jueves, 9 de diciembre de 2021

El poder del perro

 


“El poder del perro”. Iba a comparar el cine de “antes”, el western, con el de ahora, vano empeño, todo es ahora. Vuelve Jane Campion con una película lenta pero intensa, cuatro magníficas interpretaciones, (Benedict Cumberbatch fuera de serie), impactante fotografía de paisajes extensos, banda sonora adecuada, un guion…espera, espera, ¿te ha gustado?, sí, ya está. Punto. Huele a Oscar, de algo.

Personajes desesperados

 


Cuando te recomiendan con entusiasmo, yo qué sé, una película, un restaurante, un libro, un sermón, que luego accedes a verlo, comerlo, leerlo, soportarlo y piensas “pues no era para tanto”. Conocía tantas buenas críticas de “Personajes desesperados” que empecé a leerla con cierta aprensión. Injustificada. Es una magnífica novela que retrata con sutileza, inteligencia y una prosa precisa la insatisfacción de una pareja con su vida, sus amigos, lo que pasa y lo que no pasa. Eso, la vida misma, al menos la de ellos. Me ha gustado mucho.


miércoles, 8 de diciembre de 2021

Gratis

 



Algo así como la levedad de lo gratuito, de lo que se recibe de bóbilis, bóbilis, que casi nada es valorado hasta que se pierde, aunque todo es reemplazable, unos van y otros vienen, lo apreciable se guarda en una caja transparente hasta que dentro aparece, así, de otra dimensión, un brillo nuevo, una revelación, diamante o baratija, qué más da, abalorios de un collar de viento y fragilidad, colocar naipes en una torre expuesta a un soplido caprichoso, ahora sí, ahora no y me llevo dos. Será por estímulos...

martes, 7 de diciembre de 2021

Cambio.


 


Cualquiera –tú mismo, yo- puede hacer públicos sus patios traseros.

Aquí.

Aunque se vea el decorado.

Y los micrófonos.

No sé qué hago escribiendo estas simplezas.

Aquí.

Este espacio merece un cambio.



lunes, 6 de diciembre de 2021

Te lo grabo

 


Qué te iba a decir, ah, eso, que te lo grabo en una casete y lo escuchas cuando quieras, que sé bastantes cosas, sumo, resto y multiplico de memoria, bastante rápido, divido un poco peor, escribo sin demasiadas faltas, me atoro en los porqué, estoy bien  de cultura general que mis hijos me dicen que me presente a “saber y ganar” que siempre acierto las preguntas, será de leer, que leo bastante, de siempre, ahora cosas raras, William Gaddis y así, lo que pasa es que no se me queda, cada día se me queda menos, leo y disfruto pero al de poco tiempo no recuerdo de qué iba el libro, será la edad porque de edad voy bien servido y de recuerdos, que se me acumulan aunque más de mi infancia que de anteayer, que tengo muchas actividades o bastantes o las suficientes que creo que estoy mezclando demasiados conceptos pero si no lo escribo rápido se me van o me copian o pierde autenticidad, frescura, que se me olvidaba contar lo del deporte, que siempre he hecho deporte, digo, me hace gracia eso de yo corría y era campeón de aquí, yo nadaba y era campeón de allí, yo hacía, sí pero ¿ahora?, que lo de ahora es más bien ejercicio, camino por las orillas de los ríos, rápido eso sí, que me molesta cuando alguien me pasa y le miro con mala cara mientras escucho música con los auriculares, que de música también entiendo, un suponer eso de entender, no entiendo casi nada de casi todo pero disfruto, eso sí, de sentimiento y de sensibilidad ando sobrado, que me emociono por lo normal pero mucho, que lloro en las películas de llorar y mis hijos se ríen, papá está llorando, ¿qué quieres?, antes no lloraba nunca, no sé si por insensible, por algún problema en los lacrimales o por egoísta, que mi yo era antes que nada, vaya por dios, que ahora me he vuelto más empático ¿se dice así?, que me preocupo por los otros, y hablador, qué pesado, hablo con todo el mundo, pobres, les cuento unas historias de impresión, me basta un buenos días y les cuento mi vida, la pena de Murcia y las previsiones para las próximas elecciones, cuando sean,  que el personal es agradecido, les gusta que les hagan caso, que les escuchen, que cuando visitaba a mi tía (pobre, dep) a la residencia hablo con las señoras y con los señores ancianos, que me cuentan y les digo que en dos días estoy ahí con ellos, de compi, y se ríen, me ven todavía derecho, pero no creas que muchas mañanas, en la cama, cuando me despierto me duele la rodilla izquierda, ¡qué será?, artrosis me dijo uno que sabe de esas cosas, artrosis, artrosis, eso es de muy mayores, será un calambre o algo así, que no está uno todavía para  esperar un buen morir  y ya, enroscado en el meollo de la cuestión que es vivir ¿no?, que me estoy arrepintiendo de escribir esto que no leerá nadie excepto yo, borrando comas y frases para que no se haga largo y aun así no he hablado nada de amor, puedo hacerlo, estoy enamorado pero esa es otra historia o la única historia, verás, que andaba yo por calles reales, por plazas reales y me encontré con una mujer real, una mujer imposible de tan perfecta,  miro, me mira, nos miramos y zass, un flechazo, en mitad del corazón, que o ella es ciega o algo tiene que no es normal, que uno tiene sus carencias bien visibles y otras a nada que rasques un poco pues te das cuentas que no hay ni chicha ni limoná pero, ay madre, que hicimos el amor y lo inventamos, que fue como volver a nacer, una epifanía, un pasar la puerta de un más allá que está acá y no hagan que cuentes más porque, jo, no todo es tan bonito, que ella es extranjera o lo soy yo, no sé, no sabe, no contesta, que vivimos sin vivir pero lejos, exactamente 1.217 kilómetros, o sea en la otra punta, norte y sur, con fronteras intermedias, que usted mira el mapa y se marea, como cuando veo su cuerpo de diosa viviente y me evaporo, que nunca he acariciado así, tan tierno, tan dulce, tan apasionado que ya te digo, estoy como un adolescente alborotado, como un flan chino mandarín, que escucho su nombre y tiemblo, que escucho su voz cuando canta y me desmayo, no les he dicho que es cantante, ella canta y se me abren las carnes, ella abre sus carnes y me sumerjo en ella hasta que somos uno y ya no quiero morirme y no debería contar esto porque la monja se mosquea, cómo son las monjas ¿eh?, y sigo cultivando en esta ciénaga de caos y de azar, de paradoja y perversidad, de borrar del todo la idea misma de causa y efecto (Gaddis, claro) que me he dejado bastantes secretos de contar como lo del espejo, que ahora me estoy mirando y no soy, bueno sí soy yo pero no soy, que no me explico lo sé, que escribo para decir esto pero no lo que digo sino lo que tú lees que generalmente no es lo mismo porque a ti te importa poco y a mí también pero, coño, para subir cosas de otros prefiero escribirlo yo, bah, no sé qué te estaba contando, se me va ¿ves?, se me va.   



