sábado, 6 de junio de 2020

De ventrílocuos.




Uno no puede ser escritor si no se ha comido un ventrílocuo.
No importa cuándo.
Ni lo grueso o delgado que estaba.
Importa, sí, comerse también al muñeco.

Porque, ya te digo, lo tengo comprobado, uno no puede dedicarse a esto de escribir si no se ha comido varios muñecos, pequeños señores plastificados que digan lo que tú no dices  a los de alrededor, personajes de cartón para manipular, mecanismo elemental y consensuado, salir al escenario y hacer reír, o llorar, pasen y vean, el oso amoroso, la mujer barbuda, el león rapado, los payasos sin atrasos, este es el circo literario para espectadores sin complejo de lectores. Por cierto, nena, eso que está bajo la almohada ¿es una vaca?

viernes, 5 de junio de 2020

De instagram


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De ventrículos (2)



Para ser escritor hay que escribir, sin cesar, como un alucinado monje zurdo, contar, no importa qué, ni cómo, el caso es escribir, alimentar el hircocervo, esparcir grano, mantener la impostura de ser quién no eres, al menos no eres como eres, o sí, cubrir el rostro de ella con un pañuelo para no besar los labios que otro haya besado, ya, que cuando vi su cama no pude contener el escalofrío de imaginarla en brazos de su marido, sus suspiros, las palabras que a mí también me decía, después, o en días alternos, locura de enamorarse de quién no se debe, enajenación de pubis, insistencia en el error, caminar por el lado oscuro de la calle, el hueco entre mis sábanas, la ausencia de aquella con quién las compartía, ausencia más ausencia es igual a soledad, palabras de alquitrán, palabras enemigas que no me socorren, hacer la maleta y huir, la luna se reflejaba en su piel y ella dormía con las ventanas abiertas mientras yo siempre las he cerrado, discrepancias mínimas que fueron creciendo, dulce contra salado, chocolate contra pepinillos (en vinagre), sentido del humor contra un amor que se fue diluyendo cuando consumimos las posturas, una tras otra, intentamos invitar a terceros a nuestra cama pero unos eran feos y otras ansiosas, aquel tenía un lunar en la mejilla y a esa le gustaba más ella que un servidor que servía lo mismo para un roto que para un descosido pero que cuando se comió el primer ventrílocuo estuvo digiriéndolo tres semanas, como una boa constrictor, asimilando eso de hablar con las tripas, simular que el bajito era el que decía lo que tú sentías, meterle la mano entre la ropa y mover sus labios, los tuyos en realidad, ser otro y tú, demasiado complicado eso de ser uno mismo y hasta aquí puedo leer.

jueves, 4 de junio de 2020

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A buenas horas

N. Jay Jaffee. Woman with Broom,  ca. 1950.


A buenas horas. Ya no queda más que recoger la silla, las dos velas, los poemas enrollados y salir corriendo hasta el horizonte, tan lejano, la certeza de no haber entendido nada, ni ellos ni yo, una voz en el vacío, las vísceras elementales debajo de la mesa, la ilusión diluida en el humo, prohibido fumar, la alegría ahogada, prohibido reír, la esperanza en el fregadero, prohibido ser, no seas, ¿qué te has creído?, a la fila, tienes un número alto, no lo pierdas, luego me he despertado y es jueves, qué bien, no sé si me siguen, creo que aún estoy dormido, ¿hemos llegado ya a California? 

miércoles, 3 de junio de 2020

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Parada de metro




Como en una parada de metro con luz de mariposas rojas y corrientes de aire enrarecido, me abotono el abrigo que defiende. Como el que sube a un húmedo escenario en el Bronx y le apedrean a silencios, han quitado el sonido y la palabra abovedada entre los juncos. Gesticulo como el muñeco de un ventrílocuo amordazado. Se han agachado, murmuran, creo, no les escucho,  temo el siguiente acto de reprobación, ahora se dan la vuelta y me enseñan el culo, ahora agitan frenéticos el dedo corazón, los otros dedos plegados, ahora los puños negros giran como bailarines del Albert Hall. Esto de escribir cada día es más peligroso.

martes, 2 de junio de 2020

Torpe payaso



Pasan los días como un torpe payaso que tropieza en las aguas dormidas. Entre las horas colgadas como ahorcados se desliza la voz del personaje que invento acariciando un cuerpo sombrío envuelto en silencio y rencor. Pasan los años con su cargamento de avenidas a ninguna parte, con la calavera de relojes asesinos, rauda se desliza la vida río abajo y el barquero es ciego. ¿Para qué sirve todo esto que escribo si nadie lo lee?

lunes, 1 de junio de 2020

Zoloft




Zoloft los martes, Paxil los miércoles, Remeron los viernes, psicofármacos como serpientes deslizándose por la enfermedad y los errores. Elogio de la ira. Un cuchillo cortando el azafrán y convirtiendo en una fiesta trágica la filosofía de lo imposible. El personaje que invento no entiende nada, sabe, como Dickinson, que una carta encierra la inmortalidad, porque es la mente sola, sin amigo corpóreo. Y escribe sobre lo que no pudo ser, sobre lo que no podrá ser. A veces alguien le entiende y le envía suspiros y claveles, orgasmos antiguos en cajitas de plata, testimonios desgarradores, revelaciones surcando su sosiego, gotas de sabiduría, un disco de los Byrds, un poema como una antorcha, la lengua de un ahogado, el infortunio manchando con un garfio los muslos de cristal de la Belleza. Pero aquí, dentro, no pasa nada…nuevo.

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