Peggy Guggenheim

domingo, 9 de noviembre de 2014

Aurora.

...Los puentes inflamables / del medio del camino de la vida...
Aurora Luque.





Ahora, solo ahora sé que no, esa mujer pertenece al pasado y queda la anciana que me mira, a la que no puedo tocar sin temor a quebrarla, su olor ya no me evoca recuerdos, apenas tengo constancia de ello, de ella y su mirada, su halo, algo detrás de nosotros, invisible, pero ahí, y el cristal, también ahí, separándonos irremediablemente.

Teme darme la mano, teme nuestros besos al encontrarnos, dice que no, que nunca, que estoy mejor lejos, que cada cosa tiene su tiempo y nosotros nunca lo hemos tenido. Dice, calla, dice calla y yo, por dentro, siento que se evapora la ternura que me dejaba embobado cuando estábamos juntos, aquellas inmensas ganas de abrazarla y sentir su piel, aquel dejarme llevar por el río de sentimientos prisioneros y soltarlos, llorando sin pudor sobre sus hombros cuando decía que no se podía querer tanto como yo la quería.




1ª reflexión: si ella es una anciana ¿será que estoy muerto y esto es ya otra vida?

2ª reflexión: quizás aquella tierra solo existía dentro de los límites del deseo.

Conclusión: con la escritura, lo que ahorro en psiquiatra (s).


sábado, 8 de noviembre de 2014

Hace ya




Experimenté...
Entonces...
Recuerdo...
Trabajé…
Escuché...
Escribí...
Estuve...
Llegué...
Sentí…
Pensé...
Gocé...
Hice...
Bajé...
Subí...
Dije...
Amé...
Leí...
Era...
Fui...
Vi...

Y...

¿Ahora?



Mónica Cook











viernes, 7 de noviembre de 2014

Ahítos de fe.

Sancta María. 
Sancta Dei Génetrix. 
Sancta Virgo vírginum. 
Mater Christi. 
Mater Ecclésiæ. 

Mater divínæ grátiæ. 
Mater puríssima. 
Mater castíssima. 
Mater invioláta. 
Mater intemeráta. 
Mater immaculáta. 
Mater amábilis. 
Mater admirábilis. 
Mater boni consílii. 
Mater Creatóris. 
Mater Salvatóris. 
Virgo prudentíssima. 
Virgo veneranda. 
Virgo prædicánda. 
Virgo potens. 
Virgo clemens. 
Virgo fidélis. 
Speculum iustitiæ 
Sedes sapiéntiæ. 
Causa nostræ laetítiæ. 
Vas spirituále. 
Vas honorábile 
Vas insígne devotiónis. 
Rosa mystica. 
Turris davídica. 
Turris ebúrnea. 
Domus áurea. 
Fœderis arca. 
Iánua cæli 
Stella matutína. 
Salus infirmórum. 
Refúgium peccatórum. 
Consolátrix afflictórum. 
Auxílium christianórum. 
Regína angelórum. 
Regína patriarchárum. 
Regína prophetárum 
Regína apostolórum. 
Regína mártyrum. 
Regína confessórum. 
Regína vírginum. 
Regína sanctórum ómnium. 
Regína sine labe originali concépta. 
Regína in cælum assúmpta. 
Regína sacratíssimi rosárii. 
Regína famíliæ. 
Regína pacis.
Ora pro nobis





En un cielo pintado, un ángel de plástico rosa cuelga de un hilo y apasionado bendice a las gentes que murmuran, van y vienen, que no duermen, que no callan. Con un euro en la ranura, salta, mecánico levanta el índice hacia el cielo y canta. Salmos, motetes, cosas de iglesia (ya sabes), jaculatorias, con metálica voz de fraile, canta.

Entre campanas, con olor a tomillo y hierbabuena, con sabor a milagro, aparece una virgen y la agitan, la tiran flores y besos, la sacuden, la pasean bajo palio, sobre andas.

