domingo, 6 de enero de 2019

Caja vacía.



No te hagas ilusiones, Patrick, esto es una caja vacía con el  embalaje roto, no contiene la máquina de los recuerdos ni siquiera un pañuelo con aromas. Está sobre la mesa tentando tu curiosidad, esperando que te preguntes cómo ha podido olvidarlo ahí. Extiende la mano y toca con los dedos temblorosos el cartón. ¿Ves la etiqueta?, ese es el nombre y la dirección, el remitente está borrado pero tú sabes quién la escribió.

Es un buen principio, ya tienes un punto de partida.

No volverá por mucho que llores o te desesperes. Era un final presentido por todos excepto por ti, estabas ciego, no te enteraste hasta que no tuvo remedio. Se ha ido y no volverá. No sabrás por dónde empezar, no harás nada, no sabes hacer nada excepto lamentarte por tu fracaso. De nada te valdrá chillar ni blasfemar, puedes seguir bebiendo y golpear las paredes. No has aprendido nada.

Está esa caja vacía, rota, pero no eres un detective de novela, ni un investigador de las películas, esto es la vida real y tú solo eres un pobre diablo quejoso, atemorizado por tu soledad, tan grande y tan estúpido. Te quedarás ahí hablando solo y sorbiéndote los mocos, sin entender qué ha ocurrido. ¿Hasta cuándo?

Mira que te lo advertimos.

No, no volverá, Patrick.


Dentro de la caja no hay un cordero.
Dentro de la caja está
el más bello poema jamás construido. 

Fue encontrado en una cueva
en el desierto del Namib.
Según los expertos,
su autor llegó a la cúspide
en el desarrollo del lenguaje,
pues su simpleza, vivacidad,
la carencia del ritmo y la belleza de sus metáforas,
constituyen la expresión más genuina del alma humana.
Aunque la lengua en la que fue construido
aún no se ha identificado plenamente,
los expertos creen que puede tratarse
de un lenguaje ancestral hablado por hombres y pájaros.

Alan Vargas Mariscal

sábado, 5 de enero de 2019

Zaragüelles


Georg Pencz-c-1500-1550-The triumph of death.


Encontré en un sótano revistas de principios del siglo XX. Una sociedad diferente, otra forma de vivir. Rebusqué entre sus hojas, no había nada interesante, ni siquiera para intentar desarrollar un cuento, una historia, una frase que simule un puente, una escalera, un incendio. No. Solo zaragüelles, apotegma, incredulidad, ponzoña, estrago, venia, destreza, riesgo. Puestos así solo me queda bajar la persiana, esperar a mañana y gritar para que despierte mi imaginación. ¡Ahhhhhhhhhhhh!

viernes, 4 de enero de 2019

Estarcido

The Parable of the Father and His Two Sons in the Vineyard, from The Story of Christ by Georg Pencz



Dame una palabra y te daré un poema. Dame un poema y te daré el temblor de una mano detrás de los visillos. Dame una mano y seguiré por el brazo hasta tu corazón. Estarcido, omnisciente, pasmarota, zamarrear, zoncera, alfecería, eglantina, abroquelado, divisas y heredades en selvas, dehesas, prados, pastos, lagunas con sus salidas y entradas, palabras, frases que leí cerca de Reinosa, en Cantabria, hace demasiados días, antes de volver a lo ya dicho, al año nuevo.

jueves, 3 de enero de 2019

Fíbula.

Woman fording a river 16th century. Georg PENCZ


Recojo rarezas en textos que leo aquí y allá, frases pintadas en las paredes, retazos de conversaciones al azar del pasar de otros, transeúntes de calles atestadas, conversadores bajo el farol de la calle vieja, pescadores de angulas en las escalerillas de la ría lenta y melancólica. Exprimo mi vocabulario y apenas me quedan palabras, ya las he usado casi todas. Me restan algunas: tarbú, espolique, canecillo, prohombre,  fíbula, alquicel.


Pero, atentos, solo sirve lo sencillo.

miércoles, 2 de enero de 2019

Alejandra Morales

Aquí, frente a vos,


detrás tuyo,
a tu costado.
Buscando un hueco en tu cuello
donde respirarte
sin que te incomode.

Aquí y ahora
sin pinturas,
sin vestido,
sin coraza,
tan desnuda
como mi mano,
tan despojada
como mi sangre.

Aquí esperando
con este sabor a sal,
con este cuerpo
como hecho para tus manos.
Aquí con esta sed de siglos
-tierra que se estremece
con tu olor a lluvia.

Aquí mi amor, aguardando
que los silenciosos caminos de la sangre
te conduzcan a mi orilla
y por el cauce sediento de mis muslos

se vierta tibio tu río.





