viernes, 10 de junio de 2011

General.




 El general caminaba a buen paso, erguido desde su altura imponente. A su alrededor los guardaespaldas con trajes cruzados, gafas negras y una mano en el bolsillo, miraban a todos los lados. Le seguía una variopinta reunión de políticos y advenedizos de diferentes signos y partidos, de tendencias y creencias opuestas, agrupados interesadamente ante la inminente victoria.

La comitiva atravesó el Pont d`Arcole y se dirigió a Notre-Dame.  A su paso la multitud les vitoreaba, las jóvenes besaban a los soldados, los niños bailaban sin saber muy bien qué ocurría, las mujeres gritaban desde las ventanas, algunos hombres lloraban, otros reían, el ambiente era festivo aunque de gran confusión. 


Se escuchó un tiro aislado y todos quedaron inmóviles, solo el general siguió caminando, indiferente a cualquier cosa que no fuera su glorioso destino.

Al entrar en la catedral el tiroteo se acentuó, cada uno se refugiaba donde podía, debajo de los bancos, tras los confesionarios, hombres y mujeres por los suelos, los guardaespaldas disparando al azar hacia las cornisas y los tejados. El general se dirigió al altar mayor a grandes zancadas, un tiro le entró por la frente, se desplomó…



Alto, alto, eso no fue así dice uno.

¿Cómo que no fue así? pregunta otro.

Al menos no lo cuentan así las crónicas responde el primero.

Ya está el listo que todo lo sabe. dice un tercero.

Tío, para hablar de historia hay que conocerla mínimamente. dice un cuarto.

Ya lo sé, espabilado  digo yo.

Tú no sabes nada. interviene un quinto.

Anda que tú. dice otro. 



Para zanjar la discusión y sólo para los interesados en la Historia reciente recomiendo leer a Antonhy Beevor y a Artemis Cooper en su París después de la liberación 1944-1949.
Pues eso.



jueves, 9 de junio de 2011

Inseguridad



 Extemplo Libyae magnas it Fama per urbes,
Fama, malum qua non aliud velocius ullum:
Mobilitate viget virisque adquirit eundo,
Parva metu primo, mox sese attollit in auras
Ingrediturque solo et caput inter nubila condit.

[En seguida el Rumor recorre las grandes ciudades de Libia,
Rumor, un mal veloz como ninguno: 
La velocidad le da fuerzas, que aumentan según avanza,
Pequeño y medroso al principio, pronto se remonta a los aires
y con los pies en el suelo, esconde su cabeza entre las nubes.]

(Virgilio,
Eneida, IV, 173-177, citado por Thijs van Leer de Focus, Round Goes the Gossip, Focus 3, 1972)  *entangled*




Que estoy llegando al extremo norte de lo que doy.

Resulta que el número de visitantes de la página crece y mi capacidad de escribir mengua.

Uno es exigente, crítico con lo que deja aquí y estoy en el no.

Pena me da que tenga textos pasables sepultados en febreros, incluso en agostos y ahora los añore en este toreo de salón, en este salir del paso, en la transición.

Y es que no me gusto, no alcanzo el aprobado, arrastro mis escritos por los días.

Quizás es que mi vida es estable y así no hay quién escriba de pasiones, tragedias o simplemente de lo cotidiano.

Además es casi verano.

Ay.

Estoy seguro que me siento inseguro.

Pero uno es obstinado y sigue inventándose, a veces dejo cosas del sí, de la parte oscura, o no sé si es del no. A veces dejo textos que me encuentro por los rincones de lo que fue, tengo buena memoria, los oreo, los pinto y los disfrazo pero no es eso. Hoy dejo mi inseguridad, no llego, lo sé, ofrezco rutina y constancia pero la cinta amarilla del nivel está baja.

Que sepan que lo sé pero, en cualquier caso, nada, aquí tienen un amigo, con las puertas de su casa abiertas, con los brazos abiertos. Es un placer que, a pesar de todo, sigan viniendo.   

Muchas gracias.



miércoles, 8 de junio de 2011

Parker y el corazón volador.




Parker siente que el corazón  se le sale del pecho, vuela y se detiene en un punto no demasiado lejano desde donde contempla el destierro,  sus movimientos torpes, erráticos, buscando con tics y manías, indecisos en una frontera que mueve a voluntad, la parte roja es lo bueno, la verde el peligro, cambia los colores, las definiciones, empieza de nuevo, el corazón ahí, observándole.

Cúbreme, le decía déjame sentir tu peso sobre mí.