Después vuelven de espaldas, con la frente y los pecados en el polvo, sin mirar a esa imagen, arrodillados, rezando entre suspiros, desgranando ansiedades, ahítos de fe, cansados, vano intento de simular el alba.

Se ha muerto la noche, suenan tamboriles, aplauden los romeros, ladran los perros, cocean los caballos, gritan los adoradores que beben vino bajo la parra, hay dos bueyes en el agua, se juntan los cuerpos, escondidos bajo los pinos, detrás de las zarzas.

Disfruto la agridulce condena de esperar una llamada en la madrugada.




jueves, 6 de noviembre de 2014

Carta del amante en el otro extremo de una autopista.



Mi vida,  he olvidado las palabras que escogí en el insomnio, la enumeración de los signos, el atropello de voces  detrás de puertas que esconden recuerdos de sed y sumas, de tribus y víctimas, soy un desvalido historiador amnésico que solo puede pensar en ti.

Estoy sentado bajo la lluvia buscando el punto exacto del manantial, el puente, el espejismo y la brasa, el experto que me guíe para poder decirte felicidad, dulzura, amor sin que ardan las imágenes en las hornacinas, sin que la imperturbable realidad de los días se resquebraje.

Esta quiere ser una carta sin murallas ni Josué, sin datos, vuelta del revés, sin narcóticos vocablos ni alegorías, quiere estar desnuda, tendida en los peldaños que te lleven al rosal y a lo necesario, a sabernos entre líneas y soledad de whatsapp, asfixia de no verte.




Desde Braque hasta los pactos hay peldaños de meses, ocho o nueve nombres para designar los espejismos y la alarma de sentir lo profundo en frases de niños, mimos sobre la Ría como un dron de ternura sobrevolándonos y tambores, la pesadilla es una autopista.

No se puede analizar el deseo, no hay porcentajes de caricias, no se llevan a Excel los besos de un fin de semana, no se puede calcular el hormigueo en la nuca antes de marcar los números secretos, hay una geografía abstracta en nuestro sentimiento sin aduanas.

Somos dos adictos al diagnóstico del nosotros. En la separación comienza el dolor creciente con ganzúas, mensajes en el agua y conversión a religiones nuevas. El momento del amor disipa las dudas. Desde este lado de la autopista cuento los días.

Soy el mendicante sentado en tu umbral, el vigilante de las trece ocas que te avisan de mi llegada, el del pañuelo rojo en la comparsa que canta bajo tus ventanas, el que cabalga ese enorme animal africano que conoce tu norte, el que pule antiguos ultrajes bajo el alfeizar,  el que enciende las teas que alumbran tu paso por calles antiguas, para mejor saberte hago un pacto con los comerciantes de lo oscuro, meto la cabeza en la boca de las alimañas, decapito pájaros sobre una lápida para preservarme  de los dioses mediocres de la envidia, dibujo tu silueta de memoria, a mano alzada, me acurruco a la sombra de las ermitas para que santos olvidados me bendigan y ayuden en la espera de no vernos. Te quiero.



miércoles, 5 de noviembre de 2014

Sentado ante tu puerta.



Jean-Baptiste Greuze, The Guitarist, 1757



Hoy me siento
ante tu puerta, te canto
y cuento, te digo que:

Oculto el rostro tras el abanico para ocultar los temblorosos labios que musitan su nombre. Aun así –tan quedo- sé que llego a ella.

Para que el corazón baile, cubro la estela de su cuerpo con pañuelos de seda e imito a su alrededor cantos de petirrojos, murmullo de arroyos, rumor de sirimiri.

Vuela el ruiseñor, agito las ramas que disfrazan el lago, soplo a las estrellas, he vendido mi alma al diablo y joven ya espero la vuelta de la virgen descalza.

