sábado, 20 de febrero de 2016

Desánimo.




...espero que sea un momento puntual, que pase pronto, que no deje marcas, quizás el frío que ya ha llegado, las expectativas no cumplidas, el día a día, los errores, qué sé yo, pero ahí está, sentado en el centro de la habitación de al lado, le adivino serio, mirándome a través de la pared con cara de pocos amigos, me asusta ese semblante que imagino, le escucho golpear repetidamente el suelo con el pie, -clap, clap, clap- temo que de un momento a otro se levante, venga y la emprenda a golpes conmigo, estoy acobardada, la puerta de la calle está abierta pero temo salir, temo que lo de fuera sea peor, en otro tiempo me hubiera enfrentado, ahora me siento débil, ni siquiera me atrevo a pedir ayuda, espero que pase pronto este momento, quizás si cierro los ojos, si me duermo, si no lo veo no existe, tiemblo, se ha levantado, puedo oír su fuerte respiración, ahora sus pisadas por el pasillo, ay, aquí viene...


Año 2015: 64 mujeres asesinadas en España por violencia machista.


viernes, 19 de febrero de 2016

Ruego.



Que se dilate el atardecer, que no llegue tan pronto la noche sobre los huesos rotos, sobre la sien herida de premoniciones. 

Serenidad ante las criaturas que danzan en una selva de llamas, unicornios acuchillados, hombres vestidos de mujeres y una dulce languidez. 

El corazón quebrado, ciego, inminente soledad, súplicas sobre la piedra del sacrificio. 

Me pesa el frío y hasta este pozo no llega el llanto de los amantes, navío alejándose en un horizonte gastado y gris.

Que no llegue mi noche, que no llegue.

jueves, 18 de febrero de 2016

La conjetura de Hodge.




 La conjetura de Hodge.

Esta conjetura afirma que para ciertos espacios particulares denominados Variedades Proyectivas Algebráicas, las partes llamadas Ciclos de Hodge son realmente combinaciones de Ciclos Algebráicos.



 Lunes: un día negro, un día dentro de un ciclo de Hodge. 

Llamó Carmen desde New York, llegó bien, una alegría. Caminé durante horas bajo la lluvia con música de Zelenka, de Eric Séva, de la Macanita, cierto. Pero con todo sufrí un fuerte revés moral que mencionar me/lo es la fórmula que escojo para liberar lo/me.

Aviso: es posible que me queje de puro vicio, que esté mal acostumbrado.




Martes: adaptarse a lo que hay, a lo que es, quizás esa sea una manera inteligente de superarlo, quizás.

O decir que me importa un bledo, je m´en fous (pero me importa, por supuesto, de lo contrario no estaría aquí contando me/lo

No soy un tipo inteligente pero sí un individuo visceral, no me resigno sin pelea. Hoy estoy arriba, soy ese que se mira al espejo y puede, nada más y nada menos, tanto como cualquiera y no menos que nadie.

Otra vez será, se lo digo a mi amigo alemán. Él dice “es tut mir furchtbar leid,aber das geht nicht mehr (lo lamento muchísimo pero eso ya no sirve). Lo que me ha ocurrido (o lo que no me ha ocurrido) me sirve, claro que me sirve, con las manos desnudas, con determinación, con alegría (aunque el gesto en mi cara indique lo contrario), con fuerza. Seguro que me equivoco (otra vez), pero acertar siempre es aburrido. Voy a por todo y si hace falta a por todos (espero que no sean muchos).

Lamento no ser más explícito, esto es un blog no un diván, posiblemente una de las causas es que de niño mi madre me dijo que era un príncipe (ay, qué cosas, con el tiempo que ha pasado). O lo que dijo mi psicoanalista favorita de mis tías paternas y los sueños con indias apaches que me ataban y esas cosas.



Miércoles: basta ya de quejas, este soy, estamos en invierno, hay un tiempo para disfrutarlo, salgo a buscarme.

Cuidado con las combinaciones de Ciclos Algebráicos


miércoles, 17 de febrero de 2016

Tarot.



Fui allí por una apuesta, una broma a mí mismo.
Una tras otra, la presunta adivina desplegaba las cartas mientras, sin mirarme, mascullaba su letanía.

No creía sus palabras, lo que decía, nadie sabe, nadie puede saber.
Aquella impostora solo pensaba en qué pedirme, cuantas viles monedas por aquel engaño consentido a pesar de mi escepticismo.

Monótona, arrojaba sobre mi incredulidad naipes que contenían la suma de romances gastados, prodigios pretéritos, pasiones de ahora.

Levantó otra carta, la última, entonces sí, me miró.
Temblaban sus párpados, su voz cuando dijo –Cuidado, hombre, veo el abismo... y tú estás dentro.-

No lo creo, o lo creo, es igual, desde entonces no puedo dormir.


martes, 16 de febrero de 2016

Florituras.

Fuiste el amor que redimió
al que no fue.



A veces se me olvida contar la historia y me pierdo en el cómo.