Parker extendía su cuerpo sobre el de ella como una plaga de langostas apretadas en su piel, un grito en cada poro, una llave en los párpados, la voluntad encadenada al deseo, el tiempo como un cuchillo urgiéndoles en el placer.

No llores, decía mientras con dedos hábiles, amantes, enjuagaba sus lágrimas.

Parker lloraba, no sabía, no podía armonizar aquella fuerza, la ciega atracción, el enigma, su abandono, la helada voz recordándole la luz, otra luz. Se asfixiaba en la pasión. Su corazón, desde arriba, miraba.



martes, 7 de junio de 2011

Usted está aquí.


No sin trabajo un cronopio llegó a establecer un termómetro de vidas. Algo entre termómetro y topómetro, entre fichero y curriculum vitae.

Por ejemplo, el cronopio en su casa recibía a un fama, una esperanza y un profesor de lenguas. Aplicando sus descubrimientos estableció que el fama era infra-vida, la esperanza para-vida, y el profesor de lenguas inter-vida. En cuanto al cronopio mismo, se consideraba ligeramente super-vida, pero más por poesía que por verdad.

A la hora del almuerzo este cronopio gozaba en oír hablar a sus contertulios, porque todos creían estar refiriéndose a las mismas cosas y no era así. La inter-vida manejaba abstracciones tales como espíritu y conciencia que la para-vida escuchaba como quien oye llover, tarea delicada. Por supuesto la infra-vida pedía a cada instante el queso rallado, y la super-vida trinchaba el pollo en cuarenta y dos movimientos, método Stanley-Fitzsmmons. 

A los postres las vidas se saludaban y se iban a sus ocupaciones, y en la mesa quedaban solamente pedacitos sueltos de la muerte.
(Julio Cortazar)



 
No sé qué es lo que escribo, se me acumulan las ideas y las vivencias, se amontonan los escritos sin orden ni concierto.

A veces me leo.

Me sorprendo.

Hablo sobre cosas que voy aprendiendo.

No sabría concretar cuánto, mucho, poco, qué.

Llevo bastante tiempo aprendiendo.

Y ¿qué aprendes? ¿De quién?

No lo sé.

Pues cállate.

Vale.

(Muchas veces no me gusta lo que cuelgo. Por ejemplo, hoy.)



lunes, 6 de junio de 2011

Cruzando el Mar Rojo.

 
Estábamos atravesando el mar Rojo, tan tranquilos, cuando a los lejos vimos llegar al Yul Faraón Brynner con las cuadrigas y los guerreros, todos de perfil.

Ya está aquí este pesado ─dijo Charlton Moisés ─anda, daros prisa, que se va a enterar.

(de las pocas fotos que tiene así, casi de frente. El Faraón)

Y corrimos, unos más que otros. Cuando ya habíamos pasados todos, extras de nómina, lugareños y señores que no conocía nadie, Charlton Moisés se puso de pie justo en el borde del mar, lo que vienen a ser unas peñas y con cara de enfado dijo ─ ¿Quién sería capaz de resistir al poder de Dios?

(Foto de Charlton Moises Heston)

Y se cerraron las aguas,  ahogándose caballos y caballistas, egipcios todos, en justo castigo a las calamidades que nos habían hecho pasar, que ya les valía,  encima que les hacíamos las pirámides.

La verdad es que todavía estoy nervioso, mejor lo ves aquí (soy uno de verde con una cinta en la frente, a ver si me distingues)





domingo, 5 de junio de 2011

Parker y los perros ladradores.


A lo lejos ladran los perros, despiertan a Parker.
Ahora no llueve.
La niña que un día plantó árboles en su cabeza ya terminó el quehacer.
La guardiana del bosque corta estrellas en finas rebanadas, las reboza y fríe, Parker es humilde y se las come sin rencor por si con eso puede adivinar que hay debajo de lo que dijo, de cómo lo dijo, saber sus motivos, los suyos por hablarle sin consideración, el porqué de los malentendidos que terminarán cuando vuelvan a verse.
A lo lejos siguen ladrando los perros, ahora no llueve.
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo,
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es tu abismo:
mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo.

(Quevedo)



sábado, 4 de junio de 2011

Parker, Tomás y Tobías.

