Kea Morata · Abel Selaocoe · Manchester Collective
Cierro el pan para abrir la rosa, el tallo para abrir la paz —la paz, granada de luna y rumor que abro y golpeo en mi sangre, que abro en verbos que son manos, que golpeo en piedras que son sueños—, cierro el hambre de los búhos para abrir mi hambre que restaura la luz, cierro el color para abrir el sosiego demorado en la noche, porque, en lo oscuro, azafrán y lengua me asombran. Me cierro en pan para desnudarme, en hierba para ser carne que abre el bosque, en fuente para ser piel que roza la inocencia. Me abro en tiempo para ser un tiempo —cuenco de blanca leche, de lumbre que alimenta flores, frente, ruiseñor, belleza—, que me alimenta de hojas, recuerdos y un estar entre arroyos; ebro en fuego —no en llamas, la llama viene siempre de fuera—, me abro los sentidos para alcanzarme donde estoy ahora, me abro en cedros para ser mi alma, en cerezos para ser cuerpo de mi cuerpo y cuerpo en ramas donde el silencio brota en tigres. Cierro las manos —manos de pan y agua— para abrir el verso.
“Acaso por no tener los huevos
para suicidarse, si es que darse muerte equivale a transformarse en tortilla,
Ludwig Wittgenstein se enrola como voluntario en el ejército austríaco ni bien
comienza la Primera Guerra Mundial. No solo eso: solicita ser mandado al
frente, a las primeras líneas de fuego. La petición es extraña por partida
doble porque Ludwig es uno de los hijos de la familia más rica y culta de
Europa y, por supuesto, cuenta con medios para eludir semejante destino. Pero
el destino está para cosas importantes: tres de los siete hijos de Karl
Wittgenstein se suicidaron y a Ludwig la idea le da vueltas en la cabeza desde
hace un tiempo. No es joda. De hecho Otto Weininger, un escritor al que
admiraba —especialmente su libro Sexo y carácter—, se pega un buen tiro en
1903. Sobre el autor del Tractatus hay más de un millón de entradas en la web.
Ha escrito apenas dos libros más que Sócrates. Esos dos libros de pocas páginas
le bastan para erigir una cordillera de montes análogos en los que pocos escaladores
se atreven a plantar bandera. Una cordillera frente a la otra, separadas por
veinte años. En el medio, un valle de académicos estupefactos, furiosos,
arrobados, boquiabiertos.
[…]” Pasaje de Bellas artes Luis
Sagasti
Louise Bourgeois, Le feu dans la grille.
Bella de los bosques desarbolados, emperatriz
de la estepa del sentimiento, mire usted, vacíe los prejuicios que sobre mí
tiene como si fuese un crustáceo al que se come los adentros, una langosta
sabrosa que fue y ya no es. Míreme, doña, como a un hombre al que conociste
hace ya y al que la vida, como a todos, transformó en este que es. Es decir que
somos y no somos, que fuimos y somos, los mismos pero otros. Y no quiero
enviarte un revoltijo de sí pero no, sino de esto es lo que es, o algo así. Ya
no sé cómo, si tú estabas asomada a estribor del barco o si lo
embarranqué a propósito en algún arenal costero, sé que naufragamos. Aquí
estamos, confundidos, en la isla de desearnos con miedo, de sentir los gritos
del alma, de la carne, de querernos comer y no atrevernos. Puede ser que nos
falten bendiciones, normas, reglas, consentimiento moral, el libro que diga
esto sí, que permita, el visto bueno de quién no puede darlo. Puede ser que nos
sobren ganas, de principiantes, de ávidos vigías del placer, que pensemos,
pienses, que algo tan dulce deber ser malo por fuerza. Algo nos grita y nos
impulsa, un diablo nos tienta, nos tienta mucho, nos hablamos en susurros y el
día comienza, aún no ha amanecido, con promesas que esto es lo que tenemos, la
vida, las obligaciones, los secretos, este hilo tan frágil, tan fuerte, un
bramante que no podemos cortar aunque no nos convengamos, seamos amigos, primos
o habitantes del país de todas las ilusiones. Yo qué sé, sé que este beso
atraviesa las marismas gaditanas, se posa en tu frente y busca tu boca,
aunque la escondas. Ay, cuando seas tú y busques la mía, desvergonzada,
tú, dueña de tus deseos y de satisfacerlos, yo, ¿Qué pasa?, ¡Bésame!
Acaricio con mano trémula las noches de insomnio y recuerdos.
Alguien
mece la cortina y en el cuenco de mi boca duerme un grito.
Abro
las manos de la duda y se me escapa la alegría como una miedosa mariposa
amarilla. Estoy removido por dentro, muy dentro, por un afilado y laborioso
tenedor de sentimientos alborotados. Borbotean mis entrañas y no entiendo nada.
