lunes, 2 de abril de 2018

Recuento

María María Acha-Kutscher, 365 days day 12, foto-collage


Lo que digo/escribo en estos últimos años  trata de la melancolía pasajera y del erotismo permanente. Del cuerpo humano, desnudo. De la mente vegetal, vestida. De lo absurdo de pasar el tiempo frente a una fría pantalla de colores mientras el río de la vida corre por las calles, pleamar de alcohol y navegantes solitarios, barco encallado en el arenal de un nombre, en la escollera de un tiempo pasado, en todo lo que no sea ahora.

 Y no, no señora.

domingo, 1 de abril de 2018

Hay días que no te entiendo nada.



En la dulce, y no por eso menos dolorosa, transición entre sentimiento idealizado, enquistado y el descubrimiento del ser humano pasó un tiempo de amistad, confidencias, risas y algún leve desencuentro.

Un tiempo hermoso, un bello ejercicio para descifrar que lo real era muchísimo mejor que lo soñado.

Hay días que no te entiendo nada.

Ni yo. 

sábado, 31 de marzo de 2018

Me desperté y el Jaguar estaba en el garaje.



El pesebre.
Los intelectuales.
Cuáles.

Me desperté y el Jaguar estaba en el garaje.

Los tres monos, no ver, no escuchar, no hablar. Hablo luego existo, las hadas no existen pero las brujas sí, ir por lana y salir trasquilado, qué engaño.
Hay días que no.
Érase una vez un círculo cuadrado en su mismidad, un perro que hablaba inglés, en la intimidad, la certeza de la finitud, es decir que te mueres.

No.
Sí.

viernes, 30 de marzo de 2018

Todos mienten




Una verdad incompleta es una mentira.

Contar lo de N y omitir el resto del alfabeto es tendencioso (me aplico el cuento).

…total y absolutamente falso salvo alguna cosa que es lo que han publicado los medios de comunicación…

La historia no se escribe en los telediarios, ni siquiera en los campos de batalla, se escribe después.

No veo televisión, no leo periódicos, todos mienten.

jueves, 29 de marzo de 2018

Un insomne desorientado

 

(piloto rojo, la cámara tres efectúa un travelling en el cerebro del protagonista)

…Llevo varios días que no puedo dormir por las noches.

Doy vueltas por la casa, sin saber qué hacer. Estoy enfadado conmigo mismo. Vivo solo, no puedo discutir con nadie, a veces me miro al espejo y me insulto. Es igual, tampoco duermo. Añoro las discusiones, las broncas con Mari.

Me distraigo con películas antiguas. Anoche vi seguidas Cabaret y Barry Lindon, me parecieron muy pesadas, un rollazo. Recuerdo que cuando las vi por  primera vez, hace años, me gustaron mucho. No sé si he cambiado de gustos o que envejecen mal. Yo también envejezco mal, parezco mi padre, o mi abuelo, estoy engordando, la barba de varios días no me sienta bien, me da pereza afeitarme, ¿para qué?, ¿para quién?  Me dedico a pasear por las habitaciones, el pasillo, me asomo al balcón, llamo por teléfono a Mari a las cuatro de la madrugada y cuelgo.

Ya ni siquiera me importa lo del trabajo, no trabajar.
En algún momento se me acabará el dinero, bah, me es igual.
Me gustaría saber escribir para decirle cuatro cosas a Mari, algo que le duela, algo que le haga sufrir, pensar en mí, que sepa cómo estoy.

Está lo de la bebida, soy un sibarita. Al principio de este insomnio me preparaba unos Negroni fabulosos, también unos Blue Moon. He llegado a beberme tres de cada y media botella de Rioja. Ahora tomo ginebra o whisky a morro, sin vaso. Me sienta mal, lo sé, que se joda Mari, que le den por el culo a Mari.

Me duele el estómago, mucho, y creo que tengo varices o algo así, en las piernas, con venas abultadas, los pies fríos, quizás por eso no duermo. Joder, estoy hecho una piltrafa, el más guapo del barrio y mira cómo me he quedado, que fui campeón de España de 200 metros mariposa y ahora jadeo como un perro viejo. Será de fumar, que no había fumado nunca y ahora no paro, huele toda la casa a humazo que tira de espaldas. Una joya, soy una joyita de hombre, esto es lo que ha conseguido esta cabrona de Mari, la madre que la parió. 

Voy a ver esta de “Centauros del desierto” que leí en un Fotogramas antiguo que está bien. Me las grababan mis amigos, ¿mis amigos?, otros cabrones que se han puesto de su parte, unos hijos de puta, vaya amigos de los huevos, se ponen de parte de Mari,  manda narices, que les den, que les den mucho, con lo que he hecho por ellos, con lo que he hecho por todos, cabrones, cabrones y Mari la peor...