domingo, 5 de diciembre de 2021

Orden, please (2)

 



Un mal día la empresa en la que trabajaba quebró por saturación de líneas, me quedé en el paro. Con tanto tiempo por delante me aburría, echaba en falta la pantalla de cristal verde, mis gafas reflejadas en ella.

En mis paseos por el parque me presentaron a una señorita, Maria Eugenia Julia, paseante como yo, con la que inicié una hermosa amistad. Una tarde le invité a subir a mi piso y allí, nos conocimos carnalmente. Aquí empezó el problema, su respuesta sonora estaba llena de ays, uff, ooooh, ahhh, asíiii, sigue, sigue e incluso me recitaba poemas de Neruda durante el coito. Cuando se marchaba, me miraba al espejo, desnudo, y no advertía ningún cambio apreciable en mi anatomía por lo que no entendía el porqué de aquel derroche de expresividad. A pesar de repetir nuestros encuentros dos veces más, corté mi relación con aquella exagerada.

Poco después logré un empleo como portero informático y volví a las relaciones fijas con profesionales qué, chico, te sale más caro, pero evitas sorpresas.

Hoy es el día en el qué, dado que mis ingresos económicos han aumentado, mis relaciones sexuales son quincenales, es decir de 73 ah, ah, ah anuales. Así estoy feliz.


Pues eso.

sábado, 4 de diciembre de 2021

Orden, please.

 


Desde niño he sido un maniático del orden.

Me gusta tener todo bien organizado, clasificado y comprendido.
Durante mi vida, a pesar de mi soltería, mis relaciones con mujeres han sido abundantes.
El problema es que siempre me han preocupado sus manifestaciones sonoras.
En mi primer encuentro íntimo -tardío, ya- a los 25 años, ella exclamó durante el acto: ¡Oh!
El segundo, a los 28, fue un fracaso y ella dijo: ¡Bah!.
El tercero, a los 31, estuvo peor; ella no dijo nada y se marchó dando un portazo.


Reflexionando sobre esto llegué a la conclusión de que no había uniformidad entre gritos y silencios y dado que mi trabajo me absorbía - era vigía informático, siempre delante de un monitor, no tenía tiempo para cortejar a las damas -, opté por solicitar los servicios de expertas profesionales que con periodicidad mensual, me liberaran de mis necesidades eróticas.



Doce veces al año, durante los diez siguientes, escuché, con precisión mecánica, sus ah, ah, ah - ni uno más ni uno menos -. Debo decir que las mujeres cambiaban -según la agencia- y que no logré una amistad duradera con ninguna de ellas, limitándonos a hablar sobre el tiempo y cosas así, pero me alegré de la coincidencia en la cantidad y frecuencia de los gemidos en mi oído. Eso era.


