Peggy Guggenheim

martes, 14 de octubre de 2014

Me están ladrando



Querido lector/a, me están ladrando. 

Después de un apresurado proceso de aprendizaje soy capaz de entender (la/lo/le). 
Otras cosas no, pero sí esos ladridos de buena mañana. 

Comienza el día tan pronto que a veces es casi la víspera y me sorprendo en lecturas antiguas, leo, me leo (léeme) y entonces era más viejo. Creo que por eso me ladran, no me reconocen. Me miro al espejo, pronuncio lentamente…Dylan…Thomas…y en el espejo se superpone otro rostro que no es el mío, ni siquiera el de Elena, tan seria (sigue debajo del fragmento de -qué cosas- Dylan Thomas

Aprendí los verbos de la voluntad y supe mi secreto; 
las claves de la noche golpearon en mi lengua; 
dónde antes había sólo una, hubo de pronto muchas mentes sonoras. 

Me está ladrando y lo entiendo (no que me ladren sino los ladridos). 
Esto es algo así como un viento paráclito

"Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.
De pronto vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban.
Se les aparecieron unas lenguas como de fuego, las que, separándose, se fueron posando sobre cada uno de ellos; y quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar idiomas distintos, en los cuales el Espíritu les concedía expresarse"
(Hch 2, 1-4).)


Y me reconcilio conmigo mismo y con ese que me ladra y me mira con los colmillos brillantes, niño lobo, día lobo, día con una cicatriz y alergias, milanos volando en círculo y un rumor en la carballeira. 

Es decir que hoy es el día catorce (14), apúntalo, 14 (catorce) , sal a la calle que ya es de día. 

Si te ladran recuerda, puedo traducir(te)lo. 

 Hala, a lo tuyo.




lunes, 13 de octubre de 2014

Furtivos en portales.

Negar es afirmar lo que uno elige
huir es la razón para existir
volver es un designio lascivo del amor

(René)



No grito para que me escuche, esta ausencia se hace eterna, he roto los mapas en pequeños pedazos que deposito en diferentes papeleras mientas camino desde el Sagrado Corazón hasta el Arenal siguiendo los contoneos de caderas celestiales con marcas de ceñidas ropas interiores excitando imaginaciones de placeres que nunca, pero algunos hombres somos así de cejijuntos e ideas fijas, siempre pensando en lo mismo aunque el gesto no lo delate y la boca fruncida y seria, la mirada centrada mientras camino intento componer algo poético pero la metonimia me devora, me deja a los pies de los caballos, como siempre, me ven, de cristal, transparente, desnudo, tal cual como soy y pienso y rabia me da no tener ya armas para seducirla, llevarla de la mano por caminos nuevos, pintar al óleo los viejos, temperaturas bajando al norte del país siempre que determinemos cual es el país y donde acaban las dudas de aquella noche maldita del hasta aquí y ni un paso más, frontera del purgatorio, ni un zapatero remendón compone estas botas que no son para caminar y encuentros furtivos en portales bajo los árboles del paseo, en merenderos de aldeanos irredentos, en molinos sin viento y María Sarmiento, el humor nos hará libres y cómo logro yo que ría esta mujer si está llena de ese empeño de salvar al mundo de su propia destrucción, ahí al frente, con la bandera, sosteniendo la pancarta de una vida nueva libre secuestrada por la ciencia, prietas las filas y el resto es silencio oh, oh, oh, no somos nada.





domingo, 12 de octubre de 2014

Me lees.




Sé que me lees, desde el impenetrable refugio de tu silencio, me lees. Quizás no cada día –siempre atareada, entregada, tan ocupada-, pero sí todo lo que aquí dejo.

Me lees con un poso de cobardía, algo culpable, emboscada, oculta detrás del velo de tu respetable determinación/obstinación. Deploras mi actividad –tú, tan seria, inflexible, tan recta-, lo sé, lo dijiste, me lo escribiste, te parece obsceno.