(Fundido en negro sobre el monólogo y la cámara interior se desplaza a otros escenarios)

miércoles, 28 de marzo de 2018

Una leve historia (4 y final)





Sigo con la dieta de ensalada de quesos y lechuga, con la meticulosa medicación y la felicidad fue apenas un reflejo entre la oscuridad de las botellas y el frío, de la lluvia y una puerta siempre cerrada. El mar endurecido, inmenso, sin olas, como el cuadro de un pintor alucinado. Estoy sentado en un charco y es fría la nostalgia como la cuerda en mi garganta. 

¿Cómo se encuentra hoy? 
Mal.
¿Qué piensa hacer?
Escribir.

martes, 27 de marzo de 2018

Una leve historia (3)



Fueron varias semanas de citas clandestinas. En cada encuentro  la relación de nuestros cuerpos  era más atrevida, más extrema. Un día le sugerí que esperase en la habitación a oscuras, vestida solo con unos zapatos negros de largo tacón. Quizás lo había visto en alguna película. En un rincón se consumía una vela olorosa, las sombras flotaban en su rostro como un pájaro de vuelo desmedido. Fue un momento, me sentí como un animal que aúlla, creo que mordí su cuello delicado, que arañé su blanca espalda. Al terminar me dijo que ese era el último día. Me fui arrastrando los pies, sin mirar atrás, en silencio.

La esperanza plegó sus alas y nadé entre los lirios, los insectos y mi terapeuta, jadeé boca arriba en camas ajenas  y perdí la noción de la ida o la vuelta. La luna me miraba, perfumaba las noches disfrazadas. Untaba miel en las articulaciones y mi casa, mi vida quedó suspendida en una espera sentada en el cruce de caminos, los raíles mohosos, la estación clausurada.

¿Sueña con serpientes?
Sí.
¿Volvió alguna vez?
No.

lunes, 26 de marzo de 2018

Una leve historia (2)


Estas cosas no ocurren, nunca, al menos a un tipo como yo. Algo se había movido en el pantano, ardían las libélulas en pleno vuelo y crecían árboles frutales en la distancia de calles de alquitrán y rocío. Comía rosas y me consumía en el tic tac del reloj en un rincón del jardín, el corazón en lo más negro del otoño, ahí, inerme y solitario, enlazado a la ciega nostalgia de haber sido, engalanado con ojeras y circunloquios, pasmado.

Llegué puntual a la cita. Apenas nos demoramos en saludos y caricias. Desnudos, abrazados, besándonos con avidez, como dos supervivientes del incendio de un barco en alta mar, con una enérgica ternura, así, inclínate, ven, gírate, palabras dulces, susurros, sí, gemidos, ella se dejaba llevar y los dos íbamos, flotando en el deseo, me gustaba, tanto, tanto.  

Tiene usted mucha imaginación.
Sí.
¿Se cree todo lo que escribe?
Sí.

domingo, 25 de marzo de 2018

Una leve historia (1)



Pretensión de escape por la salida de emergencia de la literatura.
Es inútil.

Nos encontramos por casualidad, nos reconocimos a pesar de los años.
Me tomó el brazo con delicadeza y caminamos hablando de esto y aquello, de sus hijos, de las coincidencias, del ayer, del paso del tiempo.
Fue un momento agradable y durante varios días estuve pensando en ella.

Madrid es una ciudad peculiar, después de años sin vernos, justo una semana después tropezamos en la misma calle.
Tomamos café en un bar cercano y descubrí que no había perdido aquel brillo en la mirada, la dulzura de su voz, lo interesante de su conversación.
Quedé prendado, intercambiamos los números de teléfono y nos citamos para el siguiente miércoles.

Esa misma semana empecé a escuchar voces y música. El amor me dejaba las manos vacías y una luz se apagaba y encendía en el paraíso. Mi vida era una isla de náufragos desorientados y el horizonte estaba detrás de la niebla púrpura.
Aquel día, a las once, me llamó diciendo que no podía acudir a la cita, que le había surgido un contratiempo. Me sugirió pasar por su despacho, estaría encantada de seguir nuestra conversación nostálgica. Acepté.

El despacho tenía una decoración escueta, muy personal, apenas una mesa, la biblioteca, tres cuadros, un diploma, un sofá y dos sillas. Me senté frente a ella y hablamos. Dijo que la relación con su marido era inexistente. Miró hacia la ventana y advertí una lágrima en su rostro. Le tomé las manos. Luego todo fue muy rápido. Corrimos las cortinas, nos abrazamos, nos quitamos la ropa, nos amamos apresuradamente sobre el sofá, indiferentes a los pasos que se escuchaban al otro lado de la puerta, en el pasillo. Después, ya vestidos, nos sentamos mirándonos sin hablar. Nos citamos para el miércoles siguiente.

¿Piensa usted en la muerte?
Sí.
¿A menudo?
Sí.

(Continuará)

sábado, 24 de marzo de 2018

Una crítica bien intencionada.







Recibo a cobro revertido, divertido –es decir que he pagado yo- un paquete que contiene varios cuadernos de una escritora (¿?) que me presentaron recientemente en una fiesta parroquial (el motivo de mi asistencia al evento merecería una capítulo aparte, quizás lo cuente un día).

