Alfred Jensen

jueves, 20 de junio de 2019

No hay que poner la cara



Este mundo del aire es curioso, lleno de vanidad, ansiedad, una mezcla de mentiras, medias mentiras y una verdad, egoísmo, excitación, dependencia, generosidad, inteligencia, competencia, altruismo, inseguridad, silencios, grandes voces, fobias, arte, manías, rutina, amor, sí, amor, es decir la vida.

 

Recuerdo que en un tiempo acostumbraba a entrar al blog de alguien que escribía bien. Sus textos tenían muchos comentarios de lectoras impresionadas por sus metáforas atrevidas, temas románticos, habilidad para recrear situaciones amorosas de fácil identificación. Él contestaba a esos comentarios de manera ágil, divertida, incisiva. Era una buena página.

 

Un día escribió sobre una grave enfermedad que casi acaba con su vida. Yo había sufrido la misma enfermedad unos meses antes y esa coincidencia nos dio pie para iniciar una correspondencia que duró varias semanas en la que nos contamos nuestras cuitas hospitalarias, en la que supimos que nuestras ideas políticas eran contrapuestas, nuestras ilusiones y sueños muy parecidos y que estábamos muy aliviados por haber superado aquella crisis de salud.

 

Siguió con su buen hacer literario, textos interesantes y  abundantes y cariñosos comentarios con firmas femeninas.

 

Un día cambió la cabecera de la página y en una esquina colocó su fotografía. La verdad es que no me lo imaginaba así, era un tipo más bien poco atractivo, no sé si feo, vulgar, con una barba descuidada, gafas, una sosa sonrisa.

 

Desde ese día los comentarios disminuyeron.

 

Seguía publicando, escribiendo bien, con imaginación, incluyendo hermosas fotografías y su cara seguía ahí, arriba a la derecha, mirando a quién entraba en el blog.

 

Al de pocos días no tuvo ningún comentario.

 

Al de dos semanas lo cerró.

 

Nunca más nos escribimos, no he vuelto a saber de él.


Escribía bien pero era feo, no se puede tener todo.

miércoles, 19 de junio de 2019

Ofidio


Antes llevaba un riguroso control de las visitas aquí y allí, los números, sí, eso de las entradas.  Curiosa actividad esta de contar. Da igual qué. Compartir. Sueños y traumas, imaginación, necesidad. Quizás. ¿Dónde terminan? Trabajo, ilusión, empeño, constancia. Sí. Un peligro: la rutina. Otro: la trampa del decir por decir. Hay más, seguro, pero comment te dire adieu si non je ne regrette rien y Brel solloza que ne me quitte pas. Sí. Pasen y vean. Ayer. Hoy. Aquí. Sí. No saben, no lo saben, no, por eso lo cuento, contar no es un oficio, es un ofidio que te muerde, te envenena, te deja pendiente de antídoto, para qué, es una buena forma de morirse, día a día, aquí no se queda nadie, no, mientras estamos…pues eso, que encantado, otro día más, abrazos a la familia, póngame a los pies de su señora. No. O sí. Vale.

martes, 18 de junio de 2019

Señoritas y ciencia



No sé si queda claro, antes de las señoritas de Avignon está ciencia y caridad pero vamos a ver, ¿a quién le importa?, ¿a quién le importa nada?, que tengo las armas de la nostalgia descargadas, desencantadas, con el recuerdo en los ojos de Mari Bel, pero que sin mirarlos dan la muerte / con el puñal azul de su recuerdo, que escribía Federico en su Madrigal triste de ojos azules , es decir, la esencia de las palabras está, debe estar (¿debe?) en lo que no dicen, ocultas en su esencia, en lo oscuro, en el secreto, en el vigilante de la frontera entre lo que sí y lo que nunca, pájaros alborotados, estorninos aguas abajo del río de la vida, Elena inaugurando la esperanza, lámparas oscilando al viento del sur, hablar por no callar, las bestias negras que bajan a abrevar al arroyo que serpentea y brilla al temprano atardecer del invierno, estas son palabras para mañana, son casi las doce, es igual, nadie las leerá al derecho y al revés, pero ahí los poetas, ayudándonos, a los sin voz, a los que hacen gestos para entenderse, este es mi gesto, hoy, un día cualquiera de junio, ¿hará calor mañana?, vuelve, quizás entonces esté más lúcido, entre tú y yo, me estoy alejando, alelando, aleteando como un insecto malhumorado y perdido en el empeño de hoy también estar aquí. 

Estoy, ya ves, ¿lees?, sí, estoy desorientado.



lunes, 17 de junio de 2019

Los desagües del silencio.



