.-Pedro M. Martínez-.



domingo, 24 de marzo de 2013

Un error

No sé si sabes jugar al mus. Si no sabes no te lo voy a explicar ahora pero quédate con que para jugar al mus hay que saber mentir, poder conservar el rostro sin demostrar emociones.

Un suponer, estás de mano y te quedan cuatro puntos para entrar, te reparten tres reyes y un as, jugada ganadora pero tú como si nada, impertérrito, serio, a lo tuyo, profesional.

Pues bien, me ha entrado esa jugada y me he reído.

He ganado, perdón, hemos ganado, el mus se juega siempre en pareja (en pareja se hacen cosas muy interesantes) pero me molesta la falta de contención

Tantas partidas triunfadoras y fallo como un principiante.

Un momento, me flagelo un rato y vuelvo.




(Unas horas después)  

Ya flagelado hay un momento en la vida de un hombre, etcétera, un momento para y otros momentos para, hay momentos en el los que uno no está para nada y otros en los que está para todo, momentos vacíos de pájaros de Jerusalén, llenos de comensales del silencio, tres envido a mayor, vestido de amarillo limón, comiéndome vocales y miedo, incertidumbre, urdimbre de futuro enroscado en el cuenco del que brotan bailarines con vestidos estampados con flores del cerezos del Jerte, paso a chica, poemas de  Sophía de Mello Breyner

En el punto donde silencio y soledad
Se cruzan con la noche y con el frío,
Esperé como quien espera en vano,
Tan nítido y preciso era el vacío.


en la enramada de a media voz (gracias a Graciela Henao Londoño, descanse en paz), que ahora podía dejar el link pero ¿para qué?, no llevo pares, colecciono piedras de tantas riberas, cantos rodados que pinto de amarillo y señores con grandes narices y nado desnudo en el frío mar gallego y me dejo mecer por las olas sin vestigios del Prestige o sí o el camino de regreso a los cálidos brazos de las ausentes, una encrucijada de vientos, de puntos cardinales, de luz que ilumina este inicio de primavera y tengo juego y órdago, treinta y uno de mano.

Sin embargo…  


Si todo el ser al viento abandonamos
Y sin miedo ni compasión nos destruimos,
Si morirnos en aquello que sentimos
Y podemos cantar, es porque estamos
Al desnudo, el propio dolor meciendo en sangre
Frente a las madrugadas del amor.
Cuando la mañana brille otra vez floreceremos
Y el alma beberá ese esplendor
Prometido en las formas que perdemos.

(Versión de Diana Bellessi)




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