los pronósticos, tu luz desborda cualquier intento de encasillarte.

Has cambiado, cuéntame lo que quieras pero has cambiado.

Ahora me levanto y sé que ya no me miras, que no me lees (no sé si me has leído alguna vez, sé que te has leído), que apenas resbalas tu mirada por mi intensa producción de textos, músicas, fotos, vídeos, poemas, blogs, correos. Tampoco me extraña, soy excesivo. Has vuelto a tu ritmo, a esa cadencia de regreso a tu propia vida, a reencontrarte, sin interferencias, sin ataduras, sin condicionantes.

Lo entiendo. Armonizar idiomas es complicado. A veces hablas en un complejo dialecto de las montañas y me pierdo en los matices de la oscuridad. Por otra parte tengo el traductor universal y leo donde no hablas, lo combino con lo que dices y sale un discurso complicado pero claro, entre lo que sé y lo que debería saber, entre lo que me has contado y lo que has callado. O sea, respeto. Me inclino, abro mis brazos, después junto las manos y te entrego mi respeto.

Sin saberlo, o sabiéndolo, hemos entrado en un territorio nuevo donde todo, o bastante, está sin descubrir. Antes de dar ningún paso te entrego la seguridad de qué, por mi parte, mi sentimiento  hacia ti es inmenso, fuerte, cierto, grato, lleno de luz y alegría, bello, agradecido y sin límite de caducidad.

A partir de aquí andaremos o nos quedaremos quietos, esperando. Será lo que será, no quiero perder nunca el privilegio de mirarte a los ojos y sentir que se me llena el corazón de dicha.

Ahora vuelvo a sentarme y te pienso (léeme hasta en los márgenes, como si me leyeras por primera vez).

martes, 10 de enero de 2023

Caminando

 


-Buen día.
-Buen día, buen camino.

Está sentado al sol en el borde de la carretera. Con su boina y su cachaba. Hablamos. Me dice que tiene buena salud, que hoy cumple noventa años, que no toma ninguna medicina y que come de todo.

-¿Qué le pedirás al Santo?-
Y esa pregunta me mueve, me descoloca. No he pensado en santos ni en peticiones. 
Camino y veo, siento.
-Que me quede como estoy, llegar tan bien como usted a su edad.

Y sigo.


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