Problemas de ajuste de la máscara, el nudo de las cintas en la nuca, centrarme en la no-historia para soportar vivirla. 

O para disfrutarla.

lunes, 15 de febrero de 2016

Vacaciones en Praga.



Estoy aburrido de los destinos de vacaciones que busca Marie.

De vuelta al hotel vimos varios soldados muertos. Tenían los uniformes desgarrados y un tiro en la nuca, posiblemente desertores, ajusticiados (un término, como mínimo, sarcástico)

Durante la cena apenas hablamos, manteníamos las cabezas inclinadas, mirando los platos que el camarero dejaba sobre la mesa con mano temblorosa.

Alrededor, nuestros vecinos tenían el rostro serio, con gesto de preocupación. 

En cualquier momento podía comenzar el bombardeo.

Un hombre grueso se levantó gritando –no, no, no- y salió del comedor a grandes zancadas. Su acompañante, una bella joven rubia, le siguió después de pedir disculpas a los presentes.

Marie me hablaba sobre armas bacteriológicas pero apenas le presté atención, demasiado ocupado en dominar el miedo, en aparentar tranquilidad.

En la calle, cerca, sonó un disparo. Alguien apagó las luces. Contuvimos la respiración. Pasados unos minutos el recepcionista nos informó que fuera estaba tranquilo, que no ocurría nada.

Justo entonces se escucharon, aviones, muchos. Las sirenas atronaron el aire llamándonos a los refugios.

Corrimos, después todo fue confusión.

Debo decir a Marie, si la encuentro, que Praga no me está gustando nada.

(12.09.1938)




domingo, 14 de febrero de 2016

Cuestiones sencillas

“A veces digo en broma que el éxito es el gran riesgo de los escritores actuales, en el siglo XIX era el problema.•”. (Ricardo Piglia)



La cuestión es bien sencilla, uno/a está aquí (en el blog) por decisión propia. Lo modifica, llena o vacía al ritmo que él mismo se impone. Uno está aquí por la misma voluntad del que entra o del que sale. Nadie obliga a nada, ni a una cosa ni a otra. O eso cree. Uno, una.

A partir de estas premisas no hay quejas que valgan. Queda expuesto lo que escribes y cuelgas, lo leen los que quieren. Es más, lo leen cuándo quieren y lo interpretan cómo quieren (faltaría más).

Si no te gustan algunos comentarios siempre tienes la opción de prescindir de ellos. Si admites la posibilidad de comentar es tu responsabilidad aceptarlo. O borrar lo que no te agrade.

Si te molesta que comenten más las fotos y la música que los escritos, es tu problema, con no ponerlo, arreglado. ¿Que quedaría más triste? Sí. Por consiguiente es mejor seguir dando color y sonido a la página.

Si el día catorce te dejas los hígados con ese poema azul y no te lee nadie y en cambio arreglas un post en diez minutos y te entran hasta por la ventana, ¿qué?, ¿quién tiene la culpa?, ¿hay una confabulación judeo-masónica?, ¿es un complot?, ¿casualidad?, ¿son los titiriteros?  No, la ley del mercado, esto es voluntario, gratuito, hoy por ti mañana por mí, solo falta que quieran venir ahora a poner normas.

Es lo mismo que cuando dejas un texto que te cuesta horas (a veces días) escribir. Pueden pasar inadvertidos, no eres capaz de comunicar con ellos. ¿Y qué? solo falta que encima que te leen, te entiendan (cuando la mayoría de las veces no te entiendes ni tú). Bastante que no te insultan (o sí, pero en silencio).

La cuestión es que nos miramos mucho al ombligo - yo, mi, me conmigo-, que estamos mal acostumbrados, que dedicamos demasiada energía, tiempo e ilusión a un medio tan limitado, que nos ocurre lo que les ocurre a casi todos, que damos demasiadas vueltas a las cosas. Y más historias. Esto es lo que quería contar hoy, ya ves tú. 

Eso.


Como muchas veces me dice mi hija: y con esto ¿no aprendes nada? , adáptate al medio, sé breve, no te enrolles, no es el sitio.

Aquí ando, todavía, buscando mi sitio. 



sábado, 13 de febrero de 2016

Amanha


(Foto: Andrea)

Lloran los indios, los gatos, los canalones, el cielo (o sea lo que se dice llover), todo dios llora. Es una mezcla de pena y de orgullo (con porcentajes diversos, incluso cambiables, movibles) mientras se juntan lo obvio, lo lógico, incluso lo deseable con ese rescoldo ADN de la cueva y la protección de la especie, el cultivo de las esencias y la resistencia al paso del tiempo, al ayayayayay esto es lo que hay y que peso me has quitado de encima que me había cortado a mordiscos la capacidad de pensar para no agobiarme con el recuerdo trasplantado (al ahora) de aquel hotel de Marqués de Pombal con putas en recepción, de aquellos patibularios patilludos de Alfama, con Pessoa escribiendo poemas desesperanzados en los mármoles de un café junto al Río, Amália Rodrigues cantando fados y el ascensor dichoso de las postales, tópicos para defenderme de la realidad que brilla desde el inicio de esta nostalgia ante su ausencia lusa, sus palabras inteligentes, lúcidas, su voz enérgica y las fotografías que me envía y demuestran más que lo que representan, o así.

viernes, 12 de febrero de 2016

A ojo.