Este es un diario inútil de versos y besos no dados, de Ansiedad y Surrealistas notas a pie de página, fluir de Mariposas nocturnas mientras escribo, ejercicio tenaz y solitario, un abnegado movimientos de zanjas que se abren y cierran, no queda nada excepto un campo agujereado, yermo, paisaje lunaR sin luna, ella, a veces, leyéndome las líneas de la palma de la mano ¿leyéndome?




martes, 4 de noviembre de 2014

Sobre bitácoras y otras nimiedades






Más personas, escribiendo más, incluso leyendo, enredados en un mundo bitácora de sencillas conexiones, de implicaciones estéticas, técnicas, de afinidades emocionales, de tiempo recorriendo páginas llenas de ilusión, complicidad, inteligencia, dedicación, deseos de comunicación, soledad, amor, egoísmo, arte, líneas trazadas desde quién sabe qué punto interior hasta quién sabe qué mirada, curiosidad, conocimientos, aciertos, errores, simplicidad, complicación, erotismo, vulgaridad, belleza, mal gusto, interés, vacío, puentes, ventanas, agujeros, alcantarillas, nubes, sentimiento, necesidad, descripción minuciosa de actos sexuales, de actos sin actores, de cuerpos desnudos, sensibilidad estirada como los nervios de un felino, claridad del dibujo del alma, nítida lectura del subconsciente (ojo, sólo especialistas autorizados), delineantes del vacío, transmisión consciente de necesidades, búsqueda del yo, del otro, de espejos, de multitudes, tormenta, soledad (ya, ya sé que lo he dicho antes), fotografías explícitas de anhelos (generalmente señoras desnudas en poses naturalmente naturales. Pocos señores desnudos), dibujos borrosos de la zona oscura del cerebro, monumento a la egolatría, intercambio de saber, tristezas, pura bazofia, delicadeza, corazones de vidrio, damas románticas, caballeros pasados de vueltas, mujeres duras, hombres en una cornisa, personas en ebullición, personas maravillosas, humanos en conserva, jovencitos de ochenta años con portafolios, jubilados de quince años con cachaba, ancianos que van, niños que vuelven, ojos limpios, orejas cerradas, ojos con dedos, pulmones que silban, ojos táctiles, piernas bailando como Nijinsky o Gene Kelly, Jerry (el de Tom) o Cassius Clay, etcétera y Parker (Charlie), con músicas todavía sin componer, sin interpretar, ahí, en nuestros instrumentos instrumentándose sin parar, extraño mundo bitácora de personas sin rostro, sin nombre, sin olor, sabor, color, gusto, mucho menos tacto, gusto (ya), no sudamos, no roncamos, no estamos gordos, ni flacos, todos somos guapos, altísimos, rubios como la cerveza, riquísimos, estamos buenos a rabiar, siempre activos (o pasivos, según gustos) en este amigable compartir de mentiras, imaginación, caminos que se desvían, cruzan, que se pierden en horizontes lejanos (como la película), escritura con las dos manos, con los doce dedos, con la cabeza, tronco y extremidades, con el alma, calma, nerviosismo de palabras atropellándose, sabia exposición de pensamientos, poesía en calderos de brujos, poesía en redomas, frascos, adminículos varios, en conserva, en adobo, poesía cortada a tiras y puesta a secar, poesía sublime, versitos, relatos de cuando sí, de cuando no, de entonces, de mañana, de nunca, historias del tres al cuarto, cuentos chinos, cuentos de cuentistas, arengas desde el pináculo, sermones desde el púlpito del pulpo, novelas inconclusas, novelas copiadas, robo de palabras con nocturnidad, alevosía, escalo, embriaguez, atenuante de viento sur, agravante de simplicidad, de complicación, de qué pasa, démonos fraternalmente la mano y sigamos unidos en esta comunidad sin reglas, sin socios, sin cuotas (¿seguro? y la ilusión perdida ¿qué?), sin normas ni prohibiciones, sin otra obligación que el límite difuso de la educación, las ganas de hacerlo (bien o mal es relativo, subjetivo, es atrevido definirlo, el definidor que lo defina buen definidor será) con el convencimiento de qué –chicas, chicos, ánimo- en el centro, en lo íntimo, en la X de cada uno de nosotras, nosotros, lo estamos haciendo muy bien y somos unos fenómenos, buena gente, unos artistas (de la pista), muá, muá, nos besamos a nosotros mismos por los siglos de los siglos, amen. Que lo rompamos con salud.




lunes, 3 de noviembre de 2014

Corbata roja




Con mi corbata roja no tuve problemas al pasar por la recepción del hotel, apenas una mirada del conserje. Es curioso lo que hace una corbata así, disfraza incluso a un tipo como yo.