En un rincón de la noche
me escondo,
me deshabito,
me desvisto,
me quito una a una las palabras.

Desprendo a dentellada violenta
esta piel de poemas,
apoyo la espalda
en el muro atroz de tu silencio,
ovillo mis huesos
en el hueco de tu ausencia.

Me desarmo,
me desando,
me desangro,

y no puedo

y no puedo

nunca puedo

desamarrarme de este amor.






Es tan nada,
esa
que nunca estuvo
en vos.
Es tan pequeña
llorando
arrodillada
de espaldas a si misma.

Una foto,
un dibujo,
un espejo
implacable
que le recuerda
que aún se puede morir más.


martes, 1 de enero de 2019

¿Un cafecito?



Mi muy querida amante de antes y ahora, de luego, mujer  de miel, el laberinto de nuestra historia se confunde entre sueños de fieras y tiempos que se mezclan con una pluma de gallo y miércoles narcóticos que se deslizan por toboganes nocturnos, que te envío al futuro esta carta del pasado porque eso del email todavía no se ha inventado y no quiero esperar porque no sé nada de ti, si estás, dónde, si has ido, si has vuelto, si estás bien, regular, si el trabajo te deja el espacio intercostal justo para la respiración, si algún día te veré, si por tu extremada delgadez necesitaré mirarte dos veces, si sabes que nuestra común amiga María nos ha invitado a una cena en su casa, si vendrás, si estás contenta, morena, sonriente, si sigues fumando, siendo la chica seria de siempre, si los cuadros que aumentan tu colección se han comido ya el pasillo y a la recepcionista, el viento de Huelva y si ya nada importa nada, si ya está todo dicho, si la vida va tan rápido que el gato en tus rodillas es cosa más de mañana que de pasado mañana, si se han quedado amarillas mis cartas de amante, si las has perdido o quemado, si están volando por algún basurero de Albacete, si el amor era aquello tan intenso, tan íntimo, tan bello, tan peligroso que me quemé las pestañas y los alvéolos pulmonares mientras me fumaba las esperas al otro lado de la verja de tu jardín, los perros ladrando, meándome cuando me disfrazaba de farola para mejor espiarte, tu marido volviendo del gimnasio, tu otro amante saliendo por la ventana, las empleadas de hogar cuchicheando, el pan crujiente en la fresquera, el vino de Jumilla en el balcón, la portera en su cubil intentando inventar internet para poder hacer la compra web de forma más cómoda, para poder mirar las necrológicas sin comprar los diarios de izquierdas ni de derechas y, oh sorpresa, tener en favoritos esas páginas cochinas de hombres desnudos componiendo posturas que quieren calentar el ambiente del mujerío y solo logran darles risas  de apuro con sus músculos inflados por los corticoides, su piel brillando bajo los focos con un taparrabos mínimo y billetes falsos de cincuenta euros asomando en la goma del calzoncillo, que en tus tiempos no eran frecuentes esas cosas, que solo los hombres iban a los burdeles después de una despedida de soltero, desnudarse así, pagando, que  la verdad me daba cierta vergüenza desnudarme gratis a tu lado porque se me abultaban los huesos del pecho, los codos y las delgadas piernas de oficinista que gritaban en el deporte, que menos mal que me quitaba las gafas y no (te) veía, que cuantas veces al quitarte las tuyas nos guiábamos por el sonido de la voz,  perdidos en la ciénaga del deseo, susurrando nuestros nombres por la pequeña habitación donde tras el encuentro el abrazo era una obra de arte sobre el mosaico o la alfombra persa de Ikea, una filigrana de cabeza, tronco y extremidades acoplándose en ritmos sincopados, suspiros entrecortados, jadeos entusiasmados y orgasmos rosas saliendo por la juntura de la ventana que daba al patio donde sonaban los Antonio (Molina y Machín) al principio, para terminar en Rosalía dentro de cuatro días, cuando se haga famosa y dábamos vueltas como un hámster en su rueda sin saber cómo dejarnos sin rompernos, como suplir el sexo en tinieblas, buscando cura para la herida presentida, con briznas de esperanza, con películas de Cary Grant y flores rojas de Venecia, amor a la que tanto amaba, si el café entra en tu dieta pues me avisas y tomamos uno cuando quieras. ¿Sí?  