Yo era de Mozambique, donde todos saben inglés, es por eso que viene a Lisboa, porque a mi marido se lo llevo la guerra. La vida aquí no fue fácil hasta que descubrí la habitación secreta a base de patadas. Y la pimienta es mala para el estomago, pero la guindilla no. Y gane concursos premiados por placas de bronce con mi nombre tallado. Los anarquistas eras dos viejos señores gallegos con cola en la puerta. Emilia es un nombre feo y a ella le gustan las frutas tropicales.


 (Foto: Andrea)

Sorolla, como un cuadro de Sorolla, luminoso y alegre, contraste con la mozambiqueña de vida dura. Una playa inmensa, una alegría de risas, el hombre que mira, los que van al agua, el agua, dibujando caprichos de olas, de verano, de alegría, la mozambiqueña de estómago delicado. Adivinar otras vidas, contraste con el círculo bilbaíno, el pequeño mundo, la guindilla de los días. La costumbre, la rutina, desayunar a las nueve, cenar a las ocho y cuarto, no comer, no cenar, no tener para, la guerra como suprema demostración del horror, la muerte. No sé si Emilia sabe nadar, si le gusta Cortázar, los hierros retorcidos de Serra, los espárragos templados con mayonesa. Los anarquistas gallegos seguro que tienen bigote. La playa llena de luz, de vida, quiero vivir en esa playa, para siempre, hasta en invierno, que me inunde el yodo, que me muerda el salitre, jugar con la espuma, dejar la huella de los pies en la arena mojada, nadar hasta la boya, después hasta el horizonte, y volver. Una fotografía que llena las pupilas del alma, que levanta el velo de ver. Una fotografía para lanzarse en ella, de cabeza, para disfrutarla, casi tan buena como la de la señora entre sombras, sorteando sillas plegadas. Una fotografía de contraste, poderosa, amable, la cara alegre de la vida triste de la mozambiqueña. Tampoco estoy tan seguro que sea triste, la vida sigue, las especias dan sabor a las nuevas comidas, seguro que nunca ha comido txipirones de Elantxobe, antxoas de Guetaria, “como aquí no se vive en ningún sitio” ,esta absurda frase se la he escuchado a todos los que no han salido nunca de “aquí”, aquí es un lugar situado en el ombligo que limita al norte con el ego y al sur con la incultura, al este con la cerrazón y al oeste con el miedo, aquí es el lugar en el que no quiero vivir, aunque se viva como en ningún sitio, pues claro, ¿qué te creías?, cada aquí es único, diferente, respetable, esa playa, Mozambique, Lisboa, Ibáñez de Bilbao, la semana pasada se murió Lola, de repente, eso es la vida, que te mueres. Hasta entonces quiero vivir en esa playa, hasta en invierno. Saludos cordiales.

jueves, 11 de febrero de 2016

Los gatos maúllan fados.

El gato está desenfocado porque estaba dormido.
Ya se sabe, es algo automático.
Los sueños, no los gatos.




(Foto: Andrea)

Cierto, los gatos sueñan con gatas y ya despiertos les maúllan fados. Mariza canta “Chuva” y se callan todos los gatos de Alfama. De hecho se calla Lisboa entera. Mientras Mariza canta la ciudad contiene el aliento y explota cuando termina, aplauden hasta los sordos, los insensibles, los que perdieron el corazón en una batalla de flores, los que dejaron sus orejas en la taquilla 103 de la estación Termini de Roma. Un fado de Mariza es como una soleá de la Macanita pero, ay, descubrir la Cantata BWV 140 de J. S. Bach es decir todo, es decir no hay nada más allá, es decir el Universo 

Zion hört die Wächter singen,
Das Herz tut ihr vor Freuden springen,
Sie wachet und steht eilend auf.
Ihr Freund kommt vom Himmel prächtig,

Un gato nunca podrá cantar así, se enfadará (pronuncian mal el alemán, por el frenillo de la lengua, de hecho ni los gatos alemanes maúllan bien a Bach), saldrá a las chimeneas escapando de los cazadores vestidos de negro, con sus sacos amenazantes, son los hombres del saco (negro). Me apenan esos mil gatos de todos los colores huyendo, sonámbulos por los tejados que ocultan el cielo, ebrios de sueños inalcanzables, carne de diván felino, ¿viste?

Todos los gatos de Lisboa son ese gato rubio y esta fotografía es tan buena que dan ganas de darle sardinas. (Y a la que sacó la foto auparla a una tarima y dedicarle panegíricos, echarle panfletos con poemas y pamemas, echarle panes y panderetas, pacíficas panteras pintadas (de rosa) y pantalones de paño para paliar pantorrillas pacíficas) Chapeau (que en latín quiere decir: una foto cojonuda).

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Bilbao, Euskadi
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