martes, 7 de enero de 2020

Valter Hugo Mãe



Para sentir la ilusión de algún alivio, Matsu comenzó a contar historias tontas acerca de la vecindad. Escuchaba las conversaciones de quienes pasaban por el camino. En algunas ocasiones, abandonaban su recorrido e iban a saludarla, elogiando sus maneras recatadas al sol. Y la joven reconocía las voces y los olores, la pisada e incluso el sonido de los tejidos mejores y peores. Por el sonido, Matsu distinguía a las personas y las memorizaba sin confusión. Por simpatía, a las pocas personas de la comunidad les gustaba alegrar a la joven ciega, contándole tan solo peripecias simpáticas, aventuras y asombros cómicos que servían de ayuda para cargar con la oscuridad. Por la noche, sin ignorar lo terrible de la vida pero queriendo a su vez alegrar a su hermano y a su madre de cerca, Matsu hablaba, a menudo inventando versiones propias de los rumores más simples, otorgándoles mayor grandeza y mayor interés. Lentamente, por afecto, el artesano Itaro y la señora Kame se entregaban a la satisfacción de aquel instante. Podía ocurrir que protestasen por la difícil verosimilitud de los relatos, podía ser que añadiesen datos que ellos habían escuchado durante los breves descansos de su trabajo, o podía pasar que tan solo riesen. Estaban vivos y juntos, pensaban. Estaban vivos y juntos. La felicidad podía ser aquello. Matsu, por incapacidad de contenerse, decía aquello mismo: la felicidad está en la atención a un detalle. Como si el resto se ausentase para admitir la fuerza de un instante perfecto.

Valter Hugo Mãe,

 “Hombres imprudentemente poéticos”
Traducción de Martín López Vega.

lunes, 6 de enero de 2020

Sandra



Sandra. Ayer me acosté temprano. Tenía frío aunque el brasero estaba bien cargado. Y quizá por el frío o por el brasero me acosté temprano. En los pueblos, como debes saber, la gente se acuesta casi con las gallinas. Y yo voy entrando en ese hábito. No del todo, porque la lectura o la radio o la divagación del pensamiento o un disco en el tocadiscos me aplazan el sueño para más tarde. Pero ayer me atacó pronto y me fuí a la cama. Deolinda siempre me mete entre las sábanas una botella de agua caliente. Tengo dos, una de barro y otra de cinc. Con la de barro me quemo menos los pies cuando la toco. Pero envuelve las dos en un calcetín viejo o en una toalla o con un extremo de la sábana. Y procura ponerla en el lado en el que me acuesto, como un día le pedí. Así el calor me adormece en un confort de refugio. Porque siempre duermo en mi lado, como debo de haberte dicho ya, para que quede libre el tuyo en caso de que vuelvas. Y efectivamente, así ocurrió ayer. Cubrí de ceniza la lumbre del brasero y me fui a acostar. Y poco después extendí la mano despacio hacia tu lado y tu cuerpo estaba allí. Pero no te moviste. Insinué entonces la mano entre el pijama y tu piel. Pero en ese instante se me cruzaron en la memoria tus modos de decir que no



Vergílio Ferreira 

Cartas a Sandra

Tradución de Isabel Soler, 
Acantilado, Barcelona 2010

domingo, 5 de enero de 2020

Camus


"Tan próxima a la muerte, mamá debió de sentirse liberada de ella y dispuesta a revivirlo todo. Nadie, nadie tenía derecho a llorarla. Y yo también me sentí dispuesto a revivirlo todo. Como si esa gran cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, ante esta noche cargada de signos y de estrellas me abría por vez primera a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraterno al cabo, sentí que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, no me queda más que desear en el día de mi ejecución la presencia de muchos espectadores que me acojan con gritos de odio”.

El Extranjero
Albert Camus



(04.01.1960)





En el bosque


“La primera vez que leí la palabra bosque en un libro de cuentos, supe que siempre me movería dentro de su ámbito… escribir, para mí, ha sido la constante voluntad de atravesar el espejo, de entrar en el bosque”.
Ana María Matute,
“En el bosque”. 
Discurso leído el 18.01.1998


sábado, 4 de enero de 2020

Terapia



Calles  con ojos que miran, que no miran, caminamos entre ojos.

Sobre el Duero vuelan golondrinas mecánicas, pájaros metálicos con plumas de cristal, gorriones raros que desafían a los turistas nórdicos, gaviotas de madera que ríen sobre los rabelos repintados.

Después del ensayo, pocas horas antes de actuar me lo dijo, buscaba solo un orgasmo no un amante, ahí descubrí que yo era solo una terapia ocasional.


Siempre cometo el mismo error.




Imagine




viernes, 3 de enero de 2020

Michael Ondaatje



Mahler escribió la palabra schwer al margen de algunos pasajes de sus partituras. Significa «difícil», «pesado». Nos lo contó en algún momento el Polilla, como si fuera una advertencia. Dijo que debíamos prepararnos para momentos de ese tipo y afrontarlos de forma eficaz, por si súbitamente debíamos poner las ideas en orden. Todos atravesamos épocas así, decía una y otra vez. Del mismo modo que ninguna partitura se basa en un solo tono o grado de esfuerzo de los músicos de la orquesta. A veces se basa en el silencio. Era una advertencia extraña la de aceptar que ya no había nada que fuera seguro. «Schwer», decía, y con los dedos hacía el gesto de las comillas, y nosotros articulábamos la palabra y luego la traducción, o simplemente asentíamos cansados. Mi hermana y yo adquirimos la costumbre de repetirnos la palabra entre nosotros como loros: «Schwer».

Luz de guerra.
Michael Ondaatje

(Novela galardonada en 2018 con el Booker de Oro al mejor libro de la historia de este premio.)

jueves, 2 de enero de 2020

Baños nocturnos



Volvíamos a Elanchobe, de Gernika o de Lekeitio, no recuerdo. Habíamos bebido mucho, eran fiestas, ya sabes. Entonces los controles en la carretera no eran por el alcohol. De madrugada en el pueblo solo estaban despiertos los gatos y las insomnes de siempre detrás de los visillos, con las lenguas afiladas. ¿Nos bañamos? Y nos bañamos en calzoncillos, en el puerto, en la noche cálida de agosto. Me sumergí para saber que se sentía allá abajo, en lo oscuro. No había norte ni sur, solo oscuridad. Salí a respirar, me sentí despejado y volví a sumergirme en aquel mundo como de vino negro, sin oxígeno.

Desde entonces busqué esos baños nocturnos, cerca, en la playa de Laga, al otro lado de Ogoño. Era como estar dentro de la nada, solo que allí te podías ahogar. 

Esto ocurría en aquel tiempo  en el que, para respirar, nadaba hasta el horizonte. 
Nunca llegué.

Sting - A touch of Jazz

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