Pero me lees. No me añoras, también lo sé, ya no, me lees como otro, como a otro,  lo entiendo. Aún así vuelves cuando encuentras un momento libre en tu apretada agenda, tan llena de tus letras como hormigas, tan repleta de citas, de personas que te esperan.

También sé que me lees con mirada feroz, con ojos críticos, no te gusta nada, no encuentras aciertos, piensas que todo lo bello ya te lo dije a ti, que me repito, que es un ejercicio inútil.

No es cierto –cierto es que te dediqué lo más bello-, no lo es del todo –cierto es que me inspirabas como una musa infalible, inagotable-, ya que ahora escribo sobre temas diferentes, juego, intento, exploro, estoy suelto, libre, me divierto, disfruto. ¿Qué te creías?

He salido de la celda de mí mismo y me estimula saber que, en silencio, me lees. Que sepas que lo sé.

El resto tú te lo pierdes.




viernes, 10 de octubre de 2014

Un solo beso.




Un solo beso, breve, a destiempo, un solo beso.

Llegar a la cita por el lado oscuro de la calle.
Aguardar su señal merodeando el portal.
Subir, furtivo.

Ella se soltaba las cintas de pudor que la ceñían y nos amábamos contra la pared, con lenta insistencia, con ahínco. 
Después la pasión nos derribaba.

Regresar luego con la mirada baja, oliéndome los dedos, sabiendo que todos me miran, que saben.
Inquieto, esperar su nueva llamada.

Un solo beso, breve, a destiempo, un solo beso.



Entre dos mujeres, la soledad.


jueves, 9 de octubre de 2014

Aquí había 10 cabras.

Cuando estoy triste sin saber por qué
estoy en el lugar al que no puedo ir
y estoy en el lugar
en el que estaba.

(Ko Un).


Marten de Vos. The Temptation of St. Anthony. 1591-94.

Léelo lento.

No quiero estar más tiempo sin ti, nena, no puedo.

El reloj de la pared es un puzzle por donde se filtra la tarde descorazonada. Me siento, recuerdo y escribo, escribo recuerdos, escribo e imagino recuerdos, imagino que escribo, recuerdo que escribo.

Este es un link, dentro de otro link que a su vez te invita a otro link y hay un pespunte de amor en los visillos.

Escribo, imagino, recuerdo, siento.

Siento, (me) miento y (me) escribo.

Vértigo de alturas. Escribo mentiras para calmar mi hambre, mi culpa, mi dolor, mi curiosidad, mi miedo, mi gozo, mi necesidad, para definir todo aquello que veo desde donde no se ve.

Dos chinos aplauden.

Imagino verdades para creer en lo que escribo, en lo que no vivo, para olvidar lo que viví, para construirme un ayer habitado, para soportar el desierto y poblarlo de oasis que muevo por los mapas, tribus trashumantes de emoción, caravana de camellos errando por los arenales de los lunes, tormentas de los viernes, aquella catástrofe que borró el mundo conocido, nuestro pequeño Gobi, la soledad.

Sonrío a mis errores, a la vacuidad de estos trabajos preñados de buena voluntad, tanta como fragilidad, contradicciones, nada, escritos de ida y vuelta, saltos de una ribera a otra, el mismo río, la misma lluvia, mezcla silvestre de colores, incluso de técnicas, hermetismo, silencio de los otros. Se me acaba de quebrar un ala. Estas líneas se entienden, son visibles las huellas, el rastro, demasiados referentes, no precisan una lectura entrenada. Por eso, ahora que el frío del invierno viene, te digo que eres la única razón de ser de esta esquina perdida en el viento.

Léeme lento.

No puedo estar más tiempo sin ti, nena, no quiero.