lunes, 31 de diciembre de 2018

2019

Hoy termina el año, en teoría, lo mismo podía caer un asteroide a las 23, 59 y terminar esta vaina de la raza humana. No me puedo quitar de la cabeza a los dinosaurios, seguro que hace 65 millones de años ellos tampoco se lo esperaban y mira. Aunque, si sobrevive, Spielberg estaría contento, que lo mismo le dan un Oscar los seres vivos inteligentes, animales, vegetales, que queden, si quedan. En mi casa Teresa habla a las plantas pero se marchitan igual, solo una, con la que está enfadada, casualidad, está lozana y verde, debe ser la inteligente o la voluntariosa o la sobradamente preparada para adversidades, como para contarle no sé qué de meteoritos y que se acaba el año, que se acabe de un vez, pensará, bastante tengo yo con la clorofila y esa raíz rebelde. No sé si tu año ha sido bueno y no quieres que termine (el año) o si tu 2018 ha sido tan malo que estás temblando por si el 2019 es peor, viva el optimismo. Una vez estuve en un curso de esos de autoestima, que no sé qué hacía allí, que costaba una pasta, que después de la charla se formaba un corro y hablaba quién quería y todas eran señoras menos un chaval y yo y todas contaban unas tragedias tremebundas y quise quitar hierro y dije un frase positiva, solo una y escuché de todo y seguro que las del corro (y el chaval) están tristes por el fin de diciembre. Tú ¿estás triste? me refiero a que mañana es enero y subirá la luz, el agua, los seguros, los donuts y los claveles, también hay lío con la miel y con los chalecos amarillos, en Francia, aquí no, aquí ya no se lleva chaleco, está pasado de moda, aquí nos pueden robar la cartera que miramos para otro lado, aquí todos somos primera clase. Me llevan los demonios. Ahora debería desearte un próspero año nuevo pero la prosperidad también está pasada de moda, tronco, que ahora el año viene en patinete (me encanta esta palabra, patinete, es musical y vacilona, patinete) y se romperán los tobillos de ancianas paseando por las alamedas, que quién les manda a las ancianas pasear, que la calle es para el que la trabaja, todo el día ocupando los mostradores de las panaderías (las ancianas) rebuscando céntimos en monederos mínimos, si es que van provocando. En resumen que si el imaginado meteorito ese no cae, hoy termina el año, adiós, agur, sayonara baby, que ya le vale 365 días, bah, tenemos toda la vida por delante, lo que queda detrás no vale para nada, ¿a quién le importa la historia? (a mí), que es todo mentira, solo sirve la historia propia y esa nos la inventamos, solo el espejo es veraz y a veces…Si tu año ha sido bueno que lo repitas, si ha sido malo que lo mejores. Ya. Feliz 2019 para todas/os.



2019

domingo, 30 de diciembre de 2018

Mujeres en la ventana

Sigo con el empeño de escribir cada día, con esta expresión ágil, si es que alguna vez ha sido airosa,  alegre y no el actual arrastrase por los días simulando, trampeando y aun así con damas acodadas en la ventana (Cuadro: Mujeres en la ventana, de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682)) echando flores a los viandantes o recriminando el exceso de imágenes pintureras, que agito el magnolio, que para escribir hay que sufrir  (Yo creo que no se debe sufrir en ninguna profesión y que hay que intentar evitarlo. Lo que sí debe tener un artista es una mayor sensibilidad para ser capaz de llegar al otro con las cosas que dice, escribe o pinta.- Luz Casal) y resulta que estoy en un periodo de alegría que casi me sonroja en medio de este estado de pesimismo generalizado con predicciones apocalípticas en lo económico y negros nubarrones que, mire usted, el verano pasado en una playa de Galicia (qué maravilla Galicia y sus gentes) con esculturales señoras tendidas al sol, niños jugando y gritando, monumentales señoritas en bikini paseando por la orilla, panzudos y pacíficos señores leyendo el periódico bajo una sombrilla, atléticos jóvenes jugando a pala, al vóley, un servidor sumido en los pensamientos de quién soy, dónde voy, de dónde vengo, en esa playa, digo, también pensaba si no será eso la vida, vivir, disfrutar del sol y el agua, el rumor del viento, la ausencia de obligaciones, cifras de venta, la comida preparada en la mesa, las hipotecas pagadas, alguien que te rasque la espalda, que disfrute y se ría contigo en una cama, en el tejado, contra una pared o yo qué sé, eso, que algo más se ha sumado a mi estado de felicidad, tengo amigos, tantos, están ahí y me parece normal, pero uno de estos días el sentido de la amistad ha crecido y he tomado absoluta conciencia, me llaman, me invitan a comer, hablamos, nos sentimos, es hermoso, con todo esto no me sale escribir, me horado una oreja, sufro un poco y enseguida vuelvo a desarrollar textos con tragedias y desamores, guapas/os, gracias. También a las dos damas en la ventana.

