Peggy Guggenheim

domingo, 10 de enero de 2016

Parker lee una inscripción.



Ellen Kooi

10. Tenía halo, el cuerpo de aquella mujer era inaccesible, una isla virginal en la mitad del lago de la pureza. Todos aquellos que quisieron llegar nadando hasta ella perecieron ahogados en el intento. En otro tiempo, Parker lo intentó, esforzado nadador de lo imposible, braceó sin éxito entre olas. Derrotado, se retiró de espaldas dejando gladiolos en el altar de sus convicciones, de su firme propósito de divinidad. Los sueños piden orillas pero con los años creció un bosque dentro de un bosque, de las nubes caían ranas, un meteorito acabó con los dinosaurios del jardín, los hippies se cortaron el pelo y Jimi Hendrix gustaba a las abuelas. En el 83 un diluvio inundó la ciudad, las aguas desbordaron las riberas y subieron, subieron, inundando las calles. Ni siquiera entonces apareció en lontananza un apóstol. Nadie señaló el horizonte para amansar la gota fría. El mar se retiró al mar, una paloma blanca se posó en lo más alto de una torre blanca, alguien escribió en sus muros, “¿Y si fuera solo sexo?” Por casualidad Parker lee esa inscripción, la repite, se lo pregunta bajo una catarata, lo grita entre los rosales, evoca los momentos en los que los brazos de aquella mujer eran una prolongación del paraíso, sus muslos eran la ciénaga donde se ahogaban las peores intenciones, encaramarse sobre su cuerpo era otear otro mundo, allí donde todo era posible. Entonces el agua se hace murmullo y sabe que ese es el castigo de los dioses. 

sábado, 9 de enero de 2016

Parker está al loro.


Ellen Kooi

09. Parker sabe  bastante bien lo que ocurre cuando ocurre, es decir el tiempo que pasa, es decir lo que pasa cuando pasa el tiempo. Nunca ha soportado que le digan lo que tiene que hacer y menos ahora con todo lo que está pasando. No le gusta perderse aquello a lo que cree tiene derecho, no por un absurdo concepto de lo que debe ser, pues no es, mira,  no pasa nada aunque sí pasan, pasan muchas cosas extraordinarias que pueden ser maravillosas, lo son. Parker se mira  espejo y ve a un señor lo suficientemente mayor para  no peinarse, que tiene toda la energía o la suficiente para ir, venir, subir, bajar y comerse el mundo, al menos la parte que le toca y se la come a pesar de sus obligaciones porque  es cumplidor, porque lo ha sido siempre y cuando hay que estar está el primero hasta que se apaga la luz y entonces es el mismo, también, diga lo que diga el cabrón de espejo, las gentes murmuradoras y todos los cardenales del concilio de Trento asomados a una barandilla de envidia. Parker recuerda aquello que le decía su abuelo: muerto el burro la cebada por el rabo. Al loro.

viernes, 8 de enero de 2016

Parker no tiene billete de regreso.


Allen Kooi 

 8. Sigue lloviendo, es un día triste de enero. Parker sueña con una mujer de cristal, sabe que no le conviene pero, ay, su sonrisa. Entra en esa mujer, por sus oídos, elude la lengua, entra a sus pulmones, la recorre por dentro, inventa lo que piensa, adivina lo que siente, pequeño, un insecto mínimo, ve los intestinos, el bazo, un apunte de sentimientos que en tiestos rojos se plantó en el hígado, el deseo en cuadros colgados en su aorta, el miedo que pende de la tráquea, las ilusiones que corren por sus venas. Ya en el colmo la imagina desnuda, la abraza como un náufrago, nadador hasta su playa, esforzado amante que acaricia sus muslos y ese espacio que se abre como una magnolia, que le embriaga, se pierde en ella, goza, muere de placer, despierta, sabe cuál fue el camino de ida, no tiene billete de regreso. 

jueves, 7 de enero de 2016

Parker clasifica su alma.



Ellen Kooi


7. Ya que eso de la resurrección no está muy claro y que el despliegue de colores del atardecer está dejando todo perdido de añoranzas, Parker se pone una careta y se dedica a clasificar y ordenar trozos de su alma, no como despojos, no, canta números para organizar mejor cada sentimiento. Connecticut es un himno, el tres enseña álgebra, la amargura se asocia con el color morado, las perlas abren bocas como llagas, el siete es una cabra, un diccionario es un pozo sin brocal, dos es uno más uno más uno. Recuerda que su madre murió cuando su padre tenía la edad que él tiene ahora. Nunca lo había pensado. Además del dolor sin fondo, de quedarse huérfano de ternura, marcó un punto desde el que ahora se mira, desde arriba, espectador atónito, piensa que su padre le parecía entonces muy mayor. Corre al espejo y la cara que se refleja es la de su abuelo, se ha saltado una generación. Florecen los cerezos, su alma es una naranja azul, pisotea un jardín con sangre A negativo, una barca regresa sin pescador, el horizonte está detrás de las dos columnas donde está atado Sansón, caen hojas desde la acacia rosa, se arrodilla y canta un himno, mañana será otro día. Eso esperamos.

miércoles, 6 de enero de 2016

Parker y los actores italianos.



Ellen Kooi

6. Nadie sabía quién era Victorio Gassman y por supuesto a nadie se le ocurrió llevar flores a su tumba. No era joven, en el infierno no hay sitio para los viejos, sus pasillos están decorados con retratos de dioses enfermos, con lirios que crecen en las riberas del estanque de fuego, donde se tortura a los poetas, las calderas donde gritan los escritores con libros que hierven en sus cabezas huecas. Hay una habitación con artilugios para hacer confesar a los sacristanes equilibristas, al párroco que se dormía en el confesionario, al implacable perseguidor de herejes, al azote de la adultera presa de sí misma. Parker escucha el eco de los salmos, el plash de los saltos de los salmones, el trueno de motocicletas en la carretera de vuelta, el silbido de un diablo de cuernos rojos parado en la señal de limitación de velocidad, prohibido aparcar, los actores italianos se mueren en el escenario, ya no quedan plazas en el infierno. 




martes, 5 de enero de 2016

Parker alivia su cansancio.