Alguien cantó, desafinando creo que era Tomás.
En la madrugada lisa y blanca, Tobías adivinó la lluvia de estrellas y aulló, un viento de congoja soplaba en el jardín.
A la playa llegaban legiones de anchoas de plata, grandes cantidades de peces ebrios, desorientados, reposaban sobre la arena.
Parker siente la fiebre de arroyos de sueños que atraviesan la niebla de su cabeza. Arropado bajo una manta de cuadros delira en la sequía de su estar y no estar.
Apesadumbrado se levanta y es ahora y escribe sin saber a quién escribe, debajo de un cuadro de Kandinsky escribe con un jilguero picándole la oreja.
A lo lejos alguien recita a Quevedo «Quiera Amor, quiera mi suerte, /que nunca duerma yo, si estoy despierto, / y que si duermo, que jamás despierte. / Mas desperté del dulce desconcierto;/ y vi que estuve vivo con la muerte, /y vi que con la vida estaba muerto.  creo que es Tomás.


viernes, 3 de junio de 2011

Parker entre sueños y despertares.


Es el tiempo de la recogida de las cosechas.

Comienza a llover, un diluvio, Parker corre a guarecerse dentro de la chabola donde se guarda la hierba cortada.

Dentro, en lo oscuro, está María, que aún no tiene nombre.

Se miran, hablan, sienten caer la lluvia

Esperando que vuelva la calma se acercan, se susurran, se atraen, los atrevidos dedos de Parker se aventuran bajo la florida falda de María, acaricia sus muslos. Ella pone su mano sobre la de él y guía su ceguera. Los dos tiemblan.

Cesa la lluvia, el alma de Parker queda delgada como un papiro, las piernas le pesan como si hubiera subido hasta el límite de las nubes. María se despide desde el umbral. El calendario zaragozano marca con grandes números rojos: 1985.

Pasan los años, no se vuelven a ver, Parker añora a María, como un taciturno copista de Quevedo repite “por la ribera arriba el paso arrojo; / dame contento el agua con su ruido; / mas en verme perdido me congojo. // Hallo pisadas de otro que ha subido; / párome a verlas; pienso con enojo / si son de otro, como yo, perdido.” 


jueves, 2 de junio de 2011

Ella vive sola.


Ella vive sola, rodeada de ojos, le miran desde cada rincón, de las nubes, bajo la cama vigilan su sueño. Pertenece a un generación que quemó los sostenes pero ese día ella no fue a clase. Da explicaciones de lo que hace, de lo que no hace, de lo que piensa, de lo que no hizo, de todo, da explicaciones sobre todo cuando no se las piden. Se disculpa, no sé de qué, pero se disculpa, constantemente.  Es una paradoja, hace lo que dice que jamás hará, tiene unos principios, los incumple, sufre, se replantea lo que jamás hará, lo hace, sufre y así camina en círculo por su vida que es como la de todos, corta. No se recoge el pelo, no quiere mentir, quiere vivir aquí pero vive allí, ha descubierto –nunca es tarde- que el horror no lo era, que podía ser el cielo, que está tan lejos que no merece la pena volar, se ha cortado las alas, se ha amordazado, se ha clavado las manos al madero de lo que sí, ese sí es el no. Su vida tiene algo de destierro, una pudorosa ceremonia de la soledad aceptada como expiación, como refugio, un Berlín 1945, la reconstrucción de un paisaje en ruinas, sentimientos bajo el bombardeo enemigo de esto no se hace, no, no hagas eso, cómo se te ocurre, no,  levanta altares en los rincones para disolver la tristeza, no se resigna a la desventura, su risa es una ceremonia, un canto a una nueva vida, su lucha es contra los fantasmas. Las últimas noticias de los diarios locales dicen que va ganando. Me alegro.




miércoles, 1 de junio de 2011

Playa del Mar de Fora.


Llevábamos doce días en aquel pueblo del fin de la tierra, el verano empezaba a agriarse, cada día llegaban menos turistas.  

Paseábamos por la playa del Mar de Fora, lloviznaba. Las olas rompían en la orilla con un ruido atroz, después la espuma se deslizaba por la arena como una veloz caricia húmeda. Ni siquiera los surfistas se atrevían a entrar en el agua.

No hablábamos. Un caballo pastaba en las dunas. Las gaviotas iban y venían, graznaban sobre nosotros.

Me voy dijo, sin mirarme.

Bien contesté, seguí caminado.

No se dejó nada en la habitación del hotel, ni siquiera una nota de despedida. Dejó pagada su parte. El taxista me dijo después que la había llevado al aeropuerto, que no dijo ni una palabra en todo el trayecto.

Aquí no hago nada, me vuelvo a casa.

Ya no sé dónde está mi casa.



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