  
Desde que vi por primera vez Mujeres en la ventana, de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682), me sedujo por el juego de miradas cruzadas: el espectador que se asoma al cuadro, las mujeres asomadas a la ventana, y las miradas de uno y otras encontrándose en algún lugar intermedio, que no corresponde al museo ni al espacio que habitan los personajes retratados. Y luego hay otros misterios, como la razón del gesto de las mujeres: qué estarán viendo que les resulta tan divertido, desde su habitáculo en el lienzo. Y el misterio de la técnica: cómo se puede pintar con tal rotundidad la risa de la mujer mayor, oculta tras una tela. Pero este cuadro albergaba aún un misterio más que acabo de desvelar. Me he enterado hoy de que las modelos eran dos mujeres de origen gallego que alcanzaron fama como cortesanas en Sevilla. No una tía y su sobrina, no una criada y la niña de la casa, como llevaba yo años imaginando. Por un momento, me ha parecido que el frescor y la ingenuidad que emanaban del cuadro se esfumaban (perdonadme el chiste fácil) por la ventana. Pero he vuelto a mirarlo y me ha resultado inevitable sonreír. Es el eterno juego de esta pintura: las mujeres que observan y ríen asomándose a la calle, y el espectador que, siglos después, no puede hacer otra cosa que sonreír ante su desparpajo.( http://beatrizolivenza.blogspot.com.es/2011/08/los-cuadros-de-julio.html )

sábado, 29 de diciembre de 2018

Diverso

photo by Cristina Garcia Rodero Spain. 
Zamora. Sarracin de Aliste.


Pues eso, esto es diverso, que entre ponte bien y estate quieto no encuentro la fórmula para decir lo que no quiero decir, enseñarme, asomar, sacar los escarabajos del alma ( Según San Agustín el alma del hombre es una sustancia activa y fue creada para el cuerpo del hombre, y ahí está apresada.), este continuar entre fiestas, que se acaba el año y sigue esta afición al noble arte del decir, en mi caso poco artístico, bastante artrítico (La artritis es una enfermedad degenerativa de las articulaciones consistente en la inflamación o desgaste de una articulación. Puede darse tras una lesión cuya cura no terminó como debería, por el acumulamiento excesivo de ejercicio en las articulaciones, u otras causas. Su riesgo, dependiendo de lo desarrollada que esté, puede llegar a ser muy grave, llegando a inmovilizar completamente la articulación en la que se presente. En algunos casos, se extiende a todas las articulaciones e impide una vida normal y la posterior discapacidad de movimiento en todo el cuerpo. Si la artritis no está muy avanzada, puede tratarse con tratamientos especializados y sesiones de terapia. La Osteoartritis como la Artritis reumatoide precisan tratamientos diferentes bajo la supervisión de un reumatólogo.) Es decir eso, esto, diverso.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Pieza 3



Pieza 3, amarilla con rayas azules.


El ajedrez era un pretexto. Por parte de los dos. Aquella tarde estaba sola en casa, sus padres estaban de viaje, le invitó a tomar café y a jugar una partida. No sabía si le gustaba una cosa o la otra, sí sabía que le gustaba él.

Tomaron café con toda ceremonia y dispusieron el tablero entre los dos, separándolos. Ella acariciaba un alfil entre los dedos, sonreía. Antes de mover ninguna pieza se miraron, se levantaron, se abrazaron y al poco rato estaban en el sofá, entrelazados, besándose.

Al cabo de unos minutos ella se separa y dice: “te espero arriba, mi cuarto es la segunda puerta de la derecha, ahora voy”.

A él esa proposición le pilla por sorpresa, siempre ha pensado que es una chica recatada,  sube las escaleras bastante cortado. En la habitación mira un poster de Santana, un libro de poemas de Neruda en la mesilla y entonces entra ella. Le mira, se saca el vestido por la cabeza y después en un gesto decidido se quita la ropa interior. “No tenemos todo el día”, dice riendo, pícara.

Él se desnuda y le abraza torpemente, mientas se acarician sabe que es mucha mujer para su escasa experiencia, lo intuye a pesar de su entrenamiento en natación, del gimnasio, de sus desarrollados pectorales y tríceps. Le intimida su desenvoltura, es un pésimo amante, en un minuto se ha derramado y aunque ella le consuela, “tranquilo, le pasa a cualquiera” sabe que le ha decepcionado. Luego se visten  y bajan al salón. “¿Vamos al centro?, he traído el coche”, dice él. “No, me quedo en casa, quiero hacer unas cosillas”. Y se va  con la sensación de qué por mucho que lo intente de ahí en adelante sus llamadas de teléfono siempre encontrarán la línea ocupada.  


Este es un puzle imposible de armar.
Al menos con estas piezas.




¿Qué fue del ayer con las oportunidades perdidas y el oro del amor enterrado?

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