Me advirtió que no es profesional (de la literatura) y que solo le guía el afán de transmitir sus conocimientos, su esperanza, caridad y las hondas emociones que quiere compartir y repartir por el orbe. Con todo, me pidió parte de mi tiempo y de mi placer por/con la lectura para conocer/estudiar/criticar su extensa y variada producción. Las cervezas y yo dijimos que sí.

Varios días después.

Para los que no han leído su obra (es decir todos vosotros), empecemos diciendo que eLe (vamos a dejarlo ahí) es una gran escritora, fecunda, imaginativa, llena de inquietudes, arrolladora en el estilo de Carson McCullers (+ o -).

Su avanzada y noble edad, 23 años, le dan el punto preciso de madurez para abordar los variados temas que desarrolla con su audaz prosa. Bien que se nota en ellos su experiencia de vida, su riqueza interior, su dinámico ejemplo (!!).

El recurrir a sus antiguos textos de adolescencia no hace sino reafirmar la persistencia en sus convicciones; la validez de las mismas a través de los años; la intemporalidad de una fe en el ser humano rayando en lo apocalíptico; de un amor hacia los semejantes que se adapten a su tipología; incluso una sutil tolerancia hacia aquellos qué, pobres, no piensen como ella (si es que hay alguno, que no creo).

Es admirable su afán. Después de semanas laborales de 60 horas, marido, hijos pequeños, rosarios, misas vespertinas, perros que piensan y perdonan, futuras recién casadas que se caen de las motos, hablar, reparar con las manos cercas de dos metros de alto y besar con el corazón a todo lo que se menea, todavía tiene tiempo, energía, interés, capacidad para escribir sus dulces consejos al género humano, sus ingeniosas recetas tipo Cómo ser feliz en cuatro días, aunque llueva, o el best seller No seas cenizo, hombre.  

Me gusta, como no, esa endiablada (uy, perdón) capacidad que tiene para conjugar lo que en otros pudiera parecer un tono cursi, almibarado, ñoño, del siglo XX, con el elegante saber hacer de su moralidad  sin medida, ejemplar, de su capacidad para la fábula con moraleja, como Iriarte, como Esopo. Con qué ingenio de maestra de la escritura desliza con continuos guiños en su discurso de orfebre  delicado su presunta pertenencia a la secta de los elegidos, de los tocados con la gracia del cielo sin nubes. Y apenas se nota ¡cuánta sapiencia y elegancia en su voz tronante!

Obama, el espíritu errante de Juan Pablo I, Gandhi, la Madre Teresa de Calcuta, el zar de Rusia, María Sarmiento, Mortadelo, Joaquín Mallorquí, Leticia Sabater, Rasputín,  Bill Clinton,  la becaria aquella, Trump, Manolo el del bombo, Agustina de Aragón, Corín Tellado (maestra, amiga), Julio Iglesias, Sergio Ramos, la abeja Maya, Marcial Lafuente Estefanía, Zinedine (Zidane), tantos y tantos ilustres personajes, precursores,  se dan cita en sus palabras cálidas, hermosas, llenas de vida, de confianza en el futuro, de fuerza sin medida, para que todos nosotros, pobres catecúmenos sin luz, caigamos del caballo, como Saulo.

De su mano fraterna, directora ejemplar, besucona bienintencionada, lider con la antorcha a gas butano, caminemos sin desmayo por los páramos del haber podido vivir hasta ahora sin haberle conocido, tras su estela de espumas, oh, consejera magnífica. Abrazados a su carro ígneo, chapoteamos en la iniquidad de este lodazal que es su ausencia, para poder llegar a la perfección del ser, incluso del estar de su doctrina.

Me libero de mis antiguas convicciones. Todo me sobra ya. Le regalo -soy así- mis mejores bosques extremeños para que se pierda en ellos, para que  en su paz escuche los pajarillos, contemple a las hermanas bestias depredadoras, huela las flores de la noche, se apacigüe en su sombra protectora.

Desnudo como un recién nacido inclino mi frente, me baño en ceniza,  me cambio el cilicio, con golpes de pecho reniego de mi pasado y abrazo esa causa. Va desde aquí esta emocionada admiración que alcanza, casi, la idolatría. Loor a eLe (digamos que quiere mantener el anonimato, no me extraña).

Aunque sé que no soy digno.

Amén.



Mi consejo privado (ahora público) es: publica, eLe, publica, quizás las ventas no estén aseguradas pero eso es lo de menos. Comparte ese corazón tan grande, esa entrega a la humanidad. Escribes regular, pero eres un ejemplo de frescura, de apaisada desfachatez, de honesta exposición de lo que hay ahí. Transmite mis respetos a D. José María (el párroco, dile que un día de estos pasaré a pagar lo que rompí)

P. D : Cualquier parecido con la ficción es pura realidad.

P.D. 2: no me han vuelto a invitar en la parroquia.

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