Solo siento – en todos los sentidos, es decir, de norte a sur- todo, lo que
hice, lo que no, lo que me queda por hacer, aquello de lo que me abstengo por
seguir siendo el que debo ser, el que se espera que sea.
Sigue
lloviendo.
Michael Mcilvaney
Autosatisfacción.
Constancia. Comprensión. Es así. Paciencia con el lumbago. Seguir. A
estas alturas…No entiendo qué factores intervienen. El misterio de hoy sí,
hoy no. Dejar lo bueno para el final. Los últimos serán los primeros. Hoy. Quién
no trabaja no hace el amor. Muchos de los que trabajan, tampoco. Que me pongo
de morros (qué expresión, ponerse de morros). Que me mareo. Que me aburro.
Quién me manda a mí (es una pregunta). El desgaste del tiempo.
Cíclico. Mantener (se). Aún, si, no. Nadie salió a despedirme
cuando me fui de la estancia cantaba Larralde. Que E se jubiló el
lunes y ya, qué cosas, 65 años, toda una vida, le dijeron adiós desde la puerta
y ya, qué pena. Que me preocupa. Que mi amigo T está que no está, que me da
tristeza, impotencia, ternura, que quiero abrazarle y decirle que tranquilo,
que lo malo pasa (y lo bueno, pero esto no se lo diré), que no será nada (y
ojalá que no lo sea). Que mi amiga G me escucha con paciencia infinita, con
benevolencia, que me aconseja, que me guía, que me soporta, que me da una
visión distinta del bosque. Que mi amigo J me manda referencias de discos (qué
antiguo suena). Quién sabe dónde van los rescoldos de la amistad, lo que queda
después de una confidencia, de un secreto que deja de serlo, de la imprudente
revelación del fin de una época, de los últimos días de Pompeya o cualquier
otra ciudad con volcán, que hay días que los montes se duplican, que la altura
me impide respirar (bien). Y aquí vamos, T en Cádiz y yo viendo llover, esta
tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú. Pues eso, que cada
día somos menos y esta lluvia es buena para las lechugas y mi tristeza. Me voy
a ver la bomba atómica vespertina. Qué aburrimiento.
Pues sí, la programación de la
semana, lo del caminar glorioso, la comida
del jueves con los amigos de siempre, también lo de escribir y eso. Pues nada,
estoy con un lumbago de mil diablos y apenas puedo moverme. Todo detenido. Qué
dolor. ¿Alguien conoce una curación
milagrosa?
William Eugene Smith, 1950
No amanece. Calles oscuras. No lo
comentes, esta ciudad está llena de mentira y suciedad. El resto, la luz, es
propaganda del gobierno. No hay pobres –nos dicen-, claro, no los hay, se
mueren de falta de vino, de ausencia de arco iris, de incendios en los restos
de rebajas en los grandes almacenes del viento.
Vamos a Cádiz, mi niña, que aquí
no hay playa, que aquí nos miran desde detrás de las cortinas, que dicen que
este año se nos quemará hasta la boina de prosperidad, aunque todavía están
colgadas, polvorientas, las bombillas de las últimas fiestas.
Quería ser torero, que toreo muy
bien a la furgoneta del Paco cuando trae el pescado por las mañanas, al
Isocarro del panadero, al perro gris de la señora Carmen. Quería ser boxeador,
que hago la sombra como nadie, salto a la cuerda, busco el mentón con ahínco,
lanzo ganchos de izquierda y derecha, doy golpes bajos como ninguno, me fajo en
las esquinas con vocación Cassius (Clay). Pero solo soy paseante y escribo en
las paredes d´este blog, en muros desorientados de piedra y argamasa.
El día nace por fin y miro y
callo, colecciono música en una oreja –Radamisto, Haendel, ópera-, en la otra –Stromae,
francés -) fotos para mi página, historias para contaros, no hace frío, aún el
cielo está gris, añoro el cielo de San Fernando, único, espectacular, un
atardecer me desmayé de tanta belleza, me bebo el domingo, el viernes, quién
coño me entiende, hoy escribo así, de lejos, intento sacar lo mejor de las
horas, intento comprender qué diablos pasa, no, no entiendo (casi) nada, el
mundo se está volviendo loco, poco a poco, no sé qué he intentado contar, ya, el
texto de hoy.