Sé que aquí está bastante de lo que sé, el pálpito, las premoniciones, la inquietud saltando como un bicho verde, los recuerdos tamizados sobre el paño del regato manso de saber que no, que sí, que aquí no se queda nadie y mientras tanto ¿qué pasa?, un día no llegan barcos ni grita el cartero, que es subir y subir sin cima, que es bajar y bajar y a veces  parece que esto es ya el infierno con el manual de las aventuras entre los muslos ensimismados y la piel aprendiendo las últimas lecciones de la soledad. Renuncio a los jardines y a las excursiones fuera de la cuadrícula, al aliento maquillado y a los besos como una condena gris. Arrecia el viento y no se van las nubes negras, guarecido en este alpendre en el que me acumulo como otro trasto más, se me está escapando la sensibilidad por el desagüe del silencio.

¿Ya?

Sí, me pongo la túnica y nos vamos, quiero aprender a ser otro.

domingo, 16 de junio de 2019

¿Qué dices?


 Pierrot’s Embrace by Guillaume Seignac

El complicado oficio  de mirar el derecho y el revés de aquello que no se ve ni con el microscopio de los sentimientos invisibles, verter emociones en el cuenco del pecho con palabras quietas como grandes pájaros frente al acantilado de la indiferencia, voces en sinople y oro en el escudo que defienda el aprendizaje de tener paciencia, esperar, soportar el silencio como parte de la madurez en el trabajo de conquistar la acción diaria del decir.

¿Qué dices?

sábado, 15 de junio de 2019

Otro día lo cuento





Para hoy sábado tenía pensado contar una historia de “cuando la guerra” pero incluso este término imagino que no será comprendido.

¿Qué guerra, de qué habla? ( pensarán).

Y es que hay ser muy mayor, tener buena memoria o al menos interés por lo que ha pasado, por lo que pasa, por lo que puede pasar.

No te agobies, tío, disfruta, qué cenizo (dirán).

Era una historia bonita, a pesar de, una historia de niños y madres memoriosas, de cuentos a la luz de una vela en un caserío perdido en las montañas de Vizcaya, una historia de vida y esperanza, de dolor y de amor, de supervivencia, de miedo y tierna mirada infantil, de resignación, de sueños rotos, de recuerdos que duelen en la memoria y que hay que sacar como sea.

Qué pesado (concluirán)

Solo tengo que sentarme y poner en orden las palabras, evocar las voces en una cocina soleada con mujeres hablando de esto y aquello, describiendo con elegancia  situaciones terribles, alegres, animosas, riendo a pesar de contar cosas tremendas, de sugerir ausencias, desaparecidos, destrucción, muerte, tanta muerte, de ser felices con nosotros, niños jugando en el suelo aparentemente absortos en nuestra corta edad. Pero no.

Qué ganas de amargar la mañana, me voy a otra página (decidirán).

Es igual, es sábado y también quería estar aquí. Vale, otro día lo cuento.


jueves, 13 de junio de 2019

Otra vez eso de los monólogos.



Del fecundo diálogo entre nuestros cuerpos encendidos pasé al monólogo que tendía hacia un silencio monótono, pobre, sin contrastes, olvidado entre sus amantes, yo era el octavo, ni siquiera el último, el amor había caído en desgracia y ya el sexo no alumbraba al fauno al borde del precipicio,  al centauro con una hermosa mujer en la grupa, asaeteada por su celoso esposo herrero, cuentos, mitología, prófugo de mí mismo, sin absolución, lumbre en su mirada de odio femenino, en la mía, en la frontera entre conservar lo bello de aquello que fue o patear con saña los altares, los gladiolos y el arpa, ciego de deseo, enjaulado en el recuerdo de su cuerpo delgado, cáliz de ofertorio en el que vierto las preguntas y la lluvia gris, los pretextos, las tempestades de lágrimas en la cama hueca, sin gemidos, el octavo, vaya, ya no el cazador de instantes eternos que terminaban a las nueve, vuelta al metro, regreso a casa por caminos oscuros y otro esperando en el ventanal, remolino de curiosidad, ¿también esperaría en el lecho?, un péndulo de quizás, una piedra más al muro de desconfianzas levantado con pereza, ¿y qué?, un amuleto que aleje el magnético impulso de preguntar, los ojos del alma viendo más que la mirada atónita al derrumbe de toda dignidad, no te vayas, ruegos, vencido, un hombre roto (no se pierdan entre tanta palabrería, aquí lo que ocurre es que ella le ha dejado por otro amante más joven y él está que no sabe por dónde le da el aire) que afila el cuchillo de la tragedia junto a la laguna del qué más da, médano de esperanza en mitad de la playa de arenas negras, a punto del equívoco, cortarme las venas o cortar el lazo de los espectros, iros, a mi edad, un gallo, de vuelta de mil batallas, un cíclope, un guerrero con un casco emplumado, con un secreto, con la frágil determinación de nunca más, un canto fúnebre, un aliento en la contradicción, una certeza, aún la amo, no puedo callarlo, mis amigos se alejan de mí como de un leproso, enfermo de belleza, ¿qué digo? ni siquiera es bella está mujer a la que un día igualé a una diosa, imprudente, perjuro, idólatra, una visión desde una imagen que no fue, que no era, equivocado, incapaz en mi ceguera, navegante en una frágil barquilla por un océano insaciable, gatos en los intestinos, un tambor tocando fúnebre, un severo portero con el dedo índice señalando la salida, lo único cuerdo, irme, al bosque o a la colina, lejos (lo que les decía, nunca le han dicho no y está desorientado, sigan, sigan leyendo), a una catedral con salmos enroscados en los capiteles floridos, adornos de ángeles soplando pífanos, tocando címbalos, animales mordiendo frutas, proscrito en un lugar impenetrable, calles iluminadas…
¡A comer!
Voy, un momento, dos líneas más y voy.
…la sombra del delito, de todos los delitos de una generación de hombres viejos, el estigma, la severidad, lo irracional, la agonía de la razón, el Apocalipsis…   
¡A comer!, deja ya de escribir, empezamos sin ti.
Voy (luego sigo).