Ellen Kooi

5. Libélulas y anfibios, el agua clara de un arroyo bajando mansa, Parker alivia el cansancio y el remordimiento de sus pies sumergiéndolos en esas aguas frías. Mientras, lee/mira el Eternauta de Hector Germán Oesterbeld, un comic con cicatrices, el árbol bajo el que se cobija está floreciendo en este insólito enero, quizás se deshoje en mayo, las estaciones están cambiando y nadie comprende lo que ocurre, el amor brota sin medida en el pecho. Alguien estudia a fondo la batalla de Stalingrado, cuando termina la última frase del último capítulo muere de frío. Es excitante suponer que quizás la mujer de Lot vive en el salero de la cocina. ¿Se equivocó Chabosky a sabiendas? El torturador entra a la cárcel veinticinco años después, nunca es demasiado tarde. Junto al Sena, cerca de la Torre Eiffel, un dibujante chino ejecuta con ágiles trazos el retrato de un niño mexicano, sus asustados padres lo mecen en sus brazos mientras miran a diestro y siniestro no vaya a ser que.  El amor es austero, fugaz a veces, hay que sujetar sus alas cuando pasa cerca, aprovechar el vuelo, no acercarse demasiado al sol. Aladino lleva varios meses sin venir, los deseos se están pudriendo en la repisa del luego.  Rrrrrrrrac (onomatopeya de cierre de una persiana). La belleza es el silencio. 

lunes, 4 de enero de 2016

Parker necesita una musa,



Ellen Kooi

4. Dibuja, la punta del lapicero va definiendo un contorno, un esbozo de sonrisa, un brillo de lujuria, un cuerpo exánime sobre la niebla abandonada. Sus dedos bailan, dejan trazos de carboncillo que iluminan con su negrura, emborronan el paisaje hasta que, oh milagro, surge el retrato de la ausente, de la viajera de los desiertos, la guía de la caravana de camellos, la introductora en el territorio de la inspiración. “Necesitas una musa” y Parker asiente, cabizbajo, austero en manifestaciones, prendiendo velas, en fila, kilómetros de ellas, de océano a océano, tocar pared y vuelta. No hay noticias de Pessoa, se come sus versos, poeta inmóvil, los pincha con un tenedor hambriento, los sazona y traga sin entusiasmo, ausente. Un fado se rompe en las marismas.



domingo, 3 de enero de 2016

Parker y la paloma equivocada.



Ellen Kooi


3. Se equivocó la paloma, se posó sobre la chimenea que daba al patio donde pastaban los unicornios, esquivó a mariposas y abejorros, al deshollinador de rescoldos invernales, a la joven francesa enemiga de la erre, al cazador de lo negro. Parker riega con vinagre los tomates sobre la marquesina que ya no protege del frío, pule los versos que zumban en su lengua, los escupe sin educación, sin puntería, sobre la nieve que pisan los ejércitos en retirada. Un pescador de congrios jubilado mira la escena escéptico, a su alrededor imaginarios cisnes blancos se funden con el río. Hay una escena de gran violencia emocional que se reproduce una y otra vez en la ventana de un incansable You Tube, una mujer con los pulmones enlutados la mira detrás de un abanico, de las pestañas, del rencor, pesa el sí y el no de sus lágrimas en una balanza absurda.  





sábado, 2 de enero de 2016

Parker y su amor platónico

  

Ellen Kooi

2. Parker guarda un amor platónico en el estuche del pecho, desde los cerros de su alma bajan vicuñas con floridos sentimientos en las alforjas. También hay un deseo táctil sobre su cama, no tiene nada que ver con la que comparte sábanas. Para qué le va a dar vueltas, el ahora es el ahora y esto es lo que hay. No sabe si va o si viene, los cuarenta años le han dejado en el umbral de una puerta que no sabe dónde conduce. Desde un extremo del pasillo mira a las esperanzas que saltan sobre la alfombra que fue tálamo, que fue refugio, que fue una fortaleza ante la que se estrelló el sentido común, las renuncias, los recuerdos momificados, lo efímero. En la cocina se marchitan las cebollas de las falsas esperanzas, nada perdura, nada, el espejo le devuelve una acidez creciente y una ilusión menguante.



viernes, 1 de enero de 2016

Parker 0 el comienzo.


Ellen Kooi

 1. Es el primer viernes del año y Parker se hurga en la nariz, mira caer la lluvia, la escucha, la siente en su piel desnuda, resbalando por sus cicatrices. Con un gesto ensimismado se expone al frío de saber que los mensajeros no llegarán, que el inquilino del No lleva varios meses sin pagar la renta, que el escepticismo le crece desde los tobillos, que por el ombligo han empezado a brotar las primeras hojas de primavera. Sin embargo el cielo se obstina en permanecer en invierno, un rey pregunta a sus súbditos por sus preferencias en cuestión de cetros y coronas, no le importa pero parece más democrático. La muerte no tiene duda, aunque no tiene fecha sabemos que viene, que está viniendo, no sabemos por qué autopista ni su cara, si pernocta en un motel o si es esa mujer rubia que se sienta a nuestro lado en un banco del parque. Matusalén murió, se murieron los sueños y continuamos expectantes, vigilando los cruces de carreteras y los parques. Mientras tanto la belleza duerme plácida en brazos de los ateos.



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