Lo invisible
Algunos señores mayores se enroscan en un ya lo sé y caminan a pasos cortos, titubean, escogen siempre el norte porque el sur está lejos, suelen ser sordos de un oído, no cambian de idea ni a tiros, su equipo es el mejor y como sigamos así no vamos a tener tiempo de olvidar. Todo es como siempre ha sido y el futuro es un engaño. La nostalgia es un engrudo. El progreso es un atraso. El ayer nunca será mañana. Antes sí que sí. Ay si yo te contara. Se ha perdido el respeto, la urbanidad, la educación, el temperamento, la cartera, el tranvía, darrera d'aquesta noia vaig jo, cada uno llevaba su cántaro y de tanto ir a la fuente al final se rompía. Para música la de antes, no estos gorriones de ahora que no saben ni lo que cantan. Stones, Beatles, Kinks, CSN&Y, BST, Van, Band, Joni, Dylan. Bueno, estamos en otro siglo, en otra dimensión, quizás no te guste nada de lo que cabe en esta playlist, pero no digas bah, haz un esfuerzo, inténtalo, está hecha con mimo, con cariño, como todo, aquí. Algo sobrará, algo faltará. Este señor mayor va y viene, se choca consigo mismo y contra otros, maldice detrás del muro. $#%*ç}{ç “|✔✔×Maldición.
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En el azar está
el instante de intento constante. Intentar contar, aquí dentro, lo
que ocurre, ahí fuera. Definir qué ocurre. Intentar que ocurra a
partir del propio intento. Intentar la poesía más allá de la palabra. Inventar
el poema desde el sentimiento de la no palabra. Del grito incluso. Es decir.
Generar la historia que prenda la mirada con ganchos de interés. Lo irreal.
Buscar la historia compartida a partir de aquello que conmueva. Lo real. El
acontecimiento. Interés. Imposible la mirada desde el cotidiano despliegue de
voces. Sólo. Hacer partícipe del suceso. Sin abstracciones. Buscar al
protagonista en el coro. Dejar que transcurra la actuación bajo el foco que da
relieve, que hace más grandes las letras en los carteles, que eleva el nivel de
en la sangre de, que llena el anfiteatro de silbidos o de aplausos. Hay que ver. No sé yo si…
Vino
el tiempo de los que se cambiaron de camisa, del negro al verde, luego roja,
después blanca, no sabías con quién hablabas, que les veías desde fuera y no
les conocías, que disimulaban tanto que no había tiempo para asimilar el
trueque de máscaras, de casullas, de ideas caprichosas, que hoy era
blanco, mañana estaba transparente, nadie veía lo que venía, tormenta o sirimiri,
llovizna, calabobos que también se dice y bobos o algo peor éramos, lo somos
aún en las filas de una aparente indiferencia, ajenos, con la pintura lista
para mimetizarnos en cuanto se oculta el sol, cuando sale la luna, ay, la luna.
No
me canso de esta presunta poesía, tiene la ventaja que no te mojas, no te
manchas, sorteas la baba negra con laberintos y ciervos sobre el altar de lo
inaprensible, utilizas el alfabeto de los náufragos. Me atraganto con tanta mentira.
En el margen, justo en el punto ciego de la pureza. Nunca he tenido facilidad para idiomas ni lenguas muertas, estudio la geometría de la osamenta, sueño bajo las mariposas azules que abrevan en la mirada limpia, aparto del espanto las sombras de los enamorados. Me rindo.
Viaje de ida con
cifras a la espalda, sangre, sudor y lágrimas por carreteras que corren por
pueblos diminutos, montañas envueltas en membrillo de nubes, escarcha de
nombres, azucenas amansándose en la garganta, los recuerdos que afloran,
tímidos primero (el chalet ahora abandonado, que nos metíamos en la cama el viernes
por la noche y no nos levantábamos ni para comer; las persianas de las ventanas
que daban al camino, cerradas; el culo empinado de E. cuando se asomaba para
ver los peces rojos tiritando en el cauce transparente del arroyo bajo la
cocina; nuestros cuerpos dándose calor; juegos desnudos; mi niña E. que dio
vuelta a mi vida, que la llenó de amarillos pétalos de diferencia,
etcétera), el pantano detenido, con juncos helados, pellizco de árboles
blancos, frío en las orejas aguzadas por el silencio, tanto olvido, aroma de
nada, calma en mis manos cóncavas que reciben cuchilladas de la nostalgia,
creciendo (que tenía MC tanta necesidad de amor que se entregaba sin
medida a nuestra impaciencia; que se perdía su caudal de Caperucita equívoca
por bosques absurdos; que enfrentaba mi razón y mi instinto; que nunca fue; que
murió de forma trágica después de una vida trágica; justo paso ahora por la
casa donde nos vimos por última vez, etcétera) soledad de campos con
aves de paso acurrucadas en el vacío, caseríos salpicados por las laderas, unas
ovejas mudas, un caballo, un gato que huye por los charcos, una bicicleta en un
balcón, el coche del panadero, el camión del butano, mi coche atravesando el
ahora y el ayer, mi memoria arrodillada (A, su padre desaparecido; su
madre vestida de rencor; ella y yo entrelazados en la torre, jadeantes mientras
B nos miraba, excitada, desde la puerta; la única vez que he amado sin deseo;
que era un engaño aquella pasión; que los dos queríamos otra cosa; que me
sentía sucio, confundiéndola, traicionándome; etcétera) la ermita
destacando entre los pinos, suena una campana que acaricia mis oídos como una
hebra de luz, me duelen las costillas de recordar, lástima de vida que corre
tan rápido, que me deja atrás en esta mañana brumosa que se mece por carreteras
que había olvidado, por nombres que me muerden como perros negros, que se me
abren las heridas y también fui ese, viaje de vuelta.