Habitación 301. Ella me esperaba detrás de la puerta, temblaba.

Desde la ventana se veía el río, abajo, lento, melancólico, frío. También una esquina de un edifico en construcción.

Solo tenía ojos para ella.

“Desnúdate”



“Así quisiera tenerte ahora, a mi merced, sumisa, atada sobre las sábanas esperando las caricias y el beso, con el rastro de mis labios por tu espalda, por tus muslos que tiemblan cuando  acerco mi boca ávida, mis dedos que te abren y te exploran, encuentran tu centro y tu perdición mientras te musito al oído vagas obscenidades que jamás he dicho a ninguna otra mujer, hembra que me alteras, me enardeces, haces de mi un hombre entregado al placer de servirte y perderte, de escarbar en aquello que deseas y gimes y gritas y te tapas la boca con la almohada y no puedo parar de tocarte, de moverte, así, así, levanta el culo, ven, muévete ahora, despacio y entro en ti tan dulcemente que la habitación se llena de coros de demonios que nos acompañan y animan y somos una mujer y un hombre felices, luchando juntos, amándose como en el principio de los tiempos,  follando como adolescentes, dos seres humanos como náufragos en una playa desierta, tú y yo, amándonos…”

Unos golpes en la puerta.
“Policía.”

Ella me invita a esconderme detrás de la cortina.
“Un momento”

Abre la puerta.

“Señorita ¿está sola?”

“Sí, agente, ¿sucede algo?”

“Buscamos a un hombre con una corbata roja ¿le ha visto?”
Se escucha un alboroto en el pasillo.
El agente mira a los lados.
“Algo ocurre, cierre la puerta, señorita”.
Se va.

Gritos, este no parece un hotel muy recomendable.

Salgo de detrás de la cortina. Me visto rápido, me hago el nudo de la corbata roja.

“Como siempre ¿100 euros?”

Asiento, me los da, salgo al pasillo, bajo por la escalera de incendios, saludo al conserje, me mezclo entre la gentes.

Todavía me quedan dos hoteles, maldigo esta profesión.   





domingo, 2 de noviembre de 2014

Sólo estaba el dolor



Me acurruqué a dormir sobre la hierba seca.

Cantaba una lechuza.

Palpitaba el vaho de la tierra cuando se acercó aquella mujer imaginada. Sentí sus jadeos. Toqué su espalda tibia. Me miró con ojos de niebla. Huellas transparentes, se perdían sus pisadas en el lodo. 

Traté de seguirla.

Desapareció entre los chopos.

Supe que era una premonición.

Desperté y sólo estaba el dolor.



sábado, 1 de noviembre de 2014

Isabel.




Isabel, amanece poco a poco y pienso en ti mientras el todo terreno de J atraviesa el límite de la noche y nos trae de Santander.

Negra la mañana, sí, negra y peligrosa la autovía, con jirones de niebla. Miro y tú no estás a mi lado, pero detrás están V y ¿¡? (no sé cómo se llama) con los que he compartido el dichoso (y largo) curso de gestión documental. Hemos madrugado para llegar a tiempo a una reunión en Bilbao.

Conversamos de esto y aquello, discrepo de algunos planteamientos, para no llegar a una discusión intento dar un giro amable a la charla (aunque me fastidia renunciar a mis principios de trabajador, resabios de conciencia de clase, de mis ancestros, de otras luchas, puño en alto, barricadas, huelgas, carreras, coches cruzados, fuego, despidos masivos).