En uno de los días verdes, el
tercero, ese hombre advierte que al llegar a cierto tramo hindú, la superficie
del océano se eterniza, hay un punto anterior a la revelación, un instante
misterioso y fértil cuando el inexplicable don aparece. Y lo entiende, sabe,
puede tocarlo con la punta de los dedos que agitan la untuosa sopa de la
casualidad, del azar. Quizás entonces sea el momento de abandonarlo todo, de
huir hasta quedarse sentado al viento de levante, ignorando los gritos de los
que llegan en pateras, viendo crecer la duna de Bolonia hasta sacarse uno a uno
los puñales del escepticismo. Insensible al recuerdo de sus bragas escondidas
bajo la ropa amontonada en una silla, los calcetines dentro de un zapato, ella
ahí enfrente con su mirada miope, con los brazos cruzados sobre los pechos
breves, el pliegue del cuello expuesto al choque de labios y dientes, él
ansioso como Jeff Buckley, sereno como un sinuoso animal oscuro que no tiene
prisa en comenzar el almuerzo junto al olmo, sólo, pan, aceite, el farfullar de
la vagabunda que escucha la respiración de los árboles y los gatos, esos
animales egoístas y ensimismados que no prestan atención a la delicada mano que
los alimenta, mano de falanges y venas azuladas, largas uñas y un sorprendente
anillo dorado con un nombre grabado, Parker.
A2
Santana– Savour 2:46
A3 Spirit
(8)– Give A Life, Take A Life 3:47
A4
Steamhammer– Passing
Through 5:17
A5 Blood,
Sweat And Tears– Smiling Phases 5:10
B1 The
Flock– Tired Of Waiting 4:35
B2 Black
Widow (5)– Come To The Sabbath 4:55
B3
Argent– Dance In The
Smoke 6:10
B4 The
Byrds– Gunga Din 3:02
B5 Skin
Alley– Living In Sin 4:35
C1 Laura
Nyro– Gibsom Street 4:30
C2 Leonard
Cohen– You Know Who I Am 3:22
C3 Moondog
(2)– Stomping Ground 2:36
C4 Amory
Kane– The Inbetween Man 2:40
C5 Trees
(3)– The Garden Of Jane Delawney 4:05
C6 Al
Stewart– A Small Fruit Song 2:00
C7 Tom
Rush– Driving Wheel 5:22
D1 Janis
Joplin– Try (Just A Little Bit
Harder) 4:13
D2 Al
Kooper– One Room Country Shack 3:35
D3 Taj
Mahal– Six Days On The Road 2:55
D4 Mike
Bloomfield– Don't Think About It Baby
3:34
D5 Pacific
Gas & Electric–
Bluesbuster 2:56
D6 Johnny Winter– I Love Everybody 3:50
Side one
Side two
"Every Mother's Son" (Steve Winwood) - Traffic
(from John Barleycorn Must Die (ILPS 9116)) (7:06)
"Love" (Jess Roden) - Bronco (from Bronco (ILPS
9134))[3] (4:42)
"I Am the Walrus" (John Lennon, Paul McCartney) -
Spooky Tooth (from The Last Puff (ILPS 9117)) (6:20)
"Jesus, Buddha, Moses, Gauranga" (Quintessence) -
Quintessence (Live version of track, not released elsewhere at the time, but
available as 'bonus' track on CD version of album Quintessence (REPUK 1016)
(5:15)
Side Two
"Thunderbuck Ram" (Mick Ralphs) - Mott the Hoople
(from Mad Shadows (ILPS 9119)[4]) (4:50)
"Nothing To Say" (Ian Anderson) - Jethro Tull
(from Benefit (ILPS 9123)) (5:10)
"Going Back West" (Jimmy Cliff) - Jimmy Cliff
(from Jimmy Cliff (ILPS 9133))[5] (5:32)
"Send Your Son To Die" (Mick Abrahams) - Blodwyn
Pig (from Getting To This (ILPS 9122)) (4:35)
"Little Woman" (Dave Mason) - Dave Mason (no
source listed)[6] (2:30)
Side Three
"Go Out And Get It" (John Martyn) - John &
Beverley Martyn (from Stormbringer! (ILPS 9113)) (3:15)
"Cadence & Cascade"[7] (Robert Fripp, Pete
Sinfield) - King Crimson (from In the Wake of Poseidon (ILPS 9127)) (4:30)
"Reaching Out On All Sides" (Quincy, Fishman) - If
(from If (ILPS 9129)) (5:35)
"Oh I Wept" (Paul Rodgers, Paul Kossoff) - Free
(from Fire and Water (ILSP 9120)) (4:25)
"Hazey Jane" (Nick Drake) - Nick Drake (from his
album to be released Autumn '70)[8] (4:28)
Side Four
"Walk Awhile" (Richard Thompson, Dave Swarbrick) -
Fairport Convention (from Full House (ILPS 9130)) (4:00)
"Maybe You're Right" (Cat Stevens) - Cat Stevens
(from Mona Bone Jakon (ILPS 9118)) (3:00)
"Island" (Keith Relf, Jim McCarty) - Renaissance
(from Renaissance (ILPS 9114)) (5:57)
"The Sea" (Sandy Denny) - Fotheringay (from
Fotheringay (ILPS 9125)) (5:25)