(Sigue)

viernes, 3 de diciembre de 2021

Las Fosas Ardeatinas

 




"Das befehl ist befehl" (Una orden es una orden)


Diciembre. Habíamos comido en Casa Benito, ese sitio que tanto nos gusta. Paseábamos por Vía Rasella, el cielo gris amenazaba lluvia. En el número 141 – Palazzo Tittoni, lo recuerdo perfectamente- vimos los agujeros producidos por las balas, por la metralla. Las calles estaban desiertas, no había a quién preguntar.

De vuelta al hotel consulté al recepcionista. Cosas de una guerra, hace tanto tiempo. No sabía nada.

Al día siguiente, durante el desayuno, alguien me tocó en el hombro. Con permiso. La señora, una anciana, gruesa, se sentó en nuestra mesa. Piero, un café –dijo- y comenzó a hablar, rápido, sin mirarnos.

Los crueles soldados de las SS pasaban cada tarde por Vía Rasella cantando orgullosos en aquel idioma incomprensible, duro. Volvían a sus barracones mirando desafiantes a uno y a otro lado. Nuestros partisanos habían ocultado una bomba en una carretilla. La explosión provocó una carnicería entre los soldados apiñados en aquella estrecha calleja. Más de veinte murieron en el acto, más de treinta quedaron gravemente heridos, los supervivientes, llenos de miedo y rabia comenzaron a disparar enloquecidamente contra las ventanas y paredes.




Piero, otro café –y continuó-. Este ataque partisano provocó una brutal represión de las tropas alemanas al mando de Herbert Kappler. En las Fosas Ardeatinas, una cueva en las afueras de Roma, fueron ejecutados 335 compatriotas. Entre ellos estaba mi padre.


La gruesa señora se levantó con dificultad. De pie apuró su segundo café. Piero, ayúdame. Y con lentitud se retiró deseándonos un buen día de paseo por su ciudad.

Ese día volvimos a aquellas calles. Bajo una débil lluvia, frente al Palazzo Tittoni, imaginamos lo que allí ocurrió tantos años antes, incluso pudimos escuchar el eco de gritos de dolor. De entre las piedras nos pareció ver brotar un humo negro. Regresamos al hotel y pasamos la tarde acariciándonos, en silencio.


http://www.lasegundaguerra.com/viewtopic.php?t=2707

http://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_las_Fosas_Ardeatinas

jueves, 2 de diciembre de 2021

Luz en lo fortuito.


Robert Doisneau

Con la nostalgia huida o en barbecho, la mujer está tumbada bajo la urdimbre de palabras tentadoras que se balancean en un árbol poblado de estorninos insomnes.


Un hombre repetido, sin memoria, olvidado el que fue, agita ramas de sauce al paso de la comitiva del amor.

¿Se puede recordar lo desconocido?

El deseo como problema, el amor como utopía, pasajeros perdidos en una estación vacía, ausencia que silencia, aire sin sonidos, la separación abrió un espacio desierto.


Aún es posible encontrar luz en lo fortuito.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Genet

 Yo tenía dieciseis años...
en el corazón, pero no tenía
ni un solo lugar dónde colocar
el sentimiento de mi inocencia.

(Genet)

 


Lástima de tiempo perdido. Pienso en entonces y es ahora, una plaza dónde cabía el mundo y no cabían los coches, que no había, ni los viejos paseantes, ni el otoño, sólo tu silueta, ni siquiera tú, que no eras, nunca fuiste sino el espejismo, la que nunca, no un deseo, no una idea, algo más hondo, intenso, primigenio, lo que no se entiende, pero duele, lo que sujeta el alma y la domina, la que ilumina la vida y la disturba, la vuelve del revés, la que da sentido, principio, colorea la espera en las esquinas, el ansia, premonición, error, acierto, voluntad clavada a un nombre, el tuyo, repetido, soñándote en mil noches, obsesivo, mordiéndome los puños al no verte, rota la lengua cuando no te hablaba, era ayer –recuerdo- y es ahora, curioso tiempo circular que vuelve y somos, ay, amigos, tal vez, nos conocemos, cambiamos confidencias, sin apuro, bella entrega de historias medio ocultas, de pasado, de emociones, tus padres, los míos, otras parejas, amores, el tiempo –otra vez- que va corriendo y nos deja más cerca del invierno que del brotar de flores, más lejos de aquella plaza dónde cabía el mundo y sin embargo no nos abrazamos una tarde que llovía, no buscamos la oscuridad para besarnos, no vimos que esto no es un juego y que la vida –oh, paradoja- estaba escrita desde antes, desde un principio impreciso, remoto, desde siempre. Lástima de tiempo perdido.


 

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