Cambio el tema y hablamos de los vascos (ellos son valencianos), de la vida aquí, de gastronomía, de trivialidades y me entra un sopor producto del movimiento del coche, del madrugón, de que prefiero pensar en ti y abro los ojos y estás a mi lado y Janis Joplin nos está chillando Try, jus a little bit harder y cambio a música italiana, acaricias mi nuca, te cuento que en el curso solo había una chica, Julia, que estaba a mi lado y era dulce y lista, pero que la miraba y solo veía tu cara, y que bien que hayas venido, acompañándome y dejas tu mano en mi entrepierna y me inquieto, me excito, acaricio tu mejilla, reímos, cambias el CD y Handel nos invade con su majestuosidad, comienzas a llorar dulcemente, sin ruido, se deslizan lágrimas por tu cara, caen a tu pecho, las busco, quiero beberlas, quiero sorber tu llanto y nos miramos, doy un giro de volante y salgo de la autopista, conduzco a toda velocidad por una sinuosa carretera vecinal ¿dónde vamos? –dices-, al cielo –contesto, y ahí, al fondo, brilla el cartel de neón, Hotel, el recepcionista nos mira, no, no tenemos equipaje, nos da la llave, primer piso, subimos, riendo, dejamos las gabardinas sobre una silla y nos abrazamos, tu saltas y me abrazas pasando las piernas por mi cintura, así, acrobáticos, nos besamos y besamos, riendo, no puedo contigo y caemos sobre la cama y cuatro manos se vuelven locas y se afanan en soltar botones, aflojar nudos de corbata, bajar cremalleras, quitar botas, zapatos, apaga la luz –digo, me miras, sueltas una carcajada y sigues tu tarea de quitarme la camisa mientras te bajo la falda y chocan nuestras cabezas, me muerdes, ay- grito- te hago cosquillas, te suelto el cierre del sujetador y lamo tus pezones oscuros, con delicadeza extrema, estamos tumbados sobre la cama y aún nos queda alguna prenda encima, nos miramos y decimos a la vez, uno, dos y tres, estamos desnudos y nos miramos, nos arrodillamos sobre las sábanas y sin dejar de mirarnos a los ojos nos acariciamos justo con el último milímetro de los dedos, casi parece el roce de un suspiro, hace calor, o lo tenemos, paso la palma de mi mano por tus glúteos, busco el interior de tus muslos, te encoges levemente, se nos nubla la vista, espera –digo –salto de la cama y apago la luz, ¿dónde estás? –susurras- y me acerco, te busco , mis labios se pierden en tu húmeda intimidad, en tus labios que se mueven y mi lengua, se mojan las sábanas de mi saliva, de ti, de nuestros sudores y me dices –ven- y obedezco y los dos estamos gimiendo como almas en el purgatorio e insistes, ven, ven y ya no puedo sino entrar en ti y perder el sentido, movernos como dos amantes que se conocen de siempre y darnos, ser uno, gozarnos, bañarnos de palabras dulces, gritas y digo –nos van a oír- y tú dices, -calla, tonto, no nos conoce nadie, sigue- y sigo y sigues, y estás sobre mí y aprisiono tu cuerpo entre mis brazos con dulzura y te sujeto las caderas, tus pechos, mi sexo en el tuyo, sobre ti, ven, colócate así, no te muevas, muévete, ay, espera, sigue, más rápido, más rápido y el coche ha patinado en una curva, despierto, los árboles pasan raudos por las ventanillas, ruidos en la carrocería, damos vuelta de campana, nos golpeamos contra el techo, las paredes, gritos, sonidos extraños, metálicos, luego silencio y al tiempo, mucho tiempo, demasiado tiempo, una cara asustada se asoma y solo puedo decirle ¿Isabel?, pero me duele, me duele tanto. No sé dónde están J, ni V, ni el otro, ese del que no sé el nombre. Todo está oscuro y tengo miedo. Ha comenzado a llover. Cortázar y yo ya lo hemos vivido antes. Duele.

Eh, ya hemos llegado. Cómo duermes, has roncado. ¿Quién es Isabel? Repetías su nombre. A las once tenemos reunión. 




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