miércoles, 12 de junio de 2019

Georg Baselitz


Como Georg Baselitz voy a dejar cabeza abajo las contradicciones, colgaré mis palabras en un lugar impenetrable. Es decir contaré todo de tal forma que quién lea deba apoyar sus manos en el suelo y efectuar un escorzo gimnástico de pino puente para leer, ver, traducir, entender que ese hombre representado por sus palabras pintadas de proscrita belleza, al revés, sigue siendo un hombre por mucho que cueste entender por qué demonios no escribe como todos (los otros).
Precisamente por eso.
La provocación de un posible estímulo está en ese “eso”.
Al cabo de varias lecturas en esa incómoda, acrobática postura quizás alguien se de cuenta que lo que está al revés es el resto, lo otro, lo normal, es cuestión de tiempo.
Lo malo es que tiempo es lo que no nos sobra.
Dinero tampoco.
Voy a dar un giro a lo que es y nadie entiende para que no entendiendo se entienda, no sé sí…vale, esto es:
˙ínbɐ áʇsǝ ouɹǝıʌuı lǝ ʎ ǝɹqɯǝıɔıp sǝ oƃɹɐqɯǝ uıs ʎ ǝʇsıxǝ ou odɯǝıʇ lǝ
˙ɐɹıɯ ǝnb ǝsǝ soɯos ou 'ǝʇuǝıɯ sou oɾǝdsǝ lǝ 'ǝɔɐɥ sou ɐɹqɐlɐd ɐl

˙oʇuǝɯoɯ lǝnbɐ ǝp pɐpısuǝʇuı ɐl oǝl (ǝɯ) ʎoɥ ˙ɐpıʌ ɐl ǝp opıʇuǝs lǝ óıdɯoɹ (ǝɯ) ǝs opuɐnɔ 'sǝsǝɯ ǝɔɐɥ íqıɹɔsǝ (ǝɯ) ǝnbɐʇɹɐɔ ɐun oǝl ʎoɥ
˙ɐqɐɯɐ ǝnb ɐl ǝp opío lɐ éɹɹnsns sɐɹqɐlɐd énb opɹǝnɔǝɹ ou

˙ɹɐlqɯǝʇ ɐƃɐɥ sou ǝnb ɹǝs ǝpǝnd ˙sopǝıɯ sol 'souıɯɐɔ soɾǝıʌ sol uoɔ 'soʌǝnu sɐɯoɹɐ uoɔ 'ǝʇuǝɹǝɟıp 'oɹʇo ɐpɐʌuı sou ǝnbɹǝs ǝpǝnd ˙soɯǝɹıdsns 'soɯǝɹoñɐ 'soɯǝpɹoɔǝɹ ǝnb 'oʇuǝıɯıʇuǝs oɯsıɯ lǝ ɐpɐʌuı sou séndsǝp sǝsǝɯ olɹǝǝl lɐ ʎ lǝʇuɐɯ lǝoɾɐq soɯǝpɹɐnƃ ol 'ɐɯǝod un soɯɐqıɹɔsǝ ǝnb ɹǝs ǝpǝnd