Todavía ahora me pregunto dónde está el camino de regreso a casa.




miércoles, 8 de octubre de 2014

Alarma aérea



Nos avisaron a media mañana. Debíamos desalojar los pisos de forma inmediata. Al parecer en las obras que se estaban realizando en la acera se había encontrado un objeto metálico empotrado en el suelo que podría ser un obús de los últimos ataques. Para desactivarlo acordonaron la calle, prepararon un escandaloso operativo y allí estuvimos, abrigados con mantas, temerosos de quedarnos sin casa, con frío, mirándonos los unos a los otros con forzadas sonrisas que apenas ocultaban nuestro miedo.

Allí conocí a Heike. Me dijo que éramos vecinos, que me recordaba subiendo las escaleras con energía, con el uniforme de gala, con la mirada perdida. Nunca me había fijado en ella. Durante la contienda estaba bastante ocupado en las largas jornadas sobre los mapas, en intentar mantener la débil moral de mis compañeros. Cada noticia del frente les sumía en grises mañana llenas de toses y quejas por el racionamiento. Tampoco la había visto en las frecuentes fiestas que se celebraban en los sótanos. Con las primeras botellas del vino francés requisado perdíamos el pudor y ante la posibilidad de una muerte cercana nos entregábamos a un libertinaje desenfrenado y salvaje, aunque con frecuencia también terminaba en peleas.

Al terminar la alarma la invité a mi  apartamento. Aceptó. Heike recibió los dos tiros en el pecho. Me estaban esperando. Al abrirse la puerta abrieron fuego contra la primera persona que entró. Bajé los escalones de cuatro en cuatro. Corrí y corrí por las calles hasta la casa de Frank. No entendía cómo se habían enterado de todo. Me detuve. Quizás era él quién había hablado. Volví sobre mis pasos, estaba desarmado. Quizás la pistola que escondí en uno de los pasadizos del metro aún estaba allí…



(continuará)



martes, 7 de octubre de 2014

Vacas sin ojos

Escribir es como viajar: la forma más sencilla de gozar y sufrir mucho en el menor espacio de tiempo. La forma complicada es amar. (Eugenia Rico – En el país de las vacas sin ojos)



No entiendo, por eso escribo, lo cuento. No sé y la herida no cura. Pasan los días con lentitud y no se aparece el ángel, no arde la zarza, no hay sino certidumbres de hastío, repeticiones, la manada de vacas que baja al estanque nocturno de lo imposible.

Y ruido inútil.

No puedo concretar lo no dicho y doy vueltas como un patinador sobre el lago helado, los ahogados debajo del hielo no miran con sus ojos abiertos, vacíos, sus cabelleras congeladas.

Y el rumor.

Imposibilidad de describir el gesto, el dedo señalando la estrella que huye por un cielo de libélulas, los ojos fijos en la mujer que baja escalón tras escalón con un ramo de amapolas entre los brazos.

Inquietud de pavos reales en la noche.

Esta era una propuesta formal, vocación de los poetas, escritura a cambio de silencio, o de sonrisas como gajos de naranja esparcidas por las copas de árboles compasivos, pájaros albergados en la hojarasca.

Ella bordeando las riberas de una estrella.



lunes, 6 de octubre de 2014

Escucho voces




Ahora que los heraldos del Poder* se desgañitan desde sus ornamentados púlpitos y vomitan su estrategia de terror para que corramos a ocultarnos bajo la piedra del Miedo. Ahora, justo ahora, antes que empecemos a caer, uno tras otro, sin duda los pobres primero, los más débiles, los indefensos, después los ancianos, los niños, luego todos. Ahora no, no quiero estar en la escalera de caracol que baja a lo negro, en el pasillo hacia la nada, en el turno de la muerte, no. No quiero que esta asquerosa marea me lleve al insomnio, que se extienda a las horas de cada día, a retorcerme las manos sin encontrar respuestas, que manche mi vida y mi horizonte. No.

Desde fuera miro al enemigo, no para correr, no para esconderme, aquí estoy, me defenderé con todas mis fuerzas. Perderé, seguro, son demasiados, y crueles, pero no perderé sin lucha. Que vengan, les espero.**




*Cualquier Poder.

**Creo que se me está yendo la pinza.


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