˙ɐɔoq ɐɹʇsǝnu ǝp ɹılɐs ǝp ǝʇuǝınƃıs opunƃǝs lɐ ɐnƃɐ lǝ oɾɐq ɐpɹǝıd ǝs ʎ soíɹɹɐpuɐ sol sɐɹpǝıd sɐl ǝɹʇuǝ uǝǝʇoɔıd ɐl ǝnbunɐ'oʇuǝıʌ lǝ ǝʌǝll ɐl ǝs ʎ ɐpıpuǝʇ ǝpǝnb zoʌ ɐl ǝnbunɐ 'ɐpɐu o 'ɥzzz uǝɥɔnɔsǝ ʎ oınbılǝp soɯɐƃıp ǝnbunɐ

˙soɯos 'ɹɐlqɐɥ lɐ
˙ǝɔɐɥ sou ɐɹqɐlɐd ɐl
(de aquí. Click)

Georg Baselitz



Biografía:


    Artista alemán, cuyo expresionismo figurativo contribuyó al renacimiento del arte representacional a finales del siglo XX. Baselitz, cuyo verdadero nombre es Georg Kern, nació en Deutschbaselitz, Sajonia, el 23 de enero de 1938. Adoptó el nombre de Baselitz en 1956, cuando se trasladó a lo que entonces era Berlín occidental, después de su expulsión de la Kunstakademie de Berlín oriental. Entre 1957 y 1964 asistió a la Academia de Arte de Berlín occidental, donde estudió con Hann Trier. Su primera exposición se realizó en 1961 en esa ciudad, junto con la obra del pintor Eugen Schönebeck, con el que publicó los manifiestos Pandämonium en 1961 y 1962. Tras alcanzar una considerable fama, recibió numerosos premios y fue catedrático de pintura en las universidades de Karlsruhe y Berlín. Sus primeras obras, con una fuerte influencia del Art Brut, se caracterizaban por la profusión de imágenes sexuales explícitas. En la década de 1960 pintó varias series de figuras monumentales a las que llamó Héroes, Rebeldes o Pastores. Al final de este periodo comenzó a realizar composiciones invertidas con el fin de acentuar sus cualidades formales en oposición a lo figurativo. Continuó realizando figuras invertidas en las décadas siguientes, como puede apreciarse en Nariz roja (1987, Städtisches Kunstmuseum, Bonn), un desnudo femenino pintado con un estilo expresivo característico. También fue célebre por algunos grabados de gran calidad y por sus ambiciosas esculturas en madera. Baselitz fue uno de los artistas alemanes más importantes de su época y tuvo una influencia crucial en la nueva generación de artistas figurativos que surgieron en Alemania y otros países occidentales en los últimos años de la década de 1970 y durante la de 1980.  © M.E. (http://www.epdlp.com/pintor.php?id=2669)

martes, 11 de junio de 2019

Olaf Martens


                                                                                 Lord Snowdon, Mental Hospital, 1968

Estas noches no puedo dormir, hay una deuda antigua que me muerde el sueño y me deja en un insomnio intranquilo en el que pienso que la vida es corta, me lleno de tristes premoniciones, paisajes negros, inquietud, angustia. Me levanto muy cansado, con miedo, pensando que haré con el largo día, con tantas horas vacías, sin sentido.



Y es que el tiempo corre tan rápido que está a punto de dar la hora y no me he puesto a casi nada, me pone nervioso mi inactividad, esta desgana, esta absoluta falta de ganas de hacer ¿qué? Aún no he empezado y sin embargo la realidad es que estoy terminando. 



La ciudad está lejos, por mucho que intente correr ya no llegaré. Estoy al borde del río de mi vida, disfrazado de alguien que no soy. Me apresuro sin esperanza, la ciudad está lejos, sí, todo está lejos, soy solo un recuerdo, un número a punto de ser tachado, otra víctima de dioses crueles.



Caminando por el lado oscuro, cuando estoy a punto de dar el último paso la esperanza me detiene. No sé si es una alucinación por el exceso del dulce humo, que estoy flotando en un duermevela o que la debilidad me hace ver lo que no es, pero  estos brazos alrededor de mi cintura parecen tan, tan reales.



Lo siento, ha sido todo un error, oye, que sí, que todo está en orden, todo es lo correcto, Carmen ha vuelto y era eso, la ausencia, que no me llamaba por teléfono, que lo perdió, dice, que han sido días de mucho trabajo en…bueno, donde haya estado, pero ya ha regresado, tan bella, tan mujer, que la quiero con locura, que cuando estoy sin ella no sé vivir, que me tiene embrujado, que esos arañazos en la espalda se los hizo en la ducha, dice, que tiene que volver a…yo qué sé, su trabajo es un misterio, qué me importa, solo quiero estar así, como ahora, tendido a su lado, sentir el calor de su pecho, esta paz del alma, este alboroto del cuerpo (etcétera)  





Las fotografías en color son de Olaf Martens

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